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J. Ignacio Conde Ruiz

José Ignacio Conde-Ruiz es Doctor en Economía por la Universidad Carlos III de Madrid (con Premio Extraordinario), Profesor Titular de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Complutense de Madrid, y sub-director de FEDEA. A propuesta del Ministerio de Trabajo y de la Seguridad Social ha formado parte del Comité de Expertos encargado de desarrollar el Factor de Sostenibilidad de las pensiones en 2013. También ha trabajado en la Oficina Económica del Presidente del Gobierno como Director General de Política Económica (2008-2010) y como Consultor Externo del Banco Mundial. Ha realizado trabajos de investigación y docencia en la Universitat Autònoma de Barcelona, en el European University Institute de Florencia, en la Università Bocconi en Milán y en la Universitat Pompeu Fabra. Es editor del blog Nadaesgratis y recientemente ha escrito el libro ¿Qué será de mi pensión? (Península, Planeta)

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Los retos de la Nueva Economía Digital

La cuarta revolución industrial a la que asistimos, que se caracteriza por un modelo de desarrollo centrado en los datos transformados en conocimiento, como las anteriores, mejora los procesos productivos y la vida de los ciudadanos. 

Esta transformación tecnológica fundamentada en la información como principal activo y habilitada por la conectividad global permite hablar de economía digital, cada vez más presente en todos los sectores productivos y plantea nuevos retos desde el punto de vista de la política económica. 

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Lo que la victoria de Trump esconde

La Victoria de Trump no es un hecho aislado, o un fenómeno extraño. En Europa estamos asistiendo a fenómenos parecidos: el Brexit, la aparición de partidos mayoritarios de extrema derecha en muchos países… Aunque nos parezca un personaje deleznable, la realidad es que Donald Trump se va a convertir en el 45º Presidente de los EEUU. Lo mejor que podemos hacer es entender por qué ese discurso rancio y mentiroso ha sido capaz de convencer a más de 50 millones de norteamericanos, para evitar que estos fenómenos acaben trasladándose a Europa.

Estamos ante una revolución o un cambio de modelo económico, que afortunadamente, hasta la fecha se está manifestando en las urnas y no en enfrentamientos sociales. El cambio hacia la economía digital (o la llamada cuarta revolución industrial) y la globalización económica generan muchos efectos positivos sobre el crecimiento y el bienestar en su conjunto. No obstante, no podemos obviar que también están generando un fuerte aumento de la desigualdad de la renta, donde al igual que sucedió en otras revoluciones industriales, hay muchos trabajadores que se están viendo desplazados de sus puestos de trabajo tradicionales. Mucha gente siente angustia e inseguridad ante el futuro, no saben cómo va a devenir su vida, en que podrán trabajar y cuáles serán sus medios de subsistencia. Ven cómo la tecnología va reemplazando muchos trabajos que antes hacían ellos, y que la supervivencia implica trabajar más por menos para poder competir en una economía cada vez más globalizada. Al mismo tiempo, los gobiernos y las instituciones que se supone deberían protegerles y ofrecerles la seguridad que calmará sus miedos, no están siendo capaces de ofrecer respuestas rigurosas o soluciones efectivas. Si a esto le unimos que en muchos casos los votantes tienen la percepción de que les están robando a través de los casos de corrupción, parece lógico que una parte de la ciudadanía desconfíe de la clase política tradicional, que parece preocuparse únicamente de su propia supervivencia.

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Mala política para las pensiones

Tan pronto llegan las elecciones, las pensiones se convierten en el primer arma arrojadiza entre los distintos partidos políticos. Y es que nadie es ajeno a las pensiones, unos porque las están percibiendo ya y otros porque aspiran a hacerlo. Sea como fuere, en cada comicio ocurre lo mismo.

Nuestra Seguridad Social está en fase de adaptación a una nueva realidad demográfica, pues no podemos olvidar que España será el país más envejecido de Europa en unas pocas décadas. Otro día me centrare en los retos de las pensiones en el medio y largo plazo. Hoy quiero hablar de los problemas coyunturales del sistema de pensiones y en por qué a pesar de la recuperación económica, esta no ha llegado al presupuesto de la Seguridad Social.

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La desigualdad de la renta durante la crisis

En tiempos de crisis el aumento en la desigualdad se posiciona en el corazón del debate público. En muchos casos, cuando la economía crece, pese a que el nivel de desigualdad aumente, la renta media de prácticamente todos los individuos también lo hace; percibiéndose frecuentemente el aumento de las diferencias en renta como una consecuencia del propio proceso de crecimiento. Adopta así el incremento de la desigualdad tintes casi meritocráticos, apelando a diferencias de esfuerzo, educación o motivación como importantes fuentes de dicho fenómeno. Por el contrario, en épocas de crisis económica, el aumento de la desigualad de la renta suele disparar la alarma social y asociarse a una asignación injusta de los recursos.

En este artículo vamos a hablar, dato en mano, de las tendencias de la desigualdad en España desde la crisis. No vamos a entrar en el interesante debate de las distintas formas de medición de la desigualdad o su verosimilitud para casos individuales, nos centramos en los indicadores y las fuentes más consultadas y, para poner la cifra española en perspectiva, nos comparamos con varios países vecinos.   

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¿Cómo son los 'techos de cristal' en España?

En los últimos tres artículos de esta serie sobre género hemos hablado de desigualdad en participación laboral, en condiciones laborales y sobre como el mayor nivel educativo de las mujeres hace que no podamos considerar que esta sea la causa de tales brechas. En este artículo vamos a recopilar toda una serie de gráficos sobre el porcentaje de mujeres en los puestos más altos de su carrera profesional, incluyendo distintas instituciones, áreas del sector público y empresas cotizadas. Es decir, vamos a analizar de forma visual si existen o no 'techos de cristal' que coarten asimétricamente el desarrollo profesional de las mujeres. También incluiremos comparativas con Europa, para tratar de reflejar la posición de España en el entorno europeo.

En primer lugar, vamos a mostrar un gráfico con el porcentaje de mujeres en los puestos más altos de distintas instituciones españolas. Ni el poder ejecutivo, sea a nivel regional o central, ni el poder legislativo, ni el judicial tienen paridad de género. Tampoco la representación exterior o la ejecutiva de nuestro banco central. En general, se observa una mayor representación en aquellas instituciones con mayor visibilidad pública como el Congreso (36% de mujeres) y el Consejo de Ministros (30%) y especialmente bajo en el número de embajadoras (un 11% aproximadamente).

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Diferencias de género en Educación

En las dos últimas entradas hemos analizado la brecha de género en el mercado laboral, tanto a nivel de  participación laboral como de condiciones laborales. En este artículo nos vamos a centrar en cómo son las diferencias en términos educativos. Ya en 1998 el porcentaje de mujeres entre 25 y 50 años con estudios universitarios superó la proporción de hombres con dicho nivel educativo. Actualmente, el 42% de las mujeres entre estas edades ha completado estudios terciarios, frente a un 35% de los hombres (y la brecha continúa aumentando).

Antes de nada, es bueno contextualizar el sistema de educación español en comparación con otras economías europeas. En España tenemos un panorama educativo dominado por la dualidad (forma de “reloj de arena”). Por un lado, el número de personas  que no llega a completar Bachillerato o una FP de grado medio (es decir, aquellas que no tienen educación secundaria superior) es altísimo (44,5%), muy por encima de la media de la UE-15 (29,6%) y a años luz de Alemania (19,7%).  Paralelamente, el número de personas que completan estudios universitarios es relativamente alto (31,7%), superior a la media de la UE-15 (27,3%) y a países como Francia, Alemania o Italia. En otras palabras: en un número muy alto de casos o bien no se hace Bachillerato o FP o bien se hace y después se pasa directamente a completar estudios universitarios, siendo relativamente pocas las personas que dejan de estudiar al nivel de la secundaria superior. Esta dualidad se mantiene tanto en hombres como en mujeres.

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Así es la brecha de género en las condiciones laborales

Desgraciadamente, la desigualdad de género afecta no solo a la decisión de trabajar ( que analizamos la semana pasada), sino también a las condiciones laborales y el desarrollo profesional.

En primer lugar, encontramos diferencias de género en las perspectivas de encontrar empleo, tal y como refleja la brecha de género en la tasa de paro. Tradicionalmente, España ha sido un país con una elevada tasa de paro y grandes diferencias en la misma entre hombres y mujeres. En el año 2000, la tasa de desempleo de los hombres en España era del 9,5%, mientras que la de las mujeres era del 20,4%, es decir 10,9 puntos porcentuales (pp) de diferencia. Este nivel de desigualdad era muy superior al de Alemania (-0,6 pp), Francia (-3,6 pp) e incluso Italia (-6,5 pp).

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Brecha de género en la participación laboral

El debate sobre desigualdad de género tiende a basarse en una mezcla de experiencias concretas, aportaciones ideológicas y acontecimientos esporádicos, algo que, si bien aporta una visión importante del fenómeno, en muchos casos dificulta la elaboración de un análisis completo que nos marque una hoja de ruta hacia la igualdad de oportunidades.

En las próximas semanas vamos a publicar en eldiario.es una serie de artículos con datos y reflexiones sobre distintas dimensiones de la desigualdad de género, tratando de formar una pequeña panorámica general a partir de fotos individuales. En este caso, vamos a comenzar hablando de las diferencias de género en la participación laboral.

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A favor de las cuotas para las mujeres

En todos los países desarrollados, las mujeres alcanzan niveles educativos superiores a los hombres. En España, por ejemplo, las generaciones de las mujeres que hoy tienen menos de 50 están más educadas que los varones de su misma edad. A nivel europeo las mujeres también representan el 60% de todos los trabajadores con estudios superiores y el 45% del empleo total. Pero cuando miramos a los puestos de dirección parece que existiera un 'techo de cristal' que impidiera a las mujeres el acceso a puestos de mayor responsabilidad. En España, las mujeres representan menos del 10% de los embajadores, menos del 14% de los jueces del Tribunal Supremo, menos del 30% de los ministros, menos del 20% de los catedráticos, y así podríamos seguir enumerando multitud de profesiones…

Como no podía ser de otra manera, en el sector privado sucede exactamente lo mismo. En los consejos de administración de las grandes corporaciones europeas que cotizan en bolsa, los últimos datos hablan de un escaso 18,6% de presencia femenina en media. Sin embargo, las diferencias entre países resultan muy significativas: mientras en Francia o Finlandia las mujeres alcanzan un 30% de los puestos en los consejos de administración, en países como Irlanda o Portugal no llegan ni al 10%. España también se sitúa por debajo de la media europea con un 15,1%. Mención especial merece Noruega, el único país europeo (aunque no de la UE) donde la presencia de mujeres alcanza el 40%.

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Productividad abandonada

Se acercan las elecciones y, con ellas, resurgen debates olvidados. Se vuelve a hablar de modelo productivo, de cambio estructural, de productividad. Pero, ¿qué es la productividad? Podemos definirla de forma simple como una medida de la eficiencia en la producción. La productividad se refiere de esta forma a la cantidad de producto final (output) que podemos producir dada una determinada cantidad de inputs. Habitualmente en una economía asumimos que los inputs son el trabajo y el capital, es decir, que podemos crecer aumentando la cantidad de trabajo, aumentando la cantidad de capital o aumentando la productividad. El objetivo de este artículo es ver qué ha ocurrido con la productividad en España.

La primera medida de productividad que se suele usar es la llamada productividad del trabajo, que no es otra cosa que la producción por trabajador o, visto de forma un poco más refinada, la productividad por hora trabajada. Se calcula simplemente dividiendo la producción total (el PIB) entre las horas totales trabajadas. Pues bien, desde el año 1995 hasta el inicio de la crisis no ha subido apenas la productividad por hora en España, y se ha producido una gran divergencia con respecto a otras economías avanzadas. Entre 1995 y 2007, la productividad francesa subió un 23%, la alemana un 22% y la española un 3%.

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