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ARAGÓN

El amor en los tiempos de Instagram

"A veces me da la impresión de que la vida de las diputadas de las Cortes se nos pasa entre comisiones en las que se discuten inútiles Proposiciones No de Ley y plenos en los que debatimos más por la presencia de osos en el Pirineo que por encontrar una forma de solucionar los problemas reales de la gente"

A veces, la vorágine política deja un pequeño hueco para la lectura. Hoy quiero recomendar aquí la nueva novela de Isaac Rosa, novelista y columnista en este mismo medio (ante todo, transparencia). Lleva por título Feliz final y es una historia de amor contada al revés: desde la ruptura y la mudanza hasta el momento en que se conocen. Ya lo digo: es una magnífica novela, quizá la mejor de todas las suyas, junto con El vano ayer.

Y las lectoras se preguntarán “¿a qué fin viene hoy a hablar de libros en un espacio dedicado a la política?” Viene a colación porque Isaac Rosa siempre ha entendido la literatura como un arma cargada de futuro, como una herramienta mediante la que reflexionar sobre la actualidad y ofrecer su punto de vista.

En este caso, habla de la relación entre amor y trabajo, entre amor y tiempo libre, entre amor y dinero. Y el trabajo, el dinero y el tiempo libre sí atañen a la política. Estamos viviendo tiempos acelerados, donde todo sucede demasiado deprisa y no hay un segundo para detenerse a pensar; parecemos ratones en una rueda, siempre corriendo.

Pero a veces hay que parar. Hay que detenerse y pensar, hablar, reconducir si es necesario. Y esto se puede aplicar a la vida personal, a las relaciones y a la política.

A veces me da la impresión de que la vida de las diputadas de las Cortes se nos pasa entre comisiones en las que se discuten inútiles Proposiciones No de Ley y plenos en los que debatimos más por la presencia de osos en el Pirineo que por encontrar una forma de solucionar los problemas reales de la gente. Y mientras, nadie habla de política. Sólo hay ataques, estrategias para poner en aprietos a otro partido, repeticiones de debates estériles.

No se puede parar. Si lo haces, no sales en prensa, no hay material para un tweet, no hablan de ti o de tu partido. Si paras, eres invisible. (Me pregunto cómo era la política antes de tener internet en el móvil; seguro que menos acelerada).

Asistí a la presentación de Isaac Rosa en Zaragoza y me agradeció con asombro que hubiera podido dejar  la política a un lado durante un rato para escuchar sus palabras. Y en realidad, durante esa presentación, se habló más de política que en el pleno del que venía. Algo falla en nuestro sistema parlamentario cuando esto sucede.

Los asistentes a la presentación hablamos de amor, de trabajo, de la importancia del dinero en el mantenimiento de una pareja, de la importancia del dinero tras un divorcio; hablamos del tiempo, que se nos escapa de las manos sin saber cómo; hablamos de la incomunicación en la sociedad y en la pareja; de que las personas no disfrutan de la ciudad y sólo van de un lugar a otro; y de cómo debemos reapropiarnos de la ciudad.

Hay muchas páginas memorables y muchas frases para subrayar, me quedo con ésta: “No puede ser que el agotamiento sea nuestro estado permanente y nos quieran tan mal y queramos tan mal”.

Muchas diputadas de las Cortes coinciden en que el sistema actual es una pérdida de tiempo, que lo importante son las leyes y no dedicamos el esfuerzo que se merecen y, en cambio, estamos agotados de trabajar en temas inútiles. En algún momento los políticos tenemos que parar, replantear el sistema y aprovechar mejor el tiempo.

Aunque solo sea para dedicar unas horas a leer novelas como la de Isaac Rosa.

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