La realidad LGTBI en las aulas de Sevilla: “No quiero que se me trate diferente”

Sara Rojas

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Matthew tiene 13 años y las ideas muy claras. Pero no siempre fue así. Durante un tiempo, mientras cursaba primero de la ESO en su anterior instituto, la confusión tiñó de oscuro su mente. Tenía otro nombre, era otra persona. “Todos los días eres algo hasta que entiendes quién eres”, resume ahora que ha terminado segundo con todas las asignaturas aprobadas en otro centro.

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Su voz desprende un tono de madurez inusual en los chicos de su edad cuando explica su historia. Cambió de instituto por cercanía - el actual está en Tomares, el municipio sevillano donde vive - y porque pensó que le vendría bien “empezar de cero”. No es que en el otro centro lo trataran mal, puntualiza, pero sentía que necesitaba un nuevo comienzo.

Como Matthew, otros chicos y chicas han afirmado su identidad durante la etapa escolar, con lo que ello supone: un reto no solo para su entorno familiar (su familia pertenece a la asociación Chrysallis, que lucha por mejorar la vida de los jóvenes trans), sino también para los alumnos y profesores con los que convive en el aula. A pesar de haber vivido episodios desagradables durante el proceso de transición, este joven minimiza en su relato los momentos amargos. Lo hace con una sonrisa porque se resiste a caer en el victimismo. “No quiero que se me trate diferente, sino todo lo contrario”, confiesa en un gesto de renuncia a cualquier trato de favor sobre el resto de sus compañeros.

Una necesidad “palpable en las aulas”

Aun así, al repasar los capítulos más difíciles de su historia, se le viene una profesora a la mente. “No me dijeron que podía firmar con mi nombre nuevo, así que seguía haciéndolo con el antiguo”, cuenta Matthew. “Y un día una profesora me dijo que si me había arrepentido siempre podía decirlo, y añadió con tono despectivo que ella sabía que me iba a arrepentir”, recuerda con “rabia”.

Situaciones similares se han detectado en otros centros de secundaria de la provincia. A poco más de tres kilómetros del instituto de Matthew, en Mairena del Aljarafe, también hay jóvenes en tránsito que han sufrido burlas y comentarios discriminatorios. En general, como cuenta Ana Prieto, coordinadora de 'Forma joven' en el IES Cavaleri de este municipio del Aljarafe sevillano, “hay muchísimas dudas entre el alumnado”, pero también por parte de un profesorado desbordado ante una sociedad cada vez más compleja por diversa y plural.

Para combatir ese “desconocimiento”, y en aras también de dar respuesta a la demanda de los profesores y a la necesidad latente de los alumnos, desde el Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe se ha puesto en marcha el proyecto 'Punto Visible'. Una iniciativa enmarcada en el programa 'Mairena Orgullosa', en el que se lleva trabajando desde 2017 para abordar “la sensibilización y normalización de los nuevos modelos de familia, las nuevas masculinidades y feminidades que integran la sociedad actual”, en palabras de la delegada municipal del Área de Igualdad, Diversidad y Acción Social, Soledad Rodríguez Franco.

Objetivo: trabajar sobre el terreno

Con este afán, se concibió en marzo un “proyecto piloto” a través del cual poder acercarse a la realidad de los centros públicos de educación secundaria de la mano de los profesionales de la asociación DeFrente. En los institutos se instaló un “punto visible” al que los chicos podían acudir para recibir asesoramiento. Al mismo tiempo, se desarrollaron diferentes talleres para entablar contacto directo con los más jóvenes y ofrecerles herramientas con las que poder “prevenir precozmente el daño que puedan sufrir los menores LGTBI”, según cuenta la delegada.

Después de la acogida que ha tenido esta primera experiencia, ha quedado “claro y palpable” que es necesario continuar implantando y desarrollando este tipo de iniciativas, según reconoce Soledad Rodríguez. “Entendemos que existe una necesidad, la necesidad de un cambio”. Una opinión que comparte Antonio Solano Salas, integrador social y parte implicada del proyecto 'Punto Visible' como tesorero de DeFrente.

“La realidad que nos hemos encontrado en las clases es una mayoría tolerante, con la mente abierta desde casa y desconocimientos técnicos que se resuelven muy rápido, pero también una minoría presente en casi todas las aulas que representa las nuevas tendencias de LGTBIfobia”, describe Antonio Solano. Actitudes que “se manifiestan con preguntas con poca intención de conocer realidades y mucha intención de hacer juicios”, explica este profesional que ha radiografiado a los más jóvenes en sus visitas al centro.

La educación como motor

De la etapa inicial de 'Punto Visible' (nació con fecha de caducidad pero el Ayuntamiento ya ha decidido ampliar el programa durante todo el curso que viene), el integrador social se queda con que ha sido una experiencia satisfactoria y gratificante. “Me encantan las nuevas generaciones que se expresan, que levantan la mano, que no tienen miedo”, celebra.

“Aunque vemos que en las calles han aumentado los delitos de odio, no puedo dejar de pensar que lo que estoy viendo en las aulas lo voy a ver en unos años en la calle”, lo cual le da esperanzas en el futuro que viene. “Cuando se da la oportunidad, la sociedad avanza y aprende”. Y en esa senda, la educación siempre tiene que estar en “el centro del cambio”, ser promotora del avance, motor de una sociedad.

Matthew también ha recibido charlas junto a sus compañeros en su instituto. Considera que son necesarias y que se visibilice su realidad, pero siempre con argumentos para que los jóvenes se convenzan sin imponer ningún planteamiento, defiende. Y sonríe, esta vez sin miedos, sin coacciones, al recordar, que el momento que sintió que todo había valido la pena fue precisamente “el sentirse tan bien cuando la gente te llama por el nombre que a ti gustan que te llamen”. Con el que se siente identificado y el que ha elegido con esfuerzo.

Matthew tiene 13 años y las ideas muy claras. Pero no siempre fue así. Durante un tiempo, mientras cursaba primero de la ESO en su anterior instituto, la confusión tiñó de oscuro su mente. Tenía otro nombre, era otra persona. “Todos los días eres algo hasta que entiendes quién eres”, resume ahora que ha terminado segundo con todas las asignaturas aprobadas en otro centro.

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Su voz desprende un tono de madurez inusual en los chicos de su edad cuando explica su historia. Cambió de instituto por cercanía - el actual está en Tomares, el municipio sevillano donde vive - y porque pensó que le vendría bien “empezar de cero”. No es que en el otro centro lo trataran mal, puntualiza, pero sentía que necesitaba un nuevo comienzo.

Como Matthew, otros chicos y chicas han afirmado su identidad durante la etapa escolar, con lo que ello supone: un reto no solo para su entorno familiar (su familia pertenece a la asociación Chrysallis, que lucha por mejorar la vida de los jóvenes trans), sino también para los alumnos y profesores con los que convive en el aula. A pesar de haber vivido episodios desagradables durante el proceso de transición, este joven minimiza en su relato los momentos amargos. Lo hace con una sonrisa porque se resiste a caer en el victimismo. “No quiero que se me trate diferente, sino todo lo contrario”, confiesa en un gesto de renuncia a cualquier trato de favor sobre el resto de sus compañeros.

Una necesidad “palpable en las aulas”

Aun así, al repasar los capítulos más difíciles de su historia, se le viene una profesora a la mente. “No me dijeron que podía firmar con mi nombre nuevo, así que seguía haciéndolo con el antiguo”, cuenta Matthew. “Y un día una profesora me dijo que si me había arrepentido siempre podía decirlo, y añadió con tono despectivo que ella sabía que me iba a arrepentir”, recuerda con “rabia”.

Situaciones similares se han detectado en otros centros de secundaria de la provincia. A poco más de tres kilómetros del instituto de Matthew, en Mairena del Aljarafe, también hay jóvenes en tránsito que han sufrido burlas y comentarios discriminatorios. En general, como cuenta Ana Prieto, coordinadora de 'Forma joven' en el IES Cavaleri de este municipio del Aljarafe sevillano, “hay muchísimas dudas entre el alumnado”, pero también por parte de un profesorado desbordado ante una sociedad cada vez más compleja por diversa y plural.

Para combatir ese “desconocimiento”, y en aras también de dar respuesta a la demanda de los profesores y a la necesidad latente de los alumnos, desde el Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe se ha puesto en marcha el proyecto 'Punto Visible'. Una iniciativa enmarcada en el programa 'Mairena Orgullosa', en el que se lleva trabajando desde 2017 para abordar “la sensibilización y normalización de los nuevos modelos de familia, las nuevas masculinidades y feminidades que integran la sociedad actual”, en palabras de la delegada municipal del Área de Igualdad, Diversidad y Acción Social, Soledad Rodríguez Franco.

Objetivo: trabajar sobre el terreno

Con este afán, se concibió en marzo un “proyecto piloto” a través del cual poder acercarse a la realidad de los centros públicos de educación secundaria de la mano de los profesionales de la asociación DeFrente. En los institutos se instaló un “punto visible” al que los chicos podían acudir para recibir asesoramiento. Al mismo tiempo, se desarrollaron diferentes talleres para entablar contacto directo con los más jóvenes y ofrecerles herramientas con las que poder “prevenir precozmente el daño que puedan sufrir los menores LGTBI”, según cuenta la delegada.

Después de la acogida que ha tenido esta primera experiencia, ha quedado “claro y palpable” que es necesario continuar implantando y desarrollando este tipo de iniciativas, según reconoce Soledad Rodríguez. “Entendemos que existe una necesidad, la necesidad de un cambio”. Una opinión que comparte Antonio Solano Salas, integrador social y parte implicada del proyecto 'Punto Visible' como tesorero de DeFrente.

“La realidad que nos hemos encontrado en las clases es una mayoría tolerante, con la mente abierta desde casa y desconocimientos técnicos que se resuelven muy rápido, pero también una minoría presente en casi todas las aulas que representa las nuevas tendencias de LGTBIfobia”, describe Antonio Solano. Actitudes que “se manifiestan con preguntas con poca intención de conocer realidades y mucha intención de hacer juicios”, explica este profesional que ha radiografiado a los más jóvenes en sus visitas al centro.

La educación como motor

De la etapa inicial de 'Punto Visible' (nació con fecha de caducidad pero el Ayuntamiento ya ha decidido ampliar el programa durante todo el curso que viene), el integrador social se queda con que ha sido una experiencia satisfactoria y gratificante. “Me encantan las nuevas generaciones que se expresan, que levantan la mano, que no tienen miedo”, celebra.

“Aunque vemos que en las calles han aumentado los delitos de odio, no puedo dejar de pensar que lo que estoy viendo en las aulas lo voy a ver en unos años en la calle”, lo cual le da esperanzas en el futuro que viene. “Cuando se da la oportunidad, la sociedad avanza y aprende”. Y en esa senda, la educación siempre tiene que estar en “el centro del cambio”, ser promotora del avance, motor de una sociedad.

Matthew también ha recibido charlas junto a sus compañeros en su instituto. Considera que son necesarias y que se visibilice su realidad, pero siempre con argumentos para que los jóvenes se convenzan sin imponer ningún planteamiento, defiende. Y sonríe, esta vez sin miedos, sin coacciones, al recordar, que el momento que sintió que todo había valido la pena fue precisamente “el sentirse tan bien cuando la gente te llama por el nombre que a ti gustan que te llamen”. Con el que se siente identificado y el que ha elegido con esfuerzo.

Matthew tiene 13 años y las ideas muy claras. Pero no siempre fue así. Durante un tiempo, mientras cursaba primero de la ESO en su anterior instituto, la confusión tiñó de oscuro su mente. Tenía otro nombre, era otra persona. “Todos los días eres algo hasta que entiendes quién eres”, resume ahora que ha terminado segundo con todas las asignaturas aprobadas en otro centro.

María del Monte, pregonera del Orgullo LGTBI+ Sevilla: "Soy una persona más de todos los que estamos aquí"

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Su voz desprende un tono de madurez inusual en los chicos de su edad cuando explica su historia. Cambió de instituto por cercanía - el actual está en Tomares, el municipio sevillano donde vive - y porque pensó que le vendría bien “empezar de cero”. No es que en el otro centro lo trataran mal, puntualiza, pero sentía que necesitaba un nuevo comienzo.

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