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Músicos de la banda de Pamplona, objetores de conciencia en Sanfermines

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Toro tras una corrida en los "sanfermines" 2013. Foto: ©Calamar2/Pedro Armestre

“Podéis alegar problemas psicosociales”, se nos dijo en aquella primera reunión. Fue la primera de muchas, de meses de consultas con abogados, asociaciones de defensa de los animales, intercambio de cartas y pareceres con final feliz en lo personal y agridulce en lo laboral. Nuestro éxito, no acceder nunca más a la plaza de toros como músicos y evitar ser cómplices con nuestra presencia de un acto repugnante y criminal.

Desde el año 2002 soy componente de la banda de música de Pamplona. Accedí a ella tras unas pruebas de elevada exigencia musical y poco después de acabar mis estudios superiores en el conservatorio. La alegría vino acompañada de cierto cachondeo familiar porque ello me obligaba a acudir a la plaza de toros cada año durante las fiestas de San Fermín. Mi aversión a la tortura taurina tenía ya pedigrí. De pequeño me llevaron a una corrida y con unos prismáticos pude ver el géiser de sangre manando del toro. Tengo por lo general mala memoria, pero esa imagen me marcó y sigue fresca en mi retina.

Por fortuna la actividad anual de la banda ofrece momentos mucho más gratificantes, tanto en sentido artístico como ético, de los que me siento satisfecho de formar parte. Sin embargo, el asfixiante peso de la tradición en España asocia a las bandas de música con actos que empañan su currículo artístico: acompañan a las corporaciones municipales en procesiones religiosas y ejercitan el arte del requiebro pasodoblero en las corridas de toros. Los primeros resultan de un anacronismo incomprensible en un Estado que se proclama laico y en el que numerosas autoridades políticas –de todo tipo y condición ideológica- siguen vistiendo sus mejores galas detrás de hostias y cruces; los segundos, además de anacrónicos, son sonrojante memoria viva de tiempos de retraso, incultura y escasa empatía con la condición de seres vivos -capaces de sentir dolor- que compartimos con el resto de animales. Si la violencia consustancial a esa condición se reduce y reprime con la conciencia (motor de la empatía), la tauromaquia parece una forma especialmente cruel de limar diferencias de especie.

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Tauromaquia en las aulas: adoctrinando en la crueldad

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Campaña "Infancia sin viOLEncia", Fundación Franz Weber

Lo que se dé a los niños, los niños lo darán a la sociedad (Karl A. Menninger)

Son las nueve de la mañana en una clase de sexto de primaria de un colegio de Castilla-La Mancha, uno cualquiera. El profesor se dirige a sus alumnos: “Niñas, niños, hoy os tenemos preparada una sorpresa. Nos visita un hombre que va a contarnos muchas cosas acerca de su trabajo, una profesión apasionante y arriesgada que hará que más de una y uno sintáis envidia. Por favor, recibidle con un aplauso...”. Se abre la puerta y entra Juan José Padilla, o David Fandila “El Fandi” , o Julián López “El Juli” (¿qué más da el nombre si a todos ellos iguala el color rojo ajeno de sus manos?)

Durante dos horas los chavales ven, tocan y aprenden (¿aprenden?) acerca de capotes, banderillas, estoques o suertes, todo ello explicado por quien, utilizándolos para confundir, torturar y acabar con la vida de un toro, los exhibe como arte, cultura, heroísmo y defensa de los toros. Sí, digo defensa, porque los toreros juran amar al toro más que nadie, lo de ensañarse con él hasta matarlo no es significativo en su discurso.

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Estas vacaciones, no montes en elefante

Elefantes con sillas de trekking para turistas. Foto: ©Elemotion

Si te gustan los animales y tienes previsto viajar a India, Tailandia o Nepal, es muy posible que te ilusione realizar alguna actividad con elefantes. Es muy probable que te los encuentres como reclamo en tu resort, incluidos en tu paquete de viajes, en alguna visita a los templos o que te topes con ellos pidiendo limosna por las calles. Si te gustan los animales, es muy posible que este sea uno de los momentos más especiales de tu viaje y seguramente la tentación de sacarte fotos con ellos y colgarlas después en las redes sociales sea irresistible.

También es muy probable que tu cabeza tienda a reprimir cualquier pensamiento negativo y que te digas: “ya que están aquí, mejor ayudarles, seguro que sus cuidadores les tratan bien, al fin y al cabo son su fuente de ingresos”. Además, ¿qué hay de malo en que un animal tan grande cargue a turistas en su espalda o pose para unas fotos a cambio de una banana?

Asesinados en la selva para satisfacer los caprichos de los turistas

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No es el color de piel, el sexo o la especie lo que cuenta

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Una mirada más allá de la especie. Fotos de Ernst Vikne, Wilfredor y Biswarup Ganguly.

La consideración por los animales ya no es una cuestión anecdótica que interese a muy poca gente. Hoy existe un movimiento creciente de personas concienciadas con su defensa, que rechazan su explotación y reivindican que los animales deben ser plenamente respetados.

El ámbito académico, y más en concreto el de la filosofía moral y política, no ha sido ajeno a esto. También en él se ha disparado el interés sobre este tema. En línea con lo que es propio a su campo de trabajo, desde esta disciplina se han examinado los argumentos a favor y en contra de la defensa de los animales. Se han revisado las evidencias que los respaldan y se ha indicado cuáles de ellos llevan a contradicciones o posiciones injustificadas.

A continuación vamos a ver cuáles son esos argumentos. Ello, mejor que cualquier otra cosa, nos puede mostrar por qué hay cada vez más gente que se toma en serio la defensa de los animales.

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La paradoja estética

Cafetería en Colorado (Estados Unidos). Foto de Marta Tafalla

Cuando nos preguntamos por qué la especie humana explota y maltrata de forma sistemática a tantas otras especies de animales, encontramos varias causas que se entrelazan entre sí. Las razones económicas son las más obvias, pues el capitalismo desalmado en el que vivimos, que explota a millones de seres humanos con una crueldad sin límites y desecha a muchos otros como si nada valieran, se sostiene sobre la explotación de la naturaleza, y especialmente sobre los animales. Los criamos para producir alimento y tejidos; los utilizamos como herramientas de experimentación, medios de transporte e instrumentos de trabajo. Otras veces los animales son un estorbo para las actividades económicas humanas, por ejemplo la agricultura, y entonces se los elimina antes de que produzcan pérdidas. A eso hay que añadir la violencia ritual de todo tipo de fiestas en que se tortura y mata animales, y también el maltrato cotidiano, por ejemplo a animales de compañía. En estos últimos casos necesitamos explorar tanto las causas psicológicas, como aquellos valores sociales que priman la agresividad sobre la empatía. Pero existe otro tipo de violencia más paradójica: la que realizan algunas personas a quienes los animales les gustan mucho.

Cuando se pregunta a las personas que llevan a sus hijos a visitar un parque zoológico o un circo donde se exhiben animales, por qué lo hacen, suelen responder expresando su pasión por los animales y el deseo de que sus hijos desarrollen una sensibilidad especial hacia ellos. Es por eso que pasan la tarde viendo animales mientras se comen un helado, y luego se compran un peluche de su especie preferida o una taza con dibujos de gorilas en la selva. Por supuesto se fotografían junto a las jaulas de los animales, juegan a imitar sus movimientos y sonidos, y se marchan convencidos de que han realizado una actividad educativa y de que los animales les gustan muchísimo. Si pudieran, se los llevarían a casa. Y, de hecho, por desgracia, existe un mercado negro que permite comprar cualquier tipo de animal salvaje como mascota, una “afición” creciente entre las clases sociales acaudaladas, que condena a miles de animales a una existencia de sufrimiento y se cobra innumerables vidas.

Las personas que decoran sus balcones con jaulas diminutas donde canarios, jilgueros o periquitos malviven atrapados sin poder volar, suelen decir que los pájaros son maravillosos, y que les hacen tanta compañía que ya no sabrían vivir sin ellos.

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Mensajes de cambio en el Día de la Música

Morrissey en uno de sus conciertos. Los músicos llevan camisetas alusivas al maltrato animal. Foto: ©Tomasz Rychlik

Hoy celebramos el solsticio de verano. Este día, que desde la antigüedad dedicamos a festejar el comienzo de la nueva estación, Francia se encargó en 1982 de hacerlo coincidir con el Día Europeo de la Música. Una vez instituida en el viejo continente, esta celebración fue exportada al resto del mundo, donde ya es conocida como el día en que la música sale a la calle para acercarse al pueblo.

Así, en numerosas ciudades de todo el planeta los músicos ocupan espacios urbanos para compartir su arte, ofreciendo conciertos gratuitos para todos los públicos. En esta fiesta global, y gracias al espíritu universal y socializador del idioma de la música, se hace posible que ésta sea convierta en un vehículo ideal para el acercamiento de culturas y la transmisión de ideas. Quizás por esto, la música ha estado presente en la denuncia de injusticias a través de su historia, ya que pocas expresiones artísticas logran transmitir mensajes tan potentes de manera tan efectiva, efecto que en plena era de la información se ve maximizado por la tecnología y el apoyo de las redes sociales.

Si bien el uso de la música como herramienta política no es algo novedoso, si lo empieza a ser si se utiliza para denunciar con severidad la explotación que padecen los animales que para muchos humanos parecen sólo existir para servirles como vestimenta, alimentación, entretenimiento, objeto de experimentación o como mera herramienta de trabajo. Hace solo unos pocos años, era impensable ver un alegato abiertamente antisexista o antirracista en una obra de arte, aunque paulatinamente es algo que va quedando como un residuo vergonzoso del pasado. Hoy en día, las denuncias artísticas han evolucionado en la defensa de otros colectivos más indefensos, como lo son los animales, y cada vez son más los músicos que se movilizan para exigir justicia para ellos.

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Bonarillo: otra ejecución sumaria

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Bonarillo, toro enmaromado en Benavante (Zamora)

Decididos de antemano lugar y fecha, solo faltaba por concretar la víctima propiciatoria. Es Bonarilloquien hoy será acosado por las calles de Benavente (Zamora), y ejecutado después con pulcra legalidad en el matadero local. Como antes lo fueron Cortador, Dibujante o Manzanero.

Sus acólitos defienden la tradición (¿quién duda de que en efecto lo es?) con el recurrente argumento de que al toro no se le mata en la vía pública –como sí sucede en otros lugares patrios–; de que no se le “agrede”; de que, en consecuencia, “se le respeta”. Porque algunos se han empeñado en detectar la agresión y la violencia únicamente en el castigo físico, lacerante y cruento. Como si separar a un mamífero de su familia, trasladarlo a un escenario desconocido y soltarlo ante el gentío vociferante no fuera una agresión en toda regla.

Pero no nos engañemos: se trata de los mismos que acuden raudos y quejicas al cuartel de la Guardia Civil a denunciar el robo de su cartera (quizá no tanto por la documentación y el dinero cuanto por la foto firmada del Ronaldo ese), o al administrador del bloque en cuanto aparece una pintada sobre su buzón, el consabido hijoputa con rotulador indeleble. Mucho me temo que hablamos de los mismos que no aceptarían que el tipo del tricornio les espetase entonces que al fin y al cabo, no hay agresión física por medio”, y que robos y gamberradas pictóricas las ha habido siempre, por lo que bien pueden considerarse costumbres ancestrales”. Los mismos que no reservan la menor pega a las clásicas corridas, ni regalan crítica alguna al Toro de la Vega, tan cercano en lo geográfico y en lo moral.

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El quinto gran simio somos nosotros

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Chimpancé en un santuario de Camerún, tras ser rescatado por Proyecto Gran Simio. Foto: @PGS

Por qué reconocer a los grandes simios como personas no humanas

Hay quienes creen que los términos “ser humano” y “persona” significan lo mismo, pero no es así. Para ser “humano” es necesario y suficiente que alguien o algo tenga ADN de Homo sapiens. Sin embargo, las condiciones necesarias y suficientes para ser persona varían con la disciplina que estemos considerando. En derecho se habla de la personalidad jurídica de las fundaciones o las empresas; en teología, de personas no humanas como los ángeles o las tres personas de la Santísima Trinidad (sólo una de las cuales tendría ADN de Homo sapiens); en psicología se habla de las capacidades emocionales e intelectuales que los niños adquieren a cierta edad; y en ética se habla de las personas como agentes morales, con sus derechos y obligaciones.

Los humanos con ciertas enfermedades, o en coma, carecen total o parcialmente de los atributos de las personas que en cambio exhiben, aunque en distinto grado, todos los homínidos o grandes simios (chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes), que emotiva y cognitivamente pueden compararse con niños de dos años. Es cierto que tienen 48 cromosomas y más pelo, pero también hay humanos con 44, 45, 46, 47, 48 y 49 cromosomas, más pelo y otras diferencias, y no dejan por ello de ser personas.

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Recompensa ciudadana de 2.550 euros a los denunciantes de la crueldad en una perrera

Cachorros muertos procedentes de la perrera denunciada. Foto: @ACTIN

Un fondo ciudadano creado para respaldar denuncias de maltrato hacia los animales recompensará con 2.550 euros a una asociación de Murcia cuya denuncia contra los gestores de una perrera privada fue clave para que los responsables hayan sido imputados y llamados a declarar ante el juez.

Quien recompensa es el Fondo 337, creado en 2011 a raíz de las imágenes publicadas de un cachorro torturado hasta su muerte. Indignados ante los casos de maltrato animal y la pasividad de algunas autoridades en España, un grupo de ciudadanos puso en marcha una colecta de fondos para respaldar económicamente las denuncias fundadas de crueldad, y contribuir a que esos casos sean sancionados.

Por petición de esos ciudadanos, el Fondo 337 es administrado conjuntamente por Asociación Libera!, Fundación Altarriba, Justicia Animal, Gehva y la Sociedad Zoológica de Extremadura.

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Cachorros en los escaparates como reclamo de un oscuro negocio

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Criadero ilegal en la Comunidad de Madrid, donde el Seprona y la FAPAM rescataron 323 perros. ©Justicia Animal

Misi fue comprado hace tres años en una tienda de mascotas de Madrid. "Nunca habíamos pensado tener un gato porque tenemos ya un perro. Pero al pasar por la tienda de animales mi hijo Marcos se quedó pegado al escaparate mirando a un gatito atigrado que dormitaba dentro de una urna de cristal. Nos sobrecogió ver al animalito metido en ese habitáculo tan pequeño entre tiras de periódicos mojadas por sus orines. Parecía como si estuviera drogado. No se movía a pesar de los intentos que hacía mi hijo por llamar su atención", explica Carlos. “Está aburrido. Todos los niños golpean el cristal y ya no hace caso”, explicó, a modo de justificación, la dependienta. “¿Dónde duerme de noche?”, preguntó el crío. La mujer evadió la pregunta con otra: “¿Quieres que duerma contigo?”. Al final, el gato acabó en su casa. "Estaba algo desnutrido y apenas jugaba, pero poco a poco fue remontando", cuenta su dueño. Ahora convive feliz con otro gato que recogieron en el parque y Buda, un labrador canela, con los que se lleva de maravilla. 

Como Misi, en España hay miles de animales de compañía, cachorros de gatos y perros, conejos o cobayas que son exhibidos en los locales de venta de animales como reclamo para atraer su compra, despertar el antojo de un niño, o servir como regalo inesperado a un familiar o amigo, sin saber siquiera si van a ser bien recibidos. En ocasiones, son vendidos con enfermedades que se ocultan al comprador o sin las vacunas preceptivas. Otros sufren traumas durante su permanencia en las tiendas, que desembocan luego en comportamientos extraños, a veces difíciles de corregir.

Según la veterinaria y etóloga (especialista en el comportamiento de los animales) Laura Sagarra, “existen unos periodos de la vida del cachorro en el que el ambiente va a afectar a su comportamiento futuro de una forma casi irreversible. Los cachorros necesitan un espacio físico suficiente donde poder realizar ejercicio, con suficientes recursos que poder explorar, tener contacto con otros perros para aprender las pautas de conducta social y con seres humanos con los que socializarse”.

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