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Alfons Puncel

Subsecretario de Transparencia, Responsabilidad Social, Participación y Cooperación

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La solución tecnológica

Si algo he aprendido en los cuatro años de legislatura en mi posición de subsecretario es que existen determinadas competencias que, por su impacto en el funcionamiento de la administración, se convierten en elementos condicionantes que impulsan o frenan otras políticas.

Entre las funciones transversales de la gestión de la Generalitat está la política tecnológica junto a la política de comunicación, la transparencia, el manejo y la dirección del sector público instrumental, la gestión de la función pública y, obviamente, la gestión presupuestaria, competencias que merecen una atención especial puesto que todas estas áreas afectan directamente a la capacidad de gestión del resto de departamentos y servicios de la administración autonómica. En estos cuatro años de legislatura pasada, en muchas de estas competencias y particularmente en materia tecnológica, ha sobrado voluntarismo y ha faltado gestión. Las buenas ideas o los grandes proyectos sin gestión eficiente resultan un brindis al sol que, lamentablemente, de tanto mirar te deja ciego.

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La insoportable levedad de un abstencionista en tiempo de elecciones

Ante unas elecciones hay un grupo de personas que se sitúan en una posición de debate existencialista, dubitativo, quedando atrapados en el círculo vicioso de preguntas y respuestas que les lleva a tener más dudas. Un círculo infinito que les lleva a la conclusión de quedarse quietos. Parecieran un personaje de Kundera en su obra cumbre, afirmando aquello de "El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores" que es una forma más sofisticada del argumento “Nada se puede hacer, todos son iguales, estamos en manos de poderes ingobernables”. Pero eso es porque no ha escuchado a Mónica Oltra.

Con esa actitud lo único que consiguen es que otros tomen decisiones por ellos en base a sus propios intereses, en ocasiones radicalmente contrarios a sus propios intereses personales. Dudar es bueno si te lleva a tomar decisiones de las que te hacen mejorar y te hacen aprender, pero si la duda solo te lleva a permanecer igual, en un estado de queja permanente, entonces se convierten en personajes de la novela. Relativizando los hechos, todo se vuelve casual, fugaz, sin ninguna responsabilidad por parte del propio sujeto que queda en manos de poderes incontrolables. Una actitud que les permite disfrutar de su queja porque es lo único absoluto, rotundo y seguro. Pero la vida pasa y vivimos en sociedad en la que unos pierden, la mayoría, y otros ganan, unos pocos, pero en la que existen fórmulas para que la cosa se revierta. Ante esta afirmación, el abstencionista en lugar de reflexionar opta por negarla simplemente para seguir quejándose, disfrutando de su levedad, creyendo que su posición, en lo alto de su columna, como San Simeón el Estilita, por cierto inventor del cilicio, le otorga una altura de miras, una distancia de superioridad moral. Pero la política ofrece (ciertamente las ofrece) alternativas que, sin ser perfectas, pueden servir para hacer aquello que ayuda en un sentido u otro según los intereses de cada cual. La política es una de las actividades más nobles a las que se puede dedicar una persona, al igual que todas aquellas actividades humanas de dedicación a los demás, pero la política es un instrumento y como toda herramienta adopta la forma de la mano de la persona que la usa. Un martillo en manos de Abascal es un arma mortal (incluso un cenicero o una maceta por lo que dijo) mientras que para mí es un instrumento para colgar cuadros. Así, no puede ser lo mismo el uso de la política para quien ha robado aprovechando su posición, que para quien se autoimpone medidas para controlar que eso no suceda. No es el mismo uso de la política para quien recorta inversiones, que para aquella que invierte eficientemente logrando los objetivos con un menor gasto. No hace el mismo uso de esa herramienta (la política) para quien accede a ella desde una actividad profesional ajena a la política, de acción social o desde las bases de la militancia, o de todas ellas a la vez, que para quien se ha aupado a posiciones de responsabilidad con la finalidad de incrementar los ingresos de sus negocios o con la idea de convertirla en su propio negocio. Definitivamente, no es lo mismo.

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Un pueblo en la encrucijada

Mohamed Jedu es un niño de cinco años que habla árabe, entiende el francés y entiende el castellano. Con toda probabilidad lo hablará con fluidez cuando tenga unos años más. Jedu es niño que nació y vive en uno de los campamentos saharuis que, desde hace cuarenta años, permite sobrevivir a los ciudadanos saharauis que fueron desplazados por Marruecos tras la firma del Acuerdo Tripartito y la invasión marroquí del Sahara Occidental con la aquiescencia de España y Francia. Cuarenta años en los que la población saharui reconocida ha pasado de 70.000 personas a casi 300.000, más de la mitad de las cuales viven en los campamentos de refugiados, en medio del desierto y gracias a la ayuda internacional, año a año, más precaria.

He podido pasar el fin de año conviviendo con una familia de refugiados saharuis en los campamentos del sur de Tinduf y he podido comprobar, como sus necesidades humanitarias están cubiertas así como sus necesidades básicas en educación infantil y sanidad. Sus problemas perentorios, a pesar de las condiciones y de las recientes lluvias torrenciales que han destruido lo poco que tenían, ya no son de supervivencia sino de tener un proyecto de vida para sus jóvenes que no quieren estar otros cuarenta años vivienda de la solidaridad internacional. Son jóvenes con formación académica, que hablan varios idiomas y que viven en un mundo globalizado al que acceden de manera habitual gracias a internet y la redes sociales pero que no tienen un proyecto vital al que aferrarse, ni han tenido la experiencia directa de la guerra de ahí que la puedan mitificar. Mohamed Jedu es un niño que se convertirá en un joven sin más opción que resistir y vivir de la solidaridad si no se adoptan medidas que pasan, necesariamente, por un cambio en la política por parte del Estado español que tiene, según el derecho internacional, la responsabilidad de administrar este territorio hasta su definitiva descolonización.

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