eldiario.es

9

ARAGÓN

La vida digital cuando estás anidado

Disney forma parte de la vida cotidiana de muchos confinados.

De este confinamiento solo se sale al exterior a través de Internet. Tenemos el mundo físico prohibido y sumergimos nuestra vida en el digital para escapar del aislamiento. WhatsApp, Telegram, Instagram, Twitter, correo, Skype, FaceTime, Zoom, Netflix, HBO, Movistar+, Disney, RTVE a la carta… Un sinvivir. Y eso que no empleo casi nunca Facebook. Bueno, sí, para ver a los Titiriteros de Binéfar, pero para nada más.

A veces almuerzo los sábados con unos amigos. El sábado pasado nos reunimos en Skype a las 10 de la mañana. Comimos huevos, jamón y un poco de queso, pero cada uno en nuestra casa. Charlamos dos horas de lo divino y de lo humano. Nos pusimos al día porque, paradojas de la vida, hace dos o tres meses que no nos reuníamos.

WhatsApp es para la familia y los dichosos memes. Siguiendo las recomendaciones, en el confinamiento no hay que estar mirando las noticias continuamente  para no aturdirse ni deprimirse. También hay que tener cuidado con las noticias falsas. Por eso, no está de más dictaminar que todo lo que venga de WhatsApp es falso y así casi seguro que no te puedes equivocar. Como escuché el otro día, “si piensas mal es pecado, pero así no te equivocas casi nunca”. La cita se la atribuyen a Andreotti, el político democristiano italiano que fue siete veces presidente del Gobierno y murió en 2013.

Seguir leyendo »

Tanto y tan poco

Tanto y tan poco

Levanto la vista del papel en el que escribo y me encuentro con el rostro que es de otro y que desde algún lugar del pasado me recuerda que hubo otros días que volverán y así desde una habitación con ventanas a un patio de vecinos que por silencioso y blanco asemeja la sala vacía de un psiquiátrico, me acuerdo de las vidas que están dentro de cada una de las casas, de las vidas que se luchan en los hospitales, del silencio en el interior de un camión que es el salvoconducto para nuestra supervivencia. Me acuerdo de todos aquellos que hacen lo que otros no podemos hacer y pienso que tenemos suerte, mucha suerte, porque podemos lavarnos las manos, porque tenemos un sistema que nos protege, porque gozamos de una sanidad que, aunque diezmada y en cierto modo insultada, funciona, se esfuerza y nos salva. Y cuando pienso en todo esto, andando por mi habitación de libros y música, relatando en voz alta el relato de tantas historias, me aventuro a bucear en el futuro y me veo encontrándome con unos y con otros, me alegro por entero, me colman las lágrimas ante tanta belleza y doy saltos y siento una felicidad tan sonora como nuestra primera carcajada juntos. La ilusión es efímera, pero por unos instantes veo el color y  la luz de los días que están por llegar, hasta que el silencio me devuelve a la realidad de días que son la repetición de otros días y que constituirán la maleta más importante de nuestra vida futura, porque en estos días hemos comprendido que no somos dioses, hemos aprendido a sabernos vulnerables y a tener miedo, hemos gritado sordamente cuando el dolor nos arrancaba la piel y nos hemos otorgado la grandeza de sabernos humanos y como humanos tenemos el deber de no olvidar y la sabiduría de saber recordar.

Estamos inmersos en días tibios donde impera la angustia y el desasosiego de no saber qué va a pasar, de no saber cómo saldremos de todo esto y si acaso saldremos. Y de forma inconsciente ponemos el calendario en el mes de junio y soñamos que estamos siendo mecidos por las olas de tantos mares como añoranzas tenemos. Llegará julio y agosto y septiembre y octubre y el tiempo del horror quedará en el recuerdo de las cosas vividas que no podemos ni debemos olvidar, para de una vez por todas avanzar hacia una sociedad de justicia que tiene su mayor tesoro en todo lo que en tiempos de cólera tú supiste dar a cambio de nada, en todo lo que tú supiste callar para vencer al dolor, en todo lo que nosotros supimos hacer para que la vida fuera de nuevo un teatro enamorado, un blues al anochecer y  así recuperar los miles de besos que nos robó aquella aurora que se vistió de muerte y de enfermedad, para recordarnos que solo somos humanos. Tanto y tan poco.

Seguir leyendo »

La eficacia

El coronavirus ha llevado a desarrollar las clases por vía telemática.

¿Hay que estar o ser?

¿Ser? No podemos dejar de ser, vivimos con ese peso, cuerpos que se mueven por el mundo con la irremediable disposición a ser, ser algo: oficio, posición social, cargo, estado civil o cualquier otra etiqueta que ganarnos con sudor. Siempre con el yugo de la eficacia, ser lo que sea pero ser el mejor en ello. Hace unos años Fromm se preguntaba si debíamos ser o tener, denunciaba el espejismo que suponía pensar que quien tiene, es. Defendía huir de ese espejismo para ser feliz. Actualmente la esencia parece ganarse a través del hacer y nos lanzamos a ello, a llenar nuestras horas de acciones, labores, trabajos, ocupaciones, en una democratización de la vanidad, del lujo, es más barato el postureo que un Ferrari. No perder el tiempo es la consigna, algo que los mayores saben que es una quimera, al menos una ingenuidad. Ser todo el tiempo, no parar de ser para hacerse sin tregua, a jornada completa. También eso es un espejismo.

¿Estar? Es éste un buen momento para estar junto al otro, aprender a acompañar, a sentir y sentirse juntos. O sentirse solo pero sentirse. Ya no hay prisa, ya no hay yugo para muchos de nosotros, los no esenciales. Es una oportunidad para aprender a estar, más allá de lo que defendía Fromm, constatar que no se es nada ahora que las etiquetas han caído provisionalmente. Muchos han dejado de ejercer su oficio durante un tiempo, la posición social otorga pocos privilegios, no hay subordinados de los que encargarse y el estado civil ha encontrado su lugar real, pegado a la familia y no expuesto a los otros. Es buen momento para aprender a parar y mirar, devenir ligero, menos grave. Es buen momento para adelgazarse. Una de las cosas que podremos ver es cómo la eficacia nos ha marcado un ritmo que, posiblemente, no es el que queremos bailar.

Seguir leyendo »

Cuando vienen mal dadas, todos somos socialdemócratas

El filósofo supermediático Slavoj Zizek

Decía Zygmunt Bauman que las redes sociales se presentan como una forma de acercarnos más a nuestros seres queridos que, sin embargo, implica que dejemos de socializar con la gente de nuestro alrededor, a quienes sustituimos por una comunidad ficticia. Mucho se ha escrito sobre esta paradoja en las últimas décadas y se ha señalado la hipertecnologización de la sociedad como un riesgo de nuestro tiempo que alimenta el individualismo, la 'solitude' que es constitutiva y expresión de los sistemas neoliberales. Sin embargo, sería difícil imaginar una cuarentena como la que estamos viviendo a causa de la COVID-19 sin poder conectarnos de forma telemática con nuestros amigos y familiares. El acceso a internet se está revelando en estas condiciones extremas como una muestra de la necesidad de sentir un “nosotros” que trascienda las paredes que son testigos de nuestro confinamiento, aunque también un factor de tremenda desigualdad para aquellas familias con menos recursos que no disponen de conexión en casa.

Muchas otras necesidades materiales se están convirtiendo en esenciales estos días de pandemia, especialmente equipo sanitario como respiradores, mascarillas, equipos de protección individual; pero también el mantenimiento básico como transportes, energía, alimentación, etc. De la noche a la mañana, esta epidemia ha tensado el capitalismo liberal como sistema, forzando a sus líderes a posicionarse haciendo equilibrios entre proteger a la gente o salvar la economía.

Casi todos los gobiernos han pasado de esa fase de negación de la gravedad, en la que primaba mantener la economía, a una segunda fase de garantizar ya no solo el bienestar, sino la supervivencia de su población más vulnerable. Paradójicamente, para garantizar esa protección social, han de hacer justo lo contrario a lo que pensaban que era lo mejor para todos, lo contrario al capitalismo liberal. En los países occidentales donde primero golpeó la epidemia, como España e Italia, pronto se decidió limitar la capacidad de libre movimiento de sus ciudadanos, para más tarde llegar a tomar el control de la industria nacional. Mientras, países como Suecia, Reino Unido o Estados Unidos, decidían que lo mejor era no hacer nada, para no dañar a la economía. Quizás pensaban que la epidemia no era más que una gripe, y no se la tomaron en serio, o quizás sí sabían del peligro pero aun así primaban el bienestar de sus grandes corporaciones. Este último es el caso del vicegobernador de Texas, que sugiere abiertamente que más valdría sacrificar la vida de los ancianos para preservar el modelo actual.

Seguir leyendo »

Dos semanas de confinamiento

António Costa calificó de "repugnante" las declaraciones del ministro de Finanzas holandés, Wopke Hoekstra, cuando planteó la posibilidad de que se investigue a España por su gestión de la pandemia.

Llevamos dos semanas de confinamiento y nos quedan por lo menos otras dos. Digo por lo menos porque realmente no sabemos cuánto va a durar -si nos guiamos por el aislamiento de Wuhan, alrededor de dos meses y medio-, cómo quedará el sistema sanitario, qué magnitud tendrá la crisis económica a la que estamos abocados; qué cambios se producirán en el sistema productivo, en las relaciones sociales, en las prioridades de la ciudadanía…, realmente no sabemos casi nada de los que nos deparará el futuro.

No sabemos casi nada porque nos enfrentamos a una situación totalmente nueva, no prevista en ninguno de los escenarios, sobre los posibles retos futuros, en los que suelen trabajar los diferentes gobiernos. Por eso nos ha cogido a todos por sorpresa y por eso se siguen produciendo debates en el ámbito científico sobre cuál es la mejor manera de enfrentarnos a la pandemia. Los gobiernos han optado por un procedimiento u otro en función de las recomendaciones científicas, de su experiencia, del contexto social y cultural del país en cuestión (hay una gran diferencia de disciplina social entre las ciudadanías de Corea y España)… y tienen que ir ajustando sus medidas según las experiencias, propias y ajenas, que van teniendo.

No es de extrañar que las respuestas no hayan sido siempre lo rápidas y acertadas que la situación requería, pero es bastante oportunista criticar a toro pasado lo que ha hecho el Gobierno cuando, en su momento, no se planteó ninguna alternativa. Tampoco es muy “patriótico” fomentar la desconfianza y crear inquietud social exigiendo precisiones y certezas que son imposibles. Esta crisis nos va a proporcionar abundante material para reflexionar y muchas experiencias de las que aprender. Ojalá seamos capaces.

Seguir leyendo »

El pangolín

El pangolín, el mamífero con el que más se trafica en el mundo

Las evidencias científicas apuntan al murciélago como reservorio, como el organismo que aloja virus, bacterias u otros microorganismos que pueden causar una enfermedad contagiosa y propagarse hasta causar una epidemia, pero para que el coronavirus haya pasado a los humanos necesitaba otro mamífero como intermediario.

Después de la explosión de la pandemia, hasta tres estudios científicos han encontrado un elevado porcentaje de similitudes entre la secuencia genética del COVID-19 y el virus encontrado en el pangolín, un mamífero pequeño, de entre 38 y 59 centímetros, solitario, principalmente nocturno, con una lengua tan larga como su cuerpo y con armadura de escamas que, cuando se siente amenazado, le permiten protegerse enrollándose como una bola.

La carne de esta “alcachofa andante” se considera una delicatessen, sobre todo en China y en el sudeste asiático, y sus escamas son muy utilizadas en la medicina tradicional asiática contra el reumatismo, la artritis, el asma y enfermedades de la piel.

Seguir leyendo »

Títeres en la cuarentena

Titiriteros de Binéfar

La semana pasada, Mateo se ha sentado frente al ordenador todas las mañanas porque se ha convertido en un seguidor incondicional de Los Titiriteros de Binefar, que han tenido la excelente idea de hacer una función diaria de diez minutos a las diez de la mañana mientras dure el confinamiento.

El viernes, por ejemplo, Paco Paricio contó y cantó la historia de un burrito al que le duele la cabeza. Para curarlo, el médico le manda una gorrita negra. Al burrito también le duele la garganta y, como todo el mundo sabe, para ese dolor solo hay que ponerle una bufanda blanca.

Además, Paco explicó que el 21 de marzo se celebra el día mundial de la marioneta. Pilar Amorós y Paco Paricio, que fundaron los Titiriteros de Binefar, llevan más de 40 años dando vueltas por el mundo con sus espectáculos y “armando tinglados”, como dicen ellos.

Seguir leyendo »

La cultura como salvavidas

Captura de pantalla de Itinerancias, una recopilación de las exposiciones y actividades producidas o coproducidas por la pinacoteca

Pocas veces el cine ha resultado tan premonitorio como en esta ocasión. Si algo tienen en común tres de las películas que mayor repercusión tuvieron en 2019 (Parásitos, La trinchera infinita y Jojo Rabbit) fue que todas ellas compartían la inquietud por transmitir al espectador la empatía hacia personas que se encontraban encerradas en un espacio reducido, contra su propia voluntad, obligadas por una amenaza externa y, en sus casos además, de manera clandestina. ¿Quién iba a decir que, pocos meses después, íbamos a estar experimentando una sensación no tan ajena? Ficciones basadas en realidades que, por su lejanía temporal o geográfica, parecían distantes de cualquier parecido con algo que pudiera resultarnos familiar. Hasta ahora.

Uno de los mayores temores que han acechado estos últimos días al tomar conciencia de que la amenaza es real, es el hecho de tener que enfrentarse a la idea de un aislamiento forzoso, la privación o máxima reducción de la libertad de movimientos. Ante ello, uno de los mecanismos que desde el inicio se ha alzado como paliativo de este excepcional estado ha sido la cultura. Artistas que, de forma completamente generosa y altruista, han ofrecido sus creaciones (música, libros, actuaciones teatrales, poesía), museos que han garantizado contenido virtual para su consulta (Museo del Prado, Centro de Arte Reina Sofía, Louvre) o plataformas que han facilitado productos audiovisuales de forma gratuita, se encuentran entre algunas de estas iniciativas; que, a medida que el tiempo de cuarentena se prolonga, ve aumentada su cantidad y variedad.      

Material que, por fortuna y desde no hace tantos años, en la actualidad resulta de fácil acceso para la mayoría de la población. Sin embargo, éste es el momento perfecto para pararse y valorar, no solo el medio, sino también el contenido que se ofrece. La cultura no solo sirve para sofocar al agobiante aburrimiento de estas semanas, es mucho más: es la herramienta que, como seres humanos, nos permite adquirir conocimientos, pensar, reflexionar y ser críticos. La situación exige estar preparados en este sentido, ya que una mente racional es la que hace frente a la adversidad y sabe sacar un aprendizaje de ella. En este caso, la moraleja está bastante clara.

Seguir leyendo »

Cartas

Imagen de archivo

Entre los gestos de humanidad y de solidaridad, hemos vuelto a escribir cartas para acompañar a los que están aislados con el coronavirus o para comunicarnos con los hijos que se han tenido que buscar la vida fuera de España o con la familia que vive en otros rincones del país. Cartas que evocan a aquellas que se escribían cuando llegaban las fiestas navideñas con intercambio de número de la lotería incorporado.

Las cartas sirven para desnudar lo más íntimo, lo más personal, para decirnos que nos queremos, que estamos orgullosos de nuestros hijos, que nos acordamos de nuestra familia en los momentos difíciles y que nos damos ánimos.

En medio de las guerras y de las separaciones, y antes de la generalización de Internet y de las redes sociales, las cartas siempre fueron uno de los mejores recursos para acompañar, para mantener el ánimo, para sentir el calor de los seres queridos en una circunstancias de miedo, de inseguridad y de incertidumbre por el vuelco que puede dar el mundo en el que vivimos.

Seguir leyendo »

La Tercera guerra mundial era esto

El autor austríaco Stefan Zweig

Michael Ignatieff afirma en 'Fuego y cenizas' que “la candidez no está muy bien recompensada en el mundo de la política”. También asegura solemne que “nada te va a causar más problemas en política que decir la verdad”. El prestigioso profesor de Harvard y líder del Partido Liberal de Canadá entre 2008 y 2011 plasmó en su excelente libro de memorias su efímero y accidentado paso por la política canadiense. Lo hizo de una manera casi impúdica y conmovedora, reconociendo no solo su fracaso sino intentando identificar las razones que pudieran explicar su nefasta experiencia. Es un manual de autoayuda para políticos y también una reflexión lúcida y serena sobre los arcanos de las democracias modernas, en las que, según su opinión, “el objetivo no es derrotar a un adversario, sino destruir a un enemigo al negarle el derecho a ser escuchado”.

He recordado estos días algunas de la reflexiones escritas por Ignatieff en 2014 a raíz de la grave crisis del coronavirus y de la sensación latente de que los gobernantes y las sociedades de todo el mundo se encuentran a la deriva, aterradas por una tormenta que aun anunciada no esperábamos, sin capacidad para enderezar el barco. Los reproches y criticas que se lanzan unos y otros manifiestan impotencia, desconcierto y miedo. Por primera vez en décadas los políticos no pueden ocultar la verdad porque ésta no puede ser explicada con metalenguaje. Crece la inquietante sensación de que una época se está acabando y de que otra se va a abrir sin tener la más remota idea de cómo será.

Todavía permanece una visión fanática de la política según la cual la gestión de nuestros adversarios políticos siempre será nefasta y la de los nuestros salvadora. Ese ejercicio de filias y fobias que guía nuestro ser político se ha oxidado ante el empuje de un enemigo global que no hace distingos y que arrasa por donde pasa. De repente los viejos códigos de la política tradicional, la que practican los políticos profesionales y los ciudadanos, han envejecido y se observan incapaces de explicar el desafío al que nos enfrentamos. Ya no se trata de tener una fe ciega en los nuestros y una sospecha permanente sobre el adversario, ese espacio en el que hemos almacenado tradicionalmente nuestros prejuicios; la ideología se intuye inservible ante la necesidad de una acción de rescate rápida y colectiva.

Seguir leyendo »