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Alexis Marí

Diputado en las Corts Valencianes en la 9ª legislatura.

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La "delgada" línea roja de Delgado

¿Recuerdan ustedes al inspector Renault? El inspector de la película Casablanca, esa obra de arte, una de las mejores películas de la historia del cine. Una de las escenas más sarcásticas del cine, con aquel policía que reclama con gritos a sus subordinados para cerrar el local de Rick. ¡Qué escándalo, aquí se juega!, responde cuando le preguntan por la razón de la clausura mientras un empleado del local le entrega un sobre diciéndole “aquí están sus ganancias de esta noche”. Es de un cinismo espantoso sino es porque uno está metido en la película y vislumbra desde el principio los principios (valga la redundancia) de tal personaje. Pues eso es lo que se me ha venido a la cabeza día tras día con la semana que nos han regalado los medios de comunicación social con el asunto del nombramiento de Dolores Delgado como candidata a Fiscal General del Estado a propuesta del nuevo Gobierno de España.

Que Dolores Delgado cumple con un perfil profesional destacado no lo duda ni la derecha más rancia. Que es una mujer capaz de asumir cualquier tipo de responsabilidad ejecutiva, tampoco está en duda, lo ha hecho antes. Los resultados por lo que comentan juristas de todos los colores han sido óptimos. ¿Dónde está el problema pues? Pues nada más y nada menos que su trabajo anterior era ser Ministra de Justicia del Gobierno español. Y eso para algunos es legal, pero no moral, es legitimo, pero no “estético”. Bien, pudiera serlo, pero desde mi punto de vista estarían “autorizados” a pensar mal, a considerar que es un nombramiento conflictivo y poco coherente con el fin último de dar al menos la sensación a la ciudadanía de despolitización de la Justicia aquellos que nunca antes realizaron un nombramiento o propuesta para el CGPJ, para el TS, para el TC y para los distintos tribunales superiores de Justicia de las distintas comunidades autónomas. ¿Quién está libre de ese pecado? Que levante la mano y tire la primera piedra. Todos y digo todos los grupos parlamentarios que conozco han votado para la elección de personas que iban a conducir el rumbo de la justicia, que iban a tomar decisiones que en parte también podrían afectar a acciones de esos votantes, de esos que pulsan un botón o introducen una papeleta con el nombre de un letrado o una letrada (o juez o jueza) en una urna en un parlamento nacional o autonómico. No les pongo ejemplos para evitar más sonrojo a aquellos que se levantan como bastión de la imparcialidad en la Justicia.

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Juramento y promesa a la libertad

Hace unos días leí con atención la reflexión de un buen amigo del Partido Popular acerca de los juramentos a la hora de tomar posesión de un cargo público,

Pongo un ejemplo para aquellos alarmistas que vaticinan que el mundo se acaba salvo que se jure por la sacrosanta Constitución Española y Su Majestad el Rey. Pongo el mejor ejemplo. El mío propio cuando tomé posesión como miembro de la Guardia Civil ¿Cómo se puede hacer jurar ante el Rey a un personaje como yo, republicano convencido desde que tengo uso de razón, de que uno tiene que jurar o prometer ante una figura institucional en la que no cree? ¿He defendido peor los intereses de los ciudadanos a los que he cuidado y protegido? ¿Mejor o peor que un votante del Partido Popular, Compromís o Psoe? ¿He realizado peores servicios públicos de auxilio y de servicios humanitarios? Ya les digo yo que no. Por los premios y menciones que recibí, que estoy seguro que fueron más de los realmente merecidos, sé que no. Y al igual que yo, otros muchos compañeros que no se consideraban monárquicos y debían jurar y gritar con un “Viva al Rey” en su acto de jura de bandera o recepción de despacho (cuando uno ya es nombrado GC profesional en acto público).

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