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Del laboratorio al mercado

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Patentes del CSIC / FOTO: Victoria Muñoz

¿Qué tienen en común productos aparentemente tan dispares como el sucedáneo de angula, las tortas de polvorón o un complemento alimenticio a base de compuestos activos presentes en la uva y la granada?

Esta pregunta puede dejar perplejo al lector, pero la respuesta no es difícil: se trata en todos los casos de productos que incorporan tecnología generada en los grupos de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Es posible que alguien pueda pensar que científicos del principal organismo público de investigación de España deberían dedicarse a asuntos de más calado, ampliando las fronteras del conocimiento en sus respectivas áreas de trabajo. Sin embargo, el propio Estatuto del CSIC indica en el Artículo 5 que una de las funciones del CSIC es “transferir los resultados de su investigación científica y tecnológica a instituciones públicas y privadas”.

Pues bien, para dar cumplimiento a este mandato es por lo que contamos con una Vicepresidencia Adjunta de Transferencia de Conocimiento (VATC) en la cual trabajan más de 50 personas distribuidas por la mayor parte del territorio español.

El proceso de transferencia se ha definido como una secuencia en la que el primer paso es la generación del propio conocimiento o resultado de investigación en el laboratorio; el investigador que intuye que puede haber un interés comercial comunica esa información a la VATC, donde se evalúan esas posibilidades de transferencia  y se asesora a los científicos sobre cómo proceder. En muchos casos, se recomienda de inicio “proteger” ese conocimiento, por ejemplo solicitando una patente, antes de promocionar y eventualmente acordar con una empresa condiciones de explotación y puesta en el mercado.

Esta visión, en principio una tanto lineal, es en muchas ocasiones un proceso mucho más complejo y multimodal, en el cual la interacción entre investigadores y empresa empieza durante el propio desarrollo del trabajo, de forma que éste se va adaptando a los requerimientos que sean necesarios para posibilitar el éxito comercial.

Como técnico que he dedicado casi todo mi ejercicio profesional a la transferencia de tecnología en general y a la protección del conocimiento en particular, permítanme que me centre en el valor de las patentes como herramienta de estímulo a la innovación y como enorme fuente de información tecnológica.

La patente u otras modalidades de protección como los modelos de utilidad constituyen en la práctica un compromiso entre los inventores y la sociedad, por el cual los inventores (o sus empleadores cuando se trate de conocimiento generado en virtud de relación laboral) disfrutan de un monopolio limitado en el tiempo (20 años para patentes y 10 mara modelos) de explotación del mismo a cambio de hacer accesible esa tecnología a través de la publicación de la patente o modelo.

¿Sorprende esto al lector? Es habitual entre personas no familiarizadas con este “mundillo” el considerar las patentes como algo arcano y secreto. Nada más lejos de la realidad. Se trata de la recopilación de información más abundante y sistematizada en cuanto a su presentación, homogénea en cuanto a la forma de estructurarla. Y además gratuita desde cualquier dispositivo con conexión a Internet. Pueden comprobarlo aquí.

Existen ciertas restricciones de forma por lo que los descubrimientos o teorías científicas no pueden ser patentados, como tampoco los métodos de tratamiento terapéutico, quirúrgico o los de diagnóstico aplicados sobre el cuerpo humano o animal, o las tecnologías que utilicen embriones humanos.

Por último, las patentes protegen invenciones de todo tipo: desde algunas muy sencillas pero que han tenido un enorme éxito comercial como la del “velcro” del inventor suizo Georges de Mestral, hasta otras relativas a complejas técnicas biotecnológicas, como la desarrollada por la Profesora Margarita Salas sobre la DNA polimerasa del phi 29, que ha reportado importantes beneficios al CSIC, sin olvidar otras un tanto “esotéricas” como la que se muestra de título “Process of love”.  

Sirva esta última para aclarar que la legislación sobre patentes es muy garantista, lo que hace posible que las oficinas admitan a trámite este tipo de solicitudes raras, siendo posteriormente rechazadas en las fases de examen.

Busquen en cualquier ámbito de la técnica o de las necesidades corrientes de la vida. Se sorprenderán de ver que hay mucho, pero no todo, inventado.



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