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ARAGÓN

La España vacía

"Se puede argumentar que difícilmente se puede vivir en un pueblo en el que no hay escuela y solo una mínima atención sanitaria. Esto es cierto, pero requiere una inversión económica, mayor cuanto mejor sea el servicio, que no sé si todos estamos dispuestos a sufragar"

El domingo 31 de marzo decenas de miles de personas de la España vaciada, iniciaban una Revuelta pacífica en Madrid. Reclamaban soluciones, un pacto real para conseguir un equilibrio territorial, social y económico; condiciones para detener la hemorragia humana de la España del interior; para evitar otra de las desigualdades que el sistema capitalista produce en las sociedades, sobre todo cuando el papel de los poderes públicos se ve limitado a facilitarlas las iniciativas privadas.

El que tantas asociaciones hayan sido capaces de unir su voz para reclamar un futuro mejor es un paso muy importante, pero la situación de la España despoblada ni es un problema específico nuestro- pasa algo parecido en Italia, Francia o Portugal- ni tiene fácil solución, es un problema multicausal cuya solución solo se verá a medio o largo plazo, y para la que es necesaria un consenso mayoritario de los diferentes sectores de la sociedad española.

Las infraestructuras son necesarias, es imposible desarrollar una zona en la que no hay transportes públicos- o, como el tren a Teruel, son de hace más de un siglo-, no llega internet o apenas hay cobertura telefónica. También es necesario que haya puestos de trabajo, que la gente tenga posibilidad de ganarse la vida. ¿Pero cuántas actividades económicas desaparecen de los pueblos, o las asumen inmigrantes, porque las nuevas generaciones no quieren seguir con ellas? A esto hay que sumar la cantidad de casos en los que en ciudades con infraestructuras aceptables, las vías de comunicación se utilizan para que los trabajadores de determinados sectores solo vayan a trabajar a dichas ciudades y vivan en otras que les resultan más “cómodas”. Y no me refiero solo a médicos, maestros o funcionarios en general, también hay agricultores que trabajan sus tierras en sus municipios de nacimiento pero viven en pueblos o ciudades distintas.

Se puede argumentar que difícilmente se puede vivir en un pueblo en el que no hay escuela y solo una mínima atención sanitaria. Esto es cierto, pero requiere una inversión económica, mayor cuanto mejor sea el servicio, que no sé si todos estamos dispuestos a sufragar. De entrada sí, cuando no se ha cuantificado ni dicho de donde va a salir el dinero… lo malo es cuando hay que quitar de un sitio para poner en otro, sobre todo para aquellos partidos cuyo principal objetivo es reducir los impuestos, cuando una fiscalidad suficiente es condición necesaria para redistribuir la riqueza entre aquellos que más lo necesitan, como la España del interior. Estos partidos dicen que al disminuir la tasa impositiva se recaudan más impuestos pero, ¿nos pueden poner ejemplos de lugares en los que haya pasado esto? ¿Cuál es su modelo de referencia, los países nórdicos europeos o EE.UU.?  Sería importante que aclarasen esto.

En época electoral no son muy fiables los compromisos -a veces solo porque no se han meditado a fondo-, ahora todos estamos de acuerdo en que hay que hacer algo con la España vacía, que hay que firmar un compromiso, incluso los partidos políticos llegan a un acuerdo para mantener el diputado de Teruel, algo de dudosa utilidad tal y como funciona el sistema parlamentario español.

Si se quiere avanzar realmente en resolver los problemas que llevan a la despoblación de la España del interior hay que pensar a largo plazo, algo difícil de compaginar con los intereses electorales; tener en cuenta la multitud de factores que influyen: infraestructuras, económicos, culturales; tomar medidas generalistas pero también particulares, atendiendo a las especificidades de cada zona; considerar que los problemas no se resuelven con iniciativas milagrosas, sino que a veces las soluciones están en la suma de pequeñas iniciativas; tener presente que las iniciativas medioambientales tienen un futuro más seguro, aunque a corto plazo puedan ser más costosas.

Una vez nombrado el nuevo Gobierno habrá que empezar a trabajar poniendo todos los problemas en la mesa, partiendo de que la igualdad real no es posible- nunca existirán  los mismos servicios en Daroca que en Zaragoza ni en Zaragoza los mismos que en Madrid-, contando con todos los sectores afectados, partiendo de que las soluciones tienen que venir del desarrollo de las comarcas económicas, que no siempre tienen que coincidir con las administrativas.

También tendremos que tener en cuenta los cambios culturales, comenzando por priorizar los criterios cooperativos sobre los competitivos. Y en esto sí tienen capacidad de intervención las administraciones, porque no es lo mismo repartir dinero de manera más o menos equitativa que primar aquellos proyectos elaborados por un grupo de pueblos buscando la manera de beneficiar a todos.

Y por último el cambio cultural que supone la aceptación de la diversidad. Si queremos que venga gente a vivir a nuestros pueblos, tendremos que partir del hecho de que muy posiblemente sean distintos de nosotros- ni mejores ni peores, solo distintos- y eso quiere decir que así como les es exigible que acepten y cumplan las normas de convivencia de que nos hemos dotado, nosotros tendremos que respetar sus religiones y costumbres. No me parece tarea sencilla, pero cuanto antes pongamos manos a la obra antes terminaremos.

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