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ARAGÓN

De la renta social básica al ingreso mínimo vital

"El Ingreso Mínimo Vital parece querer avanzar en esta línea y dar el salto desde los discursos a la construcción de respuestas reales"

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá.

El ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá. Pool / Europa Press

Todo parece indicar, y si nada lo impide, que finalmente el Ingreso Mínimo Vital será una realidad que verá la luz en el último Consejo de Ministros de este mes de mayo. 

Para las profanas en la materia, el Ingreso Mínimo Vital es una prestación económica que viene a garantizar ingresos económicos a las familias para asegurar una vida digna. Dentro del denominado sistema de garantía de ingresos, es una de la medidas “estrella” que se incluyeron en el acuerdo de gobierno entre PSOE y Podemos.

Los diferentes modelos que han defendido ambas formaciones y que se conocían previamente han generado los pertinentes y necesarios debates hasta llegar a la propuesta final.  Tensiones y negociaciones necesarias que han sabido resolverse y que tendrán como resultado un avance en la protección social al margen del tuyo o mío. Esta es una de las consecuencias de los gobiernos de coalición. Ninguna de la partes impone a la otra y se acuerdan políticas por encima de las propuestas de partido en interés de lo común.

A falta de conocer definitivamente la letra pequeña de la medida, opino que podemos estar satisfechas porque todo apunta a que en su diseño se recogen algunas de las claves fundamentales que ya emergieron en Aragón en el debate del Proyecto de Ley de Renta Social Básica durante la legislatura autonómica.

Independientemente de las diferencias entre el marco estatal y autonómico, algunas organizaciones sociales y profesionales ya defendieron en ese momento una prestación económica (se llame como se llame) con una cuantía igual para todas la personas que se encuentren en una situación de pobreza económica. Sin hacer distinciones o categorías de pobres. Entendiendo que nadie quiere estar en esa situación de privación material y que las causas deben señalar a la desigualdad estructural y social antes que  a un elección individual.

A estas alturas, e independientemente de las medidas diferenciadoras que se proponen para remediarlo, nadie puede negar que nuestro sistema económico y productivo genera desigualdad y pobreza. Y que en tanto trabajamos para hacer girar esto hacia un modelo más igualitario y sostenible, son necesarias acciones públicas que permitan que todas tengamos una vida digna. En igualdad de condiciones.

También sabemos que el Ingreso Mínimo Vital, va a ser una prestación económica que parte de una cuantía mínima digna (tomando como referencia un hogar conformado por una sola persona), modulada por una escala de equivalencia que tendrá en cuenta la estructura y composición de las familias e incluirá la perspectiva de género y la de protección a los derechos de la infancia. Todas estaremos de acuerdo en que no es lo mismo una unidad familiar compuesta por dos adultos y un menor, que otra conformada por un solo adulto. Se ha constatado que esta última tipología de familias encabezadas mayoritariamente por mujeres, presenta necesidades específicas propias que requieren de acciones positivas que como opción posible en el diseño de políticas públicas, hagan real y efectivo el principio de igualdad de género. Por no hablar de la tan traída y llevada pobreza infantil.

El Ingreso Mínimo Vital parece querer avanzar en esta línea y dar el salto desde los discursos a la construcción de respuestas reales.

En Aragón podemos tener motivos para estar ilusionadas  y esperanzadas ante la llegada de este Ingreso Mínimo Vital que recoge aspectos importantes que fueron ya defendidos en las Cortes de Aragón por algunas formaciones políticas como Podemos Aragón a la par que, mediante enmiendas a la Ley de Presupuestos de la Comunidad Autónoma, se conseguía subir la cuantía del todavía vigente Ingreso Aragonés de Inserción.

Ahora, a la vista de lo planteado, podemos decir que lo hicimos bastante bien y es justo registrar esta pequeña gran victoria como propia. En el futuro, tras la aprobación del Ingreso Mínimo Vital, Aragón tendrá que reorganizar su propio sistema de servicios sociales para complementarlo o reorientar un presupuesto que ahora vendrá cubierto a nivel estatal. Las que queremos construir una sociedad más justa y  igualitaria ahí estaremos para aportar y construir esa sociedad soñada.

Como dice una buena amiga, lo que no se sueña, no se consigue. Lo importante es poner por encima de proyectos partidistas y partidarios el el interés común del común de la población. La sostenibilidad de la vida.

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