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ARAGÓN

ENTREVISTA | María Sánchez Díez

"Facebook va a ser usado como instrumento de persuasión política en las próximas elecciones"

María Sánchez Díez, periodista española que se incorporará a The Washington Post próximamente, participa en el XX Congreso de Periodismo Digital de Huesca con la ponencia 'El periodismo con y para la audiencia'

"Hay que volver a fortalecer las relaciones con la audiencia de una manera más genuina que con la búsqueda de clics para arañar unos céntimos en publicidad"

"Con Alexadria Ocasio Cortez hay obsesión porque es mujer, joven y ejerce el poder sin complejos. Para mucha gente, que una mujer tenga poder sigue siendo insoportable"

María Sánchez Díez, periodista de The Washington Post.

María Sánchez Díez, periodista de The Washington Post.

El 25 de marzo de 2019 no será una fecha como cualquier otra para María Sánchez Díez. Ese día, la periodista española afincada en Estados Unidos se incorpora a The Washington Post como editora de operaciones para la sección de Local. Llega a la venerable cabecera, de tintes casi míticos para una profesión que siempre anda detrás del próximo Watergate, tras haber trabajado en medios como ProPublica, Univision Noticias y Quartz, entre otros. Antes, Sánchez Díez hace escala en el XX Congreso de Periodismo Digital de Huesca, donde hablará sobre 'El periodismo con y para la audiencia'.

Las redes sociales han cambiado la forma en la que los medios se dirigen a sus audiencias. ¿Los responsables de la prensa digital han entendido siempre bien esta forma de captación de lectores, o se han quedado solo con el clickbait?

Se trata de atrapar a los lectores con apelaciones emocionales. Lo explica muy bien Delia Rodríguez en su libro Memecracia: los humanos estamos preparados para sentirnos atraídos por estímulos que causan respuestas emocionales como la sorpresa, el miedo, la indignación... Los periodistas han aprendido muy rápido cómo usar estos mecanismos, pero creo que ya hay un agotamiento. La abundancia de información y el exceso de contenidos están llevando a cierto tipo de lector a una fatiga de las noticias. En Estados Unidos se habla de una 'news fatigue', que está dando paso a medios que explotan más el periodismo de explicación y la información de contexto frente a las técnicas algo tramposas en busca de la viralidad.

La captación de audiencias se ha fiado en los últimos años a las redes sociales, con el consiguiente riesgo para el modelo de negocio de algunos medios, a los que un simple cambio de algoritmo puede llevarse por delante. ¿Hay demasiada dependencia?

El modelo de distribución se ha roto completamente. Solo se libran unos pocos medios privilegiados con marcas poderosas que les permiten apostar por modelos de suscripción. Esto tiene también su parte negativa: solo quien pueda permitirse pagar va a tener acceso a información de calidad. Esta es una cuestión importante, porque el periodismo es un servicio público que hasta cierto punto debe tener un componente gratuito. Me parece muy bueno el modelo de eldiario.es, en el que los socios acceden a ciertas noticias primero, pero luego estas se abren a todos los lectores. Sobre las redes, Facebook ha dejado claro que lo suyo no son las noticias, ni tiene demasiado interés en ser transparente y ayudar, salvo en aquello que fortalece su modelo de negocio, como se vio con Facebook Live. Hemos invertido mucho tiempo y dinero en moverle el negocio a Facebook y, sorpresa, ha sido un desastre, si bien yo tampoco tengo claro que habría hecho en ese momento. Por eso mucha gente está volviendo a una concepción del periodismo como servicio público para una determinada comunidad; no a intentar ser todo para todo el mundo, no a ir al negocio del volumen y tratar de conseguir todos los lectores posibles en todos los formatos posibles, sino a responder a las necesidades informativas de una comunidad específica y convertirse en un elemento fundamental para dicha comunidad, sea geográfica o demográfica. Hay que volver a fortalecer las relaciones con la audiencia de una manera más genuina que con la búsqueda de clics para arañar unos céntimos en publicidad.

Facebook se reunió hace unos días con los partidos políticos españoles para tratar el tema de los bulos durante la campaña electoral, y esta semana se ha anunciado que la plataforma colaborará con Newtral y Maldita.es. ¿Debemos preocuparnos seriamente por su influencia en las próximas elecciones? 

Es difícil medir el impacto real de los bulos sobre los electores, pero está claro que influyen en la opinión pública. Estoy convencida de que hay actores que van a tratar de aprovecharse de las herramientas que nos dan las redes, y en particular Facebook, para convertir la plataforma en un instrumento de persuasión política. Lo tengo clarísimo. En Estados Unidos, Facebook estableció colaboraciones con diversos medios para evitar esto, pero como usuaria nunca he visto aparecer una noticia con la marca de que estuviera verificada o desmentida. Hay una gran opacidad, y por lo tanto no sabemos cómo de lejos llegan estos esfuerzos por frenar los bulos. Mientras Facebook no ponga remedio real y asuma que tiene que hacerse responsable del contenido que se publica en su plataforma, esto va a volver a ocurrir.

En los medios anglosajones, el icono de Whatsapp no aparece entre los botones sociales; en España, es predominante. ¿Es la mensajería privada el mejor cauce para las noticias?

Es uno más. He hecho muchos experimentos con aplicaciones de mensajería; en el último proyecto en el que trabajé hicimos un bot de Whatsapp, y antes había trabajado con SMS. En el caso de Estados Unidos, la mensajería es un medio excelente para llegar a comunidades que se han quedado atrás con la brecha digital, como por ejemplo los inmigrantes hispanos. Cuando trabajaba en Univisión, en un momento muy difícil para ellos, con Trump lanzando discursos contra la inmigración, descubrimos que la mensajería era un canal muy poderoso y cercano para llegar a ellos y proveerles de contenidos de servicio, porque había muchos que no tenían ordenador ni trabajos de oficina que les dieran acceso constante a la información. En España, Whatsapp está ampliamente extendido, mientras que en Estados Unidos quienes más lo usan son los inmigrantes hispanos.

En ProPublica desarrollaste Electionland, un proyecto colaborativo para cubrir los problemas de acceso al voto de la comunidad latina.

En Estados Unidos el acceso al voto es muy desigual, porque no hay un registro único de votantes, en algunos estados del sur hay una tradición para obstaculizar el voto de las minorías... A través de diversas herramientas web y aplicaciones de mensajería, y en colaboración con medios locales que ayudaban a ProPublica a llegar a esas audiencias, se lanzó una campaña para conocer si el electorado se encontraba con impedimentos a la hora de votar, y si así ocurría, contarlo.

En definitiva, llegar a la audiencia a través de su propia colaboración.

Electionland era también una manera de evitar hacer “paracaidismo”, esto es, que periodistas de grandes medios se planten de repente en un sitio para contar un acontecimiento o suceso. Es algo que se ha criticado mucho en Estados Unidos, porque con la victoria de Trump quedó claro que los medios no supieron entender lo que ocurría en la América interior, en la que había un gran resentimiento hacia la era Obama. Con Electionland, ProPublica no iba a ir a cubrir lo que ocurría con los problemas de acceso al voto en Texas, sino que dábamos las herramientas a los periódicos locales para que fueran ellos, con la respuesta que les llegaba de la audiencia, quienes contaran las historias. Ha sido un proyecto basado en la colaboración, una premisa todavía poco común en España, pero que en Estados Unidos se está empezando a ejercer cada vez más.

Te vas a incorporar de forma inminente a The Washington Post. ¿Cómo ves el periodismo español respecto al estadounidense?

Llevo ya un tiempo sin trabajar en España y estoy muy sumergida en lo que ocurre en Estados Unidos, por lo que quizás me faltan elementos para el análisis. Pero en Estados Unidos hay una cultura muy arraigada de pagar por el periodismo, y los medios siguen teniendo muchos más recursos, y por lo tanto mayor capacidad de arriesgar e innovar en los campos de las audiencias, narrativas y formatos. Además, en las redacciones se conserva el respeto a que se trabaje a dos ritmos, a que haya gente que se ocupe de las noticias del día a día mientras otros pueden estar trabajando durante ocho meses en una pieza. Con todo, en España se sigue haciendo muy buen periodismo, lo que demuestra resilencia ante las condiciones adversas que se han vivido.

Conoces bien el mundo latino en Estados Unidos. ¿Cómo se vive allí la ola supremacista, y su respuesta en figuras como Ocasio Cortez?

La llegada de Trump es una reacción del patriarcado blanco a la era de progreso que supuso la presidencia de Obama, que trajo un importante avance en los derechos de personas de color, LGTBI... Ahora, las elecciones de mitad de mandato han sido una reacción a la reacción, con la victoria de mujeres, representantes de minorías... Stacey Abrams estuvo a punto de convertirse en la primera gobernadora negra de un estado, Georgia, en unas elecciones muy disputadas; en Texas, el estado republicano por excelencia, también estuvo a punto de ganar un demócrata... Una parte importante de esa respuesta viene por parte de los latinos. Con Alexadria Ocasio Cortez hay una obsesión porque es mujer, joven y ejerce el poder que ganó en las elecciones sin ningún tipo de complejo. Y para mucha gente, que una mujer tenga poder sigue siendo insoportable. Hay 400 congresistas y ninguno tiene tanta atención encima como ella.

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