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"Si la energía que se siente en un concierto se movilizara para conseguir metas, seríamos invencibles"

La formación de Tres Cantos, que acaba de ganar los Premios de la Música Independiente a Mejor artista, directo y videoclip 2016 presenta por toda España su primer libro 'Memoria instantánea'

"Europa levanta alambradas para que no entren los demás, pero se está volviendo una jaula para nosotros. Está vieja, derruidos sus pilares ideológicos', expone el letrista y guitarrista Guille Galván

Vetusta Morla

El reconocimiento a Vetusta Morla como Mejor artista, directo y videoclip en los Premios de la Música Independiente 2016 (Radio3/RNE) coge al grupo en plena presentación de Memoria instantánea (Temas de hoy). Es el primer libro de la banda, tras la publicación de sus tres discos de estudio Un día en el mundo (2008), Mapas (2011) y La Deriva (2014) y el directo de esta gira, 15151, grabado en el Palacio de los Deportes de Madrid en mayo de 2014. Memoria instantánea recoge justo las vivencias de esta última gira, 22 meses por España, Francia, Alemania, Portugal, Reino Unido, México, Colombia, Argentina y Chile. 

Guille Galván (guitarra, letras y coros) y Jorge González (percusiones, teclado y programaciones) subrayan que no se trata de un producto de marketing ni, menos aún, obra de negros, sino de “un nuevo reto artístico de los seis componentes” de esta formación que disfruta explorando vías de expresión como ya demostraron al crear la banda sonora del videojuego Los ríos de Alice (2003), o al trabajar con la Orquesta Sinfónica de Murcia en un concierto/disco (2012) para recaudar fondos con que rehabilitar el Conservatorio Narciso Yepes dañado por el terremoto de Lorca. Individualmente también son artistas inquietos, Galván recorre ferias del libro y recitales con su primer poemario Retrovisores y González llega de su refugio creativo en una playa andaluza.

¿Cómo surgió Memoria instantánea

Guille Galván (G.G.): Pucho (cantante) tiene una cámara de fotos instantáneas y antes de la gira de La Deriva ya empezó un diario con ella. Como banda, siempre nos ha nos gustaba compartir vivencias, cuando existía Myspace, de un blog, o en revistas como Rolling Stones, o nuestra web. Así que, al llegar la propuesta editorial, vimos una oportunidad de compartir lo que ya veníamos haciendo, de transmitir la trastienda de una gira más allá de los conciertos que el público ve... y hasta de entendernos nosotros mejor.

¿Cuál ha sido la dinámica de trabajo? ¿Cómo trabaja Vetusta Morla? 

Jorge González (J.G.): El libro, como casi todo lo que hacemos, parte de uno que prende la mecha y al que nos unimos todos para mantener la llama. Pero la dinámica ha sido muy distinta a la habitual. Como grupo, la idea se propone al juntarnos a tocar en el local; aquí creamos una red a la que Pucho subía las fotos semanalmente, repartíamos las tareas y poníamos en común los textos. De forma que todos veíamos avanzar el proyecto. 

G.G.: Emparejábamos imagen y texto, o un texto pedía hacer una foto. Ha sido muy bonito porque el libro ha ido tomando forma a medida que avanzaba la gira y el final no podíamos saberlo hasta que llegara el último concierto.

No fue un concierto cualquiera.

G.G.: No, no lo fue. Era en Madrid, una semana después de los atentados de ISIS en París, en la sala Bataclán. Y, además, se daba el paralelismo de que se jugaba un Real Madrid-Barça (como en París un amistoso Francia-Alemania). Toda la semana fue muy rara porque la gente tenía miedo, las medidas de seguridad fueron brutales, registraban a todo el mundo como en un aeropuerto. Y más que miedo, sí sentimos que lo que normalmente es celebración, fiesta, estaba marcado por la tensión. Fue difícil emocionalmente.

J.G.: Ocurre también que, cuando se toman más medidas de seguridad -aunque las circunstancias lo requerían- la imagen de más controles, más Policía, da sensación de mayor riesgo.

Vuestras letras, en temas como La Deriva, Un día en el mundo, Sálvese quien pueda o Golpe Maestro son críticas, comprometidas, ¿Vetusta Morla hace música política?

G.G.: Más allá de lo político nosotros sí entendemos que nuestro trabajo debe tener implicación con las coordenadas históricas que nos ha tocado vivir. Como creadores nos nutrimos de la realidad: de nuestro entorno, desde familiar a social y político. Lo que distingue una banda actual de una de los 70 es el contexto en que vive. Sentimos que reflejarlo es una necesidad, una obligación. Y, con la perspectiva de nuestra trayectoria -la banda nació en 1998- puede ser una de las razones de la conexión con el público. Muchos nos transmiten que nuestros temas coinciden con lo que piensan.

El libro incluye un “Decálogo del buen Vetusta” cuyo punto 3 es “Anteponer lo artístico a lo financiero”. Añadís: “Aún se estudia en las escuelas de negocio cómo es posible alcanzar éxito así”. ¿Cómo lo habéis conseguido? 

J.G.: Por lo que comentaba Guille: la autenticidad. Cuando salió Un día en el mundo nosotros llevábamos ya tiempo tocando en Madrid, llenábamos salas de importancia como Caracol o Sol. Y en el resto del país. Creamos el sello Pequeño Salto Mortal porque aunque hubo ofertas de discográficas, ninguna ponía al disco el cariño que queríamos. Y cuando al fin lo sacamos, la gente reconoció en él, y en nuestros mensajes en redes sociales, un proyecto auténtico. Que un periodista musical como Santi Alcanda dijera que era “el mejor primer disco de un grupo en la historia del rock español» no vino mal, je, je. Pero la mejor promo es la de quien recomienda un disco o concierto a un amigo.

La realidad está marcada por el drama de los refugiados. En 2004 participasteis, en el Festival Anti-crise en Líbano, país hoy con 4 millones de habitantes y 1.200.000 refugiados. ¿Qué recordáis de vuestra vivencia? 

J.G.: Estuvimos en Beirut en un paréntesis de paz y fue una experiencia fuerte por ver el contraste de zonas destrozadas por bombas y centros financieros de última generación, por la energía de aquel festival para promover el despertar cultural... 

G.G.: Y porque, aunque al sur había bombardeos israelíes y los aviones rompían la barrera del sonido para asustar, vinimos con la sensación de que eran un ejemplo de convivencia entre gente muy distinta, formando una comunidad.

J.G.: ¡Si hasta vimos una misa católica en árabe! Pero para mí, lo más fuerte fue Damasco.

¿Estuvisteis en Siria? 

G.G.: Fueron sólo dos días pero muy intensos, en una ciudad que para nosotros era completamente ajena en lo cultural, inmersos en lo hermoso de la cultura árabe. Hay una imagen que tengo grabada: el atardecer que subimos a una colina y cuando los muecines empezaron a llamar a la oración, mientras se ponía el sol, ahí en la tremenda explanada de la ciudad, empezaron a iluminarse puntitos verdes. Alucinante. No deja de venirme a la cabeza desde que empezó la guerra.

¿Qué análisis hacéis sobre el drama humanitario? 

G.G.: Más allá de lo evidente, que es el dolor de los refugiados, siento que Europa se está convirtiendo en una jaula, cuyas barreras, alambres, parece que se levantan para que no entren los demás pero al final se está volviendo una jaula para nosotros. Europa está vieja. Todos los pilares ideológicos y de valores que la formaron se han caído. El drama de los refugiados demuestra que Europa tiene una crisis de identidad brutal. Y si no dejamos entrar nuevos valores y nueva gente que refresque y regenere lo que tenemos, estamos condenados a morir lentamente entre esos muros que levantamos.

En la página 50, volando a Ciudad Juárez, decís: “Y yo aquí, como prendido de un hilo en este mundo loco, lleno de incoherencia y maldad, me aferro a esperanzadora revelación (...) de que estamos rodeados de gente maravillosa”. ¿A quién destacaríais?

J.G.: Yo a Leiro, a quien conocimos antes del disco y todo y es uno de esos héroes que en este país luchan por la cultura, promoviendo conciertos en su garito, en Bueu (Morrazo, Pontevedra, Galicia). 

G.G.: Hemos hecho muchos amigos, pero él ama tanto la cultura… que deja aparte la vertiente económica. Cuando hemos sido ya reconocidos y se ha planteado tocar allí conciertos secretos, ha dicho que sí pero sin ir muchas veces, ni casi anunciarlo porque no quiere lío excesivo en su bar. ¡Cualquier otro haría diez noches! Justo en Bueu conocimos a Noe, a la que debemos la canción Cuarteles de inviernos y cuyos emails, al principio y fin de este libro, son su columna vertebral.

Vosotros empezasteis siendo amigos del instituto, ¿echáis la vista atrás con incredulidad? ¿Pensáis en el futuro?

J.G.: En Tres Cantos es fácil coincidir y sí nos conocíamos del instituto, de jugar en el equipo de fútbol o ya luego de los ambientes musicales. Pero ha sido una evolución muy natural en la que nunca nos planteamos llegar a ser como, qué se yo, Los Rolling. Siempre sueñas con vivir un momento en un escenario súper guay con tus colegas... y la música se ha acabado convirtiendo en nuestra profesión. Somos muy conscientes del privilegio que supone, en este país, poder vivir de hacer conciertos y vender discos. Sentimos responsabilidad con la gente que nos escucha y por estar creando algo que entra a formar parte de la cultura colectiva. Y valoramos a tantos músicos superhéroes que llevan una doble vida: de día, Clark Kent trabajando en la oficina y por la noche con la capa/guitarra eléctrica yendo al local de ensayos, o pidiendo vacaciones para tocar a 600 kilómetros ante 20 personas.

G.G.: Dylan contestaba en una entrevista que no se plantea dejar de tocar porque quiere que la gente por la calle siga diciendo: “Mira, ahí va Dylan” y no “Mira, ése es el viejito que hacía canciones”. Mientras uno pueda hacer lo que más le gusta del mundo, siga disfrutando y haya gente que quiera escucharle, bienvenido sea. Para nosotros, aunque tengamos la suerte de llevar ya mucho tiempo juntos, aún es prematuro plantearse si llegaremos o no, como banda, a los 70.

¿Qué recomendáis a los músicos que os piden consejo? 

J.G.: Estamos en un momento en que las bandas, en discográfica o no, tienen que hacer un sistema de auto-producción y muchos, en situaciones muy distintas, nos preguntan. Yo siempre les digo que no paren. Porque en el momento en que pares y esperes que alguien haga algo por ti te frenas y esa inercia se va al garete. Yo no creo en hacer canciones para un sector de la población o para festivales. Creo que lo que funciona es creer en lo que haces, ser honesto. Y no parar. 

G.G.: Durante años no ha habido interés de las grandes discográficas o editoriales por difundir una hoja de ruta para que quien empieza sepa sus derechos, obligaciones, funciones. Al empezar vas a ciegas y por eso se firma lo que se firma. Estaría bien que hubiera un compendio de información de de utilidad pública.

El libro acaba con una cita de Bruce Springsteen: 

¿Que en qué consiste mi trabajo?

“Mi trabajo consiste en ir de ciudad en ciudad

decirle a la gente que no afloje y 

volverme por el mismo sitio por el que he venido” 

¿Sacia ese sacudir conciencias o tras el concierto quedan ganas de que esa energía se canalizara?

G.G.: La frase resume muy bien nuestra idea de que por subir a un escenario no eres alguien especial, sino un profesional que haces lo que los juglares toda la vida: ir de sitio en sitio, agitando un poco la cabeza, el cuerpo, y las emociones de la gente y volver a casa por donde has venido. Pero el tema de las emociones y cómo se conduce toda esa energía es complicado, porque a veces sí que estás en el escenario y dices: “Joder, si toda esta fuerza se concentrara también al mismo tiempo para conseguir otras cosas, seríamos invencibles, como grupo humano, como colectivo". Pero a saber qué emociones siente cada uno, qué despiertan en su cabeza y hacia dónde lo quiere dirigir, ¿no?

¿Cuál es la siguiente meta de Vetusta Morla: conciertos, disco?

G.G.: La gira de La Deriva acabó en diciembre. Este verano haremos cinco fechas, cinco festivales: uno en Portugal (Lisboa) y cuatro en España (Barcelona, Benidorm, Cádiz y Madrid) y queremos centrarnos en preparar bien el disco. Porque ahora estamos trabajando ideas individualmente pero tenemos que reunirnos en el local, estar los seis en sintonía y enfocando a un mismo lugar, para crearlo.

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