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Quelo Romero

Miquel Àngel Romero és llicenciat en Comunicació Audiovisual i Màster en Noves Tendències de la Comunicació. Docent. Periodiste. Escriptor.

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“A pesar de tener una Palma de oro en Cannes cada vez que quiero poner en marcha algún proyecto me toca dar explicaciones”

Llega por fin a las pantallas valencianas Love me not/No m’estimis (2019), la última película de Lluís Miñarro (Barcelona, 1949). Una proyección, este miércoles, para disfrute del público valenciano y cuando algunos creíamos ya imposible desde su estreno comercial el pasado 31 de octubre. Ahora La Filmoteca-IVC, siempre atenta a intentar alimentar cinematográficamente la vida de la ciudad y el país, repara la injusticia. La cinta de Miñarro viene precedida de un itinerario exitoso por festivales internacionales y supone su segundo largometraje de ficción como director, después de la melancólica Stella cadente (2014).

Pero Miñarro no es un cineasta en absoluto bisoño. Son más de 40 títulos producidos por este artista que ha propiciado que nos lleguen los trabajos de realizadores que hoy son una realidad incontestable. Y es que, producir también puede ser “crear”. El film abre con unos créditos que bien nos pueden recordar la frescura, los colores, la luz, de los autores de la modernidad francesa de los 60. No en vano, el propio Miñarro no esconde el paralelismo de un momento compartido por Love me not y El pequeño salvaje (L’enfant sauvage, François Truffaut, 1970). De la película se dice que es la adaptación -muy libre si nos permiten- de un mito bíblico, pero es mucho más. Es una cinta preñada de simbolismo -no se preocupen, Herodías (Lola Dueñas) tiene leche para todas nosotras-, con cierto aroma a western, digna hija bastarda de Oscar Wilde, surrealista por momentos, warholiana en otros -no debe ser azaroso que Yokanaan-San Juan Bautista (Oliver Laxe) se alimente de una lata de tomate diseñada por el artista pop neoyorquino-, en un contexto bélico y geográfico imaginario que también permite a su director hacer una crítica política nada soterrada, no en balde los prisioneros visten monos de color naranja a la moda de Abu Ghraib.

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