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Gabriel Jorge: el mito periquito (1941)

Artífice de la Copa del Generalísimo 39-40, en el RCD Espanyol se le venera como uno de los mejores futbolistas que ha tenido el club en su más que centenaria trayectoria

Capítulo 6 del libro ‘Los 32 futbolistas canarios de la selección española (1920-2010)’, del que son autores Juan Galarza, Luis Padilla y Juanse Sánchez. Publicado por AyB Editorial con el patrocinio del Gobierno de Canarias y la Federación Canaria de Fútbol

Primer partido de España tras la guerra civil. En Lisboa y ante Portugal, titulares y suplentes, forman: Quincoces, Campanal, Rovira, Echevarría, Ipiña, Pérez, Oceja, Gabriel Jorge, Mieza (de pie); Gorostiza, Campos, Escolá, Epi, Germán y Gabilondo.

Primer partido de España tras la guerra civil. En Lisboa y ante Portugal, titulares y suplentes, forman: Quincoces, Campanal, Rovira, Echevarría, Ipiña, Pérez, Oceja, Gabriel Jorge, Mieza (de pie); Gorostiza, Campos, Escolá, Epi, Germán y Gabilondo.

Biografía

Gabriel Jorge Sosa (1916) es el futbolista internacional español vivo con más edad. A sus 94 años es un héroe para la familia del RCD Espanyol, con el que disputó tres finales de Copa de España, la primera de ellas ganada al Real Madrid gracias a dos goles suyos. Formado en la cantera del Real Unión, formó parte del CD Tenerife durante la guerra civil. Acabada la contienda, fue traspasado al Espanyol junto a Semán y Quique. Tras una excepcional carrera con los periquitos, jugó dos temporadas con el Badalona en Segunda División, antes de regresar a su isla y militar unos meses en la UD Tenerife 52/53 que intentó el asalto a las categorías nacionales.

El mito periquito

Gabriel Jorge Sosa. El nombre quizás no le diga mucho a los aficionados canarios. Y probablemente no le diga absolutamente nada a los más jóvenes. En Sarriá durante décadas y ahora en Cornellá es un mito. Y en el RCD Espanyol se le venera como uno de los mejores futbolistas que ha tenido el club en su más que centenaria trayectoria. Su nombre quedó grabado para siempre en la historia desde que el 30 de junio de 1940 liderara a los periquitos a su segundo título en la Copa de España. Once años y una guerra civil después de que el conjunto liderado por Zamora y el canario Padrón firmara el primer éxito nacional, el entonces denominado Español volvía a una final copera. Y lo hacía nuevamente ante el Real Madrid… en el campo neutral de Vallecas.

El ceremonial es el de la época: pose de ambos equipos “brazo en alto” y saludo a los jugadores “del heróico general Moscardó, defensor del Alcázar”, que preside el choque en ausencia “del glorioso Caudillo de España”. El Madrid de figuras como Chus Alonso, Lecue, Ipiña o el veterano Jacinto Quincoces se adelanta a los cinco minutos, pero Gabriel Jorge le da vuelta al marcador con dos goles especialidad de la casa: con un disparo seco, raso, ajustado al poste y llegando desde atrás, por sorpresa. El 2-1, a falta de cinco minutos, parece dar el triunfo al grupo dirigido por Patricio Caicedo, que recibe un tanto en el último segundo y debe decidir en la prórroga. Lo hará después de que Jorge le regale el 3-2 definitivo al extremo Mas.

Jorge recibe los elogios unánimes de la prensa y Lasplazas asegura en El Mundo Deportivo que “el canario camina rápidamente hacia su plenitud” tras llegar el verano anterior al Español después de que Caicedo lo viera jugar un amistoso con el CD Tenerife. El técnico perico fue a fichar al ala izquierda del representativo insular, formada por Bernardino Semán y Quique Pérez Cubas. Y por cinco mil pesetas adicionales se hizo también con Jorge. Y si sus dos compañeros tuvieron un paso fugaz por Sarriá (aunque ambos, junto con Jorge, conquistaron el Campeonato de Cataluña de 1939, el último que se disputó antes de que fuera suprimido por el franquismo), Gabriel triunfó a lo grande durante casi una década.

Tras cerrar el torneo regional con el título y un triunfo en Les Corts ante el Barça, el Español abre la primera liga de la posguerra, la 39/40, con otra nueva victoria en el campo del eterno rival. Es el debut en la élite de Gabriel Jorge, que es el máximo goleador del equipo en un curso en el que los periquitos son líderes al término de la primera vuelta y parecen encaminarse hacia su primer campeonato de la regularidad. Todo se tuerce en un viaje –por carretera, cómo si no– a Sevilla. Tras la derrota en Nervión, el autocar del club, el famoso Pájaro azul, vuelca en Talavera (Toledo) y varios jugadores quedan heridos. La Liga se escapa, pero, una vez recuperados los lesionados, la Copa del Generalísimo llega a las vitrinas de Sarriá tras eliminar en semifinales al Barcelona… y lograr el tercer triunfo oficial del curso en Les Corts.

Nacido en Santa Cruz de Tenerife el 6 de febrero de 1916, Gabriel había destacado en el fútbol regional antes de su consagración en la Península. Hijo de Manuel Jorge y Dionisia Sosa, su padre era cambullonero y comerciaba con víveres y tabaco en el muelle de Santa Cruz de Tenerife, “en una época en la que se vivía en la calle con las puertas de las casas abiertas”. Tras dar sus primeras patadas a una pelota de trapo en las inmediaciones de El Chovito, pronto ficha por el Real Unión cuando el equipo de El Cabo competía de igual a igual con el CD Tenerife. Mientras, cursa estudios primarios “en el colegio de don Francisco, en la calle Cruz Verde” y por la noche acude al instituto de la plaza Irineo González.

Fichado por el CD Tenerife, la guerra civil le lleva al frente de Aranjuez (Madrid), donde también se juega al fútbol y se adquiere precisión. “El que tirara la pelota fuera tenía que ir a buscarla y…”, recuerda. Acabada la contienda, regresa a la isla y al CD Tenerife y allí está unos meses hasta que Caicedo viene a ver a Semán y Quique y también se lo lleva al Español. Y si su primera temporada como perico fue sobresaliente, la segunda ofrece una sensación agridulce. Una lesión le mantiene dos meses inactivo al inicio del curso y otro contratiempo le deja sin participar el último mes de competición. Por el camino, el 12 de enero de 1941, debuta como internacional absoluto en el que es el primer partido internacional de la posguerra.

Con la II Guerra Mundial en plena ebullición, España sólo juega ocho partidos durante casi una década ante rivales elegidos. Cuatro de ellos, ante la vecina Portugal. El primero fue en Las Salesias (Lisboa), en una cita en la que también debutaron los canarios José Pérez (Hércules) y Paco Campos (Atlético Aviación). Jorge fue sustituido tras el descanso por Escolá (Barcelona) en un choque en el que, de los 13 futbolistas utilizados por el seleccionador Eduardo Teus, sólo Ipiña, Campanal y Gorostiza habían jugado con la roja antes de la guerra. En un choque disputado bajo una intensa lluvia, el interior tinerfeño no brilló. Para la devolución de visita, dos meses después en San Mamés, lesionado Jorge, el seleccionador optó por Herrerita, que compartiría esa posición con Chus Alonso durante un lustro.

Eso sí, en ese curso 40/41 cumple son su particular tradición: se despide de Sarriá en la Liga con una victoria (3-1) ante el Barça en la que participa con un gol, mientras que en la Copa del Generalísimo vuelve a eliminar a los azulgrana, con un nuevo triunfo (1-2) en Les Corts y con una espectacular victoria (4-3) en Sarriá en la que participa con un gol y una asistencia. El equipo blanquiazul vuelve a alcanzar la final de la Copa del Generalísimo para caer (3-1) en Chamartín ante aquel Valencia de la delantera eléctrica (Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza) que el curso siguiente ganaría la Liga de calle. A la media hora ya ganan los chés por dos-cero y el Español nunca tiene opciones de victoria, aunque “Jorge es su elemento más destacado”.

En la temporada siguiente se acaba la supremacía periquita sobre el Barcelona en la Copa del Generalísimo. Vuelven a encontrarse en cuartos de final, pero esta vez los azulgrana pasan la eliminatoria, no sin antes sufrir otro gol de Gabriel  Jorge. Y en liga, el Barça también se lleva un doblete del tinerfeño en el enésimo triunfo (4-2) del Español en el derby, que en esa época era mucho más igualado que ahora. Poco después, el interior chicharrero acaba con la imbatibilidad del Atlético de Madrid (entonces Atlético Aviación y bicampeón de Liga a las órdenes de Ricardo Zamora) con un hat trick espectacular. Pese a todo, el Español empieza a tontear en exceso con el descenso a Segunda División y en cuatro temporadas disputaría en tres ocasiones la promoción.

El Sporting de Gijón, el Alcoyano y el Nástic de Tarragona fueron los rivales de esas citas, resueltas a partido único en campo neutral. Jorge tuvo protagonismo especial en la última, que necesitó un segundo partido, pues el primero acabó con 0-0. En ese choque, disputado en Montjuic el 19 de mayo de 1946, el interior tinerfeño exigió 7.000 pesetas adicionales por jugar… y se las dieron. Pero luego le impidieron jugar el desempate. Y eso que era el mayor ídolo de la afición, a la que brindó exhibiciones aún recordadas como un póker de goles que le hizo al Deportivo en el curso 43/44 o el doblete logrado la semana siguiente ante el Barça en Les Corts, para ganar por un 1-3 que al menos aseguraba la promoción a los periquitos.

Además, en la temporada 44/45 fue protagonista de una circunstancia singular, al coincidir con su hermano Manolo Jorge en un Atlético Madrid-Español disputado en el viejo Metropolitano. Ese día debutó (y con dos goles) su hermano menor en la máxima categoría, en una jornada en la que un tercer miembro de la saga familiar, Valentín Jorge, jugaba con el Granada. A lo largo de la historia, solo dos tríos de hermanos han conseguido jugar en una misma temporada en Primera División: los Gonzalvo y los Jorge. Los Bienzobas, los Glaría o los Hierro también contaron con tres hermanos en la élite, pero no llegaron a coincidir en una misma campaña. Como el Granada descendió ese curso, ya no volverían a juntarse.

Lo que sí hizo Gabriel Jorge fue seguir dando tardes de gloria a los aficionados de Sarriá. Incluso en el ejercicio 46/47, una vez perdonado su desliz en la promoción ante el Nástic, fue decisivo para lograr la permanencia en un agónico partido ante el Murcia en La Condomina, resuelto con victoria (1-2) a falta de diez minutos, cuando el empate mandaba a los catalanes a Segunda División. En cambio, el equipo tuvo una trayectoria sobresaliente en la Copa del Generalísimo, llegando a la final tras eliminar al Nástic en semifinales gracias a tres goles casi seguidos del palmero Rosendo Hernández en la ida. En la final, disputada en Riazor (La Coruña), no sin polémica, esperaba el Madrid de Luis Molowny.

El Español, que se había quejado por la designación del escenario –que obligaba a un viaje, en tren y vía Madrid, que duraba casi día y medio– y del árbitro, el guipuzcoano Echave, vio confirmados sus temores. Un gol en fuera de juego de Vidal, ya en la prórroga, decidió el choque y dejó sin título a Gabriel Jorge en su último partido oficial con el Español. El interior tinerfeño abandonó Sarriá, pero no Cataluña y durante dos temporadas militó en el Badalona, entonces en Segunda División, con el que logró la permanencia ambos cursos. De regreso a la Isla, para trabajar en la Refinería, aún fichó por el Real Unión y más tarde, en la temporada 52/53 formó parte, con otro ilustre veterano como Paco Roig (ex Celta), de un proyecto llamado Unión Deportiva Tenerife.

Creada a imagen y semejanza de la UD Las Palmas, que en dos años había pasado de las categorías regionales a Primera División, la UD Tenerife pugnaría con el Norte y el CD Tenerife por ganarse el derecho a disputar una eliminatoria de promoción a Segunda División con el Orihuela. Al final, la ayuda de Jorge no fue suficiente y sería el CD Tenerife el que disputaría esa eliminatoria. Y el que empezaría a escribir su ininterrumpida historia de casi sesenta años de militancia en las categorías nacionales. Gabriel Jorge, aún asiduo al Heliodoro, la ha disfrutado como espectador.

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