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Diálogos de esperanza en El Salvador

La violencia de las maras no acapara las portadas de los medios pero supone una realidad cotidiana para millones de personas en El Salvador

La represión y el castigo como forma de paliar esta violencia superpuebla las cárceles por encima del 300% de su capacidad

Políticos, representantes de la Iglesia y ciudadanos han conseguido pactar una tregua temporal que ha reducido los asesinatos y las extorsiones

Alumnos de carpintería que han creado un grupo de teatro

Alumnos de carpintería que han creado un grupo de teatro

Todos los problemas en El Salvador tienen un origen común: la pobreza, la injusticia y las desigualdades sociales. De todos esos problemas, el más grave pero el que menos atención recibe es la violencia, una violencia que se ha convertido en el día a día de millones de personas.

En esencia, el problema de las maras surge de los jóvenes deportados de Estados Unidos que trajeron consigo los conflictos surgidos entre pandillas de aquel país y que los continuaron aquí. Las cinco pandillas más grandes actualmente son: BARRIO 18, MS 13, MIRADA LOCOS, MAQUINA y la MAO MAO, aunque las dos más influyentes son la 18 y las MS 13 (Mara Salvatrucha). Las otras tres han quedado con el tiempo reducidas a ciertas zonas muy restringidas. Entre todas ellas, la policía calcula que reúnen a unas 60.000 personas directamente implicadas; solo las FARC en Colombia poseen unos 7.000 efectivos, por ejemplo. Esta comparación teniendo en cuenta la diferencia de población entre los países, ejemplifica la dimensión del problema. Desde el fin de la guerra, la locura de las maras ha dejado la friolera de 50.000 muertos. Solo en 2012 se registraron 4.500 asesinatos, siendo San Salvador la segunda ciudad más violenta del mundo, únicamente superada por San Pedro Sula (Honduras) con una media de 72 asesinatos por cada 1.000 habitantes; en la Unión Europea la media es de “solo” cuatro. En el peor momento de esta locura se llegaron a registrar catorce asesinatos diarios, todo ello en un país con la extensión de Badajoz.

Hasta ahora las políticas de los gobiernos se han basado en la represión y el castigo, lo que ha llevado a que las prisiones salvadoreñas tengan una superpoblación del 300% sobre su capacidad. Y un último dato no menos escalofriante: el año pasado murieron 1.500 mujeres asesinadas por violencia de género, pero debido a que las mujeres e hijos de los rivales entre pandillas se han convertido en objetivos, nadie sabe a ciencia cierta los motivos de sus muertes y se han convertido de nuevo en las olvidadas de este conflicto

Desde hace meses un grupo de políticos, representantes de las iglesias y de la ciudadanía, han iniciado un proceso de diálogo al que han accedido los líderes de las dos principales maras y el gobierno, fruto del cual se ha establecido una tregua temporal que ha reducido notablemente el número de asesinatos y las extorsiones. Ahora se trata de seguir la hoja de ruta marcada por las partes hasta conseguir el desarme total de las maras, pero eso pasa por la creación de nuevas fuentes de oportunidades para todos esos jóvenes que no encuentran otra salida que la violencia ante una sociedad ajena a sus necesidades.

Ayuda en Acción trabaja con programas de prevención de la violencia dando nuevas oportunidades a los jóvenes con una situación personal más vulnerable. Promovemos una cultura de paz, sacando a la luz los problemas que están en el fondo sin olvidarnos de las necesidades básicas de la gente. Para ello, se realizan escuelas de ciudadanía, se empoderan las asociaciones para el desarrollo de la economía social locales, contando con la cultura y el arte como una herramienta fundamental para el desarrollo sostenible de los pueblos.

Grupo de teatro EsArtes durante un intercambio con jóvenes de Barcelona

Grupo de teatro EsArtes durante un intercambio con jóvenes de Barcelona


En este sentido, desde hace poco un grupo de jóvenes de las comunidades de Suchitoto que forman el grupo de teatro de EsArtes y el ADT Suchitlán, promueven unos talleres de prevención de la violencia a través del teatro en algunas de las zonas de riesgo.

El Salvador, tras doce años de guerra civil y otros tantos de violencia merece al fin esa tan ansiada paz, una paz firme y duradera que recoja las necesidades de todos los salvadoreños, que haga justicia con este pueblo amable y trabajador que queda en segundo plano cuando los informativos del mundo solo difunden violencia y sangre, dejando olvidada a tanta gente humilde.

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