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S. Matamala (aka Eduardo Espín )

Libertaria, sujetadora, disidente, antropóloga, transfeminista, vaga y maleante.

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La viejofobia

Ser joven, más allá de la edad biológica, es un trabajo de 24 horas y eso al neocapitalismo se la pone dura. En este sistema huxleysista, estar vieja y ser percibida como tal es peor que el desempleo; volvernos histéricas cuando una mañana, al mirarnos en el espejo, vemos que las arrugas de expresión comienzan a dar fruto en nuestra piel es una actitud mucho más política de lo que somos conscientes. Renovarse en una nueva ola de juventud o morir de antigua son las dos opciones a las que estamos sometidas. Esta necesidad imperiosa por autoafirmarnos es como un herpes en el labio que sale cuando menos te lo esperas y, desgraciadamente, es detectable en todo nuestro entorno. Un síntoma es que cada cierto tiempo nuestros contactos cambian su foto de perfil, el contenido de la misma es casi indiferente; confirmado, la Javiera sigue viva. Menos mal.

Te cuento por qué ocurre esto. El cambio de imagen y seguimiento de las tendencias es un falso estímulo inyectado por mecanismos de control como son los medios de comunicación, que nos entrenan para sentirnos frescas como una lechuga - medios oficiales y no oficiales, ojo -. Lo siniestro es que estamos participando de manera sistemática en el juego de la exclusión de una manera peculiarmente creativa. A esto lo llamaremos viejofobia. Gerontofobia no es un concepto que vaya a representar lo que quiero explicar.

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La cebolla de la exclusión que siempre nos hace llorar

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'Manspreading' de discoteca

Los domingos en horario nocturno hay una fiesta en Barcelona llamada Chocochurros que se celebra dentro de la Sala Apolo. Entre otras virtudes, ese día tiene la gracia de ser de entrada gratuita y yo, como casi la inmensa mayoría de las maricas que realmente no podemos permitirnos pagar 15 euros por un pase a estos espacios de ocio, debo aprovechar estas oportunidades.

Comienzan los indicios de arrepentimiento: me topo con señales de baño en neón rojo bien definitorios de hacia dónde deben ir las tías y en dónde se meten rayas los tíos bajo la vista gorda de los seguratas. Una, que ya ha visto diferentes modelos empresariales, no puede pensar que este hecho binario es accidental o inocente per se, algo bien intencionado, sino invisibilizador de otras realidades más allá de los aparatos excretores que cada persona guarde en sus bajos.

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