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Día de la Niña: Ellas también son Malala

Hoy celebramos el Día de la Niña con el Nobel de la Paz de Malala, cuya candidatura impulsamos hace dos años en España con una campaña de recogida de firmas online.

La joven paquistaní, símbolo en la lucha por los derechos humanos, es una fuente de inspiración para muchas niñas, "otras malalas", que ven coartados sus derechos y libertades por el simple hecho de serlo. 

Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014. Foto: Veronique de Viguerie / Getty Images

Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014. Foto: Veronique de Viguerie / Getty Images

Anteayer hizo tres años. Una niña paquistaní de nombre desconocido era tiroteada en la cabeza por un talibán con la única intención de silenciarla. Bajo el seudónimo Gul Makai y a través de un blog en la BBC, una joven de apenas 15 años se había vuelto tremendamente incómoda para el régimen de Pakistán por denunciar a quienes querían prohibir su derecho a la educación. Su caso dio la vuelta al mundo. Conmovió. Cuando supimos que había sobrevivido, sabíamos también que su verdadero nombre era Malala. Pronto se convirtió en un icono mundial en la lucha y defensa del derecho a la educación de las niñas. Y fue consciente de su fuerza: “cuando el resto del mundo está en silencio, incluso una sola voz se convierte en poderosa", discurría en la Universidad de Harvard en septiembre de 2013, tras ser declarada figura humanitaria del año. Ayer recibió el Nobel de la Paz 2014. Hoy celebramos el Día de la Niña con la mirada puesta en esas otras niñas que luchan en el mundo por tener una educación digna. 

El Nobel de la Paz para Malala

Hay iniciativas que no dan fruto hasta pasado un tiempo. Hace un año celebrábamos el Día de la Niña convencidos de que Malala recibiría un premio Nobel de la Paz que finalmente recayó en la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), después de que en Ayuda en Acción iniciáramos, en noviembre de 2012, una campaña de recogida de firmas en Change.org apoyando la candidatura de la joven paquistaní que, en el momento de entrega en el Congreso de los Diputados, habían secundado más de 80.000 ciudadanos en España. Hoy, cuando celebramos que Malala es, junto al activista indio Kailash Satyarthi, Nobel de la Paz 2014, la petición suma más de 300.000 firmas.

¿Y las otras Malalas?

La victoria de Malala es para nosotros una enorme alegría, pero también un triunfo agridulce. Nuestro trabajo nos muestra que aún hay demasiadas “ malalas” que diariamente luchan desde el anonimato por ejercer su derecho a la educación. Niñas como Salma, que trabajó como sirvienta desde los ocho años, recibió malos tratos, vivió en la calle y pasó hambre, hasta que ha podido vivir en una casa de acogida, asistir a la escuela y soñar con ser médico.

Como en el caso de Pakistán, existen muchos otros países donde la educación nos es gratuita, ni de calidad. Otros lugares donde las niñas luchan cada día y no callan por mejorar sus condiciones de vida, las de sus madres, las de sus hermanas, las de sus amigas, muchas veces sorteando dificultades y obstáculos, otras muchas poniendo su vida en peligro. Ellas también son un ejemplo. Ellas también son Malala.

Responder a la problemática… y a Migo

Son muchos los motivos que provocan que las niñas no puedan asistir a la escuela o que abandonen los estudios temprano:

• El hecho de ser mujer dificulta a las niñas el acceso a una educación de calidad: el 60% de todos los menores sin escolarizar son niñas y tienen una mayor presión social para abandonar sus estudios en entornos de pobreza.

• Las mujeres y los hombres no participan de igual modo en la educación formal: hay más mujeres docentes, pero los hombres ocupan los puestos directivos y de gestión.

• Las niñas asumen en su tiempo de ocio una carga extra respecto a sus compañeros varones: las tareas de cuidado del hogar y de la familia.

• La educación de las niñas tiene menor valor que la de los niños: en muchas culturas no se percibe como necesaria la educación de una niña que luego pasará a la familia del marido.

• En muchos países la edad medio de casamiento está entre los  14 y los 17 años, momento en el que se ven obligadas a abandonar la escuela. Lo mismo sucede si se quedan embarazas, cosa que no ocurre con los chicos que son padres a la misma edad.

• Muchas familias ven el ambiente de la escuela, en el que las chicas se relacionan con sus compañeros y maestros varones, como un riesgo para su “valor matrimonial”.

• En momentos de pérdidas de ingresos o crisis económica, la educación es de las primeras necesidades en ser eliminadas, y una vez más, las niñas dejan la escuela antes que sus hermanos, porque se entiende que dentro del hogar pueden aprender fácilmente lo que necesitan y además asumen tareas de cuidado.

Esta problemática es la que hemos querido reflejar con la campaña Responde a Migo. 58 millones de niños nunca han pisado un colegio, a pesar de estar en edad escolar. La mayoría son niñas, que arrastran doble carga, la de la pobreza y la de la desigualdad y las estadísticas preveen que 15 millones de ellas jamás llegarán a pisar una escuela. Ellas también son Malala.

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