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Sequía en Centroamérica: una crisis silenciosa

Centroamérica se enfrenta por segundo año consecutivo a graves sequías que amenaza los cultivos, y por tanto la alimentación, de la población de la región

Se necesitan mejorar la capacidad de estas comunidades de hacer frente al cambio climático, que cada año les deja menos momentos de respiro

La sequía amenaza los cultivos de los agricultores del Corredor Seco (Ayuda en Acción/Arnulfo Coto)

La sequía amenaza los cultivos de los agricultores del Corredor Seco (Ayuda en Acción/Arnulfo Coto)

La región de Centroamérica y el Caribe es una de las más expuestas a sufrir desastres naturales del planeta, lo que le supone un coste anual de más de 2.000 millones de dólares. Si se piensa en desastre natural, a uno le suele venir a la cabeza algún terremoto o huracán, de los que se hacen eco los medios de comunicación cada cierto tiempo. Sin embargo, existe otra amenaza mucho más silenciosa, pero no por ello menos importante. Se trata de la sequía a la que se enfrenta Centroamérica por segundo año consecutivo, especialmente en toda la zona del llamado Corredor Seco, que va desde Chiapas (México) a Guanacaste (Costa Rica), albergando gran parte de la región central de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Aquí la sequía no se manifiesta de igual manera que en África u otras regiones, pero está adquiriendo un carácter recurrente, lo que la convierte en una crisis de desgaste que está agotando los medios de vida y poniendo en peligro la seguridad alimentaria de muchas familias.

El pasado año, la región del Corredor Seco se enfrentó a una de sus peores crisis, con una grave sequía que afectó a casi 450.000 familias y que se prolongó durante los meses de siembra (julio, agosto y septiembre), en los que el agua es clave para la rentabilidad de las cosechas. Un 70% de las familias afectadas perdió la cosecha de la primera siembra, sin olvidar que el 80% de las mismas no cuenta con reservas de cereales. Como resultado, y a pesar de que los daños lograron mitigarse gracias a la acción de distintas organizaciones e instituciones, miles de familias se enfrentaron a una situación de hambruna y de inseguridad alimentaria.

Previsión para este año

El panorama para este 2015 no parece haber mejorado, y aunque durante el primer cuatrimestre del año se preveía que la situación iba a mejorar respecto al 2014, distintas organizaciones ya hemos comenzado a alertar de las consecuencias que podremos ver durante los próximos meses, siendo agosto una fecha clave en el calendario, al coincidir con la recogida de la primera cosecha.

Las previsiones apuntan a una canícula anticipada y de larga duración, seguida de ciclos cortos de lluvias de gran intensidad entre el 15 de septiembre y el 13 de octubre. Y uno de los grandes culpables de esta situación es El Niño, un fenómeno que afecta a todo el Corredor Seco y altera el clima a nivel mundial, y que reducirá el rendimiento de las cosechas de granos básicos de septiembre, debido a la cantidad y frecuencia de las precipitaciones; con probabilidad de evitar y retrasar la siembra de postrera (segunda del año). No olvidemos que el huracán Mitch, que asoló la región en octubre y noviembre de 1998, vino precedido de un fenómeno de Niño severo.

Para responder a la sequía es vital la reserva de granos (Ayuda en Acción/Arnulfo Coto)

Para responder a la sequía es vital la reserva de granos (Ayuda en Acción/Arnulfo Coto)

Como cada año, las grandes afectadas son El Salvador, Nicaragua, Guatemala y Honduras; países con índices ND-GAIN -que mide la vulnerabilidad y grado de resiliencia-, de 112, 116, 118 y 130 respectivamente, lo que los sitúa a la cola de un total de 180. En el caso de Guatemala, que ocupa el quinto puesto a nivel mundial en términos de desnutrición, la grave sequía del pasado año vino precedida de 3 años de lluvias irregulares, lo que ha puesto en peligro la seguridad alimentaria de casi un millón y medio de personas.

En Honduras, la situación no es menos grave, con sólo dos lluvias en más de 50 días; lo que ha provocado pérdidas que en municipios como Orocuina, Liure y Soledad han alcanzado al 100 % del cultivo de maíz y más de al 80% del frijol. Y son sólo tres de los 146 municipios que se verán afectados, lo que suma un total de más de 160.000 familias. En El Salvador, el Ministerio de Agricultura y Ganadería reveló que 102 municipios de 12 departamentos fueron afectados por la sequía, y actualmente el gobierno evalúa decretar el estado de emergencia por inseguridad alimentaria. En Nicaragua la situación no es tan alarmante porque, aunque durante el mes de mayo no se registró casi ninguna precipitación, las lluvias llegaron a principios de junio, lo que por otro lado no ha impedido que las zonas más áridas del país se vean afectadas por la sequía.

Dependencia del maíz y el frijol

A la inestabilidad climática del Corredor Seco se le suma el hecho de tratarse de una región en la que muchos casos la economía es de subsistencia, con una dependencia en la producción de cultivos como el maíz y frijol que les hace más vulnerables. De ahí la importancia de la implementación de unas políticas adecuadas y de unos sistemas que permitan prevenir los riesgos y minimizar los impactos negativos.

Por ello, desde Ayuda en Acción trabajamos sobre un concepto que aparece recurrentemente en la jerga de la cooperación al desarrollo y es vital para paliar las consecuencias de la sequía: la resiliencia. Esto no es otra cosa que trabajar con las poblaciones para mejorar sus capacidades de adaptación y que ellas mismas puedan hacer frente a los desastres naturales; y de ahí surgen iniciativas como el nuevo convenio regional que acabamos de firmar con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

“No puede haber un Plan B porque no hay Planeta B”, sentenciaba el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, en septiembre de 2014 durante la Marcha por el Clima. Por eso, nuestra pretensión no es soñar con un Corredor Seco B, libre de amenazas por terremotos, huracanes o sequías. Pero sí lo es conseguir que inseguridad alimentaria y sequías, que mucho tienen que ver con el cambio climático al que todos estamos contribuyendo, no tengan que ir siempre juntas en el mismo párrafo. Porque en nuestra mano está concienciarnos sobre la grave situación a la que se exponen salvadoreños, nicaragüenses, guatemaltecos y hondureños. Y en nuestra mano también está intentar cambiarla.

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