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María Eugenia R. Palop

Eurodiputada de Unidas Podemos y vicepresidenta primera de la Comisión para los Derechos de la Mujer e Igualdad de Género (FEMM) del Parlamento Europeo. Autora de los libros 'La nueva generación de derechos humanos. Origen y justificación' (Dykinson, 2001 y 2010), 'Claves para entender los nuevos derechos humanos' (Libros de la Catarata, 2011) y 'Revolución feminista y políticas de lo común frente a la extrema derecha' (Icaria, 2019).

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Los impostores ecologistas existen y son peligrosos

El pensamiento verde no es ni puede ser un simple punto de vista transversal que se incorpore a cualquier plataforma política, sino una alternativa con identidad propia, independiente del resto de las posibilidades que solemos manejar. Hay que decir claramente que ciertas ideologías y concepciones del mundo son radicalmente incompatibles con la propuesta ecologista.

Hace unas semanas, escuché el discurso de Ursula Von der Leyen, ministra de defensa alemana (CDU), devenida presidenta de la Comisión Europea gracias a los tejemanejes que han acabado con el sistema (defectuoso, pero más democrático) del "spitzenkandidaten" y gracias al apoyo de socialistas y liberales. Von der Leyen es una apuesta de las élites, profundamente conservadora y retrógada, pero se presentó, cínicamente, como feminista y ecologista, referenciándose en Simone Veil, hablando de paridad y violencia de género, cambio climático y transición ecológica. Un síntoma, sin duda, de que hemos ganado el relato y ahora tenemos más fuerza discursiva, pero también una señal que desvela las inmensas dosis de demagogia que se esconden tras estas hiperventilaciones sobrevenidas.

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El feminismo "liberal" de Inés Arrimadas y su decálogo "revolucionario"

No hay duda de que los feminismos son muchos y es cierto que nadie puede arrogarse la competencia dar o quitar carnets de feminista, determinar cuál es el feminismo de pura raza, la feminista de pura sangre, o si el feminismo es algo que puede darse o no darse en grados. Lo que sí parece claro es que se puede criticar una propuesta autoconsiderada feminista por ser oportunista o electoralista, por resultar contradictoria, confusa o contraproducente para las mujeres, por no ser lo que dice ser o no ser lo que parece.

Tal es el caso del feminismo sobrevenido, llamado “liberal”, con el que se identifica Inés Arrimadas y cuyo decálogo se basa, casi exclusivamente, en una defensa rala y abstracta de las libertades individuales. Una defensa que no le hace justicia, ni de lejos, a la lucha liberal igualitaria de las mujeres ilustradas, ni al sufragismo decimonónico, ni a la mismísima Betty Friedan. ¿De verdad es este el feminismo del presente y del futuro?

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Elecciones, pecados y penitencias

Las elecciones anticipadas son una mala noticia para quienes apoyaron una moción de censura que dejara atrás los recortes sociales, la represión policial, la falta de independencia judicial, la persecución a refugiados y migrantes, la xenofobia, la homofobia, la misoginia y la aporofobia; el odio a los “otros” que han cultivado y siguen cultivando las derechas.

Estaba claro que la debilidad parlamentaria por la que optó el Partido Socialista era un lastre para el Ejecutivo, y a ese lastre se ha unido, después, la eterna división del Psoe, la presión de los barones más rancios, la obsesión de los poderes fácticos por someter al gobierno, la falta de responsabilidad de una prensa favorable, en buena parte, a la disolución del pacto de izquierdas, los cortocircuitos entre el Psoe y sus aliados, la fractura errejonista, la tensión trifachita, el siempre postergado galimatías catalán, y un vergonzoso juicio a líderes catalanes en el que la fiscalía todavía mantiene el delito de rebelión.

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¿Hay contradicciones en la jugada errejonista?

En España, han sido las oscilaciones de los partidos-producto las que han abierto las puertas a la extrema derecha. No ha sido tanto el Partido Popular, que se suicidó sin más, como las idas y venidas de quienes desde Ciudadanos y el sector afín del partido socialista han optado por hacer una política abiertamente adaptativa y funcional. El PP fue un muro de contención hasta que se lo comió la carcoma. Ha sido la política comercial de Ciudadanos y de una buena parte del PSOE, la que le ha calentado la cama al monstruo.

Después de haberse alejado de esa facción de su partido, haber llegado al gobierno gracias a Unidos Podemos, y haber ganado el pulso a Susana Díaz, otrora adalid de Ciudadanos en Andalucía, Sánchez quiere volver a una posición que le permita pactar a su derecha y a su izquierda.

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Voxmemoria. De por qué el negacionismo triunfa en España

"Somos la voz de aquellos que tuvieron padres en el bando nacional y se resisten a tener que hacer una condena de lo que hicieron sus familias. De aquellos que no quieren que se cambie el nombre de su calle por el fanatismo político de quienes quieren una España de memoria hemipléjica". Abascal se alza como la voz de los golpistas del 36 porque, en su particular historia de España, la guerra civil la provocó el Partido Socialista. En su discurso de investidura, no se sabe si por la misma razón o por puro cinismo, Moreno Bonilla citó a Lorca y Blas Infante como ejemplos "de la tierra", mientras se comprometía a derogar la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía (2017). O sea, que mientras se comprometía a defender a sangre y fuego el himno, la bandera y el escudo que diseñó Blas Infante, se negaba a sacarle de la cuneta a la que le arrojó el franquismo. Moreno apeló también a exiliados del franquismo como grandes referentes: Antonio Machado, Pablo Picasso, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez o María Zambrano… quién sabe si para agradecerles los servicios prestados.

En la España del Partido Popular, como en la de Vox, la dictadura funciona todavía como un imaginario positivo que fomenta la autoestima, la grandeza nacional y el nuevorriquismo, ocultando sistemáticamente los datos históricos y negando con obcecación a sus víctimas. Pero es importante saber que si ese imaginario funciona no es solo porque las derechas manipulen más o manipulen mejor, sino porque hay elementos estructuralmente españoles que lo toleran y lo sostienen.

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Esta Constitución no es la nuestra. Propuestas para una Constitución feminista

En 1978, la Plataforma de Organizaciones feministas de Madrid se movilizó para pedir la abstención en el referéndum constitucional. “No está claro que ésta sea la Constitución de la concordia y del consenso. Tampoco está claro que sea la Constitución de todos los españoles. Pero lo que sí está claro es que no es la Constitución de las españolas […] iniciaremos a partir de ahora las campañas oportunas para conquistar las reivindicaciones más urgentes que en este momento tiene planteadas la mujer española, tanto si la Constitución lo permite como si no. La Constitución ya está hecha. Ni la hemos hecho nosotras, ni tenemos posibilidad de modificarla”.

El 7 de enero de ese año, Cristina Alberdi denunciaba en El País que el texto constitucional nacía “desfasado y contestado por amplias capas de la sociedad” y que resultaría “inadecuado” mucho antes de lo esperado.

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La alta judicatura, las élites y el pueblo

Si algo ha facilitado el recorte de derechos civiles que hemos sufrido en este país, ha sido la ley con que Gallardón rediseñó las más profundas entrañas de la alta judicatura. Si hay algo que la derecha, la izquierda connivente, la banca y los oligopolios han tenido claro a lo largo de estas décadas, es que los máximos órganos de control del Poder Judicial tenían que estar de su lado: el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional, y quienes elegían a sus miembros más relevantes, esto es, el Consejo General del Poder Judicial.

Aprovechando la sana obsesión de la izquierda verdadera por los catálogos de derechos y las grandes declaraciones programáticas, desde que se tiene conciencia “democrática”, la derecha y sus aliados se han dedicado minuciosamente a pulir la arquitectura orgánica del sistema judicial. A sabiendas de que cualquier concesión que se hiciera a las clases populares podría ser desmontada después por jueces y magistrados gendarmes y sicarios, las élites en el poder se han podido comprometer con una cosa y la contraria para ganar elecciones. A sabiendas de que cualquier conflicto político podía ser tranquilamente trasladado al sagrado espacio de las altas instancias judiciales, previamente politizadas; que podía ser externalizado, debidamente blanqueado y empaquetado con consabidas dosis de legitimidad, hay quienes se han dedicado a generar conflictos donde no los había o echar gasolina al fuego, sin coste electoral alguno. A sabiendas de que esta magistratura servil actuaba como el brazo represor de “gobiernos democráticos” y era un peligro para cualquier disidente, se estimulaba la genuflexión generalizada ante la bóveda judicial y se sacralizaban sus palabras como oráculos incuestionables en las Facultades de Derecho.

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#SeráLey

3 de junio de 2015. “Ni una menos” #Niunamenos. La movilización de las mujeres ocupó 80 ciudades argentinas contra las violencias machistas y el feminicidio. En 1995, la mexicana Susana Chávez utilizó el lema “Ni una mujer menos, ni una muerta más” para protestar por los feminicidios en Ciudad Juárez. Chávez fue después una víctima de feminicidio (2011). Su lema fue propuesto por la argentina Vanina Escales para la maratón de lectura del 26 de marzo de 2015, dando nombre, finalmente, a la movilización del 3 de junio de ese mismo año. El impulso no perdió fuerza y se repitió en años sucesivos: el 3 de junio de 2016 #Vivasnosqueremos y el 3 de junio de 2017 Basta de violencia machista y complicidad estatal. En un contexto de ascenso de los feminicidios y de desnaturalización de la violencia, el movimiento argentino, como señala María Pía López, se convertía, así, en un grito colectivo y multitudinario contra la violencia hacia las mujeres; un grito que se ha extendido como una mancha de aceite, porque todas las vidas valen, porque cada cuerpo cuenta, porque ninguna vida puede ser desechable. Y ese es hoy el movimiento que impulsa también el clamor incontenible en favor de un aborto legal, seguro y gratuito.

Lamentablemente, este miércoles el Senado argentino decidió darle la espalda a ese clamor, y se quedó, sin saberlo, congelado en el tiempo, muchas décadas atrás, en 1921. La “revolución de las hijas”, construida desde abajo, que había llevado al Congreso la voz de Ofelia Fernández (ex Presidenta del Centro de Estudiantes del Colegio Carlos Pellegrini), se unía a la demanda pro abortista; en la calle, más allá de las vallas, fruto de una política expulsiva, se agolpaban miles de jóvenes y adolescentes que se multiplicaban en cientos de hermanadas por todo el mundo.

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El antifeminismo de Pablo Casado

Ha ganado Pablo Casado. El conciliábulo pepero lo ha ganado el trumpismo, el cinismo sin remilgos, lo antipolíticamente correcto, lo vergonzante, lo falsamente antisistémico, lo antipartidario, la política del dossier, el juego sucio y las fake news. Lo ha ganado el nacionalcatolicismo; un declarado antiabortista y antifeminista que reproduce la voz de la Iglesia Católica cuando habla de la “cultura de la vida” y la ideología de género. Y lo ha ganado Salvini y La Lega italiana, el presidente Andrzej Duda de la Ley y Justicia polaca, el Front National francés, el FPÖ austriaco y Alternativa para Alemania; la España de “los balcones y las banderas” que él visibiliza como una, grande y libre. Con Casado ha ganado el franquismo, la desmemoria y el brazo incorrupto de Santa Teresa; los que humillan a sus víctimas hablando de la guerra del abuelo, y se ríen de quienes luchan por sacar a los asesinados de las fosas, citando a Antonio Machado, un republicado confeso perseguido por los mismos a los que Casado representa.

Casado es el líder populista de extrema derecha que todos estábamos esperando y que antes quiso ser un Rivera demasiado dubitativo y oscilante como para merecer el cargo. No se sabe si los naranjas llegaron demasiado tarde o demasiado pronto. Apuntaron maneras, tuvieron intuición y acariciaron el poder, pero un ligero soplo de aire los ha situado en los márgenes parlamentarios. Jugaron mal la moción de censura, les bloqueó su particular obcecación con la cuestión catalana, y la probada resiliencia de Rajoy, que dimitió dos meses después de lo previsto, los dejó definitivamente noqueados. Tocados, aunque no hundidos, Ciudadanos podría llegar a desangrarse hoy tanto por su izquierda como por su derecha.

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El deber de acoger a las personas migrantes

Hace unos días la Corte Constitucional de Francia dictaminó que el "principio de fraternidad" protegía al granjero Cédric Herrou que fue condenado por ayudar a docenas de personas migrantes a ingresar ilegalmente en el país; condenado por un "delito de solidaridad", que no es sino una aberración, contraintuitiva, ilegítima y claramente inconstitucional.

Herrou salvaba a quienes andaban perdidos en la frontera franco-italiana por la que, según Oxfam, pasaron, entre agosto de 2017 y abril de 2018, al menos 16.500 migrantes, un cuarto de ellos menores. El pueblo de Ventimiglia se ha convertido, así, en un infierno en disputa entre Macron y sus homónimos italianos. Allí Francia falsifica las fechas de nacimiento de los presuntamente menores para hacerlos pasar como adultos; los humilla, los insulta y los maltrata para que no vuelvan. Salvini ha acusado a los franceses de haber dado la espalda a los miles de irregulares que había en esa frontera entre enero y mayo de este año, pero Italia no ha implementado los procesos adecuados para la reunificación familiar y ha dejado a muchos menores atrapados sin ninguna opción más que la de intentar hacer el trayecto solos, por ellos mismos, y en la clandestinidad.

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