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Una vida flamenca

Carmen Fernanda

Néstor Cenizo

La danza la hace quien baila y también quien hace bailar. Carmen Fernanda es las dos cosas, bailaora y maestra de bailaores. Lleva más de 30 años enseñando y aprendiendo flamenco porque, dice, nunca dejó de ser alumna. Hoy, Día Internacional de la Danza, recibe un homenaje en el Auditorio de la Diputación Provincial de Málaga, lleno para celebrar a una artista que un día bajó de las tablas para que otros subieran.

La de Carmen Fernanda es una vida dedicada al baile. “Yo me ponía a bailar en la calle y cuando tenía ocho añitos una amiga de mi madre le dijo: ”Mira, tu niña tiene mucho arte. ¿Por qué no la llevas a clase?“”. Así que la apuntaron a la academia que tenía en la Plaza de la Merced Angelita Didier, la primera maestra de los muchos que vendrían después: Tona Radely (“maestra de maestros”), Matilde Coral (“la crème de la crème; de cintura para arriba era un espectáculo, cuando esa mujer sube los brazos, mueve ese mantón, esa bata de cola…”), Merche Esmeralda o Eloy Pericet. Desconocidos para el gran público y leyendas del baile para los que de esto saben.

Aprendió en aquella academia de suelos de los que machacaban hasta los huesos y a los 13 años Carmen Fernanda se subió sola al pequeño tablao de la Casita, en la Carihuela. Existían entonces el Jaleo, el Madrigal, el Cleopatra, la Taberna Gitana, el Caballo Loco… Tablaos y hoteles de la Costa del Sol atestados de extranjeros que empezaban a llenar los apartamentos que infestaron la primera línea de playa durante de Torremolinos a Estepona.

Aquello era el maná venido del norte y al “guiri” había que saquearlo: “Algunos directores veían una niña vestida de gitana y decían: ”Esto el extranjero no se entera“; pero luego esos extranjeros venían a mi tablao quejándose del hotel de al lado y me decían ”no good, no good“”. Ella era la “reina de la Carihuela” y una pareja de austriacos le hizo todas las fotos que conserva de esa época. En esos tiempos se pagaban cuatro mil pesetas por noche, y convenía llevar encima el carné del sindicato de artistas para que el gremio no se echase encima. Carmen Fernanda llevaba además un permiso de su madre, que la acompañaba desde el público echando una “cabezaíta”. Con apenas diez años sacaba adelante la economía familiar.

Siendo una niña, actuó en Australia, partió de gira a Italia y Austria y bailó durante tres meses para un casino de Nairobi lleno de ingleses, junto con la compañía de Paco de Alba. “Sólo veíamos la pobreza cuando íbamos a la ciudad, aquello me llegó mucho”, recuerda hoy. Pero a la vuelta a España la vida era otra. En los últimos años de los 70 aún se bailaba en los cines antiguos, en pueblos donde parecía que no se llegaba nunca. “Una vez nos enteramos, al llegar a El Burgo, de que no se había vendido ni una entrada. Aquello había que solucionarlo y el que llevaba el cuadro nos dijo: ”Os vestís todas de flamenca y vais a dar un paseo por el pueblo“. Y medio se llenó”“.

Un día, Carmen Fernanda bajó del tablao, aunque ahora dice que no lo hubiera dejado nunca. Con 20 años, abandonó la vida de artista y descubrió que el arte también se entrega en una clase. “Empecé a sentir que además de bailar me gustaba la docencia. Ver cómo disfrutan los alumnos y perciben el amor a la danza”. Por su escuela han pasado miles de malagueños, algunos con el arte a flor de piel; otros que lo tienen escondido muy al fondo. “A unos les sale enseguida y otros lo tienen escondido por timidez, pero el buen maestro lo saca. Todos lo tenemos”, explica. “Me da coraje cuando escucho: ”Ese no vale para bailar“”.

La timidez es la enemiga de la danza y en el flamenco, más aún, importa la chulería bien entendida. Eso es bailar: “La danza es para que tú desconectes, te ayuda a olvidarte de todo, a decir ”¡qué bien me siento!“”. Desde las paredes del salón observan la clase Antonio Canales, Cristina Hoyos, Eva la Yerbabuena, El Mimbre o Pepito Vargas, que posan en fotos con la maestra que también es alumna: “El que diga que ha terminado de aprender es mentira. Yo seguiré aprendiendo hasta que me muera”.

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