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La Iglesia española y el golpe militar de 18 de julio del 36

Si hay una institución aún más oscura que el Ejército ésta es la Iglesia. No ya por cómo haya ido bandeando y saliendo a flote de todos los avatares de nuestra historia sino por su absoluta cerrazón a mostrar lo que en teoría es de todos. Es hecho sabido que a lo largo del siglo XIX pierde a costa del Estado buena parte de las inmensas propiedades que venía acumulando desde la Edad Media. Fueron las llamadas desamortizaciones, que también afectaron a otras instituciones como los municipios o el propio Estado. Eso es un hecho tan cierto como que a cambio el Estado puso en sus manos la enseñanza y le aseguró un dinero para mantenerse. Son estas coordenadas en que nos encontramos aún, pese a las vagas promesas de que alguna vez se autofinanciaría por sus fieles.

Por no remontarnos muy lejos la Iglesia disfrutó de una época dorada durante la Restauración, es decir, durante el último cuarto de siglo XIX y las primeras décadas del XX, con la apoteosis de la dictadura de Primo de Rivera. Los problemas para ella comenzaron en abril de 1931 con motivo de la proclamación de la II República. Ésta deseaba, entre otras cosas, la separación de la Iglesia del Estado y que éste se hiciera cargo de la enseñanza. Lo que la República ignoraba era el poder del enemigo con que se enfrentaba. La Iglesia, como los monárquicos, buena parte de la casta militar y el mundo de la propiedad agraria constituyeron un poderoso frente difícil de superar que finalmente consiguió sus propósitos.

En la obra Por la religión y la Patria. La Iglesia y el golpe militar de julio del 36 (Crítica, Barcelona, 2014) sus autores, José María García Márquez y el que esto escribe, tratamos de indagar en el papel que la Iglesia jugó en el golpe, de su papel en la represión. Hace ya años que se sabe el número de víctimas de carácter religioso causados por "los rojos", con nombre y apellidos de los responsables. Aunque su número fue exagerado durante mucho tiempo, fueron muchos. Este martirologio fue explotado durante décadas, sin que jamás la Iglesia se acordara de qué fue del rebaño.

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En Andalucía también se vulnera el derecho a la defensa

Manifestación en los juzgados de Granada por la detención de tres acusados de ultraje a la bandera / Foto: J.Cano

La noticia en portada de este diario, el pasado 5 de diciembre, en la que Policías de la Brigada de Información de Granada solicitaban proteger su identidad ante los abogados de la defensa, por ser éstos activistas, supone un nuevo ataque a un derecho fundamental maltratado por los sucesivos gobiernos de la democracia: el derecho de defensa.

No es la primera vez que esto ocurre. Todos recordamos el caso del abogado Erlanz Ibarrondo (caso Alfon). La Brigada de Información trasladó al juez numerosa información privada y personal sobre el mismo en la que constaban haber defendido a grupos antisistema de extrema izquierda, o grupos antifascistas.

En Andalucía tampoco nos libramos de esta lacra: la revelación de datos de la vida familiar, o incluso detención en el despacho profesional de abogados pertenecientes al Grupo 17 de Marzo. Los acusados, y después absueltos por la rotura de la puertas del rectorado de Sevilla, con informes políticos en algunos casos que llegaban hasta el bachillerato. El seguimiento de vecinas en la Casa del Aire en Granada, el caso del "represaliado de la velá" en Córdoba, los informes sociopolíticos en el Centro Social de  Varcárcel en Cádiz…etc. El objetivo de estas manifestaciones resulta claro; por un lado criminalizar a los defensores de los derechos humanos, y por otra criminalizar a los clientes de éstos.

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Más trabajo a largo plazo y menos 'telemedidas' en caliente

Tras la muerte, el asesinato, de un ultra del Deportivo de la Coruña estamos asistiendo a un nuevo episodio del sobreanálisis generalizado que en los últimos tiempos tan de moda está en la crispadísima sociedad española. Tertulias de mañana, de mediodía, de tarde y de noche que necesitan temas si pueden ser morbosos para exprimir hasta el ridículo, porque hace falta mucho carbón para seguir alimentando la caldera de esta forma barata de hacer televisión. Tipos malos con pinta de malos, con capuchas, que se pelean, hieren, matan... y con una cierta organización medio militar y medio mafiosa son elementos muy pero que muy televisivos. Y la cosa funciona.

Pones en la tele a un tipo con el rostro tapado, con la voz distorsionada y describiendo una vida muy de película, y las audiencias suben. Y como suben, pues más tralla, y como se convierte en tema de Estado, pues los responsables se apresuran a participar en la orgía de popularidad, para reclamar su cuota. Y hablan de medidas ejemplarizantes, un concepto especialmente usado estos días y por otro lado tan peligroso por su tendencia a la injusticia. Y se busca a prisa y corriendo una batería de medidas, de regulación, absolutamente improvisadas. Todo sobredimensionado e innecesario.

Porque el código penal ya castiga y duramente a los asesinos. Ya trabaja sobre los delitos de odio. Ya hay mecanismos que persiguen y tratan de prevenir este tipo de enfrentamientos entre descerebrados. ¿Que a veces falla? Pues claro. Ya sabemos todos que los malos engañan a veces a los buenos. Y lógicamente habrá que ajustar mejor todo, para fallar lo mínimo, pero seguro que también se trabaja para evitar los robos de bancos, y se roban.

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El fracking desenmascarado y su efecto real sobre el PIB de EE.UU.

En artículos anteriores he comentado el crecimiento de la economía Estados Unidos y el languidecer de la economía europea. La causa: en Estados Unidos se han tomado medidas desde 2008 y en Europa apenas nada.

En cualquier caso, algunos expertos se mantienen escépticos, preguntándose si Estados Unidos crece porque su economía mejora, o si en realidad lo hace por la contribución del fracking a su producto interior bruto (PIB).

Richard W. Rahn, académico sénior en el Cato Institute y presidente del Institute for Global Economic Growth, afirma con rotundidad en un artículo que sin el fracking no habría habido ningún crecimiento económico en los EE.UU. en los últimos cinco años.

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En busca de la Ley integral

Una concentración pide el desarrollo de la Ley de Protección contra la Violencia de Género

Cuando casi han pasado diez años desde que se promulgó la Ley Orgánica 1/2004 del 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, conocida como Ley Integral, los objetivos que pretendía alcanzar parecen incluso más lejanos que entonces, porque la Ley, que no era perfecta pero sí ambiciosa, justa y novedosa, ha sido sepultada por la inercia machista de las Administraciones y de la sociedad, y el modelo de intervención previsto por ella no ha llegado a desarrollarse.


¿Cómo pudo una Ley con vocación trasformadora quedar enterrada hasta resultar ineficaz? Para contestar a esa pregunta serían necesarias numerosas páginas, así que voy a centrarme en estas líneas en algunas cuestiones que creo que además de haber convertido a la Ley en ineficaz, pueden ser resueltas en Andalucía mediante la emisión de instrucciones en cada servicio que garantice la aplicación del Procedimiento de Coordinación.


En mi opinión, la Ley nació con una confianza - tal vez basada en la aprobación por unanimidad en las Cortes- que no se correspondía con la resistencia que iba a encontrar en la propia Administración de Justicia y entidades colaboradoras, ni en la Administración en general, ni con la movilización machista que se desarrolló contra ella y, en general, contra las mujeres que reivindican sus derechos. Parecía, cuando se promulgó que la Ley, que era, además de imprescindible, suficiente para combatir la violencia de género en la pareja. Esa creencia fue un error que ha tenido graves consecuencias, porque buena parte de los cambios que la Ley establecía precisaban ser concretados mediante instrucciones directas dentro de cada ámbito. También era imprescindible que su cumplimiento se garantizara de verdad. Al no llevarse a cabo esos cambios concretos, la Ley Integral estaba formalmente pero no estaba en la práctica.

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Marcas electorales y Plataformas Ciudadanas

Asistentes a la presentación de Ganemos Málaga, en julio

La semana pasada recibí una llamada del representante de mi sindicato, uno de los que ha impulsado la Marcha por la Dignidad andaluza prevista para el día 29 de este mes. Comisiones Obreras y UGT, me dijo, estaban intentando desactivar los fundamentos de esa iniciativa mediante el sencillo método de apropiarse de su nombre. El resto de sindicatos, alarmados e indignados, iban a sacar un comunicado para dar a conocer la situación. Me llamaba a mí porque se había enterado por la prensa de que Ganemos Málaga estaba sufriendo una situación similar. Era cierto.

Desde el pasado 12 de noviembre esta plataforma se ha escindido en dos grupos. Una de esas fracciones está íntegramente compuesta por militantes y cargos de Izquierda Unida. La otra por todos los demás: vecinas y vecinos anónimos, muchos provenientes de mareas, movimientos sociales como la PAH, centros de gestión ciudadana, diferentes agrupaciones, pequeños partidos, círculos de Podemos, etc.

La opinión de Antonio Maíllo, coordinador general de Izquierda Unida en Andalucía, sobre este tipo de plataformas ha sido categórica: Izquierda Unida no va a renunciar a su identidad, declaraba después de que Ganemos Córdoba decidiera concurrir a las próximas elecciones municipales como agrupación de electores, fórmula que consideraba más adecuada al carácter ciudadano de la plataforma, en contra de la coalición de partidos, a la que aspiraba IU. El hecho de que el coordinar general de un partido se entrometa con esta vehemencia en procesos ciudadanos y municipales resulta de por sí revelador.

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Echar a la casta: Podemos y ya sabemos cómo

Jordi Évole, con Pablo Iglesias en Ecuador / LaSexta

Hoy, como casi todos los días, basta con abrir las páginas del periódico, sintonizar la radio o atisbar los informativos de cualquier canal de televisión para percibir retazos de esa tragicomedia que asola nuestro país. 51 políticos, empresarios y funcionarios detenidos en una operación policial contra la corrupción. Y echando la vista atrás tan sólo unos días nos encontramos con Acebes imputado por el caso Gúrtel, el escándalo de las tarjetas Black de CajaMadrid y Bankia o el desternillante caso del pequeño Nicolás, un joven imberbe y no necesariamente demasiado listo que, conocedor del modo de funcionamiento del poder político y económico, supo arrimarse a las más altas esferas para obtener una tajada del pastel.

El caso de los ERE en Andalucía, el Brugal en Alicante, el Palma Arena, el caso Noós. El régimen del 78, ese sistema político y económico asentado tras la Transición, no sólo se descompone a marchas forzadas, sino que se halla prácticamente en un estado de quiebra por legitimidad. Al innegable empobrecimiento al que se ha conducido a una mayoría de la población se une la innegable realidad de que este modelo político y económico está podrido desde sus cimientos.

Y a día de hoy ni PP ni PSOE, ni Rajoy o Pedro Sánchez, pueden ofrecer salidas reales a esta situación. Como tampoco pueden hacerlo dos fuerzas políticas como UPyD e Izquierda Unida. La primera, totalmente vacía de contenido. La segunda, víctima de las contradicciones que la asolan desde hace décadas. Quien sí ha conseguido conectar con esa ola de desencanto ha sido una fuerza política que, con apenas 10 meses de existencia, ya no es percibida como outsider, sino como alternativa real, no sólo de gobierno sino también de país.

Que no se equivoque la casta, lo que ha decidido en Podemos en estos días no es si la echamos o no, sino cómo vamos a hacerlo. Y ya lo sabemos.

Podemos culminó el lunes su primera Asamblea Ciudadana 'Sí Se Puede'. Se habían puesto en liza las distintas concepciones sobre lo que el nuevo partido debía ser y sobre el camino que habría de recorrer. La Asamblea ha sido, en primer lugar, un auténtico ejemplo de construcción colectiva, con decenas de propuestas surgidas desde la base. Ha sido un proceso que ni muchísimo menos ha estado exento de tensiones, en algunos casos incluso innecesarias, y en otras artificiales. Y, no obstante, Pablo Iglesias y su equipo, agrupados en torno al borrador 'Claro Que Podemos', se ha alzado con un contundente apoyo del 80% que le legitima para liderar la formación de manera indiscutible durante el próximo año. Un año para afrontar la batalla más decisiva: las elecciones generales de noviembre de 2015.

El borrador ético y sobre todo el político y organizativo de 'Claro Que Podemos' era, de lejos, el más pragmático de todos cuantos competían en la Asamblea de Podemos. Hace tres años y medio, cuando a propios y a extraños el 15M nos cogió por sorpresa, por lo masivo de aquel proceso y por su potencialidad, muchos y muchas pensamos que, por primera vez en décadas, todo volvía a ser posible en nuestro país. Aquel movimiento, idealista e incluso inocentón, a pesar de que fue capaz de abrir, como nos hemos acostumbrado a escuchar, "una ventana de oportunidad política", tal vez fracasó por su falta de pragmatismo.

Con un apoyo social estimado en un 70 o incluso un 80%, aquel movimiento, surgido casi desde la nada, chocó con un muro, con el inmovilismo de un sistema que, por voluntad de quiénes lo regentaban y regentan, no podía ser modificado. El 25-S y las Marchas por la Dignidad fueron resacas, no poco ilusionantes, de aquella embestida inicial. Podemos, sin embargo, desde hoy tiene ya claro un modelo organizativo y una estrategia política cuyo objetivo es la toma efectiva de ese poder político que hasta ahora parecía inalcanzable.

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Ni machista ni feminista

Miles de mujeres celebran la retirada de ley del aborto y exigen el fin de las amenazas

La semana pasada presencié una cruel agresión de género perpetrada contra una niña de tan solo cuatro años. Se llama Malaika, y es mi sobrina. La agresión vino de un tal Disney, y su arma tenía forma de sirenita. Yo estaba pasando unas semanas en casa de mi hermana, y aquel día era mi último de la visita. Mi sobrina quería ver esa película, me senté con ella y en un rato, mea culpa, me despisté y me puse a pensar en mis cosas. Cuando volví a prestar atención, una especia de bruja adiestraba a la sirenita sobre cómo «conquistar» a un hombre: con la belleza, y cuanto más calladita mejor. Para que a mi sobrina de cuatro años no se le olvidara la lección, el consejo venía cantado y rimado. El resto de la historia creo que la conoce todo el mundo, y ahora yo también: la sirenita renuncia a cuanto tenía hasta ese momento ―amigos, familia, diversión y el reino de los mares― en favor de su ideal de amor romántico. Y además ha aprendido la lección: calladita está más guapa.

Eso es violencia de género, y además eficaz. Es normal que amplios sectores sociales ni siquiera la identifiquen como tal. ¿Cómo van a ser violencia de género esas canciones que mi mamá y mi papá ―o mi tío― me ponían en la tele, es que acaso no querían lo mejor para mí?

Al día siguiente me subí en el autobús de vuelta a Málaga. Esperé que pasaran las primeras curvas para leer el libro que llevaba. En el monitor comenzó una película y las escenas iniciales ya me atraparon. Dos jóvenes guapetones de los Estados Unidos, muy amigos entre ellos, se registran en una página de citas y comienzan a verse con otra joven guapetona, sin sospechar que es la misma en ambos casos. Cuando lo descubren deciden competir para ver quién se lleva el trofeo, que por supuesto es rubia. Da la casualidad de que los dos jóvenes guapetones trabajan como espías de la CIA o del FBI o de no se qué agencia. En cualquier caso, de vez en cuando torturan a algún ruso. Lo bueno es que ponen todos sus recursos de espías a disposición de su cacería: micrófonos en casa de la joven, cámaras en el coche, personal de seguimiento, etc. Así obtienen información sobre ella para usar en su propio beneficio, y de paso comprueban los avances del otro.

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¿Podemos ganar? En defensa del borrador “Claro que Podemos”

Muchos compañeros y compañeras plantean estos días la idea recurrente de que ganar las elecciones no es tomar el poder. Que sin una movilización popular contundente, sin un pueblo organizado para defender y presionar a su gobierno, no hay victoria posible. Creo que todos estamos de acuerdo en esta afirmación, pero pienso que las lecciones que cada una saca de ella son bastante diferentes. Aquí os presento las mías.

Parece obvio, pero para ganar debemos tener claro que no sólo queremos sino que necesitamos ganar las elecciones generales de noviembre de 2015. Que es un paso imprescindible, una estación obligada en nuestro camino hacia cualquier otra sociedad que comporte una mayor justicia, una correlación de fuerzas más favorable o como queramos llamarlo. Íñigo Errejón se ha referido a la situación actual como una ventana de oportunidad profunda pero estrecha, y no le falta razón en lo que a estrecha se refiere. La recomposición del régimen español camina a marchas forzadas, y si somos optimistas podemos pensar que todavía tendrán que pasar algunos años más para que nos impongan la nueva “normalidad” –normalizar la pérdida de derechos, normalizar unas tasas de paro y precariedad hoy escandalosas, normalizar un expolio anual del país a través del pago de una deuda impagable, normalizar la emigración continuada de la juventud. Pero la verdadera amenaza de un cierre oligárquico de la crisis política no viene tanto desde Madrid como desde Bruselas y Washington. El cierre oligárquico puede hacerse en gran medida irreversible con la firma del TTIP. Un tratado que blindaría las medidas de ajuste implantadas desde el estallido de la crisis, prohibiéndonos recuperar los servicios privatizados o de frenar las privatizaciones de lo que nos queda, imposibilitando la derogación de las reformas laborales o la auditoría de las deudas. ¿Que nada es irreversible? Han pasado 22 años del Tratado de Maastricht y sus efectos –desindustrialización, precarización, periferización, pérdida de soberanía…- tardaremos décadas en superarlos. Y el TTIP va mucho más allá de Maastricht.

Algunos dirán que ante tal amenaza, ganar una mayoría en el Congreso de los Diputados no basta –con eso volvemos a nuestra afirmación inicial de que ganar las elecciones no es tomar el poder. Pero no podemos pensar sólo en qué podríamos hacer nosotros con las instituciones centrales del Estado sino en qué dejarían de poder hacer los de arriba sin ellas.

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La vergüenza del hambre

Foto: Luis Serrano.

Durante los últimos años se ha producido un importante incremento en las tasas de desempleo de larga duración en España, especialmente a partir del año 2008, donde se produjo una continua subida desde tasas en torno al 2%, hasta alcanzar el 11% en 2012. Es decir, un aumento de 9 puntos en cuatro años:

 

tasa desempleo larga duración

Fuente: Eurostat 2014

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