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El móvil como gran hermano y otros nueve cambios profundos que trae la pandemia

La crisis sanitaria, económica y social es también una crisis cultural y de civilización que impactará en muchos campos

Apps que sitúan los casos de coronavirus sobre los mapas, ¿son legales?

EFE

La crisis sanitaria desatada prácticamente en todo el mundo por el coronavirus, más la crisis económica y social que aquella ha traído, se están convirtiendo también en una crisis cultural, quizás de cambio de era en la historia de la civilización. Estamos entrando en un periodo de cambios, algunos de ellos profundos, que afectarán al conjunto de modos de vida y de costumbres no solo de las personas, sino también de las empresas y de instituciones de todo tipo.

La pandemia empezó en China hace apenas cuatro meses, y en Occidente con mucha virulencia hace poco más de un mes, pero en tan corto periodo de tiempo ya empieza a haber focos de atención pública, o de debate e incluso de polémica, sobre algunos de esos indicios de crisis cultural, de cambio de paradigma. Por ejemplo en estos:

1. La globalización. Lo que empezó, creció y se instaló como un estadio más avanzado de internacionalización en la político, lo económico y lo social, ha de entrar ahora en otra fase: la de la colaboración, cooperación y solidaridad también global. Ha habido ya durante la pandemia muchos ejemplos de países o de instituciones o de empresas o de sectores -incluido el de la ciencia- que han colaborado e intercambiado información y ayuda. Pero se alzan voces que dicen que hay que ir mucho más allá de la colaboración ocasional y de emergencia y buscar sistemas permanentes de gobernanza global e incluso aspirar a hacer un Gobierno mundial que en muchos campos sea ejecutivo, no solo representativo. Algunas de estas voces han señalado la inoperatividad de Naciones Unidas durante la pandemia como la mejor prueba de que hay que dar esos pasos.

2. Europa. La Unión se enfrenta a un dilema histórico. Si avanza en cohesión, en financiación y solidaridad entre los estados miembros, en cerrar la brecha social de algunos de sus territorios o en acabar con el supremacismo de algunos de sus estados miembros, tendrá sentido y tendrá futuro. Si no lo hace, perderá una y otra cosa, emparedada entre esa segunda fase de la globalización por arriba y los nacionalismos y micronacionalismos por abajo.

3. El móvil como ojo de dios y gran hermano. El uso de la tecnología, del big data y de la inteligencia artificial ha sido clave para atajar la pandemia en países como China y Corea del Sur. En este último, donde se hicieron muy pronto tests aleatorios de Covid-19 entre toda la población, se está siguiendo tecnológicamente a los ciudadanos en la calle y en sus casas (GPS del teléfono, tarjetas de crédito, cámaras callejeras...), se les avisa por el móvil si han tenido contacto o cercanía con algún contagiado por el virus y se les pone en cuarentena domiciliaria, con multas de 2.500 euros a quienes no la respeten. Alguna de estas medidas ha desatado ya una polémica sobre si en situaciones como esta prevalece el derecho individual a la privacidad o el derecho colectivo a la salud pública. La polémica puede saltar también aquí en breve, con las nuevas medidas del Gobierno para la salida gradual del confinamiento. Y en el futuro inmediato, será también un debate global: ¿admitirá esa nueva sociedad angustiada por su salud la llamada vigilancia totalitaria? ¿intentarán algunos poderes utilizar la tecnología para controlar no solo la salud sino también la economía, la ideología o las emociones de sus administrados? ¿lo permitirán estos?

4. La eutanasia generacional. Hasta ahora, el cambio generacional se hacía por lo general de modo gradual en todos los ámbitos: las familias, las empresas, las instituciones... La pandemia y las medidas que se tomen para salir de ella, probablemente por tramos de edad, pueden provocar un cambio generacional brusco y generalizado que convierta a los mayores de equis años (60, 62, 65... lo que digan las estadísticas sanitarias) que aún estaban activos en tercera edad inactiva y confinada de modo casi permanente en sus casas. Estaríamos ante una especia de eutanasia generacional que se les aplicaría a los afectados "por su bien" y que desataría una encarnizada pugna en las siguiente generaciones por ocupar las mejores posiciones recién desalojadas.

5. La empresa y el empleo. Es previsible que también aquí haya grandes cambios. Habrá más teletrabajo, más videoconferencias y reuniones virtuales, más autónomos... Y menos viajes de trabajo y eventos corporativos, menos metros cuadrados de oficinas, menos trabajadores de nómina. Algunos sectores económicos tendrán que trasformarse radicalmente o se verán abocados a la desaparición.

6. La travelfobia. Los viajes, y especialmente los de turismo, ya han sufrido en las últimas semanas un desplome sideral. Es previsible que cuando se ataje la crisis sanitaria se recuperen y que a medio plazo vuelvan a acercarse a los volúmenes de antes de la pandemia. Pero también es probable que entre parte de la población -por ejemplo, entre los de mayor edad, de grado o a la fuerza- surja un mal nuevo: el miedo a viajar, la travelfobia.

7. Las políticas públicas. La mano invisible del mercado -uno de los principios fundacionales del liberalismo- está siendo en esta crisis tan invisible como inexistente. La mayoría de los Gobiernos, de cualquier signo ideológico, intentan atajarla con recetas de políticas públicas de corte socialdemócrata. A veces, se encuentran maniatados por los recortes del pasado de los que propugnaban más mercado y menos Estado. Está por ver, sin embargo, si en el futuro, cuando todo se haya normalizado, seguirán esos Gobiernos reforzando los servicios esenciales del Estado del bienestar, y entre ellos el de la sanidad, o volverán de nuevo al neoliberalismo y los recortes. Dependerá mucho de cuál sea el mapa social final que dibuje la 'postguerra'.

8. Las noticias falsas. En los últimos años, ya habíamos tenido precedentes graves -la mayoría durante procesos electorales- en diversos puntos del planeta. Ahora, con la pandemia, las fake news se han generalizado en algunos países, entre ellos España, y no se le ve una solución fácil al problema. Si el nuevo mundo que viene es un mundo de desinformación, medias verdades, falsedades y manipulación, con certeza será un mundo poco o nada democrático.

9. La vida social. La imagen de las ciudades estos días, casi vacías y con los pocos transeúntes dispersos y protegidos con mascarillas y guantes, durará pocas semanas. Pero detalles como el uso de mascarillas o el mantenerse siempre a dos metros de la persona más cercana o como el de saludarse sin contacto físico alguno probablemente han venido para quedarse. El hombre es un ser social por naturaleza, por lo general tiene poco de ermitaño, pero traumas colectivos tan fuertes como el que se está produciendo estas semanas, con miles de fallecimientos y cientos de miles de enfermos, hará que una parte de la población mantenga sus nuevas costumbres de pocas y distantes relaciones sociales de por vida.

10. La vida personal. Nunca el 'mi casa es mi castillo' y el 'hogar, dulce hogar' habían tenido tanto sentido como ahora. Todos nos hemos vuelto hogareños y familiares de pronto, con lo que ello implica en las relaciones de pareja, con los hijos, con los padres, con los vecinos... ¿Y en el futuro? ¿Cómo afectarán todos estos grandes cambios anteriores a nuestra vida personal? ¿Seremos mejores personas? ¿Y más felices?

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