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Ruptura Sánchez-Iglesias en directo... o parte del tira y afloja

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Sánchez cabizbajo mientras Iglesias se dispone a intervenir en el debate de investidura, Foto: Marta Jara

La semana pasada, golpe a golpe en los medios y en las redes sociales entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Esta semana, muchísimo más: golpe a golpe, mamporro a mamporro, y muchísimo más duros, y en directo y desde la tribuna del Congreso de los Diputados y en una sesión estrella, la de la investidura del primero de ellos como presidente del Gobierno. Cuando Podemos llegó a la escena pública, hace muy pocos años, pedía que todo pacto político entre diferentes partidos se negociara en público, en las calles y plazas. Nunca nadie pensó -ni aquellos pioneros de Podemos, probablemente- que se llegaría tan lejos en el afán de transparencia.

La tarde transcurría conforme a lo previsto, incluso en la ‘performance’ de Albert Rivera, cuando Pablo Iglesias soltó la primera andanada:

-No nos proponga ser un mero decorado en su Gobierno, porque no lo vamos a aceptar.

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Sánchez e Iglesias pasan de la lengua a la literatura

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Pedro Sánchez

Todo está en la lengua, todo es lengua. Las palabras hasta pueden contener en sí mismas el objeto. Lo escribió Jorge Luis Borges en versos endecasílabos, evocando a Platón: "Si, como el griego afirma en el Cratilo, / el nombre es arquetipo de la cosa, / en las letras de rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo".

La política española lleva décadas enredando en las palabras. Desde los eufemismos para no llamarle a las cosas por su nombre hasta el abuso de la sinécdoque, esa curiosa figura retórica por la que, por ejemplo, todos los políticos han tomado alguna vez la parte -la de sus partidarios- por el todo: el conjunto de los españoles. Últimamente ya nuestros políticos entran incluso en el manejo del orden de la oración y en la función de cada uno de sus elementos. Por ejemplo: si a la frase "políticos presos", sustantivo más adjetivo, le damos la vuelta hasta "presos políticos", convirtiendo el adjetivo en sustantivo y el sustantivo en adjetivo, habremos abierto un desabrido debate público sin posibilidad de acuerdo entre posiciones ciertamente irreconciliables. Y no hablo ahora de gramática sino de política.

Aunque, para innovaciones lingüísticas recientes, pocas como la del secretario general del Partido Popular, Teodoro García Egea, que llama a todos los Ejecutivos autonómicos y municipales que su partido monta apoyándose en Ciudadanos y en Vox "Gobiernos de la libertad", en una excusatio non petita tan poco reflexionada que ha llegado a llamar Egea así, "de la libertad", incluso a algún Gobierno del tripartido de derechas que sustituía a otro monocolor del propio PP. ¿De qué cadenas habrán librado a sus gobernados?

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Del juego del gallina al del parpadeo y el 'te la quedas'

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Sánchez, Casado, Rivera, Iglesias y Abascal

Una semana después de que el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, le comunicara a Meritxell Batet, presidenta del Congreso de los Diputados, las fechas del pleno para la investidura, el 22 y 23 de julio, apenas hay síntomas de distensión entre Sánchez y el máximo responsable de Unidas Podemos, Pablo Iglesias. "Vamos a elecciones, me temo. Está todo bloqueado", me comentaba el sábado pasado una persona muy cercana al líder socialista. "Pablo no va a ceder", me decía horas antes otra persona que fue muy cercana al dirigente de la formación morada y que hoy se ha alejado de la política. Este lunes, la dirección socialista aprobaba un documento por el que cerraba filas con Sánchez en su intento de buscar un Gobierno monocolor socialista, sin ningún dirigente de Unidas Podemos sentándose a la mesa del Consejo de Ministros, lo contrario a lo que exige Iglesias.

Seguimos, por lo tanto, en el juego del gallina, ese por el que dos participantes conducen sendos vehículos a gran velocidad, directos al choque, y en el que pierde el que se desvía, vencido por el miedo y la presión. O al menos en el juego del parpadeo, algo menos violento.

En abril de 1985, Coca Cola anunciaba que, casi un siglo después de la invención de la fórmula de su bebida por el farmacéutico John Pemberton, la multinacional había decidido introducir "cambios cualitativos" en esa fórmula secreta para hacer su famoso brebaje un poco más dulce. Al día siguiente, su rival Pepsi-Cola ponía un gran anuncio en la prensa de Estados Unidos que sólo decía esto: "After 87 years of going at it eyeball to eyeball, the other guy just blinked". Es decir: "Después de 87 años de mirarnos fijamente a los ojos, el otro parpadea".

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La sentencia del procés, en otoño y en temporada política valle

El magistrado Manuel Marchena preside el tribunal durante una de las sesiones del juicio del procés.

Si las cosas de Palacio van despacio, las del Palacio de Justicia también. Al tribunal que ha juzgado en el Supremo el procés catalán se le ha metido prisa para que dicte la sentencia, especialmente desde algunos ámbitos del mundo independentista, pero nada indica que la sentencia sea inminente, antes del corte veraniego. Más bien al contrario. En el entorno del tribunal se ve como muy probable que no se dicte sentencia hasta finales de septiembre o primeros de octubre. Por varias razones.

Las primeras, de orden interno. El asunto es muy complejo, y se quiere hacer un texto muy elaborado, muy medido, donde se entre y se conteste a todas las dudas planteadas por las defensas, especialmente aquellas que se refieren a derechos de los reos presuntamente vulnerados y que pudieran fundamentar un recurso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Se pretende, además, lograr una sentencia unánime, sin ningún voto particular discrepante del de la mayoría. Y una sentencia blindada: sometida a escrutinio renglón a renglón, especialmente ante un previsible recurso ante la justicia europea.

Las segundas razones para esperar a después del verano son de orden externo. No será rápida ni inminente primero porque no se quiere dar la sensación de que la resolución se ha pensado o debatido poco o de que estuviera escrita ya antes de celebrarse el juicio, como sostienen desde hace meses algunos independentistas, y sobre todo porque no se quiere que el momento de hacerla pública coincida con algún acontecimiento político de primera magnitud. Por ejemplo, una sesión de investidura de Pedro Sánchez, en segundo intento, en septiembre.

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De Pozuelo a Moncloa, la mudanza que iba a hacer Rivera e hizo Sánchez

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Albert Rivera cede el paso al líder del PSOE, Pedro Sánchez antes de la firma del pacto de investidura en 2016.

La renuncia de Toni Roldán tanto al acta de diputado y la portavocía económica en el Congreso como a sus cargos orgánicos en el partido acelera la crisis de Ciudadanos y le pone a Albert Rivera de nuevo ante un espejo que le devuelve una confusa imagen. Roldán se despide con frases que probablemente algunos otros dirigentes y muchos votantes de la formación naranja se están diciendo a sí mismos desde hace ya unos meses: "No me voy porque yo haya cambiado, ha sido el partido el que ha cambiado. La política no es un supermercado". "Toda estrategia política tiene costes, pero los costes para España de la estrategia emprendida por Ciudadanos ahora son demasiado altos". "¿Cómo vamos a luchar contra la dinámica de confrontación de rojos y azules que vinimos a combatir si nos convertimos en azules?".

Todas esas frases resumen bien la situación y especialmente la última. Cuando han pasado apenas cuatro años y medio desde su eclosión, los dos jóvenes partidos, Podemos y Ciudadanos, que llegaban a la vida pública española para sustituir —según ellos mismos— a las dos viejas formaciones de la transición —PSOE y PP—, las urnas de los pasados 28 de abril y 26 de mayo y las negociaciones y pactos tras las últimas han convertido en buena medida a los presuntos sorpassantes en poco más que satélites de los respectivos partidos a los que querían sustituir. Podemos ha dejado de disputar la hegemonía de la izquierda y ha pasado a girar casi a la fuerza —a la fuerza de sus pinchazos electorales— en la órbita del PSOE, al que pide insistentemente entrar con asientos en el Gobierno, quizás pensando Pablo Iglesias que así tendrá algún día una nueva oportunidad de recuperación y remontada, y Ciudadanos... Lo de Ciudadanos es menos comprensible.

Tanto las urnas de abril como las de mayo le dieron al partido de Albert Rivera las llaves de muchos Gobiernos. De modo incomprensible, su líder tiró prácticamente todas aquellas llaves que giraban a la izquierda y ha usado con escaso beneficio propio las que lo hacen hacia la derecha y la extrema derecha. Y así, en vez de rematarlo, ha reforzado al partido hegemónico de esa zona ideológica al que dice que quiere sustituir, el PP, y de paso se ha visto chamuscado por sus tratos con la formación ultra, Vox, lo que le está generando desconfianza en muchos ámbitos, desde sus afines liberales europeos a sus votantes más centristas. Si no ha sido capaz Rivera de batir al Partido Popular de Pablo Casado, el más débil de toda su historia, ¿será capaz de hacerlo después de ese chute magnánimo de altos cargos públicos autonómicos y municipales que le acaba de regalar la formación naranja a la formación azul? Si ahora que tenía alternativa no ha sido capaz de tender un cordón sanitario a la extrema derecha, ¿cuándo lo será?

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El 'wait and see' de Pedro Sánchez llega a su fin

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Pedro Sánchez con Pablo Iglesias en una foto de archivo.

Quizás fue durante la misma noche electoral de las generales, el pasado 28 de abril, cuando el presidente Pedro Sánchez optó por el 'wait and see'. Esperar y ver. Esperar qué hacían los demás y ver después qué hacer él. Esperar a que las elecciones municipales y autonómicas del 26 de mayo dibujaran el mapa definitivo, para los próximos cuatro años, y las expectativas de cada partido, ver después cómo se movía cada cual en las estrategias para pactar alcaldías y presidencias y gobiernos autonómicos y decidir más tarde cómo afrontar la negociación de su propia investidura como presidente.

El 'wait and see' ha durado hasta este lunes. Ahora, Pedro Sánchez ya ha visto todo lo que tenía que ver y va a pasar a la acción. Así lo han entendido al menos los asistentes a la Comisión Ejecutiva Federal del partido, en la mañana de este lunes.

La del 'wait and see' es, en el mundo empresarial, la práctica de gestión de los prudentes. A veces, también de los que dudan, de los indecisos, de los inseguros. En ocasiones, la de los cobardes. En ese ámbito, suele ser lo contrario al 'fortuna audaces iuvat' que decían los romanos. Lo contrario a las prácticas de los ejecutivos agresivos que tiene una intuición y una determinación y la ponen en marcha de inmediato aun a sabiendas de que corren graves riesgos. Sánchez a veces es audaz e incluso temerario —en la moción de censura, hace un año, por ejemplo, y le salió bien contra casi todos los pronósticos— y a veces es paciente, o prudente, o indeciso. Cobarde no parece, al menos hasta ahora.

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La calle, aún pesimista sobre la situación política

Elecciones europeas y municipales, las más cercanas a 'una persona, un voto'

Ademas de la polémica del mes -en esta ocasión, si los españoles prefieren un Gobierno en solitario del ganador de las elecciones generales, el PSOE, o un Gobierno en coalición con Unidas Podemos-, el Barómetro de mayo del CIS -publicado el jueves pasado- traía una información general muy relevante y en mi opinión poco destacada y analizada en los medios: un pesimismo dominante sobre la vida pública y un suspenso en su conjunto a la clase política, con algunos detalles novedosos que deberían preocupar no solo a los directamente señalados sino también a todos los actores de nuestro sistema de opinión pública.

En el Barómetro, que se elaboró con 2.985 entrevistas realizadas en toda España entre el 1 y el 11 de mayo -es decir, desde pocos días después de las elecciones generales del 28A recién comenzada la campaña de las europeas, locales y autonómicas del 26M-, había datos tan interesantes como estos:

Para el 51,8% de los encuestados, la situación política que se vivía esos días era igual a la de un año antes, para el 18,3% era mejor y para el 25,9% (sic, no es una errata) era peor. Significativo, pues un año antes de la encuesta vivíamos las convulsas semanas finales del Gobierno de Mariano Rajoy.

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El bipartidismo no ha vuelto, pero amaga con hacerlo

Papeletas en un colegio electoral.

Menos de cinco años después de la eclosión de los dos nuevos partidos estatales que llegaban a la vida pública española para sustituir —según ellos mismos— a las dos viejas formaciones de la transición, las urnas del pasado domingo han vuelto en gran medida las cosas a su sitio tradicional. No ha vuelto el bipartidismo, pero amaga con hacerlo. No ha vuelto el bipartidismo, pero el tetrapartidismo (y el pentapartidismo) no es ni mucho menos uniforme. Hay más partidos grandes de ámbito estatal, sí, pero de muy diversos tamaños, nada parejos.

En las elecciones europeas, donde la circunscripción es única para toda España y las oportunidades iguales para todos, el primero —el PSOE de Pedro Sánchez, con el 32,84% de los votos, récord del partido en la última década— le saca casi 23 puntos porcentuales de apoyo electoral al cuarto —Podemos-IU, con el 10,05%—, que hace tres años aspiraba a sorpassarlo, y casi 27 puntos al quinto —Vox, con un 6,25%—. Y el segundo, el PP de Pablo Casado, que desde hace un mes hasta hace pocas horas parecía moribundo, casi duplica (20,13% frente a 12,17%) al que iba a rematarlo y enterrarlo, el Ciudadanos de Albert Rivera.

La caída de Podemos está siendo casi tan acentuada y súbita como fue su auge hace muy pocos años. Nunca se ha cosechado y se ha perdido tanto apoyo popular y tanto poder institucional en tan poco tiempo. De aspirar —con fundamento— a asaltar los cielos, la formación de Pablo Iglesias ha pasado a perforar una vez tras otra su suelo, elección tras elección.

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Pedro Sánchez mira a Canarias y a Navarra

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Pedro Sánchez durante un mitin

La pregunta aún se la están haciendo no solo en el PSOE y en el Gobierno en funciones. También en el resto de los partidos políticos, estatales o nacionalistas. ¿Lo de ERC, poniendo palos en las ruedas de la estrategia de Pedro Sánchez para Cataluña –y en concreto bloqueando la semana pasada el nombramiento como senador de Miquel Iceta y su posterior elección como presidente de la Cámara Alta–, será coyuntural o estructural? Si coyuntural, solo hasta que pase el próximo domingo la jornada electoral y se resuelva la pugna en las europeas y en las municipales entre la formación de Oriol Junqueras y la de Carles Puigdemont por la hegemonía del independentismo catalán o se extenderá también hasta después de la sentencia del procés y unas hipotéticas elecciones catalanas anticipadas? Si estructural, ¿para toda la legislatura, para bloquear la legislatura y llevarnos a unas nuevas elecciones?

Por si acaso, en Moncloa se van a tomar con cierta calma y cautela los tiempos para intentar la investidura de Sánchez como presidente. Este martes se constituyen las Cámaras, con los también catalanes –como Iceta– Meritxell Batet y Manuel Cruz como presidentes del Congreso y del Senado, respectivamente, pero es improbable que se ponga en marcha de inmediato el mecanismo que establece el artículo 99 de la Constitución de consultas del rey con los representantes de los partidos para buscar un candidato a presidente.

La mayoría de los partidos no están esta semana para consultas. Antes de decidir qué le cuentan al rey, todos quieren ver cómo les va a cada uno de ellos y a sus competidores el 26 de mayo en las urnas. Quieren comprobar si tendrán alguna pieza de cambio en comunidades autónomas o en grandes ayuntamientos que les ayude a configurar pactos de investidura o de apoyo parlamentario a un hipotético Gobierno. Hay incluso quien cree que en un partido, el PP, puede abrirse una nueva crisis el domingo por la noche si los resultados son tan catastróficos como el 28 de abril pasado. "Si el PP pierde la Comunidad de Madrid, algunos dirigentes críticos con Pablo Casado pedirán su cabeza de inmediato", aventura un alto cargo socialista.

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El 26M reparte poder... dinero y empleo

El 26M reparte poder, dinero y empleo.

El domingo 26 de mayo, los principales partidos no se juegan solo el poder político de la España descentralizada. Se juegan también mucho dinero y mucho empleo: varias docenas de miles de millones de euros anuales de gestión de dinero público y muchos miles de puestos de trabajo para sus respectivos cuadros internos. Como en diciembre pasado en Andalucía, donde los socialistas perdieron el poder autonómico tras ejercerlo durante 36 años consecutivos, algunos ataques de nervios de estos días tienen poco que ver con la ideología y la visión y la misión de cada fuerza política y mucho con el pago de la nómina, para los próximos cuatro años, de los muchísimos afiliados que han encontrado o están buscando en la política su modo de vida, su sustento económico.

En términos de gestión presupuestaria, las anteriores elecciones autonómicas y locales, celebradas en mayo de 2015, fueron desastrosas para el PP y muy beneficiosas para el PSOE y para candidaturas afines a Podemos. De las 13 comunidades autónomas que celebraban comicios, el Partido Popular perdió el Gobierno en seis de las diez donde lo tenía: Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón, Baleares y Cantabria. De entre las 15 ciudades más pobladas, lo perdió en ocho de las diez que gestionaba: Madrid, Valencia, Sevilla, Palma de Mallorca, Las Palmas, Alicante, Córdoba y Valladolid. Los presupuestos de las seis comunidades mencionadas sumaban por entonces un dineral: unos 42.560 millones de euros. Los de los ocho grandes ayuntamientos, 7.551 millones más. El número de asesores y contratados a dedo que se quedaron sin puesto de trabajo es incalculable... porque ni comunidades ni ayuntamientos, cualquiera que sea su signo político, son muy dados a publicar sus datos al detalle.

La mayoría de las encuestas indican que el 26 de mayo próximo se confirmarán en las urnas las grandes tendencias de votos que se apuntaron en las elecciones generales del 28 de abril pasado, con un PSOE pujante, un PP en caída libre, un Ciudadanos rampante, un Unidas Podemos (UP) declinante y un Vox emergente. Pero de ninguna de esas tendencias se puede hacer todavía una traslación directa a la pérdida y a la toma del poder tras el 26M. En la nueva España del pentapartidismo (PSOE, PP, Ciudadanos, UP y Vox) y de un número aún mayor de partidos o coaliciones nacionalistas muy sólidos en sus respectivos territorios (ERC, JxCat, PNV, Compromís, EH Bildu, Coalición Canaria, Navarra Suma, Partido Regionalista de Cantabria...), todas las elecciones son ya a doble vuelta: una primera en las urnas con el voto de los ciudadanos y una segunda en los despachos con la negociación entre los partidos para buscar sumas -en ocasiones trasversales- que den una mayoría suficiente para una investidura.

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