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La casa abandonada

Hilvanando Culturas, Confeccionando el Futuro es un proyecto de emprendimiento femenino textil de carácter social de Ayuda en Acción.

La casa abandonada es una imagen positiva que supone abandonar por un tiempo el espacio doméstico para resignificar un espacio escolar haciéndolo más permeable al entorno y las familias.

Ayuda en Acción impulsa el emprendimiento femenino y la empleabilidad para la generación de ingresos que contribuyan al desarrollo económico y social sostenible de sus familias.

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Ayuda en Acción impulsa el emprendimiento femenino y la empleabilidad. Foto: Isabel Neila / AeA

Ayuda en Acción impulsa el emprendimiento femenino y la empleabilidad. Foto: Isabel Neila / AeA

El 13 de diciembre de 2017 se celebró en el CEIP Ramiro Soláns un rastrillo solidario de artículos confeccionados por un grupo de madres del cole. Orgullosa y risueña, una de ellas espetó que desde hacía tiempo, el tiempo que llevaban elaborando los productos que ponían a la venta, tenían la casa abandonada. Esta expresión se convirtió después en un sentir generalizado que se expresaba con cierta alegría y en tono jocoso. Satisfechas, mostraban entonces a sus parejas y familiares el motivo de este “abandono del hogar”. A partir de ahí el incentivo y ánimos de sus allegados más cercanos no ha cesado de producirse:

«[…] A mis hijos les gusta porque estoy haciendo algo productivo y también me entretengo, porque en la casa todo el día, no, en fin… A pesar de todo, de que no hablamos a veces el mismo idioma, nos llevamos muy bien».  

 «[…] A mis hijos les gusta mucho que yo venga aquí para aprender cosas nuevas. Mi hijo dice: mamá, tienes que aprender bien para coger diploma. Mi hijo me anima mucho».

La casa abandonada es, para más de una veintena de madres de alumnado de 2 centros educativos de Zaragoza ( CEIP Ramiro Soláns y CEIP Joaquín Costa), metáfora de empoderamiento, resiliencia y participación. Todas ellas son integrantes del proyecto Hilvanando Culturas, Confeccionando el Futuro; un proyecto de emprendimiento femenino textil de carácter social de la Fundación Ayuda en Acción que se implementa en colaboración con ambos centros y la Fundación San Ezequiel Moreno (FSEM). Cuenta, también, con el apoyo del Centro Aragonés de Diseño Industrial (CADI), en cuanto a labores de formación y alianzas estratégicas, de la Escuela Superior de Diseño de Aragón (ESDA), en tanto a diseño de la marca bajo la cual comercializar sus artículos y, en lo referente a financiación,  tenemos el apoyo de la Obra Social La Caixa y de Benefit.  

La casa abandonada es una imagen positiva que supone abandonar por un tiempo el espacio doméstico, impregnado de las vicisitudes de la vida cotidiana y de las dinámicas familiares construidas socioculturalmente en base a estereotipos de género, para resignificar un espacio escolar haciéndolo más permeable al entorno y las familias. Un espacio que se convierte en lugar de convivencia intercultural y de oportunidades de futuro. Tanto es así, que entre nuestros objetivos están el fomento del empoderamiento, a través del empoderamiento económico, la resiliencia, mediante el estímulo de la autoestima, y la participación de mujeres cuyo origen étnico y riesgo de exclusión les hace padecer situaciones de vulnerabilidad laboral y social. Al respecto, una de ellas expresa su sentir con estas palabras, reforzando la idea de que aprender a coser no sólo les abre las puertas una oportunidad laboral sino que refuerza su autoestima con el desempeño de una tarea que saben hacer:

«Hemos empezado el cursillo para seguir aprendiendo, a ver si así podemos formarnos un poquico, tener un trabajico y para las cosas de casa. Y la verdad que estamos muy contentas las madres; nos llevamos bien. Y aquí estamos haciendo, a ver si nos distraemos un poquico porque siempre la casa… Es que para nosotras, las mujeres, el coser, el fregar… Y no sabemos hacer otra cosa, pero esto de momento sí. Sabiendo costura parece que no pero encuentras trabajicos; pero es que viéndonos ya como somos la gente… Nos miran mucho y vamos buscando trabajo y no encontramos, la verdad».

Con el propósito de paliar esas discriminaciones múltiples a las que muchas veces se ven sometidas, impulsamos el emprendimiento femenino y la empleabilidad para la generación de ingresos que contribuyan al desarrollo económico y social sostenible de sus familias. Así, a través de la adquisición de competencias en materia de confección, están pudiendo emprender iniciativas antes impensables:

«[…] A mí me es muy necesario porque yo conozco a gente de aquí del barrio, a gitanas, que cuando viene una boda me vienen para hacer los trajes a sus niñas. Me gano un poquito. Incluso yo en el paro, porque la máquina sé manejarla muy bien, me he apuntado para talleres o si me sale algún trabajo para coser a máquina».

Además, promovemos la mejora de sus capacidades, habilidades sociales y autoestima para fomentar la resiliencia dado que refieren, con frecuencia, el estrés que padecen en su vida cotidiana y la falta de tiempo para sí mismas:

«[…] nos viene bien porque tenemos mucho estrés en casa y aquí nos relajamos, estamos todas muy unidas. Si nos tenemos que ayudar las unas con las otras nos ayudamos. Si termino mi trabajo ayudo a mi compañera o ella me ayuda a mí. Estamos muy relajadas y muy bien. Me despojo de todo lo mío, tengo a mi chico en el colegio y me sirve para relajarme aquí».

Esto lo hacemos gracias al encomiable trabajo de Ana Carmen Mañez, monitora de costura, y de Daría Gravrilova, psicóloga formadora de la Fundación San Ezequiel Moreno. Imprescindible igualmente en esta labor, es la profesionalidad de los equipos directivos y claustros de profesorado, así como del AMPA y AFE, de ambos centros educativos que, desde sus respectivos puestos, impulsan, apoyan y arropan a estas mujeres con un enfoque pedagógico que destila cariño. Cabe mencionar, también, la excelente formación ofrecida por Elena Bernia, del Centro Aragonés de Diseño Industrial (CADI), a través de diversos talleres de diseño y prototipado de productos. Talleres que les han servido no sólo para iniciarse en la construcción de una mirada más comercial de la actividad, sino como espacio de convivencia.

Hilvanando Culturas, Confeccionado el Futuro hace alusión, precisamente, a este bienestar derivado de la integración como herramienta de convivencia, dada la riqueza de la diversidad cultural de las mujeres (de diferentes  etnias y nacionalidades), y alude, también, al tejido de alianzas femeninas de apoyo mutuo para sobrellevar las dificultades del día a día y proyectar conjuntamente un futuro compartido. En este sentido, los talleres de costura en ambos centros se han convertido en espacios multiculturales de compañerismo y cooperación donde, además de aprender confección, se comparten valores de solidaridad, se expresan inquietudes y alegrías cotidianas, se construyen colaborativamente expectativas de futuro y se disfruta de un tiempo y lugar que refuerza la autoestima y constituye, para muchas de ellas, el único espacio de socialización e interrelación fuera del hogar y del entorno doméstico. Para otras, más participativas y empoderadas, supone una oportunidad para “salir adelante” luchando por algo que quieren ser:

«Yo viniendo al Joaquín Costa, donde aprende mi hijo, pues me he enterado de que había un curso de costura. Al principio empecé a hacer cosas de casa, cosicas pequeñas, y me gustaba la costura. Me ha entusiasmado mucho porque además, a través de todo, a mí me gusta ser luchadora con las mujeres. Me gusta estar en grupos de gente, ayudar, participar. Y me gusta de este grupo que somos un grupo de mujeres.  Me gusta estar con mujeres porque veo que son luchadoras, que tiran para adelante. Y veo que estamos aquí luchando por algo que queremos ser. Quiero que esto salga para adelante. Yo quiero salir para adelante. Yo quiero ser una marca de este proyecto. No para mí sólo, sino para todas mis compañeras».

Tanto es así, que este ambiente de sororidad es perceptible desde los primeros instantes.  «[…] Yo soy novata —comentaba una mujer recientemente incorporada—. No sé nada y vine para aprender. Y me gustó mucho el ambiente que tienen aquí porque, la verdad, no se trata solamente de venir a aprender sino que es un grupo de mujeres que cada una va a aportar algo, entonces estoy muy a gusto con ellas».

Si bien esta iniciativa les sirvió, en sus inicios, para ahorrar y ajustar gastos dentro de las difíciles economías domésticas de sus familias (mediante la confección, el arreglo y reciclado de prendas, la elaboración de ropa de hogar, etc.), y para participar en actividades sociales y de los centros educativos, fomentándose su integración en la comunidad escolar y a nivel social, durante este curso 2017/2018 han podido dar respuesta a diferentes pedidos de confección e iniciarse en la comercialización de sus artículos bajo la marca Hilvana, elaborada gracias a la entrañable colaboración de la Escuela Superior de Diseño de Aragón (ESDA) a través del profesor José Manuel Chávez .  

«Me gusta mucho coser y empecé trayendo ropa que tenía en casa —nos comentaban—. Me apunté porque tenía que hacer cosas y como era todo tan caro pues compras la tela y le haces trajecicos a las nietas. He aprendido a máquina, he aprendido a hacer algún patrón; hilvanar tampoco sabía, pero ahora he aprendido. Por lo menos decir: vamos un ratico aquí, estamos en buena compañía, aprenden un oficio».

«[…] Yo siempre me gusta para hacer cosas, saber cosas, coser —afirmaba otra mujer—. Aquí hay cosas pero muy caro. Si comprar sólo la tela, yo coser aquí y está mejor, un poco barato. Para nosotras está mejor estar aquí todo el día por la tarde para un poco de dinero. Yo voy a casa y le digo a mi marido: ¡mira!, dinero. Mis amigas preguntan: ¿tú trabajando? Yo: no trabajando. ¿Qué haces? Tengo un curso de costura; como trabajando, siempre estoy aquí. Ayer, cuando vendimos, yo me gusta».

Y así hemos terminado el curso escolar, aprendiendo un oficio con casi idéntica dedicación que una jornada laboral, contentas con las iniciativas de venta que hemos podido emprender, y agradecidas a todas las entidades y CEIP por el enorme apoyo prestado. Expresaba líneas atrás una de ellas: «[…] Yo quiero ser una marca de este proyecto». Hilvana, que bien podría ser nombre de mujer, expresa precisamente esta esencia de empoderamiento, resiliencia y participación.

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