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Rodrigo Irurzun

Ingeniero de Telecomunicaciones y Máster en Tecnología Energética para el Desarrollo Sostenible por la Universidad Politécnica de Valencia. Ha sido coordinador del área de energía y cambio climático en Ecologistas en Acción, donde sigue participando activamente, así como en la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético. Durante los últimos años ha desarrollado su labor profesional en el ámbito del ahorro y la eficiencia energética en Ecooo Revolución Solar, y ha sido director de servicio en el área de Ciudad Sostenible y Territorio del Ayuntamiento de Rivas. En la actualidad es facilitador de procesos de transición ecológica en el ámbito público y educativo

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¿Energía para qué? Urge un cambio de paradigma que nos reconcilie con la Tierra

La emergencia climática es uno de los mayores exponentes de la crisis civilizatoria que vive el ser humano. El consumo voraz de energía es causante de gran parte de las emisiones, pero también de muchos de los desaguisados ecológicos que protagonizamos. El acceso a los recursos energéticos fósiles, guardados por el planeta a lo largo de millones de años, ha supuesto grandes avances tecnológicos y sociales, pero también un poder de transformación del entorno sin precedentes. Tanto es así que en pocas décadas hemos extralimitado la capacidad de regeneración del planeta que habitamos, esquilmando recursos naturales y causando la extinción de especies a un ritmo inédito en nuestra historia, como informaba el IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos) hace pocos meses.

Asistimos al mismo tiempo a una auténtica revolución de las energías renovables, pero el problema de fondo sigue siendo tabú. No es cuestión de cambiar unas tecnologías por otras, que también, sino que es necesario un cambio de paradigma, de manera de habitar el planeta, en el que el ser humano respete sus límites y sus ritmos. En materia energética, el Sol, el viento y otros recursos renovables, pueden ofrecer enormes cantidades de energía. Pero para aprovecharla es necesario la construcción de infraestructuras que requieren materiales cuyos recursos son limitados. Unido a este límite, cabe hacerse la pregunta sobre la necesidad de tanta energía, sobre todo si es derrochada, y qué actividades llevamos a cabo gracias a ella, especialmente si tienen impactos negativos en la biodiversidad o en nuestro entorno.

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