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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Atención a la brecha generacional

Belen Barreiro

Plácido Diez

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La buena noticia es que los jóvenes entre 18 y 34 años se sienten huérfanos de representatividad, pero no son una generación perdida para la política. La mala que la asocian con complejidad, corrupción y conflicto/falta de entendimiento. No se afilian a partidos políticos ni a sindicatos. También están abandonando la radio y la televisión.

Así se desprende de “Clic, Jóvenes, Internet y Democracia”, el informe que encargó la Fundación Felipe González a la ex directora del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y ahora responsable de la consultora 40 dB, Belén Barreiro, y que se presentó en el palacio de la Aljafería de la mano de la Fundación “Giménez Abad” hace unos días.

La muestra de 1.500 entrevistas a jóvenes entre los 18 y los 34 años, realizadas del 1 al 6 de agosto de 2019 a través de Internet, revela que los jóvenes perciben que los políticos hablan para personas de 40, 50 o más años, a las que etiquetan como economistas y abogados. Vamos, que no piensan en los jóvenes.

¿Por qué es una generación que no se ha perdido para la política? Porque son activos y activistas aliados con Internet y las nuevas tecnologías. Solo un 28 por ciento de los encuestados en la red no había participado en alguna actividad política en los últimos doce meses. La mayoría concebían la política como un mal necesario ligado al orden.

En su marco ético anteponen la tolerancia, la honradez y la diversidad a los aspectos materiales. Les preocupan la deshumanización, la robotización, la destrucción de empleo, la desinformación y el individualismo.

Los jóvenes españoles hacen gala de estos valores siendo una generación zarandeada por la precariedad con un 30 por ciento de paro entre los menores de 25 años, más del doble que la media de la Unión Europea, según Eurostat.

A la elevada tasa de paro se suman las mayores tasas de temporalidad y los menores salarios, con un riesgo de pobreza que se acerca al 34 por ciento y con una riqueza neta media en 2017 para los cabezas de familia menores de 35 años de 5.300 euros cuando, según la Encuesta financiera de las familias del Banco de España, seis años antes alcanzaba los 71.600 euros.

No se afilian a partidos y sindicatos, pero sí a asociaciones ecologistas, feministas, animalistas, de derechos humanos y contra la desigualdad y la pobreza. A los nuevos partidos, que rompieron el bipartidismo después del 11-M, los acaban viendo como más de lo mismo cuando entran en las instituciones.

Son menos nacionalistas españoles, se han alejado abismalmente de la religión y para ellos la privacidad digital es prioritaria.

Van por delante de la agenda política en tolerancia, en derechos civiles, en feminismo, en inmigración y en cambio climático. De hecho, el informe concluye que han contagiado a los mayores de estos valores.

Son nativos digitales que desconfían de los medios de comunicación convencionales y en la red, pero se informan con una frecuencia alta: un 70 por ciento lo hace al menos una vez a la semana.

Lo hacen a través de Internet y de las redes sociales. Son conscientes de que hay mucha información poco fiable. En las noticias políticas perciben más manipulación que falsedad y confían en su capacidad para detectar noticias falsas.

Son críticos con el funcionamiento de los partidos, de la democracia y de sus instituciones. En las conclusiones del informe suena de fondo la música del no nos representan.

La puntuación sobre la democracia de los jóvenes entre 18 y 34 años está bajando, algo vinculado en parte a la frustración de sus expectativas, al sentimiento de parón del ascensor social, de inseguridad económica, de obstáculos para formar familias y para garantizarse una pensión pública digna. En muchos casos después de haber hecho un gran esfuerzo en formación, en movilidad y en digerir año tras año vergonzosos sueldos y condiciones laborales.

La Unión Europea a la que mejor valoran es la excepción positiva. Lo que apunta a que la generación que nació con España dentro de las instituciones europeas, la generación Erasmus, tiene un sentimiento más arraigado de ciudadanía europea.

Después de trabajar en la red con una comunidad distribuida en cuatro foros, la directora del Informe, Belén Barreiro, clasifica a los jóvenes entre 18 y 34 años en cuatro categorías:

  1. Prosistema/presuntuosos. Acomodados, informados, conservadores, más hombres que mujeres, creen en el sistema pero son críticos con su funcionamiento y tienen una enorme autoconfianza en su capacidad para detectar noticias falsas, lo que les convierte en posibles víctimas. Muchos de ellos votantes de Vox.
  2. Utópicos/soñadores. Cultos, progresistas, informados, activistas y con implicación política diaria. Críticos con la información que reciben y, más preocupados por las noticias falsas, contrastan y aunque son críticos creen en un sistema democrático más participativo aunque perciben que los verdaderos gobernantes son los poderes económicos. Encajarían con los votantes de Unidas Podemos.
  3. Integrados/moderados. Digitales, materialistas, en medio de los extremos, participan pero no son activistas. Entre sus preocupaciones destaca la precariedad laboral y son los que menos desconfían de la información que reciben. El perfil coincidiría con los votantes del PSOE y de Ciudadanos.
  4. Outsiders/alejados de la política. Son los que tienen peor situación económica, se sienten defraudados y olvidados, han asumido que vivirán peor que sus padres, que los políticos no atienden sus necesidades y, por tanto, no confían en el sistema. No se informan, son poco participativos y no confían en su capacidad para detectar noticias falsas. Abstencionistas.

Huérfana de líderes, que se moviliza en muchos casos a través de plataformas ciudadanas, es una generación que todavía no se ha perdido para la política. Todavía, porque la desigualdad entre generaciones es ya una de las grandes amenazas para el futuro de la democracia.

Como lo es que, según un reciente estudio basado en encuestas a ciudadanos de 34 países de un reconocido tanque de pensamiento estadounidense, el “Pew Research Center”, el 52 por ciento está descontento con el funcionamiento de la democracia. En Grecia, padres de la democracia, un 74 por ciento considera que no funciona.

La desconfianza con los políticos y la inestabilidad económica están en el origen de la caída del apoyo a los valores democráticos, el hueco que buscan ocupar los populistas y los líderes autoritarios. Los autores del estudio, Richard Wike y Sharon Schumacher, subrayan que la percepción del futuro de sus hijos también tiene que ver con ese alejamiento de la democracia, algo que conecta con el estudio de Belén Barreiro.

Lo más positivo es que la mayoría de los encuestados, el 67 por ciento, siente que votar cambia las cosas. En España ocho de cada diez consultados opinan que el voto es la solución.

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