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ARAGÓN

A vueltas con Los Soprano

"La sentencia final no manifiesta un giro de una posición ética del poder judicial en nuestro país, sino todo lo contrario, ratifica el orden establecido de la supuesta mafia"

Si alguno de vosotros y vosotras habéis disfrutado como yo de la mítica serie Los Soprano, seguro que recordáis a Valentina La Paz, la novia (amante) de Tony Soprano. Hay una escena en la que, muy sorprendida, Valentina le pregunta a Tony: “¿De pronto tienes sentido ético?”. Y él se para a pensar y le responde: “No entiendo de eso, pero tengo normas”.

El martes por la noche me vino a la cabeza esta escena como resumen fehaciente de lo que había pasado con la sentencia y “des-sentencia” del Tribunal Supremo. El 18 de octubre la sección segunda de la sala tercera del Alto Tribunal dio a conocer el fallo en torno a los actos jurídicos documentados que nos dejó a media España ojiplática: ¡parecía que la justicia hacía justicia frente a los poderosos! Parecía, en palabras de Valentina la Paz, que de pronto nuestro paupérrimo y desprestigiado sistema judicial tenía sentido ético. Pero como en las mejores tramas de mafiosos, nada es lo que parece, y poco dura la alegría para aquel que se revela contra los que mandan.

Ni 20 días nos han dejado de disfrute de este giro dramático. En una decisión sin precedentes en nuestro país y, probablemente, en ningún sistema democrático que se precie, el mismo tribunal se desdice a sí mismo tras el profundo desplome de la Bolsa y las amenazas de la banca de no poder, no querer, hacer frente a este pago que ya hacen todas las familias de nuestro país. “¿Qué pensábais, que tenía sentido ético? No entiendo de eso Valentina”, le podría responder Tony Soprano en esta situación. “Tengo normas”, “aplico leyes” o “estas son las reglas juego” han sido las respuestas del presidente del Tribunal Supremo para justificar lo que a todas luces es un espaldarazo a los bancos frente a los usuarios. Un espaldarazo, con cambio de criterio y escándalo de por medio, a los poderes fácticos que no sólo no han pagado la crisis ni se han apretado el cinturón en estos años, sino que además han tenido beneficios mientras el estado justificaba sus continuos rescates.

El hecho de traer a colación la escena de Los Soprano no viene sólo a encajar en el diálogo ficticio entre la gente y el poder judicial, sino que revela una decepción más profunda. Y es que la sentencia final no manifiesta un giro de una posición ética del poder judicial en nuestro país, sino todo lo contrario, ratifica el orden establecido de la supuesta mafia, donde las llamadas y las presiones de los lobbys unidas con la forma de elección de los miembros de la misma, hacen que sus prácticas sucumban a la norma y se atrincheren a ella aunque sea para dar la espalda a aquellos de los que emana su soberanía.

Probablemente, a Valentina La Paz le pasara lo mismo que a la mayoría de españoles,  no cabe en su mente adjudicar a la persona en la que confía dinámicas de extorsión y chantaje. Sin embargo, aquellos que veíamos la serie teníamos más información sobre Tony Soprano que su amante, sabíamos con quién hablaba, con quién cenaba y con quién se reunía. Justo lo que nos falta por saber de estos días en los que se ha cuajado el crimen contra la independencia del poder judicial. Probablemente, si supiéramos con quién hablaron estos magistrados, quién les llamó y con quién cenaron hubiéramos sido capaces de prever el giro dramático de la historia. Porque si algo nos enseñó David Chase es que la clave de un buen thriller se basa en que hasta el final, al espectador, le falte información.

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