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Entrevista a Antonio Orejudo sobre aguiluchos y educación

Soy poco partidario de prohibir. Y menos aún de prohibir ideas, banderas, palabras o dibujitos. El pensamiento no delinque. Delinquen los individuos que cometen acciones.

Pregunta. Las fotos de los miembros de Nuevas Generaciones, la exposición de símbolos nazis en Quijorna, la agresión de Blanquerna... Todo eso, en España. En Europa: el auge (y caída) del Amanecer Dorado griego, la persecución de los gitanos en Hungría y Francia... ¿Usted, como especialista en movimientos de extrema derecha, cree que hay resurgimiento del fascismo?

Respuesta. No, no. Yo no soy especialista en movimientos de extrema derecha, pero leo los periódicos y sé por las noticias que sí, que el nacionalismo exacerbado, el odio a la democracia, la criminalización del pobre y el rechazo de la solidaridad son tres reacciones extremas provocadas por el deterioro económico. El fenómeno no nos puede pillar por sorpresa. Estas cosas ya han sucedido antes en la historia de España y de Europa con resultados bastante trágicos. El cuerpo nos pide no darles demasiada importancia. Pero una de las razones del éxito de Hitler fue que durante mucho tiempo mucha gente dentro y fuera de Alemania pensó que era un payaso.

P. ¿Por qué se producen estás reacciones extremas desde la derecha y no desde la izquierda? Que se sepa, no han resucitado los FRAP o los GRAPO. Y en Europa, nada que recuerde a la Baader Meinhof de Alemania o a las Brigadas Rojas de Italia.

R. No tengo ni idea, eso debería preguntárselo a un sociólogo. Puede ser que la izquierda partidaria de la violencia como herramienta de transformación social también esté, como el resto, sumida en un profundo estupor. La extrema derecha por el contrario siempre ha tenido las ideas más claras: las cosas se solucionan a hostias.

P. Centrémonos en España. ¿Se debería prohibir la exhibición de simbología franquista o nazi?

R. Soy poco partidario de prohibir. Y menos aún de prohibir ideas, banderas, palabras o dibujitos. El pensamiento no delinque. Delinquen los individuos que cometen acciones. Si alguien mata inspirado por la florida retórica de otro, además de ser un asesino es un gilipollas, y habría que condenarlo dos veces.

P. Pero las palabras pueden alentar, fomentar una actitud antisocial, hacer pasar por aceptables comportamientos que no lo son.

R. Sí, esa idea está muy extendida. Pero bajo esa idea subyace otra que me repugna: la idea de que la gente es imbécil y que por lo tanto hay que tutelar y censurar los estímulos ideológicos que llegan a ella, no vaya a ser que se pervierta. Yo no tendría ningún inconveniente en que mis tiernos hijos asistieran a una convención de exterminadores nazis. Estoy seguro de que no comprarían ningún pin.

P. Porque usted los habrá educado en una serie valores, les habrá proporcionado una serie de herramientas analíticas, incluso les habrá enseñado historia...

R. Sí, por desgracia su madre y yo hemos tenido que hacer eso porque los pobres van a un maltratado instituto público. Pero soy consciente de que muchas familias no tienen ni tiempo ni medios para hacer lo mismo. Por eso es tan importante la escuela pública. En los países que han logrado superar la Edad Media, las lecciones de historia y las normas de convivencia civil se aprenden ahí. Para contrarrestar la demagogia, la escuela pública es una herramienta más eficaz que la prohibición de cruces gamadas y aguiluchos.

P. ¿Usted cree que la escuela pública es hoy una herramienta de algo?

R. Claro que sí. Incluso en el lamentable estado en que se encuentra. Por eso el PP no parará hasta liquidarla. Lo hace por las mismas razones por las que durante la Guerra Civil los del aguilucho se liaron a fusilar maestros. Había que destruir como fuera la instrucción pública, que estaba siendo muy eficaz y acabaría siendo muy dañina para sus intereses. El ministro Wert no llegará nunca a ese extremo, pero su política incruenta está consiguiendo los mismos efectos.

P. Le acusarán de comparar la política de Wert con el fusilamiento de maestros...

R. Ah, ¿sí? Pues he dicho justo lo contrario: que Wert nunca haría eso. Pero es evidente que la línea ideológica de su política contra la escuela pública viene del franquismo. Y no solo la línea ideológica de Wert: muchos cargos actuales y muchos privilegios económicos fueron otorgados por Franco. Y también muchos títulos de propiedad. ¿Que por qué el PP no termina de condenar inequívocamente el aguilucho? ¡Hombre, por favor! A nadie le gusta reconocer que el tipo que te lo ha dado todo (o que se lo dio a tu padre o a tu abuelo) es un criminal de guerra.


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