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Bru Busom y Marc Toralles repiten la 'Slovak Direct' al Denali

Los alpinistas catalanes se apuntan la décima repetición de esta clásica, abierta en 1984 por un equipo eslovaco, y que recorre la vertiente sur del Denali (6.194 metros)

Slovak Direct al Denali.

Bru Busom y Marc Toralles se han apuntado la décima repetición de la Slovak Direct (WI6, M6+A2), en la cara sur del Denali (6.194 metros), abierta en 1984 por los eslovacos Blazej Adam, Tono Krizo y Frantisek Korl. Sin duda, una magnífica actividad en la cima más alta de Norteamérica. Ellos mismos nos lo cuentan...

“Nos encontramos en Talkeetna, desolados, esperando un petate. Llevamos cuatro días esperando, si mañana no llega, nos vamos...

Así empezó nuestra expedición.

Al final el petate llegó, y con él toda la motivación que nos faltaba. Sabíamos que teníamos posibilidades, y por pequeña que fuera la ventana de buen tiempo, la aprovecharíamos.

Nuestro objetivo era escalar la Slovak Direct, en la cara sur del Denali. Empezamos a aclimatar y en una semana hicimos la cumbre del Denali por la vía Orient Exprés. Nos sentimos fuertes y motivados, y creímos en nuestras posibilidades.

Dos días de mal tiempo nos ayudaron a descansar y preparar la logística para la escalada de la cara sur. La meteo a tres días vista es poco fiable. Nos la jugamos a cara o cruz, y esta vez salió cara.

Al día siguiente, de madrugada, partimos con mochilas y comida para cinco días.

La aproximación por la Seattle Ramp fue compleja debido a las recientes nevadas que tapaban por completo las grietas. Tuvimos que abrir huella durante toda la jornada, lo que hizo que llegáramos a pie de pared más fatigados de lo que esperábamos. Una última consulta a la compañía aérea nos confirmó la llegada de fuertes vientos de más de 40 millas para el tercer día. Asumimos el compromiso. Tardamos 9 horas en escalar hasta el primer nevero. Encontramos la vía con poco hielo y con 20 centímetros de nieve reciente, lo que resultó una escalada muy laboriosa y de difícil protección. Llegando al vivac, empezó a nevar, acumulando 15cm de nieve fresca. Por suerte, el vivac en la rimaya nos protegió de las continuas avalanchas que cayeron durante toda la noche.

Bru Busom y Marc Toralles.

El segundo día afrontamos la parte más compleja de la vía. Nos tocó abrir huella hasta la cintura y aguantar las constantes purgas, largo tras largo. Aún así, fue uno de los mejores días de escalada de nuestras vidas. Nos encontramos largos de nieve, mixto y hielo que nos conmovieron por su belleza y su exigencia. La jornada finalizó en uno de los vivacs más espectaculares que hemos realizado jamás.

La tercera jornada empezó con el largo clave de la ruta. Al llevar poco material hizo que la escalada en libre para el primero de cordada fuera demasiada expuesta, lo que nos obligó a escalar tramos exigentes en medios artificiales. El segundo de cordada pudo liberar el largo confirmando el grado M8. Los siguientes largos fueron de gran calidad y pedían una escalada muy técnica y de cabeza fría, lo que sumado a la nieve reciente y las grandes purgas, fueron los momentos más tensos de la escalada. Saliendo de los largos de mixto volvió a nevar con fuerza. Tuvimos un momento de mucha tensión por las avalanchas que caían sin cesar. Ante la imposibilidad de una retirada, continuamos escalando, aguantando las fuertes purgas hasta llegar el ultimo muro donde, debido a la mala visibilidad, y al no encontrar la ruta, tuvimos que abrir una variante de M6 expuesta. Al final de la jornada llegamos a las campas comunes con el espolón Cassin donde nos desencordamos, y encontramos un buen vivac.

Bru Busom y Marc Toralles.

Las gélidas temperaturas y la altitud, sumado a los sacos mojados, hicieron que pasáramos una noche muy dura. Por la mañana nos levantamos con el sol. Teníamos por delante 1.000 metros de terreno fácil hasta la cumbre. El cansancio y la gran cantidad de nieve acumulada hizo que la jornada fuera más dura de lo esperado. A las 7 de la tarde hicimos cumbre, exhaustos, pero contentos por haber completado este gran itinerario.

Ya solo nos separaban los 1.800 metros de descenso conocido hasta los soñados espaguetis con bacon...”.

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