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Cienfuegos: "Los escándalos de acoso de Hollywood son inconcebibles para la nueva generación del cine europeo"

El director del Festival de Sevilla de cine europeo apuesta por las películas de autor, defiende la industria andaluza y la inclusión de la serie ‘La Peste’ en la programación de este año

"Nosotros demostramos que se puede hacer cine político usando recursos y estrategias novedosas"  

"La programación del Seff 2019 es luminosa, tanto como se acusa al cine europeo de oscuro, de ensimismado"

José Luis Cienfuegos, director del Festival de Sevilla de Cine Europeo

José Luis Cienfuegos, director del Festival de Sevilla de Cine Europeo

A punto de celebrar su octavo año al frente del Festival de Cine Europeo de Sevilla, el asturiano José Luis Cienfuegos se muestra tranquilo, acaso más convencido que nunca de la programación que ofrecerá en esta nueva edición, que abrirá este viernes Rodrigo Sorogoyen con su nuevo filme, Madre, y contará con figuras como Elia Suleiman, Abel Ferrara o Roy Andersson, entre otros.   

Hace poco Benito Zambrano decía que los festivales se han convertido en la "trinchera" del cine más interesante. ¿Usted se siente en pie de guerra?

Existe la sensación de que hay que seguir peleando, diversificando estrategias e intentando hacerte fuerte en aquello que puedes defender con más decisión y argumentos. Y ahora el argumento principal es que los festivales somos más necesarios que nunca para defender el cine europeo, pero también a los autores. Lo que nos distingue es que ponemos en primer lugar al autor. Cada película corresponde a una mirada singular y diferente. El espectro, y este año más que nunca, es tan amplio y rico que llega hasta irritar ese falso consenso según el cual ahora el cine no se ve en salas. Esa es nuestra trinchera.

El año pasado se notaba en la programación una preocupación por el ascenso de la extrema derecha. ¿De qué nos informa este año el cine europeo?

Sobre las fronteras, hay mucha ficción que aborda, desde el prisma puramente histórico (El traidor de Bellocchio) o desde esa distopía que se mueve entre lo real y lo fantástico, como puede ser Atlantis o Terminal Sud. Con una visión distinta a la de los años 60, se está haciendo un cine político. Quizá no tanto en España, pero sí en Europa. Parece que aquí perdura esa tendencia a pensar que el cine político necesita grandes presupuestos o un engranaje industrial notable. Nosotros demostramos que se puede hacer usando recursos y estrategias novedosas.

¿Cómo está posicionado el cine español en el contexto europeo?

En el circuito europeo de autor, excelentemente posicionado. Es un referente. Sólo tienes que ver que Oliver Laxe y Albert Serra son premiados en Cannes, qué decirte de las grandes figuras como Almodóvar… Una directora como Icíar Bollaín tiene un enorme éxito por ejemplo en Alemania, con cientos de miles de espectadores. Todos estos se conocen, tienen visibilidad, son valorados y queridos. Y no olvidemos que Alberto Rodríguez fue premio del público de los EFA, como [Eloy] Enciso estuvo este año en Locarno, Madre de Sorogoyen en Venecia, a Isaki Lacuesta se le hace una retrospectiva en el Pompidou…

Ya que menciona los EFA (los premios europeos), ¿ha repercutido en el festival el hecho de que el año pasado Sevilla fuera la sede de estos premios?     

Más que por el evento en sí, es el resultado de muchos años de trabajo que acaban propiciando una combinación perfecta: los EFA, los Goya, el Festival… Eso unido a la gran labor que se está haciendo con los rodajes en Andalucía, nos hemos ido retroalimentando entre todos. Este año tenemos una sección oficial que algún periodista ha definido como irrepetible, pero es la evidencia de que el Seff está ahí, y Sevilla cuenta mucho en la exhibición de películas y la reivindicación de grandes cineastas europeos.

¿Alguno de los invitados de la nueva edición le ilusiona especialmente?

Hombre, ser testigo del testamento cinematográfico de uno de los grandes cineastas de los últimos años, Roy Andersson, combinado con la belleza de un Lorenzo Mattotti, el gran ilustrador y dibujante que ha adaptado La famosa invasión de Sicilia por los osos, es una maravilla. Pero no es sólo cuestión de nombres, hablamos de grandes películas. Ver en la gran pantalla una película como El traidor de Bellocchio, un director con un reconocimiento internacional indiscutible, o un filme tan épico como Martin Eden de Pietro Marcello, o Sinónimos de Nadav Lapid, o Robert Guédiguian y su Gloria mundi, uno de esos viejos luchadores que se miran a veces con cierta displicencia, pero están cambiando la historia del cine europeo. Son películas que están dejando huella, y programarlas da una enorme sensación de felicidad. Casi diría que la programación del Seff 2019 es luminosa, tanto como se acusa al cine europeo de oscuro, de ensimismado.

El director del festival de san Sebastián, José Luis Rebordinos, comentaba hace poco que quizás los festivales deberían ejercer más como filtro de la producción cinematográfica, y no programar tantos títulos. ¿Qué opina usted?

Por supuesto, somos prescriptores y lo seguiremos siendo. Pero me parece que lo reivindicable de los festivales es que sigan estando los autores ahí. Hablamos de miradas, de ideas, y de transmitir conocimiento. Al fin y al cabo, es una labor de educar, y de crear un espacio de diálogo y de encuentro.

Hemos visto cómo los escándalos de acoso han conmocionado a Hollywood. ¿El cine europeo está a salvo de ello, o lo afronta de una forma diferente?

Creo que los trabajadores del cine europeo de hoy pertenecemos a una generación para la que todo esto es inconcebible, no nos entra en la cabeza. Y que Europa tiene otra mentalidad, otra manera de entender el cine hecho, dirigido, producido, presentado por mujeres. En Sevilla no respondemos a ningún tipo de cuota, hemos ido siempre por delante en iniciativas de paridad en el comité de selección, sin que nadie nos lo pidiera. Es una forma de transmitir nuestras ideas sin necesidad de enarbolar ningún tipo de pancarta.

¿Se intuye un esfuerzo de reconciliación con el cine andaluz? Lo digo porque en los últimos años arreciaban las críticas de no darle su sitio en el Seff…

Siempre hemos intentado cuidar la presencia andaluza. Es cierto que este año hemos disfrutado programando y seleccionando Panorama andaluz. Y también se intuye cierto recambio generacional en los programas de cortometrajes. Está llegando una nueva generación que a lo mejor no está tan sometida, en la no ficción, al formato televisivo o del reportaje. Pero no debería haber dudas de que todas las películas andaluzas que nos llegan son visionadas por el mismo equipo de selección que películas de otros lugares de Europa. Ahí está, por ejemplo, Alejandro Salgado con la premier de Barzakh.   

¿Cuál sería la principal fortaleza y la principal debilidad del cine andaluz ahora?

Una muy buena noticia reciente ha sido el nacimiento de Ancine, la asociación de productores del cine andaluz, porque desde el minuto cero está planteando nuevas estrategias, formas de comunicarse con industrias, programadores, formas de colaboración y trabajo en común , y el reflejo son las jornadas de industria de este año, que en apenas un par de meses recibieron 40 proyectos. Pero hay una visión del cine andaluz amplia. Hablamos de La trinchera infinita, que es también una película andaluza. La asignatura pendiente, y así se lo he transmitido a las administraciones públicas y los agentes culturales, es que hay un vacío que llenar del corto al largometraje. Hay que cubrirlo y colaborar con propuestas imaginativas.

El estreno de La Peste en el marco del Seff, ¿es una anécdota, o la señal de que el festival quiere abrirse a otros formatos?

Ni una cosa ni la otra. Los festivales siempre hemos estado más abiertos a otros formatos de lo que pueda parecer, pero el foco aún no estaba en las series, y parecía casi una extravagancia que tú las programaras. Algunos lo hemos hecho. Recuerdo Queer as folk, o Neverwhere, basada en un relato de Neil Gaiman. Lo que ocurre es que ahora a las series de televisión se les otorga mayor protagonismo. De todas maneras, La peste nos sirve para reivindicar a dos gigantes como Alberto Rodríguez y Rafa Cobos, y de paso, la profesionalidad de los equipos técnicos y artísticos del cine andaluz. Sólo ver el vestuario, la ambientación, el resultado final, requeriría un homenaje cada día del festival.        

 

 

      

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