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“Europa tiene que jugar un papel mucho más activo y abordar el problema de Siria desde su raíz”

Nafez Diab Assaf, este martes en la Plaza de la Encarnación de Sevilla

Javier Ramajo

Nafez Diab Assaf es ejemplo de integración. Nació en 1946 en Tartous, una ciudad costera de Siria, pero puso rumbo a Sevilla para estudiar Medicina a finales de 1968, apenas con 22 años. Aquí conoció a su esposa, enfermera, y ha sido padre de tres hijas. Ahora reside en la localidad de Castilleja de Guzmán. Ya jubilado, asiste con preocupación a la terrible situación de sus compatriotas que huyen del país. Más de 300.000 muertes y unos 11 millones de desplazados (la mita de la población) son las consecuencias de un conflicto que ha desembocado en una violenta guerra civil que dura ya casi cinco años.

Él narra a eldiario.es/andalucia su experiencia personal y ofrece su visión del actual drama humanitario de los refugiados y del papel que ha de jugar Europa. Recuerda que, cuando él emigró, “la vida en España era muy barata”, y pudo sobrevivir en los primeros tiempos lejos de su tierra gracias a la ayuda económica familiar . Testigo de los evidentes cambios físicos y sociales en nuestro país, en la capital hispalense y en los innumerables pueblos de la provincia que recorrió como médico de atención primaria (El Saucejo, Algámitas, Osuna, etc.), indica que su integración “no fue nunca un problema” pese a las lógicas primeras dificultades con el idioma y con la terminología médica.

“La sociedad española es muy abierta a todas las culturas. No puedo hablar más que bien”, dice, y confiesa que, cuando ha tenido que salir de España por asuntos laborales o personales, la echa de menos, incluso cuando ha visitado Siria, “todos los años...hasta que empezó la guerra”. Allí siguen hermanos y sobrinos. “La tierra siempre tira, por mucho que uno esté lejos, porque la infancia deja un sello indeleble”.

¿Cómo está la familia que sigue residiendo en Siria? “Muy mal. Un sobrino quiere salir pero no le dan el visado bajo ningún concepto”. Nafez le ha llegado a preparar una 'carta de invitación' por vía administrativa, pero tampoco. “Quiere salir como sea”, a pesar de que se encuentran en unas coordenadas donde se concentra el poder del Gobierno sirio, con presencia mayoritaria de alauitas, y donde no llega la guerra. “De momento”, lamenta Nafez, “porque esto es como un fuego que va extendiéndose” y “la vida de mi familia está en peligro”.

“La gente está totalmente desesperada”

Millones de sirios huyen “del miedo, de la incertidumbre, de la escasez, del hambre”, comenta. Como pretende su sobrino. Las frecuentes muertes en el Mediterráneo no son óbice para que siga queriendo salir. A pesar de las advertencias de su tío y de los conocidos peligros de embarcarse, apenas le importa acabar con su vida. “Así es mejor, para qué quiero vivir”, le ha llegado a comentar, asegura Nafez. “La gente está totalmente desesperada y arriesgan todo, su vida, con esperanza y bajo un instinto de supervivencia”.

Preguntado por la actitud de los países europeos ante los cientos de miles de personas sirias que buscan el asilo, Nafez alaba “la tolerancia” y “la ética” que destaca del Viejo Continente. Se están comportando “magníficamente bien”, especialmente Alemania, señala. “Hay mucho países que están colaborando al máximo, aunque haya gente que los critica”. “La pregunta es, ¿hasta dónde puede aguantar Europa? De cualquier forma, se agradece”, señala.

A esta situación se ha llegado porque “los países del Golfo han cerrado todas las puertas a los refugiados”. “Tienen el dinero, tienen las posibilidades, pero es la hipocresía de quienes pregonan el islam en el mundo entero. Si son hermanos, háganlo realidad, pero ni dios puede entrar por la frontera de Arabia o Qatar”. Nafez apunta a analizar cuál es la causa de todo esto, la guerra, donde “Europa tiene que jugar un papel mucho más activo”.

“La solución no es darle refugio a la emigración”

“Es difícil, pero no imposible. La ONU, los países europeos, las grandes potencias, tienen que actuar allí, abordar el problema desde su raíz” porque “la solución no es darle refugio a la emigración”. Existen -propone- soluciones parciales como la creación de una zona de exclusión aérea, similar a la desarrollada en Irak en marzo de 2011, en la segunda Guerra del Golfo. “Se podría hacer en el norte de Siria para los refugiados; se ha hablado muchas veces pero no se ha realizado nada”, indica, lamentando que “los políticos hablan mucho pero luego nada de nada”.

Lamenta cómo hace unos cinco años hubo un millón de refugiados irakíes cristianos “arrancados de sus raíces, expulsados de su país solo por ser cristianos”. “La corriente en Oriente Medio es islámica. El futuro de nosotros cristianos ahí es muy negro”, sentencia. “Hay que presionar a todas las fuerzas del mundo para que busquen una solución sea como sea”, resume. “¿Qué consecuencias tiene a la larga el tema de los refugiados? Eso se lo tienen que plantear entre los países europeos. La solución no está en recibir más y más. Hay que ir a la raíz, porque si abres la puerta...”.

En relación con la cuestión de origen, Nafez apunta que “la revuelta siria fue muy buena, fue un levantamiento popular que buscaba algo de democracia, un cambio a un régimen de 50 años, muy sectario, que se ha equivocado muchísimo”, añade. A su juicio, es “un régimen totalmente desgastado” que ha desarrolado “una manipulación asquerosa” diciendo que el levantamiento popular “era de terroristas” cuando “realmente pedían la voluntad del pueblo, de cambio” mientras el Gobierno seguía con “elecciones falsas”. “Los que vienen son estos, decían al pueblo, elegid vosotros”, comenta, concluyendo que no son de su agrado “ninguno de los dos, ni la espada ni la pared”.

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