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Ellos y nosotros, la construcción de la alteridad animal

Es Baluard Museu d'Art Modern i Contemporani de Palma ofrece hasta el próximo 3 de febrero la exposición Ells i nosaltres (Ellos y nosotros), un proyecto de reflexión sobre las relaciones entre los animales humanos y no humanos a través del arte

Obra sin título de la serie 'Matances' (1991). Pertenece a la colección permanente de Es Baluard y forma parte de la exposición 'Ells i noseltres'.

Obra sin título de la serie 'Matances' (1991). Pertenece a la colección permanente de Es Baluard y forma parte de la exposición 'Ells i nosaltres'. JOAN-RAMON BONET

Ells i nosaltres (Ellos y nosotros) no es una exposición antiespecista. Tampoco pretende serlo. Supongo que no se puede esperar que un museo sea activista de la lucha por los derechos animales -no todavía, al menos-, pero sí se puede agradecer a Es Baulard Museu d'Art Modern i Contemporani de Palma que destine tiempo y recursos a generar un espacio de reflexión sobre las relaciones entre los animales humanos y no humanos a través del arte. Es Baulard se sitúa, con esta exposición, como un escaparate de la evolución de estas relaciones. Lo hace de manera rigurosa, extensa y pionera en Balears, si bien desde un posicionamiento más aséptico que comprometido, e incluso incorporando ciertas obras de contenido más que discutible desde esa perspectiva antiespecista.

La muestra, comisariada por Nekane Aramburu y disponible hasta el 3 de febrero, recoge obras de un dilatado periodo histórico (la más antigua, el Cap de bou de Talapi, data de la época talayótica) e invita a analizar las relaciones entre los seres sintientes desde la sala de exposición, pero también a partir de una serie de actividades que se están realizando en el marco del proyecto, como mesas redondas sobre maltrato animal, debates sobre colonias felinas urbanas o diversos talleres educativos.

Es, pues, una llamada a ejercitar el pensamiento, a la revisión histórica de una coexistencia. A través de las diferentes piezas que componen la exposición puede verse cómo la producción, explotación y exterminio de los animales no humanos ha sido una realidad en nuestras sociedades, una relación de injusticia disfrazada de tradición y marcada por esas contradicciones que ya definía Melanie Joy en Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas: un cordero que acompaña a Mildred Drew en su retrato del siglo XVIII nos habla del amor y la compañía; pero ese cordero pintado por el Círculo de Bartholomew Dandridge podría ser el mismo que, muerto y troceado, viste de carne a las siamesas de Rosalía Banet.

Los animales como bien de consumo en lo textil, en lo alimenticio, en lo decorativo, en lo viril: animales como trofeo de caza para reforzar una idea de superioridad destructiva y sanguinaria. Animales como fuerza de trabajo, animales como entretenimiento de y para los seres humanos. Animales que sufren después de que otros animales les definan como alteridad. Esas son algunas de las reflexiones que nacen tras recorrer la exposición. Los animales no humanos son “ellos” porque alguien ha construido un “nosotros” dejándolos fuera. Por eso mismo, la exposición bien podría replantearse desde el “ellos y nosotras”. Un “ellos” que ejerce poder y violencia sobre un “nosotras”, un sujeto (masculino, blanco, heterosexual, humano, qué más da) que marca una relación basada en la desigualdad y que construye todo un sistema de valores para legitimar sus privilegios. Veru Iché habla precisamente de la violencia y del sadismo del que solo es capaz el ser humano con Diorama di sudoriazione fredda, una instalación que incluye un oso taxidermizado, acompañado por el relato sanguinario de Gilles de Rais.

La gran presencia de los animales no humanos en el arte revela la importancia que tienen en nuestras vidas. Artistas como Pablo Picasso o Miquel Barceló, con obras en la exposición, han incluido o incluyen de manera recurrente a otras especies en su arte. Sin embargo, se muestra su sufrimiento de manera acrítica, sacando del foco al agente que genera ese dolor. La relación entre humanos y no humanos es y ha sido cercana, de ahí su presencia en las representaciones artísticas, pero hablar de esta relación como si estuviera basada en la convivencia y la compañía sería tan injusto como hablar de la colonización asegurando que fue un encuentro entre culturas.

Zoosofías.

Zoosofías. PALOMA PÁJARO

Más allá de los debates alrededor de si el arte debe ser o no activista, sobre lo que no cabe duda es que, a través de Ells i nosaltres, la cuestión animalista entra en un espacio que todavía no le es habitual, de la misma manera que lo hacen las 200 cucarachas (de papel) de la Plaga de Eugenio Ampudia o el zorro (vivo y encerrado) de Francis Alÿs en The night watch. Es Baulard abre sus puertas a reflexionar sobre las relaciones entre animales en diferentes aspectos de la vida, ofreciendo su espacio para debatir sobre una realidad (la necesidad de acabar con la explotación de los animales no humanos) que está cada vez más presente en la calle y las instituciones.

De hecho, esta legislatura balear que ya acaba ha venido marcada por una ambiciosa ley de bienestar animal que prohibía la muerte de los toros durante las corridas y que, durante su trámite parlamentario, incluyó debates sobre si los caballos que se utilizan en el Jaleo de las fiestas menorquinas deberían ser también protegidos. Fue una lástima que finalmente no se entendiera así, como también lo fue que el Tribunal Constitucional tumbara hace unas semanas algunos artículos del texto por ir, decía, contra el patrimonio cultural inmaterial.

En una exposición que incluye piezas de la colección de Es Baulard, además de obras cedidas por otros museos y por diferentes artistas, se cuidan los detalles. El logo de la exposición que recibe a quien la visita es una proyección en la pared para evitar el uso de plásticos o vinilos, un posicionamiento ecologista y, por lo tanto, válido en el planteamiento animalista: la generación masiva de residuos y la fabricación de materiales de un solo uso altamente contaminantes destruyen a un ritmo frenético nuestro ecosistema y el de los seres con los que coexistimos, a los que condenamos a falta de libertad, como Conchita, el cangrejo atrapado en ganchillo de Joana Vasconcelos, o a una muerte segura, como los animales en huida del Proyecto Zoosofías de Paloma Pájaro.

Ells i nosaltres no es una exposición antiespecista, pero vale la pena visitarla. No está pensada para convencer a quien ya se ha convencido y siente un escalofrío cuando ve el nombre de Damien Hirst en la lista de artistas. Sería bonito, desde la mirada activista, que se hubieran instalado paneles explicativos de las atrocidades de la tauromaquia acompañando a los platos taurinos de Picasso. También lo sería hablar sobre la tortura del cautiverio gracias al tigre de Paloma Navares, sí, de la misma manera que muchos sectores de la sociedad aplaudirían que se colocaran placas sobre la cultura de la violación junto al Rapto de las hijas de Leucipo o el Rapto de las Sabinas en los lugares donde están expuestos. Ya hay experiencias, como Capital Animal, que nos dicen que, si bien todavía no es hegemónico, llegar a ese punto es posible. De hecho, no estamos tan lejos. Sin embargo, en el largo camino del “mientras tanto”, iniciar conversaciones desde la base y con mirada amplia e histórica nunca puede ser un paso en falso.

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