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La Caja Negra La Caja Negra

Fui a Itálica y no supe si pedirte matrimonio o patrimonio

Un concierto de Dani Morón con Marina Heredia y Jesús Méndez + las cavilaciones de un divorciado

Foto montaje del artista Alex Peña.

Foto montaje del artista Alex Peña.

Viernes, 20 de julio

21.45 h Centauro camino de Itálica para ver uno de los espectáculos del flamante ciclo Flamenco y Patrimonio: 21, de Dani de Morón. Centauro esta vez no va en bici sino en coche y desde Las Pajanosas (cosas de la vida, el verano y los Max). Voy (vamos) casi tarde. Sólo falta que nos perdamos.

21.55 h Nos hemos perdido.

22.05 h Llegamos tarde pero aún no ha empezado. Nos sentamos en los cojines que intentan hacer cómoda la incomodidad de la piedra. Me acuerdo de mis clases de danza y trato de sentarme en los isquiones, pero cuando pienso en isquiones me vienen a la mente los ostiones y así no hay forma.

22.20 h Le he dicho cuatro o cinco oles muy bajitos a la farruca del guitarrista. Me toca su toque bruto y tierno, me gusta cómo se extravía hasta parecer alejarse de la melodía tradicional para que ésta emerja de repente con la sencillez de las cosas inevitables.

22.30 h Me sigue fascinando ese extraño protocolo flamenco: el guitarrista saluda, pero luego dedica el aplauso a los palmeros con la mano abierta; éstos responden dedicándoselo al guitarrista. Entonces, llega el cantaor y todos lo señalan a él. Es como una coreografía de la humildad que  todos ejecutan, pero nadie se cree. En fin. Cada idioma tiene sus ritos y sus rotos. Y por los pespuntes late la vida si sabemos mirarla.

22.32 h El cantaor recién llegado es Jesús Méndez. Hace unos tientos-tangos en los que sigo reconociendo su fuerza, su entrega  y esa voz redonda y poderosa, pero hay algo nuevo: una delicadeza en ese jarrón de porcelana que es la cadencia, una suavidad inédita en su manera de atacar los tonos bajos.

23.00 h El tocaor desmenuza el trémolo de su rondeña. Desde que Ramón Montoya compuso su rondeña y fijó su estructura, el trémolo es el lugar de la ternura desolada. Aquí también lo es. Sin embargo, donde me duele su toque es en unos arpegios casi naifs en los que me acuerdo de otra rondeña hermosa y desolada: la de Rafael Riqueni. Cuando termina la pieza, el tocaor nos cuenta que la ha dedicado a su madre. Lo mismo hizo Riqueni con la suya. Yo me acuerdo de la mía y el lunes buscaré esta frase en un artículo de Timothy J. Mitchell: “Una música verdaderamente identitaria es un croquis para orientarse en un laberinto emocional construido para sobrevivir, literalmente.”

23.10 h Aparece Marina Heredia y vuelve a ejecutarse la coreografía de la humildad. Esta vez es aún más raro porque su despampanante traje verde afortunadamente está muy lejos de la modestia. La cantaora granadina luce su carisma escénico en las alegrías y la soleá. Me gusta que busque menos quebrar su voz que las últimas veces que la había escuchado, aunque yo juraría que no termina de encontrarse esta noche. O seré yo, que no termino de encontrarla a ella.

00.10 h Aplaudimos el final del espectáculo y el público empieza a irse. I me mira. Yo la miro y luego miro las piedras. Esto de los teatros romanos es un fenómeno fenomenal. Hace seis años el entonces Consejero de Cultura, Luciano Alonso, se cargó casi todo lo cargable y un poquito de lo incargable: ya sabéis, la crisis, los recortes y lo malita que está la cosa. Pero se le ocurrió la brillante idea de plantear una programación de teatro grecolatino en los Teatros Romanos. Idea tan brillante y original que nos hace correr y saltar de piedra en piedra hasta atravesar el tiempo y desembocar en el  184 a.C. y luego, tras pirueta mortal, dar un culazo en 385 a. C.

El presupuesto para este ciclo es 0 euros para las compañías porque lo que se hace es dar la taquilla a las compañías. Esta política se está generalizando: llenar de contenidos los espacios públicos haciendo que asuman el riesgo las empresas privadas. Todo ello, por supuesto, con convocatoria pública y comisión evaluadora. Yo esto no lo veo nada claro, pero no quiero detenerme ahí. Me llama más la atención el que, siguiendo las modas de, sobre todo, el Festival de Mérida, haya esa obligación de ser grecolatinos. Desde entonces, las teatreras andaluzas leen con inusitado interés las obras de Esquilo y Eurípides (Séneca es demasiado enredoso); pero, sobre todo, las de Aristófanes y Plauto: ya se sabe que, si se va a taquilla, la gente lo que quiere es estar fresquito, disfrutar del marco incomparable (sin mono Amedio) y echar unas risas con una comedia, que pa llorá ya está la misma vía.

00.14 h I me mira como diciéndome que en qué parra ando. Me acuerdo de T que me dijo una vez por teléfono ante mis cavilaciones “bájate de ahí”. Como I es prudente me lo digo yo mismo: “Montero, ya estás bajándote de ahí” y nos vamos a tomar una cerveza. Entre buche y buche sigo rumiando: desde la administración se usan con frecuencia expresiones como “apoyar las industrias culturales”, “fortalecer el tejido”  y milongas de ésas. A parte de los apartes, y si aceptamos que las industrias culturales no son los padres, ¿qué apoyo es para esas industrias culturales andaluzas malproducir todos los años unos espectáculos grecolatinos que no tienen casi ningún mercado fuera de ese circuito. Resumiendo, si queremos hacer de la cultura una mercancía, por lo menos vamos a ponerle dos dedos de frente.

00.15 h Me pido la segunda cerveza y me pongo a pensar en otras cosas más agradables.

Sábado, 21 de julio.

10.15 h Mientras degusto un té negro como la endrina me vuelve el runrún de lo del patrimonio y el teatro y tal. Consulto la convocatoria de este año para teatro y flamenco y leo:  “Para el Festival de los teatros romanos de Andalucía, la propuesta artística ha de consistir en un espectáculo de cualquier disciplina escénica basado o al menos inspirado, en obras clásicas grecolatinas o en personajes históricos grecolatinos, ya sea la representación del texto original, como adaptaciones o versiones de los mismos. Para el Ciclo Flamenco Patrimonio, se podrán proponer espectáculos de flamenco en sus distintas manifestaciones de cante, baile y toque, sin limitación temática.” Los subrayados son míos (siempre quise escribir esto).  Pregunto a la bolsita de té: ¿por qué el flamenco es ya grecolatino y las otras artes escénicas no? La bolsa calla y yo, como Lope, le digo que quien manda silencios los entiende. No me rindo e interpelo a la cucharilla: ¿No es el flamenco una disciplina escénica más? ¿Cuándo llegará la Rosa Parks que inicie el final de esta segregación? Y una última pregunta: si aceptamos esa segregación, ¿por qué hay un espectáculo de un artista, Rafael Amargo, cuya propuesta se incluye, sin embargo  en  la programación del Festival de los teatros romanos de Andalucía? Esperando respuestas, se me quema la tostada.

10.19 h Mordisqueo una tostada chamuscada mientras homenajeo a Pedro Reyes: tú eres el culpable del frascasso de mi patrimonio. Antes de ayer, colocando cosas después de mudarme, encontré una cajita en la que guardaba el anillo de mi boda y el libro de familia. Ya no sirven para nada, pero a ver quién es el guapo que los tira. Yo, desde luego, no. Me da no sé qué deshacerme de mi patrimonio.

 

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