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María Eugenia R. Palop

Profesora Titular de Filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid. Investigadora en el Instituto de Estudios de Género y en el Instituto de derechos humanos “Bartolomé de las Casas” de la citada Universidad. En este último Instituto dirige la Cátedra Norberto Bobbio de “Igualdad y No discriminación”, el Grupo de Estudios Feministas y la Cátedra Unesco sobre violencia y derechos humanos. Ha publicado las monografías "La nueva generación de derechos humanos. Origen y justificación" (Dykinson, 2001 y 2010) y “Claves para entender los nuevos derechos humanos” (Los Libros de la Catarata, 2011), así como un buen número de libros en coautoría, artículos y trabajos sobre movimientos sociales, reivindicaciones y derechos emergentes, intereses colectivos y bienes comunes, ecología, feminismo, republicanismo, el derecho al medio ambiente, al desarrollo y a la paz, los derechos de las mujeres, el terrorismo y sus víctimas, justicia restaurativa y justicia transicional.

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Esta Constitución no es la nuestra. Propuestas para una Constitución feminista

En 1978, la Plataforma de Organizaciones feministas de Madrid se movilizó para pedir la abstención en el referéndum constitucional. “No está claro que ésta sea la Constitución de la concordia y del consenso. Tampoco está claro que sea la Constitución de todos los españoles. Pero lo que sí está claro es que no es la Constitución de las españolas […] iniciaremos a partir de ahora las campañas oportunas para conquistar las reivindicaciones más urgentes que en este momento tiene planteadas la mujer española, tanto si la Constitución lo permite como si no. La Constitución ya está hecha. Ni la hemos hecho nosotras, ni tenemos posibilidad de modificarla”.

El 7 de enero de ese año, Cristina Alberdi denunciaba en El País que el texto constitucional nacía “desfasado y contestado por amplias capas de la sociedad” y que resultaría “inadecuado” mucho antes de lo esperado.

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La alta judicatura, las élites y el pueblo

Si algo ha facilitado el recorte de derechos civiles que hemos sufrido en este país, ha sido la ley con que Gallardón rediseñó las más profundas entrañas de la alta judicatura. Si hay algo que la derecha, la izquierda connivente, la banca y los oligopolios han tenido claro a lo largo de estas décadas, es que los máximos órganos de control del Poder Judicial tenían que estar de su lado: el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional, y quienes elegían a sus miembros más relevantes, esto es, el Consejo General del Poder Judicial.

Aprovechando la sana obsesión de la izquierda verdadera por los catálogos de derechos y las grandes declaraciones programáticas, desde que se tiene conciencia “democrática”, la derecha y sus aliados se han dedicado minuciosamente a pulir la arquitectura orgánica del sistema judicial. A sabiendas de que cualquier concesión que se hiciera a las clases populares podría ser desmontada después por jueces y magistrados gendarmes y sicarios, las élites en el poder se han podido comprometer con una cosa y la contraria para ganar elecciones. A sabiendas de que cualquier conflicto político podía ser tranquilamente trasladado al sagrado espacio de las altas instancias judiciales, previamente politizadas; que podía ser externalizado, debidamente blanqueado y empaquetado con consabidas dosis de legitimidad, hay quienes se han dedicado a generar conflictos donde no los había o echar gasolina al fuego, sin coste electoral alguno. A sabiendas de que esta magistratura servil actuaba como el brazo represor de “gobiernos democráticos” y era un peligro para cualquier disidente, se estimulaba la genuflexión generalizada ante la bóveda judicial y se sacralizaban sus palabras como oráculos incuestionables en las Facultades de Derecho.

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#SeráLey

3 de junio de 2015. “Ni una menos” #Niunamenos. La movilización de las mujeres ocupó 80 ciudades argentinas contra las violencias machistas y el feminicidio. En 1995, la mexicana Susana Chávez utilizó el lema “Ni una mujer menos, ni una muerta más” para protestar por los feminicidios en Ciudad Juárez. Chávez fue después una víctima de feminicidio (2011). Su lema fue propuesto por la argentina Vanina Escales para la maratón de lectura del 26 de marzo de 2015, dando nombre, finalmente, a la movilización del 3 de junio de ese mismo año. El impulso no perdió fuerza y se repitió en años sucesivos: el 3 de junio de 2016 #Vivasnosqueremos y el 3 de junio de 2017 Basta de violencia machista y complicidad estatal. En un contexto de ascenso de los feminicidios y de desnaturalización de la violencia, el movimiento argentino, como señala María Pía López, se convertía, así, en un grito colectivo y multitudinario contra la violencia hacia las mujeres; un grito que se ha extendido como una mancha de aceite, porque todas las vidas valen, porque cada cuerpo cuenta, porque ninguna vida puede ser desechable. Y ese es hoy el movimiento que impulsa también el clamor incontenible en favor de un aborto legal, seguro y gratuito.

Lamentablemente, este miércoles el Senado argentino decidió darle la espalda a ese clamor, y se quedó, sin saberlo, congelado en el tiempo, muchas décadas atrás, en 1921. La “revolución de las hijas”, construida desde abajo, que había llevado al Congreso la voz de Ofelia Fernández (ex Presidenta del Centro de Estudiantes del Colegio Carlos Pellegrini), se unía a la demanda pro abortista; en la calle, más allá de las vallas, fruto de una política expulsiva, se agolpaban miles de jóvenes y adolescentes que se multiplicaban en cientos de hermanadas por todo el mundo.

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El antifeminismo de Pablo Casado

Ha ganado Pablo Casado. El conciliábulo pepero lo ha ganado el trumpismo, el cinismo sin remilgos, lo antipolíticamente correcto, lo vergonzante, lo falsamente antisistémico, lo antipartidario, la política del dossier, el juego sucio y las fake news. Lo ha ganado el nacionalcatolicismo; un declarado antiabortista y antifeminista que reproduce la voz de la Iglesia Católica cuando habla de la “cultura de la vida” y la ideología de género. Y lo ha ganado Salvini y La Lega italiana, el presidente Andrzej Duda de la Ley y Justicia polaca, el Front National francés, el FPÖ austriaco y Alternativa para Alemania; la España de “los balcones y las banderas” que él visibiliza como una, grande y libre. Con Casado ha ganado el franquismo, la desmemoria y el brazo incorrupto de Santa Teresa; los que humillan a sus víctimas hablando de la guerra del abuelo, y se ríen de quienes luchan por sacar a los asesinados de las fosas, citando a Antonio Machado, un republicado confeso perseguido por los mismos a los que Casado representa.

Casado es el líder populista de extrema derecha que todos estábamos esperando y que antes quiso ser un Rivera demasiado dubitativo y oscilante como para merecer el cargo. No se sabe si los naranjas llegaron demasiado tarde o demasiado pronto. Apuntaron maneras, tuvieron intuición y acariciaron el poder, pero un ligero soplo de aire los ha situado en los márgenes parlamentarios. Jugaron mal la moción de censura, les bloqueó su particular obcecación con la cuestión catalana, y la probada resiliencia de Rajoy, que dimitió dos meses después de lo previsto, los dejó definitivamente noqueados. Tocados, aunque no hundidos, Ciudadanos podría llegar a desangrarse hoy tanto por su izquierda como por su derecha.

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El deber de acoger a las personas migrantes

Hace unos días la Corte Constitucional de Francia dictaminó que el "principio de fraternidad" protegía al granjero Cédric Herrou que fue condenado por ayudar a docenas de personas migrantes a ingresar ilegalmente en el país; condenado por un "delito de solidaridad", que no es sino una aberración, contraintuitiva, ilegítima y claramente inconstitucional.

Herrou salvaba a quienes andaban perdidos en la frontera franco-italiana por la que, según Oxfam, pasaron, entre agosto de 2017 y abril de 2018, al menos 16.500 migrantes, un cuarto de ellos menores. El pueblo de Ventimiglia se ha convertido, así, en un infierno en disputa entre Macron y sus homónimos italianos. Allí Francia falsifica las fechas de nacimiento de los presuntamente menores para hacerlos pasar como adultos; los humilla, los insulta y los maltrata para que no vuelvan. Salvini ha acusado a los franceses de haber dado la espalda a los miles de irregulares que había en esa frontera entre enero y mayo de este año, pero Italia no ha implementado los procesos adecuados para la reunificación familiar y ha dejado a muchos menores atrapados sin ninguna opción más que la de intentar hacer el trayecto solos, por ellos mismos, y en la clandestinidad.

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Chester, la gestación subrogada y la familia “completa”

Hace unos días Irene Montero fue entrevistada en Chester por Risto Mejide. En la entrevista se posicionó contra la gestación subrogada (GS) y mantuvo una breve conversación con una mujer que había realizado “su sueño de ser madre” y se había enfrentado al “duelo de la infertilidad”. Una mujer que había sufrido cáncer y que aseguró no haber tenido la posibilidad de adoptar.

Más allá de las dudas que suscitan quienes recurren al argumento del proyecto vital propio para hablar de maternidad/paternidad y quienes plantean sus legítimos deseos como si fueran necesidades de urgente satisfacción, lo primero que llama la atención es que en estos programas se siga intentando poner en pie de igualdad un testimonio personal y una batería de argumentos. Entiendo que resulta más morboso y amarillista, y que hablamos de un espectáculo televisivo que se sostiene gracias a la audiencia, pero hay que tener claro que estos experimentos son profundamente manipuladores y que solo generan ruido (más aún, si no hay testimonios variados y la orientación es sesgada).

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Radiografía de una moción de censura

Por fin se acabó el tiempo de Mariano Rajoy que, resiliente y sin dimitir, ha seguido agarrado a su escaño como un percebe. Quiere pilotar su sucesión y esperar a Pedro Sánchez, como un matón, a la vuelta de la esquina. Las insistentes alusiones a una eventual sentencia sobre los EREs, que pudiera arrastrar a los socialistas al abismo, se han repetido en estos días como un eco; una velada amenaza que ni siquiera intenta esconder la desvergonzada intención de manipular a los jueces. Pero los populares se desangran y los jueces empiezan a salirles rana. Rajoy parecía ayer un animal herido buscando, a la desesperada, el aplauso y la risa fácil de su público cautivo. Las risotadas tabernarias de la bancada derecha sonaban a funambulismo decadente. Varias décadas languideciendo en sus escaños para ser arrancados de raíz, más temprano que tarde; más de 2000 altos cargos a la calle, tornan la risa en brutal desesperación.

En las últimas horas de la moción, se especulaba abiertamente con la dimisión de Rajoy, pero la dimisión nunca estuvo en la cabeza de nuestro ex presidente. Y no únicamente por lo arriesgado del asunto o por las razones personales que pudiera manejar, sino porque solo el gato con botas estaba en disposición de ocupar su puesto. El PP hubiera tenido que dejar la presidencia en manos de uno de los “independientes” que manejaba Ciudadanos, regalándole una prima a su hijo pródigo, al hijo “traidor” que quiso matar al padre.

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Torra y Rivera: unidos para siempre

Quim Torra ha llegado a la presidencia de la Generalitat con el discurso supremacista de la extrema derecha europea y Albert Rivera pretende presidir este país con un discurso parecido. Hablar de catalanes o de españoles, a estos efectos, es del todo irrelevante. Torra y Rivera son las dos caras de la misma moneda. Ambos crecen echando gasolina al fuego, generando confrontación y hostilidad, y buscando chivos expiatorios o enemigos interiores fácilmente identificables. Inmigrantes o charnegos, lo mismo da. Ellos no son ni de izquierdas, ni de derechas, porque solo ven nacionales, y en su proyecto no resulta tan importante el programa como la propaganda. Torra y Rivera no son políticos, sino comerciales; son agentes de movilización del resentimiento que bailan a golpe de audiencia. Por eso Torra usa a las izquierdas para legitimarse blanqueando su imagen con el apoyo de la CUP y la alianza de ERC, y Rivera ha escogido a Manuel Valls como candidato en Barcelona.

Un “socialdemócrata” que tomó medidas xenófobas contra los gitanos, animado por la aceptación popular que tenía el discurso de Le Pen en Francia, y que actuó como su caja de resonancia fomentando la cultura del miedo, la desconfianza y la sospecha. El modo en que la lectura esquemática y maniquea de la realidad, propia de la ultraderecha, ha marcado la agenda política de los partidos aparentemente “progresistas” en Europa es lo que se ha llamado la “lepenización de los espíritus”. A ERC y a la CUP les marca el ritmo un president convergente, y al PSOE se lo empieza a marcar Ciudadanos.

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¿Reformar el Código Penal sin contar con las mujeres?

Catalá está seriamente determinado a erradicar la violencia sexual contra las mujeres y para lograrlo, no se sabe si por ignorancia o mala fe, ha decidido encargar un estudio sobre la cuestión a la Comisión General de Codificación, cuya sección de Derecho Penal está formada solo por varones.

La Comisión tiene cinco secciones, dirigidas por varones, y está compuesta por 120 vocales de los que solo 17 son mujeres, ninguna de ellas penalista. El 100% de sus vocales natos son varones, aunque más del 50% de quienes componen la carrera judicial son juezas y no jueces. También son mayoritariamente mujeres las que estudian la carrera de Derecho y las que obtienen los más brillantes expedientes, pero, lamentablemente, sea por el techo de cristal, cemento, plástico o metacrilato, la supuesta sociedad meritocrática no deja de ser para ellas una triste ficción distópica. Una ficción gracias a la cual han de trabajar el doble y sacrificar el triple para situarse detrás de sus homónimos varones, ganando y tributando mucho menos que ellos.

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Parece que hay más de uno con problemas singulares

Tiene un problema singular quien observa “actos sexuales en un ambiente de jolgorio y regocijo”, donde hubo una violación; quien observa expresiones de placer donde una víctima reconoce dolor; quien defiende que aún en las relaciones no consentidas puede “llegar a sentirse y expresarse una excitación sexual meramente física en algún momento”, y cree que esas esferas psicológicas internas tienen alguna relevancia jurídica.

Tiene un problema singular un juez que se preocupa más de las reacciones de una víctima de violación que de la conducta de sus agresores; quien dicta sentencias utilizando argumentos discriminatorios y sexistas, basados en prejuicios y estereotipos de género, y sin respetar el principio de igualdad. Suscita perplejidad el juez que duda del testimonio de una víctima, pero se muestra magnánimo con sus agresores, convencido de que, por lo que ve en un vídeo, “todos creen que ella participa con ellos en lo que están haciendo”. O sea, que los engañados son ellos y que lo relevante es lo que ellos creen, no lo que cree ella. Y suscita perplejidad que este juez no aprecie en esa supuesta falta de consciencia lo que otras llamamos “cultura de la violación”. El hecho de que La Manada se pensara protagonista de una película porno en la que su fuente de excitación era la dominación y el control del cuerpo de su presa no debería generar empatía y comprensión ni, desde luego, utilizarse en un juicio como una atenuante exculpatoria. Sin duda, hay un problema singular en este voto particular.

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