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Más Andalucía, más Europa

El aumento de la desigualdad social y de valores  individualistas que sustentan  la exclusión social, se produce paradójicamente de modo simultáneo, al resurgimiento de un nacionalismo excluyente e insolidario

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Manifestación por el 28F frente al Teatro de la Maestranza

Vivimos momentos convulsos. Resurgen tendencias hacia el fortalecimiento del estado nación. La ciudadanía de USA (elección de Trump) y Gran Bretaña (salida de UE) toma decisiones en este sentido, tendentes supuestamente a fortalecer  sus economías y estilos de vida. En algunos estados europeos también existen tendencias centrífugas que apuestan por la independencia de algunas de sus comunidades, tal como ocurre en el caso de Cataluña.

Todos estos fenómenos tienen elementos propios, pero también elementos  comunes que se han visto  reforzados con la crisis financiera del 2008 y el modo de salir de la misma: en base al sacrificio de quienes no eramos responsables,  con mayores niveles de pobreza y de exclusión social, y peores condiciones laborales. Y en cambio, los causantes, especuladores financieros, son más ricos.  La crisis se está aprovechando para una voladura controlada del compromiso histórico que  propició el estado del bienestar.

El aumento de la desigualdad social y de valores  individualistas que sustentan  la exclusión social, se produce paradójicamente de modo simultáneo, al resurgimiento de un nacionalismo excluyente e insolidario.

Es la vuelta a la “tribu” ante un presente que no se entiende y un futuro incierto. Significa que el “igual” a mí, es de los míos, frente al “otro”, el de fuera, el desconocido, el extraño, al final el enemigo. Este razonamiento  se ha utilizado,  a nivel de opinión pública, para demonizar al contrario, tanto por parte del nacionalismo independentista catalán como del nacionalismo españolista. Además de contribuir a que pase lo más inadvertido posible, el problema de la corrupción.

Pero, más allá de consideraciones éticas, ¿sirve esta mirada para solucionar los problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad las sociedades? La respuesta contundente es NO. Ni el cambio climático, ni el control de una economía globalizada, ni la lucha contra los paraísos fiscales, ni contra una extrema desigualdad,  ni contra el comercio ilegal de drogas, armas o mujeres pueden hacerse solamente desde los gobiernos de  los estados. Estos problemas necesitan abordarse desde instituciones de gobernanza global.

Un Gobierno de todo el Planeta es hoy una ilusión. No obstante, en Europa hace décadas comenzamos a avanzar en este sentido. Y ahora necesitamos una Europa más democrática, más social y más ecológica. Esto es lo que debe significar MÁS EUROPA

Por otra parte, no pueden obviarse que debemos armonizar la existencia de espacios de soberanía supraestatales,  con el elemental principio democrático de que la toma de decisiones debe aproximarse a la ciudadanía para que la democracia sea lo más participativa posible. En este marco hay que situar conceptos como soberanía compartida, federalismo, y municipalismo.

Por eso, ahora necesitamos una Europa de los Pueblos,  como espacio de articulación  federal y de soberanía compartida, que haga posible una interrelación  cooperativa y solidaria, y al mismo tiempo sirva para afrontar de manera coordinada los retos de la globalización.

En esta situación, es preciso recordar como el pueblo andaluz hace cuarenta años  actuó como  sujeto político, capaz de quebrar un proyecto de articulación territorial del estado asimétrico e insolidario, que pretendía consagrar la existencia  de unas  comunidades autónomas de primera, las denominadas  históricas; y otras comunidades con una mera  y escasa descentralización.  Ese proyecto remozado puede aparecer de nuevo impulsado por quienes son partidarios de una cierta recentralización.

Por eso es necesario mayor unidad política y social para lanzar desde Andalucía un mensaje más claro y contundente, ningún proyecto de articulación del estado será posible hacerlo contra Andalucía, sino con Andalucía. Cuando reclamamos MÁS ANDALUCÍA y más soberanía, estamos reclamando más poder para acabar con la creciente desigualdad en Andalucía y de Andalucía respecto a otras comunidades, estamos reclamando instrumentos y poder andaluz para actuar cambiando la estructura económica, y superar un modelo altamente extractivo de recursos naturales,  dependiente y generador de desigualdad. Estamos reclamando poder  para hacer efectiva la protección de nuestros recursos, para lograr mayores cotas de soberanía energética y alimentaria, para disponer de herramientas financieras y fiscales que hagan posible una mayor equidad.

La movilización masiva del pueblo andaluz, hace cuarenta años, trajo consigo una Andalucía que dispone de un marco competencial en base al artículo 151 de la Constitución, un estatuto que nos reconoce como nacionalidad histórica; pero los sucesivos gobiernos del PP y PSOE, en España y en Andalucía, no han sido capaces de evitar que Andalucía figure entre las comunidades de menor renta per cápita, con mayores tasas de riesgo de pobreza y pobreza severa, con  niveles más elevados de desempleo, 24%, y donde la emigración se convierte de nuevo en la única salida para un gran número de jóvenes. Por todo ello, decimos que el futuro debe ser MÁS ANDALUCÍA, MÁS EUROPA, y que en el presente hay más razones para luchar, que cosas que celebrar.

Andrés Lozano Pino es miembro de Iniciativa por Andalucía y Juan José Merino Carrillo, de Equo

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