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ARAGÓN

Fuego cruzado

Así se expresaba Oliver Sacks y su “no humano” eran las ciencias físicas, un mundo en el que no hay vida pero tampoco muerte. Cada uno elige una forma para enfrentarse al dolor y lo que en ocasiones nos resulta incomprensible y terriblemente doloroso adquiere la forma de una palabra en una página en blanco o la reiteración de una tabla periódica. Así evitamos el llanto y simplemente nos hacemos más fuertes, porque el dolor solo sirve si te hace más fuerte, si te hace más humano.

A través de una ventana a ras de suelo veo las copas de los árboles y me viene un verso a la cabeza: “Cuando tú me leas dentro de cien años”. Al igual que las palabras de Sacks, este verso me viene traído con absoluta actualidad, porque claro que es tentador pensar que el papel soportará el paso de esos cien años, terriblemente ignorante e ingenuo pensar que las palabras lanzadas al aire podrán soportar ese peso. Me refiero a las dichas no a las escritas.

Sobre la mesa un periódico abierto en una página tomada al azar. Leo las declaraciones de unos y otros y observo que ciertas palabras no deberían ser pronunciadas, porque escapan a la lógica de la razón y son zarandeadas en un trasiego político y de fuego cruzado: es imposible avanzar etiquetando todo lo que no se entiende, es imposible tener madurez política imaginando que una marca lo es sobre todas las cosas. Oliver Sacks tenía razón: “Solo quiere un cielo lleno de estrellas”. Y silencio.

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Ahora o nunca

En los escasos meses que nos separan de las últimas elecciones municipales, al menos dos cosas parecen llamar la atención. Por un lado, las políticas económicas europeas, que están dando un respiro al gobierno de Rajoy a través de mecanismos de inyección de liquidez capaces de generar un cierto "efecto riqueza" y, por tanto, un ciclo de crecimiento; por otro, los pasos dados por los ayuntamientos en los que gobiernan las candidaturas de confluencia ciudadana, que comienzan a tejer redes virtualmente antagonistas respecto del gobierno del Estado. Atender a una y otra de modo articulado permite empezar a diseñar una estrategia de objetivos adecuada a los retos inmediatos de los movimientos de resistencia al neoliberalismo.

Es difícil que a cualquier analista que no ejerza de perro guardián de los poderosos se le escape que el último ciclo de crecimiento en Europa y, más si cabe, en España, tiene sus días contados en la medida en que no responde a una renovación de los circuitos productivos y de inversión, sino tan sólo a una tregua decretada unilateralmente por los mercados financieros sobre la deuda de los Estados. El capital internacional no encuentra un polo de crecimiento seguro, y, sin éste, no le queda más salida que extraer los beneficios mediante mecanismos de desposesión directa.

Nadie sabe exactamente cuándo va a estallar el siguiente ciclo de crisis, pero parece que no puede tardar mucho. El estallido de la pequeña nueva burbuja de bienestar que se ha formado a lo largo de este último periodo tendrá, probablemente, efectos devastadores sobre lo que queda de las clases medias y, por supuesto, alcanzará tintes dramáticos entre los más desfavorecidos. En el caso, por el momento complicado, de que ocurriese antes de la próxima cita electoral, la crisis podría alterar profundamente los resultados. Si, por el contrario, aconteciese con posterioridad, el gobierno electo se vería en una situación de fuerte deterioro y con grandes dificultades para mantener la estabilidad.

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Menos desahucios y más ganas de hacer bien las cosas

Intento de desahucio en Zaragoza

Por poner algunos ejemplos, según datos recogidos en Wikipedia, en el primer trimestre de 2012, según el Consejo General del Poder Judicial, se produjeron 46.559 desalojos forzosos por la vía judicial, 517 al día. En junio de 2013 el Gobierno de España manifestó que se produjeron las siguientes ejecuciones hipotecarias: 2006 (16.097), 2007 (17.412), 2008 (20.549), 2009 (37.677), 2010 (54.250), 2011 (64.770), 2012 (75.375). Las ejecuciones sin tramitar ascenderían a finales de 2012, a un total de 198.116. Y según el CGPJ en el primer trimestre de 2013  se ejecutaron 19.468 desahucios, lo que arroja una media diaria de 216.

Recuerdo un caso sangrante, Khalifa, un ciudadano senegalés, de 45 años, pequeño, algo canoso, 22 años en España, que una mañana, al regresar a su domicilio, vio a dos amigos suyos sacando a la calle sus pertenencias principales (un poco de ropa, un frigorífico y una lavadora), bajo la atenta vigilancia de dos policías y dos funcionarias. Al cabo de unos meses, operado de un tobillo y tras dos meses de hospitalización a resultas de acabar esposado por un mastodóntico policía, fue condenado a seis meses de cárcel y una multa de 60 euros como autor de un delito de resistencia y de una falta de lesiones.

Sentí vergüenza por aquella sentencia, al igual que me sentí preso de indignación, tristeza y rabia al irme enterando de los seres humanos que optaron por el suicidio como remedio para librarse de la pesadilla del desahucio. Precisamente por ello, me da tanto que pensar (también la misma rabia, indignación y tristeza, aunque por distintos motivos) la reciente noticia de que han sido paralizados los desahucios previstos para el mes de julio y de los que pudo tener conocimiento el actual Ayuntamiento de Zaragoza). Según declaraciones del actual concejal de Vivienda del Consistorio zaragozano, Pablo Híjar, estas acciones preventivas del desahucio pueden llegar a ser aún más efectivas y completas si, en colaboración con algunas plataformas como Stop Desahucios, trabajadores sociales o, directamente, con las familias que deciden ir al Consistorio a referir su caso, puede contarse con una información veraz y completa de las situaciones en que se encuentra la parte de la ciudadanía más directa y urgentemente afectada por algún caso de desahucio.

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Ganar la Batalla de los Hechos

Como ya advirtió el politólogo estadounidense de origen nipón Fukuyama en su libro ‘El fin de la Historia y el último hombre’, la batalla de las ideologías parece haber concluido. Y la han perdido las ‘fuerzas del cambio’. En unos tiempos en los que las ideas, y las ideologías, parecen ser para una mayoría de la población cosa del pasado, de épocas pretéritas que recuerdan a la Unión Soviética, quizá convendría renovar la idea de la ‘Batalla de las Ideas’ y reemplazarla por la ‘Batalla de los Hechos’.

En la actualidad los militantes de las ‘fuerzas del cambio’ suman más de medio millón en nuestro país. Una masa crítica, reivindicativa, luchadora, formada social, cultural y políticamente. Capaz de movilizar, de cambiar conciencias y forjar ese cambio político y social que necesita España.

Y, sin embargo, gran parte de esa masa sigue anclada en la pureza de las ideologías, limitada en el corsé de las siglas e intentando evitar que otras fuerzas políticas ‘copen’ el espacio de ‘su’ formación. Todos los días gran parte de los militantes de las ‘fuerzas del cambio’ se echan los trastos a la cabeza los unos a los otros, cuando no a sí mismos. El espectáculo suele tener lugar en las redes sociales, usadas en España por más de 14 millones de usuarios de entre 18 y 55 años.

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La Conjura de los Hipócritas: la maldad de Convergència

Acabo de escuchar en la radio que Stephen Hawking ha afirmado grosso modo en una conferencia en Estocolmo que la caída en un agujero negro sería un viaje solo de ida, pero los posibles viajeros espaciales podrían terminar en otro universo.

Y no le falta razón. He caído en barrena en otro agujero negro que me ha llevado a otro universo, muchas veces ya conocido y repudiado, al enterarme de que la Guardia Civil ha irrumpido en el edificio de la sede de Convergència en Barcelona, así como en la sede de la Fundación convergente CatDem y los ayuntamientos de Sant Celoni, Figueres, Lloret y Sant Cugat, regidos también por Convergència. E inmediatamente una molesta mosca se me ha pegado irremisiblemente a la oreja.

No soy militante ni siquiera simpatizante de Convergència, pero me parece mosqueante que la policía entre y se lleve información de la sede central y la sede de su Fundación un mes antes de las elecciones autonómicas (tenidas por tirios y troyanos como un plebiscito de facto) y unos días antes de la celebración de la Diada catalana el 11 de septiembre. Me resulta indigerible que sea solo y principalmente un acto movido solo por el deseo de hacer justicia y esclarecer unos posibles actos delictivos. Vivimos cada vez más en el país del “todo vale” y de que lo que más importa es ganar elecciones para seguir mandando y a la vez para que no fisguen en los propios asuntos.

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Adiós, agosto

Agosto estrecha sus días sobre Grecia y los griegos, que sueñan con un pasado de leyenda, en el que un hombre destierra a una mujer por la incapacidad de él para demostrar su amor. Agosto y Europa se desangra en la frontera de Macedonia y en las aguas del Mediterráneo. Convulso y feo continente hecho a golpe de talón y esquela en este agosto que agoniza, y que busca ser relevado por un septiembre que sabe a independencia y a banderas y yo, que nunca amé las banderas y huí de las fronteras, me cobijo en ti, agosto, para renacer.

Agosto violento. Agosto injusto. Agosto asesino. Agosto insolidario. Agosto doliente. Agosto atormentado.

Agosto, te añoro, y me quedo con ese agosto que me sabe a un recuerdo triste y burgués de “adiós al verano”. Agosto es mi primer beso, una huída y el dolor ante mi primera muerte - nueve de agosto y ella, que ya se ha ido, tiene nueve años- y yo, que a punto estoy de cumplir los diez, lloro porque es agosto y ella ya no está.

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Violencia machista, cultura y poder

Por supuesto que la libertad de lectura, edición, expresión, han de estar garantizadas, y las lectoras tienen derecho a divertirse con este tipo de productos, sólo remarco que forman parte de la producción cultural misógina o retrógrada que, en la historia de la cultura, siempre se articula en los momentos en los que las mujeres están luchando colectivamente por ser las dueñas de sus vidas. 

A finales del siglo XIX y principios del XX, en pleno auge de la primera ola del feminismo, -el sufragismo-, las mejores obras de la literatura europea retratan a sus protagonistas femeninas como adúlteras, inestables emocionalmente, suicidas… Madame Bovary en Francia, Ana Karenina en Rusia o La Regenta en España. La Tristana de Galdós es una joven idealista que no quiere ser ni amante ni esposa, desea ser libre… y acaba con una pierna amputada ligada de por vida al viejo que la quiso seducir. En el último párrafo de esta genial novela, Tristana se ha aficionado a la repostería. La mujer con la pata quebrada y en casa, actualización decimonónica de la recomendación de Fray Luis de León en el S. XVI.

Estos relatos pueden ser interpretados como el discurso de la obsesión masculina por mantener bajo su órbita a las mujeres justo cuando ellas están planteando, como movimiento, un vuelco de la situación: educación, independencia económica, voto. Debe seguir siendo primordial que el mandato fundamental para las mujeres sea servir –querer, apoyar, cuidar, sostener- a los hombres: sus planes, su visión del mundo y de las relaciones, su organización social, su liderazgo.

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Esta Grecia es una ruina

Precisamente por ello, surgió el partido Syiriza, que ganó las últimas elecciones generales sobre la base de oponerse a los dictados de la Troika y acabar con la política de “austeridad” (traducido: recortes de derechos y libertades fundamentales, así como crecimiento imparable de la brecha social entre ricos y pobres). Los principales acreedores (bancos alemanes y franceses, principalmente) se alarman e inician el goteo de propaganda sucia y subterránea contra el “populismo” y la irresponsabilidad de incumplir los acuerdos internacionales. El Gobierno de Rajoy no les va a la zaga: recuerda que ha prestado 26.000 millones de euros a Grecia, lo cual es verdad y a la vez una completa falsedad, porque lo único que España ha hecho es prestar un dinero a Grecia sin que llegue apenas un euro al pueblo griego, pues ha ido directamente a saldar deudas con el FMI, el BCE y la Banca europea y mundial. Pero el líder de Syiriza, Tsipras, no reblo y mandó a negociar con los señores de la zona euro a su mano derecha en el ámbito económico, Varufakis, lo cual irrita y exaspera a los dirigentes políticos defensores de los intereses de la gran Banca y las grandes empresas europeas. A todo esto, España, como siempre más papista que el Papa, echa gasolina al fuego y se opone, según el presidente de la Comisión europea, Juncker, a una quita griega, dada la proximidad de elecciones en España.

Como los señores de la zona euro advierten a Grecia de los riesgos que corre el país de no atenerse a las condiciones draconianas de un posible rescate, Tsipras convocó y ganó un referéndum por el que el pueblo griego, harto de tanto recorte y tanta depauperación sin salida, confirmaba su apoyo al programa de Syriza. Sin embargo, al parecer el referéndum apenas sirvió para otra cosa que para encrespar aún más los ánimos de los interlocutores europeos, no querer ver ni en pintura más a Varufakis y hablar noche y día solo con Tsipras, que finalmente concierta un “Memorando para el Entendimiento” para un tercer rescate griego con unas condiciones devastadoras para Grecia, ratificadas en y por el Parlamento griego, aunque con la oposición de una parte considerable de los diputados de su propio partido Syriza.

Mi cortedad de mente no llega a entender por qué y para qué entonces ese referéndum griego, ese programa de Syriza y esas supuestas convicciones públicas anteriores de Tsipras. Y es que el mundo de la política tiene cosas que la razón no entiende (¿por ser quizá intrínsecamente ininteligibles?). No soy quien para condenar a nadie, incluido Tsipras, pero me pregunto si tan difícil es decir “ señores, me voy por donde he venido, ya que lo que ustedes proponen repugna a mi conciencia ética y política”, en lugar de pasarse por el arco de triunfo la voluntad de su pueblo expresada en un cercano referéndum, aferrarse al cargo y declarar que todo ello se hace por el bien del pueblo o por el mal menor del pueblo. Tsipras tenía que decidir entre aceptar el Acuerdo, enfrentarse a una probable quiebra del país o su salida de la eurozona. Eligió la esclavitud pero con seguro de vida en lugar de la libertad, pero a la intemperie y en la incertidumbre. Puede que Tsipras sea un hombre sensato y prudente, pero en mi opinión no tiene madera alguna de héroe.

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Sentimentalmente rentable

Año 1969, tengo dos años y un recuerdo: trenes inmensos que se deslizan por la montaña como orugas interminables y luminosas. Hasta el año 70, cuando se cierra el paso de Canfranc, los trenes de mercancías cursaban por esta vía para alcanzar Europa y en sus tripas trasladaban naranjas y cebollas; otros, peregrinos a Lourdes, y los terceros, viajeros que pasaban de un país a otro. Para mí, la estación de Canfranc y el canfranero tienen mucho de sentimental. Crecí amándolos, la estación la pisé abierta con apenas tres años y la bailé adolescente cuando ya no era más que un edificio que se adentraba año tras año en un incierto y complejo futuro. Desde Aquitania y desde Aragón llevamos 45 años reclamando esa reapertura, que para Madrid y París es algo así como el eco de una lucha con la que tienen que convivir. 

Las voces por el Canfranc seguirán sonando, y ya es hora de actualizar y analizar los estudios que nos permitirán saber si esta reapertura y la línea del Canfranc son rentables económicamente. Si así es, habrá que exigir que España y Francia lo vean como una prioridad, porque la inversión para la reapertura de este paso es de unos 500 millones de euros frente a los 5.000 millones del Corredor Mediterráneo, y para Valencia y Murcia, grandes exportadores frutícolas, su salida natural a Europa pasa por Canfranc.

Olvido lo rentable económicamente y me quedo con lo sentimentalmente rentable, como lo es para mí la estación de Canfranc, uno de los edificios más hermosos que he visto, un lugar en mi calendario vital, en la memoria de mis días y en la de mis antepasados: mi abuelo hablaba en latín con el cura de Canfranc por los andenes de la estación, con mi padre cada verano subíamos a la estación y soñábamos que Aragón era un país más amado y menos olvidado, y que la grandeza de ese edificio se imponía ante el silencio de Madrid; yo sigo subiendo cada verano y me siento en algún rincón e impido que los huracanes de olvido lo arrasen todo. Porque, al final, lo sentimentalmente rentable nos enriquece como sociedad y como personas, y lo hace con la precisión de un Blancpain.

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Un subcampeón mundial y los presupuestos de Aragón

Symmonds declaró estar “orgulloso” de haberse mantenido firme en su postura y de luchar de esta forma “por los derechos de los atletas”, a la vez que  anunciaba proporcionar pruebas de que la Federación estadounidense de Atletismo (USATF) estaba robando millones de dólares a los atletas, enriqueciéndose con el duro trabajo del equipo estadounidense.

Tras leer esta noticia, me alegré de que siguiera habiendo a lo largo y ancho del mundo personas que se negaran a aceptar lo que otros establecen y acuerdan para alimento de sus negocios y sus bolsillos y en detrimento de los centenares de miles de trabajadoras y trabajadores del submundo más explotado que fabrican de sol a sol y por cuatro céntimos los equipamientos que después lucirán los atletas en rutilantes competiciones televisadas y también quienes puedan pagarlo para lucirlo en las calles del mundo rico occidental. Mientras haya personas que se rebelen, resistan y se opongan a los negocios de los amos del cotarro habrá esperanza de que otro mundo es posible.

Me acordé también de la cantidad de “cotarros” que nos rodean y afectan directamente. Presencio cada día las declaraciones de los Consejeros y Consejeras del recién estrenado Gobierno de Aragón, explicándonos sus planes, también las dificultades para llevar a cabo algunos de ellos. Así, no es infrecuente escuchar la recitación de un cierto “mantra” en boca de algunos de ellos: “dentro de las limitaciones presupuestarias”. Pues bien, quizá algún que otro Consejero/a debería aprender en la medida de lo posible de Nick Symmonds.

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