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Elisa G. McCausland

Viñetas y cultura popular: Los mundos de Pura Campos

Una de mis compañeras de trabajo se llama Esther, gracias a la influencia que tuvo sobre su madre el personaje de cómic dibujado a lo largo de dos décadas por Pura Campos. No creo que haya una anécdota más cercana para dejarme claro hasta qué punto la creación en 1971 de Campos y el guionista británico Philip Douglas Esther y su mundo influyó en varias generaciones de niñas y adolescentes españolas. En su momento de mayor éxito, las aventuras cotidianas de Esther llegaron a cientos de miles de lectoras –y lectores– europeos, poniendo de manifiesto el potencial de la cultura popular para subvertir el mundo que nos rodea: editadas en principio como Patty’s World, pues las historietas de Douglas y Campos tuvieron como objetivo inicial al público británico, su impacto particular desde 1974 entre las adolescentes españolas ya con el nombre de Esther Lucas en las páginas de la revista Lily, se debió a que sus planteamientos argumentales y estéticos chocaban de frente con la rancia atmósfera cultural del tardofranquismo, ampliando los horizontes de los imaginarios costumbristas con los que las lectoras estaban familiarizadas. El hechizo popular de Esther y su mundo pasó además por debajo del radar oficialista de la época, al tratarse de una historieta para chicas y al carecer el cómic por aquel entonces de legitimidad para la esfera intelectual y mediática.

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'Maléfica', una vergüenza para las fuerzas del Mal

Decía G.K. Chesterton que "los cuentos de hadas superan a la realidad, no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos". En tiempos de villanas como la Maléfica que llegó el pasado viernes 30 de mayo a nuestros cines, tan aburguesada que trae consigo bajo las alas muñecas de edición limitada, esta cita del escritor y periodista británico bien podría mutar en otra, menos inspiradora, quizás, pero más adecuada a la lógica de mercado que tanto motiva a la todopoderosa Disney, productora de la película interpretada por Angelina Jolie: si los cuentos de hadas han dejado hoy por hoy de superar a la realidad, es porque nos dicen que los dragones, o sea, las villanas, se pueden comprar y vender.

Esta nueva versión Disney del clásico animado La bella durmiente (1959) nos hace preguntarnos en primer lugar, como en el caso de la exitosa Alicia en el País de las Maravillas (1951/2010), si el punto de vista más "oscuro" y "adulto" que aduce ya desde su frase promocional —precisamente, "no creas en los cuentos de hadas"— es real, o solo otra estrategia de maquillaje. La propia película no nos permitió antes del estreno despejar todas las incógnitas, pues, al menos en España, Disney no mostró al grueso de la prensa sino sus veinte minutos más espectaculares, profusos en efectos digitales y escenarios de ensueño, haciendo del mensajero poco más que un publicista; y solo veinticuatro horas antes del estreno se organizó un pase de prensa en condiciones, pero con cabida para muy pocos críticos.

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