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Décimo aniversario de la Expo 2008, ¿algo que delebrar?

Maribel Martínez

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Ahora que se cumplen diez años de la Expo 2008, parece ineludible la celebración del aniversario de unos fastos que centrados en el lema de “Agua y desarrollo sostenible”, dejaron tras de sí un reguero de deudas, edificios en desuso, proyectos abandonados a su suerte y obras millonarias que no han tenido continuidad.

Pero sobre todo la Expo 2008 nos ha dejado en herencia la certeza de que lo que menos se ha puesto en valor y se ha desarrollado ha sido precisamente la idea que subyacía en su lema, ese “agua y desarrollo sostenible” con el que nos prometieron un cambio en el paradigma, que jamas ha sido real, de los usos y la defensa del agua como bien universal.

Lo que se ha evidenciado a lo largo de estos diez años ha sido que a problemas como la sequía y el cambio climático, ejes de aquella exposición -y más que evidentes ya en 2008 para aquellos que quisieran verlos- no se les ha puesto coto. En la actualidad siguen condicionando la vida de millones de habitantes del planeta hasta tal punto que los castiga condenándolos al hambre, el desarraigo, la pobreza y en muchos casos la muerte, sin que los países del primer mundo hagan poco o nada por combatirlos, mucho menos para solucionarlos.

Tampoco parece que la promesa de un desarrollo sostenible se haya cumplido. Sobre millones de personas en todo el planeta sigue pendiente la espada de Damocles por la construcción de grandes presas, muchas de ellas con capital y gestión de constructoras españolas como Acciona, Ferrovial, OHL, Sacyr o ACS. Proyectos hidráulicos que casualmente se realizan en tierras de poblaciones indígenas, pobres pero llenas de dignidad, con un enorme amor a su tierra y comprometidas en su defensa y en la de los derechos de sus habitantes.

Derechos que son constantemente pisoteados mediante masivas expulsiones de sus territorios, amenazas, presiones, detenciones e incluso el asesinato de sus líderes. Elementos éstos de insoportable coacción para conseguir que desistan de sus lícitas reivindicaciones.

España y Aragón tampoco quedaron y quedan al margen, y así las políticas medioambientales de obligado cumplimiento para combatir la desertización del país, la sequía y los desmanes urbanísticos, lejos de mejorar han ido en estos diez años en retroceso.

El gobierno del Partido Popular, como antes ya hiciera el Partido Socialista, pese a la gran crisis y el estallido de la burbuja inmobiliaria que desde el 2008 asolaba este país, sigue apostando por la construcción de los pantanos y presas proyectados, y por la amenaza permanente de los trasvases entre cuencas planificados en el Plan Hidrológico Nacional.

Qué lejos quedan ya las promesas de aquella ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, que ahora evidencian la nula voluntad de los gobiernos de la nación y autonómicos en apostar por medidas que no se centren en el cemento, las tuberías, las grandes presas y el negocio de los “amigos constructores”

Pero centrémonos en Zaragoza y hagamos un ejercicio de memoria. La Expo 2008 nos dejó como herencia de sus fastos un agujero económico de incontables millones de muy difícil cuantificación, eso sí convenientemente maquillado por los sucesivos gobiernos. También un montón de infraestructuras de dudosa viabilidad, poco o nada usadas, muchas abandonadas a su suerte y a la ruina y de un coste mil millonario que hace muy difícil encontrarles rentabilidad.

¿Quien se acuerda ya de la telecabina instalada frente a la la estación de Delicias? Once millones nos costó la descabellada idea de ARAMÓN, -de cuyo diseño se encargó el montañero Reinhold Messner- para mayor gloria del Gobierno de Aragón e Ibercaja. Ya lo dijo el entonces alcalde Belloch en su inauguración; “Esta cabina se quedará aquí indefinidamente” y así ha sido. Los hierros y el cemento de sus torres y los cables de acero siguen frente a la estación recordándonos aquella disparatada idea que no pudo superar los fastos de la Expo pero del que seguimos pagando el coste de su mantenimiento evitando así que su deterioro ponga en peligro la vida de los que pasan bajo ella.

Un monumento a la locura y al despilfarro como lo son los edificios construidos para tan magno festejo, algunos de los cuales, como hace diez años, aún esperan ocupación y destino entre la ruina y el olvido.

Ha tenido que ser el propio Gobierno de Aragón quien rescatara algunos de esos edificios para, tras su puesta al día, otro gasto a costa de nuestros bolsillos, instalar sus oficinas y juzgados. Curiosamente el Gobierno de Aragón se autoalquila sus propios espacios en el recinto. Ahí está la Ciudad de la Justicia. El Ejecutivo regional paga a la empresa pública, de la que es dueño, 7,5 millones €/año en concepto de alquiler. De esta manera, el Gobierno aragonés ejerce de dueño y cliente, de casero e inquilino de gran parte del recinto de la Expo.

La construcción del recinto de pabellones de la Expo en Ranillas fue presupuestada en 700 millones. El aprovechamiento a día de hoy solo alcanza a entre un 20 % - 30 % de los edificios, una verdadera ruina. Una ruina que se extiende a todo el entramado de empresas que se montaron al calor de la Expo y en las que convenientemente se colocaron a muchos “amigos”.

Recordemos que esta Exposición, sus conclusiones, sus edificios emblemáticos y las obras de acompañamiento nos iban a poner en el mapa. Como decía un periodista de esta ciudad: cuando hablamos de la pos Expo, hablamos del “legado tóxico de la Expo”

Si quieren ejemplos, aquí dejo unos cuantos: Zaragoza Expo Empresarial, antes conocida como Expo Agua tiene una deuda de alrededor de 117 m/€; el Pabellón de Aragón “un nido de palomas” como ha reconocido la Asociación Legado Expo Zaragoza 2008 . Otros pabellones como el de España están abandonados a su suerte igual que la Torre del Agua cuyo mantenimiento cuesta 80.000 €/año. El Pabellón Puente iba para museo pero sigue siendo poco utilizado; el canal de aguas bravas lleva cerrado desde hace tiempo por filtraciones en su estructura; la escultura de La Gota cuyo montaje y desmontaje costó otra millonada; la Milla Digital de tan cara y larga puesta en marcha....

Paradigmático en eso del despilfarro han sido el azud y los dragados del rio Ebro, todos ellos para que funcionarán los barquitos del alcalde Belloch durante la Expo. ¡Qué caros e inútiles nos salieron los aires de grandeza del alcalde! El Ebro con y sin dragados nunca fue ni será el Sena.

La construcción del azud destinado a facilitar su navegación si que nos puso a la altura de otras ciudades, pero en el ranking de los despilfarros. Esta infraestructura de una más que dudosa utilidad, como se ha demostrado tras estos diez años, conlleva un carísimo mantenimiento y una inútil reparación dado que su utilidad en estos momentos es nula más allá del uso que podrían hacer aquellos que practican el remo y el piragüismo.

Es cierto que como dicen sus defensores gracias a la Expo 2008 Zaragoza sufrió un lifting que por unos meses la puso en el candelero internacional. Pasados los años ese lifting muestra signos de fatiga, arrugas y quebrantos.

Es lo que queda para algunas de esa exposición: la imagen del despilfarro, la ruina de los edificios y la mala planificación que hace 10 años se hizo sobre cómo usar y conservar el ingente patrimonio inmobiliario que la muestra nos dejó.

Imposible no ser críticos con la herencia envenenada que diez años después sigue coleando, sobre todo la ruina económica a la que el equipo que gobierna el Ayuntamiento de Zaragoza ha tenido que hacer frente desde el primer día que llegó a la institución. Recordemos que un tercio de la deuda que el Banco de España atribuye al Ayuntamiento de esta ciudad proviene de la Expo.

En ese ying y yang que forman la herencia de la Expo no podemos olvidar algunos logros para la ciudad y sus habitantes: la pasarela del voluntariado, el puente del Tercer Milenio o la recuperación de las riberas de sus tres ríos –el Ebro, el Gállego y el Huerva-.

Gracias a la Expo se habilitaron nuevos espacios ciudadanos, adecentaron otros y se mejoraron las defensas ante las riadas. De todos estos logros yo me quedo con la apropiación de las riberas del río Ebro por las y los ciudadanos. Esta ciudad ha vivido desde siempre de espaldas al rio, al menos la Expo sirvió para que los y las zaragozanas valoráramos el entorno que acoge al padre Ebro. Y donde antes no veíamos más que matojos, matorrales, escombros y suciedad, ahora somos capaces de reconocer la gran variedad de magníficos árboles que arraigan en sus orillas y la fauna que anida y vive en sus riberas en un recuperado ecosistema que disfrutamos mientras paseamos o hacemos deporte.

Este décimo aniversario de la Expo 2008 es una gran oportunidad para, sin dejar de ser críticos con la herencia recibida, la deuda que arrastramos y la sensación de abandono que sigue planeando sobre su recinto, aprovechar para relanzar el verdadero legado que esta exposición tenía: “Agua y desarrollo sostenible”.

Recordando ese lema, buscando lo que de positivo tuvo ese fasto, muchas nos preguntamos: “¿Y ahora qué?”

Porque esa es la gran pregunta: Con estos mimbres, con esta herencia, ¿qué modelo de ciudad en la que el medioambiente y el desarrollo sostenible no se olvide, queremos y proponemos para Zaragoza y sus habitantes?

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