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¿Podemos ganar? En defensa del borrador “Claro que Podemos”

Iglesias dice que quienes pierdan el debate organizativo en Podemos estarán en la dirección si les vota la gente

Muchos compañeros y compañeras plantean estos días la idea recurrente de que ganar las elecciones no es tomar el poder. Que sin una movilización popular contundente, sin un pueblo organizado para defender y presionar a su gobierno, no hay victoria posible. Creo que todos estamos de acuerdo en esta afirmación, pero pienso que las lecciones que cada una saca de ella son bastante diferentes. Aquí os presento las mías.

Parece obvio, pero para ganar debemos tener claro que no sólo queremos sino que necesitamos ganar las elecciones generales de noviembre de 2015. Que es un paso imprescindible, una estación obligada en nuestro camino hacia cualquier otra sociedad que comporte una mayor justicia, una correlación de fuerzas más favorable o como queramos llamarlo. Íñigo Errejón se ha referido a la situación actual como una ventana de oportunidad profunda pero estrecha, y no le falta razón en lo que a estrecha se refiere. La recomposición del régimen español camina a marchas forzadas, y si somos optimistas podemos pensar que todavía tendrán que pasar algunos años más para que nos impongan la nueva “normalidad” –normalizar la pérdida de derechos, normalizar unas tasas de paro y precariedad hoy escandalosas, normalizar un expolio anual del país a través del pago de una deuda impagable, normalizar la emigración continuada de la juventud. Pero la verdadera amenaza de un cierre oligárquico de la crisis política no viene tanto desde Madrid como desde Bruselas y Washington. El cierre oligárquico puede hacerse en gran medida irreversible con la firma del TTIP. Un tratado que blindaría las medidas de ajuste implantadas desde el estallido de la crisis, prohibiéndonos recuperar los servicios privatizados o de frenar las privatizaciones de lo que nos queda, imposibilitando la derogación de las reformas laborales o la auditoría de las deudas. ¿Que nada es irreversible? Han pasado 22 años del Tratado de Maastricht y sus efectos –desindustrialización, precarización, periferización, pérdida de soberanía…- tardaremos décadas en superarlos. Y el TTIP va mucho más allá de Maastricht.

Algunos dirán que ante tal amenaza, ganar una mayoría en el Congreso de los Diputados no basta –con eso volvemos a nuestra afirmación inicial de que ganar las elecciones no es tomar el poder. Pero no podemos pensar sólo en qué podríamos hacer nosotros con las instituciones centrales del Estado sino en qué dejarían de poder hacer los de arriba sin ellas.

¿Qué supone ganar la institución, por tanto? Ganar en noviembre de 2015 no es ganarlo todo, pero sí es ganarle espacios clave al adversario –es arrebatarle ese arma de destrucción masiva en que han convertido el BOE- desde donde empezar a llevar a cabo nuestro proyecto de recuperación de la soberanía popular. Pero sobre todo es ganar tiempo, en el mejor sentido de la expresión. Un tiempo imprescindible para que surjan y se fortalezcan alternativas populares en otros puntos de Europa con las que poder establecer alianzas. Un tiempo crucial para reforzar los movimientos sociales en el interior y consolidar un bloque popular que nos permita llevar a cabo nuestro programa electoral. Un tiempo decisivo, en suma, para proseguir nuestro proyecto, que amenaza diluirse, con razón, si no conseguimos colarnos por la estrecha ventana de oportunidad que hoy está abierta y mañana alguien cerrará.

Hemos insistido en la importancia de la movilización y organización popular para poder emprender con éxito un proyecto de país diferente, para hacer más profunda esa ventana de la que hablábamos. ¿De qué manera podemos contribuir a esta movilización? ¿Qué podemos hacer, es decir, qué tipo de Podemos debemos construir?

Afirmar que el propósito de Podemos es transformar una mayoría social en una mayoría política implica dos tareas urgentes. La primera es seguir produciendo esa mayoría social con la consolidación de los consensos actuales –repudiar la corrupción sistémica, recuperar la soberanía popular y poner la economía bajo control democrático- y la construcción de nuevos consensos en nuevas áreas de crucial importancia para nuestro proyecto. La segunda supone dotarnos de una estructura de partido completamente abierta a la sociedad, enteramente identificada con esta sociedad, que nos haga caminar al ritmo de esas mayorías, sin dar pasos en falso, sea por exceso de confianza o por sensación de inseguridad.

La combinación de ambas tareas nos lleva a un determinado modelo de organización política:

1. Una organización que no esté encerrada en sí misma ni orientada hacia lo interno.

¿A qué me refiero con esto? Fundamentalmente a convencernos de que las batallas no se ganan dentro del partido, sino fuera. Si queremos hacer más audaces las propuestas a llevar a cabo (hacer más profunda la ventana), no se trata en absoluto de formar facciones para competir por los órganos decisores, sino de orientar nuestro trabajo hacia la sociedad, generando nuevos consensos sociales en torno a las cuestiones que nos ocupan. No se transforma la sociedad con militantes que consigan conquistar órganos de dirección intermedios o consigan el voto delegado de determinados territorios. No se transforma la sociedad sentando a un puñado de vecinos en círculo y obligándolos a leer sesudos análisis y escuchar peroratas durante horas. Transformamos la sociedad generando colectividades que toman la palabra y que con su ejemplo demuestran que sí se puede. En definitiva, para ganar de veras, para profundizar los cambios, necesitamos activistas sociales que se dediquen a informar y organizar a sus comunidades, no a militantes profesionales que tengan la posibilidad y el empeño de hacer 10 reuniones por semana.

2. Una organización que permita el desarrollo de una ciudadanía fuerte y organizada

Esto supone, en primer lugar, favorecer iniciativas de activación social. A partir del 25M comenzaron a surgir los círculos Podemos, donde se encontraban un puñado de activistas junto a muchísimos ciudadanos recién llegados a la política activa. El ambiente era efervescente, lleno de ilusión y de creatividad. Sin embargo, en nuestra experiencia en la provincia de Sevilla, muchos coincidimos en que desde entonces una gran parte de los círculos se han orientado hacia una dinámica de militancia –disputas internas, énfasis en la discusión de propuestas orientadas a lo interno…- que los ha hecho encerrarse en sí mismos, privando a los mejores activistas de cada zona del tiempo y la iniciativa necesarias para alentar y organizar las demandas sociales de sus barrios y pueblos. Porque Podemos bebe de los movimientos sociales, y si no debe aspirar a sustituirlos, mucho menos todavía a encajonarlos.

En segundo lugar, garantizar que la acción de Podemos esté guiada por las verdaderas demandas populares. Un sistema de confección de programas y elaboración de listas y cargos que valore a los más militantes, a los que tienen más tiempo y capacidad para dedicar a las reuniones, por encima de los activistas destacan en su trabajo en y para la sociedad civil, nos llevaría a distanciarnos en nuestro discurso y práctica de la sociedad real. Volviendo al caso de las municipales, las listas de Sevilla tendrían que estar abiertas a las y los mejores activistas en el ámbito de la vivienda, de la lucha contra la corrupción, de la protección del medio ambiente… Y tal vez el patriotismo de siglas sea un obstáculo para esto.

En tercer lugar, tenemos que generar una dinámica de funcionamiento que favorezca la cooperación con la ciudadanía organizada, para garantizar el respeto a la voluntad popular. Sin miedo a que la gente decida. Una organización con miedo a la participación masiva de la ciudadanía y que por tanto restrinja las decisiones al ámbito militante, no es una organización capaz ni decidida a tomar el poder. Nuestra organización ha de ser completamente abierta no sólo en lo relativo a listas, programas o pactos electorales; sino también en lo que se refiere a los estatutos, los cargos internos, la estrategia política… Sin trampas: una persona, un voto. De esta forma evitaremos caminar ni un pasito por delante –ni por detrás- de una sociedad a la que necesitamos. Sólo estos procedimientos nos obligarán a trabajar siempre codo con codo con los movimientos sociales que animan el ritmo del cambio social.

3. Unaorganización política como instrumento eficaz y útil a la sociedad

…en tanto se perfila como verdadera opción de recuperar las instituciones y ponerlas al servicio del pueblo. Las propuestas organizativas que dispersan el poder de la organización con el objetivo de contentar a la militancia olvidan el terrible coste que esto genera en nuestra credibilidad ante la ciudadanía, y especialmente ante quienes más nos necesitan -los parados, las familias desahuciadas, las precarias, las abuelas que mantienen a sus hijos y nietos… En este sentido, me gustaría recordar las palabras de alguien:

Quizás si tuvieses un lindo sofá y una tele de plasma en un coqueto piso del centro te parecería un hobby interesante estudiar los procesos internos de IU y sus diferencias con EQUO, analizar en qué medida una propuesta metodológica como la del Partido X puede ser compatible con una postura ideológica sólida, debatir alrededor de un buen Rioja crianza si lo primero es la educación o si la revolución va primero y la educación va después, o hacer una lista de las contradicciones de Pablo Iglesias y cómo se comparan éstas con las de Monedero o las de Errejón, o debatir de si la pronunciación en voz alta de "lúmpenes" denota un realismo crítico o un clasismo oculto pero recalcitrante.

Pero resulta que no tienes ni sofá, ni tele, ni piso coqueto. Así que no te vas a dedicar a esto. Lo que vas a hacer es seguir preguntando: ¿Por qué no hacéis algo ya mismo y me dejáis de contar historias?

Las palabras eran de Pablo Echenique en febrero de 2014. Yo querría reivindicar la figura de aquel Echenique que nos habló de la “razonable urgencia de los oprimidos” para animarnos a dejar de lado la discusión bizantina sobre el metodismo y abrirnos sin miedo y sin tardanza a una sociedad que se sigue encontrando, como decía aquel artículo, necesitada de respuestas contundentes.

Y es por todo esto que defiendo los borradores ‘Claro que podemos’ del equipo de Pablo Iglesias, por adaptarse mejor que ningún otro, en mi opinión, a las necesidades que he planteado. Estando convencido de que esta Asamblea Ciudadana es un hito en la historia de la democracia reciente y que, por tanto, sea cual sea su resultado, saldremos de ella reforzados y decididos a ganarlo todo. Porque tenemos que ganar y podemos hacerlo.

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