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ARAGÓN

Entrevista | Sergio Vinadé, gestor cultural

“Estamos orgullosos de la sensación de comunidad creada alrededor de Las Armas”

Sergio Vinadé es el gerente del Centro Musical Las Armas, espacio municipal ubicado en el barrio de El Gancho de Zaragoza

“Hemos roto la barrera para que todo el mundo acceda al barrio”

“Echábamos en falta un catalizador de esas energías de gente que no tiene medios, pero sí buenas ideas”

Sergio Vinadé, gerente del Centro Musical Las Armas.

Sergio Vinadé, gerente del Centro Musical Las Armas. Juan Manzanara / Zaragoza

Kase O, Sho Hai, RdeRumba, Tachenko, Manolo Kabezabolo y los ke no dan pie kon bolo… son sólo algunos de los nombres del cartel del concierto gratuito con el que el Centro Musical Las Armas celebrará el próximo sábado, 30 de noviembre, su sexto aniversario. Es un cumpleaños agridulce, por la sensación de haber conseguido crear un espacio propio, pero por la incertidumbre de la concesión de un espacio municipal pendiente de nuevo concurso. Sergio Vinadé (Zaragoza, 1972) es el gerente del Centro Musical Las Armas.

De los últimos seis años en Las Armas, ¿de qué están más orgullosos?

De la sensación de comunidad que hemos creado alrededor de Las Armas, no solamente en cuanto a las actividades y a los colectivos que están implicados, sino también por muchos grupos, mucha gente que no tenía espacio para la actividad de muchos proyectos que han caído en nuestras manos y se han podido desarrollar con la ayuda de mucha gente. Lo más importante es la sensación de ser una pieza central en la que se apoya mucha gente.

¿Se lo imaginaban hace seis años?

Sí, siempre fue esa la idea. Llevábamos muchos años dentro del mundo de la cultura y, en particular, de la música, desde muchos aspectos: desde el artístico siendo músicos hasta el organizativo, el de la industria musical... Y echábamos en falta, pensando en ciudad y en el entorno en el que nos movemos, un catalizador de esas energías que van por ahí, de gente joven, de gente que no tiene medios, pero sí buenas ideas. Queríamos ser ese referente que permitiera emprender cosas, aunque no fueran nuestras y no las hubiéramos imaginado nosotros, ayudar y apoyarlas.

¿Cómo vais a celebrar los seis años de Las Armas?

Decidimos celebrarlo con toda la gente que nos ha ayudado a llegar hasta aquí, que, en realidad, es toda la gente que ha venido a tocar y que, de una manera u otra, ha estado involucrada en el proyecto. ¿Qué mejor manera que hacer un concierto, que es lo que mejor se nos da y es lo que mejor sabemos hacer, con toda la gente que nos quiere y que queremos? Es lo que vamos a hacer: reunir a todo el mundo para hacer una gran fiesta.

Con todo, no es un cumpleaños completamente feliz para el centro de música...

No, desde luego, también la celebración tiene un punto reivindicativo. Para nosotros, es importante alzar la voz. Ya no sabemos de qué manera explicar que, más allá de que seamos nosotros o no los gestores, ahora mismo estamos con un contrato que ya se resolvió hace más de un año, en una especie de interinidad hasta que salga el nuevo concurso. Se nos prometió que el concurso sería poco después de la firma de esa resolución de contrato, pero ha pasado más de un año y todavía seguimos esperando. Estamos en una situación más que precaria, que ya constataron sendos informes de la oficina económica y la oficina jurídica del Ayuntamiento, que dictaminaron que, claramente, estamos en una situación de perjuicio dentro de este contrato administrativo. Necesitamos que se ponga una solución ya y que se haga un concurso público nuevo y que, quien lo gane, pueda continuar con el proyecto de Las Armas.

Ahora mismo el centro es público, funciona como una concesión. ¿Sería imposible este proyecto con un modelo completamente privado?

La actividad ya es completamente privada y está siendo posible, pero a costa de un esfuerzo sobrehumano. Esto no es una sala de exhibición simplemente; hay muchas que funcionan, pero tiene otro concepto. Para que en esto esté representada la ciudadanía, tiene que ser un servicio, que va más allá del puro hecho económico-industrial que mire los números en busca de un beneficio. Esto requiere mucho más esfuerzo. Además, está donde está y no es porque sí: en un barrio que, tradicionalmente, ha sido uno de los más deprimidos de la ciudad, que era una especie de gueto al que la gente no se atrevía ni a entrar. Nosotros hemos abierto las puertas a colaborar con colectivos y entidades del barrio, pero, además, hemos roto la barrera para que todo el mundo acceda al barrio: se han abierto nuevos negocios, la gente entra al barrio de otra manera... Y todo esto sin haber condicionado el instinto inicial del barrio; sigue existiendo esa variedad cultural que tan rico lo hace. Sin embargo, esos debes que tenemos en esta concesión y los pocos haberes que teníamos, que no se han podido desarrollar, han hecho que sea un contrato totalmente desigual e injusto, que lo hace insostenible. Sería sostenible muy difícilmente, que es lo que estamos haciendo ahora: sacarlo adelante a duras penas. Para que se pueda desarrollar bien necesita unas nuevas normas del juego.

¿Cómo les gustaría estar dentro de otros seis años?

Me imagino con un nuevo concurso, con unas normas que nos equiparen al resto de los centros de la ciudad y que hagan que se signifique la labor que tenemos ahí. Me gustaría seguir haciendo lo que hacemos ahora, pero más y mejor.

¿Cómo tendrían que ser esas normas?

Hay que tener en cuenta que es un edificio muy grande, con muchos espacios, con un bar-restaurante que hay que sacar adelante en una zona que no es fácil... No es una zona por la que pase gente ni es una zona comercial. El problema fundamental que tiene este centro es que la gente viene cuando hacemos una actividad. Hay que hacer cosas para que la gente venga y poder tener un beneficio. Entonces, creemos que con el servicio público que se da, lo único que necesitamos es que estén cubiertos por el ayuntamiento gastos básicos como suministros, luz, agua... A partir de ahí, si hace una gestión coherente del espacio, irá bien y si no, irá mal. No se trata de poner unas reglas del juego ventajosas para que el concesionario gane mucho dinero, sino de crear una contrata en la que se limite el beneficio o se obligue al concesionario a reinvertirlo en la actividad. Es más bien generar algo que sea autosuficiente y que pueda mantenerse y generar más actividad en el futuro.

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