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Teresa Villaverde Martínez

Licenciada en Filosofía y periodismo, trabaja en Pikara Magazine, colabora con Hordago-El Salto y se dedica a la comunicación cultural.

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Cuerpos olvidados

Tres chavales de unos veintitantos años se esconden en el recoveco de una puerta. Unos diez agentes doblan la esquina de la calle. Les siguen dos furgones de la Ertzaintza y los tres chavales se van corriendo. Se escucha cómo, dos calles más allá, los altavoces anuncian que hay que permanecer en casa porque "nos encontramos ante una emergencia sanitaria grave que necesita la colaboración de todos". Estamos en el barrio de San Francisco, Bilbao. Veo el barrido policial desde mi balcón y veo a un hombre grabando todo lo que pasa a pie de calle. Salgo de casa y el hombre que graba me dice que es periodista.

Su vídeo es un directo para un medio muy leído en el País Vasco al que pone el título de 'Desalojando San Francisco' y donde dice que están "intentando barrer toda la zona, intentando sacar a toda la gente que hay, pero es igual, es complicado". Narra escuetamente lo que está pasando, como si no dar ningún contexto fuera más periodismo, más objetividad. Como si las imágenes sin palabras no construyeran imaginario y fueran, simplemente, la realidad que pasa: "Están identificando a gente". En el vídeo, la gente que se ve son chavales racializados. El resto de la grabación son los furgones conduciendo por las calles del barrio, los agentes bajando y acercándose a los chavales. La realidad es ésta. Mientras el recién declarado estado de alarma nos confinaba a nuestras casas, en la calle 2 de Mayo seguía habiendo jóvenes magrebíes.

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La cerveza que nos robaron a las mujeres

Hay un ejemplo que Judy Wajcman recoge en su libro ‘El tecnofeminismo’ y que creo que resume muy bien de qué hablamos cuando hablamos de la alianza patriarcal y capitalista. Es el ejemplo del teclado QWERTY, el que conocemos y manejamos hoy en día y que sustituyó en su momento a la linotipia. Los obreros que manejaban la linotipia se sublevaron contra este cambio porque introducir un nuevo teclado significaba acabar con su trabajo especializado y que las mujeres pudieran entrar a hacer ese trabajo. Wajcman señala que la especialización del trabajo supone la sexualización o generización del mismo, y este ejemplo muestra cómo la lucha obrera fue en muchos casos la lucha del obrero, por mucho que se esfuercen en decirnos que la clase trabajadora es una y la misma. El caso es que, finalmente, si las mujeres entraron a trabajar con el teclado QWERTY no fue tanto un logro feminista sino una decisión de las patronales, que vieron la oportunidad de abaratar la mano de obra diciendo que el trabajo era menos especializado y pagando menos por él, cuando lo cierto es que se les pagaba menos por ser mujeres, que venían de no tener salario. Sabían que iban a quejarse menos.

Me he encontrado con este mismo tema cada vez que he investigado sobre mujer y clase. En las envasadoras de Almería, donde se justifica el menor salario diciendo que requiere menos esfuerzo que el de mozo de almacén o agricultor, por ejemplo. En las gerocultoras, cuyo trabajo cuidando a personas ancianas se resume en "limpiar culos" para quitarle valor. En las mineras que, como no trabajaban normalmente en el propio agujero su labor de limpiadoras de mineral, se consideraba menos dura. Incluso cuando eran cargadoras, antes de que la maquinaria hiciera ese trabajo, se pretendía que esta labor era menos costosa y especializada. Wajcman habla de la especialización del trabajo como forma de dividirlo sexualmente y, por lo que se ve, la especialización puede ser por conocimiento o por fuerza física. Se repite que por nuestra complexión hacemos trabajos menos costosos, aunque luego las mujeres realicen labores que requieren tanto esfuerzo como los tradicionalmente masculinos.

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