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Magda R. Brox

Periodista de la Universitat de València. Centre Cultural La Nau.

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"La meditación actualiza el 'software' de nuestro cerebro"

Vicente Simón (Valencia, 1946) es catedrático de Psicobiología de la Universitat de València, psiquiatra y doctor en Medicina. Es un precursor en introducir el mindfulness (o atención plena) en España. Empezó a interesarse por la conducta en el Departamento de Fisiología de la Universidad del Ruhr (Alemania) y desde hace más de 30 años se dedica al estudio de la consciencia y a la práctica de la meditación. Actualmente es un referente en este ámbito. Ha publicado varios libros sobre el tema y ha participado en cursos y retiros. Además es miembro fundador de la Asociación Española de Mindfulness y académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana.

¿Qué es exactamente mindfulness?

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Carta de una nulípara

Soy nulípara, o lo que es lo mismo, soy una mujer sin descendencia. Afortunadamente este término que me suena a ave (ovíparas) no resulta habitual. Lo de nulípara proviene del latín: nullus (ninguno) y parere (parir, dar a luz, engendrar) y como la expresión “No madre” construyen la identidad de la mujer desde la negación. Esa fórmula de nombrar o de pertenencia a una “realidad” desde la denegación no me gusta, vaya por delante.

No es la única cuestión que no me gusta y, probablemente conmigo coincidirá un colectivo cada vez mayor: casi un 30% de las mujeres nacidas en la década de los 70 no tiene hijos, según se recoge en el libro ‘No madre. Mujeres sin hijos contra los tópicos’ de la periodista María Fernández-Miranda.

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La mala fama de la invisibilidad

Tengo un amigo que dibuja como los ángeles, pero ha decidido guardar sus viñetas en un cajón. Por su estilo y calidad, sus cómics se asemejan a los de Frank Miller y no exagero cuando digo que podrían merecer un Premio Nacional. Cuando los descubrí fortuitamente, como quien se deslumbra al encontrar un tesoro, no pude evitar fotografiarlos y consultar mi impresión con personas entendidas que pronto se interesaron por el artista anónimo.

Este episodio me ha hecho regresar a personas que voluntariamente han decidido ser anónimas para ser felices. Curiosamente esto resulta complejo porque vivimos en sociedades obsesionadas con la visibilidad y el triunfo. Cada vez es más habitual encontrarme a adolescentes que aprovechan los jardines del Turia para retratarse en reportajes fotográficos que previsiblemente compartirán en redes sociales. Ser feliz y ser visible parecen ir de la mano en un mundo erigido emocionalmente sobre la dictadura del like.

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Mafalda y la medicina preventiva

Para mí nunca antes había supuesto un dilema saber. Por encima de todo siempre he querido tener información. Cuanta más y más rigurosa mejor. Como periodista me viene de serie. También fui una niña que en ese sentido se parecía a Mafalda. Preguntaba demasiado. Ahora, y eso me aterra, me he dado cuenta que con lo de saber tengo un dilema. Y me imagino al personaje de Quino preguntándose qué haría, y enfadándose con cualquier de las decisiones tomadas. El dilema es a cuenta de la tan de moda medicina preventiva, o lo que es lo mismo, el conocimiento precoz de las enfermedades que vendrán.

Me alegra empezar el domingo leyendo un nuevo avance acerca de la batalla contra el cáncer.  Se trata de una investigadora que está desarrollando un método de detección del cáncer de colón a través de un análisis de sangre. Mediante esta prueba el paciente podría saber si desarrollará un tumor maligno con 10 o 15 años de antelación. Me entran unas ganas irrefrenables de contactar con esta investigadora. E incluso busco en Internet el nombre de la start-up española para felicitarle por tal hallazgo.

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Contra la ley de la gravedad

Durante un tiempo, quizá demasiado, confundí el amor con muchas cosas. Con la chispa de cada mañana, con las mariposas en el estómago, con el olor que dejó en mí, con la admiración devota hacia el ser que te acompaña, con el erotismo sutil, con las enloquecidas peripecias juveniles, con la pasión que te asalta en la noche, con el movimiento acompasado de unos muslos, con la galería privada de los sueños, con la magia de un cuerpo, con un estilo de vida, con el poder de unas palabras… Durante mucho tiempo, quizá demasiado, supe desear y no supe amar.

Eso lo digo ahora. Tras las experiencias vividas desde la mitad de una existencia. Es la vida. No hay libro de instrucciones. Pero a veces pasa que una se detiene. Y ve lo que sucede en carne propia con la distancia casi ajena que confiere el ejercicio de retroceder. Es como si te sentaras en un patio de butacas y vieras tu vida en pantalla grande. Cuando dejas de ser la protagonista del espectáculo, distingues a la perfección entre el amor y el truño.

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