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LOS 32 FUTBOLISTAS CANARIOS DE LA SELECCIÓN ESPAÑOLA

Luis Molowny: el mangas (1950-1955)

Último partido internacional de Molowny. Fue ante Francia en el Bernabéu y España formó, de arriba abajo y de izquierda a derecha, con: Ramallets, Segarra, Marquitos, Lesmes II, Muñoz, Bosch, Carmelo (portero suplente), Basora, Molowny, Arieta, Rial y Gaínza.

Último partido internacional de Molowny. Fue ante Francia en el Bernabéu y España formó, de arriba abajo y de izquierda a derecha, con: Ramallets, Segarra, Marquitos, Lesmes II, Muñoz, Bosch, Carmelo (portero suplente), Basora, Molowny, Arieta, Rial y Gaínza.

Biografía

Luis Molowny Arbelo (1925-2010) nació en Santa Cruz de Tenerife. Hijo del mítico Raúl Molwny, jugó algunos partidos en el CD Tenerife y en el Santa Cruz antes de fichar por el Marino de Las Palmas. Contratado por el Real Madrid en 1946, será la estrella del conjunto blanco hasta la llegada de Di Stéfano. En el Madrid ganó dos ligas, una Copa del Generalísimo y la primera Copa de Europa. Se retiró en la UD Las Palmas, donde se convirtió en entrenador-jugador a poco de su llegada. Como técnico llevaría a los amarillos al subcampeonato liguero y ganaría tres ligas, dos Copas de España y dos Copas de la UEFA con el Real Madrid.

El mangas

“Se fue un hombre bueno”. La frase, por sencilla, puede ser el mejor resumen del pesar general que rodeo al fútbol el 12 de febrero de 2010. Ese día falleció Luis Molowny Arbelo y lo hizo en medio de una catarata de elogios. En este caso, los mismos que recibió en vida. Los que se ganó durante una carrera ejemplar como jugador, como entrenador o como hombre de club. En el Real Madrid y en la UD Las Palmas. Y en la selección española, en la que jugó siete partidos y a la que también dirigió. Como bien resumió uno de sus discípulos en el equipo amarillo, “sólo hay una cosa imposible en el fútbol: encontrar a alguien que hable mal de don Luis”.

Hijo de Raúl Molowny –un mito del CD Tenerife de los años veinte que jugó con Emilio Baudet, Joaquín Cárdenes o Graciliano Luis–, su destino futbolístico estaba marcado desde su nacimiento, el 12 de mayo de 1925 en Santa Cruz de Tenerife. Tras jugar en el colegio San Ildefonso y en el Rápido, se incorpora al juvenil Tenerife y luego al Santa Cruz, donde sólo disputa encuentros amistosos por no tener 18 años. En septiembre de 1943, ya cumplida esa edad, ficha por el Marino de Las Palmas que preside Eufemiano Fuentes y que le hace su primer contrato profesional: 5.000 pesetas de ficha anual, 300 de sueldo mensual y otras 100 por partido ganado. Al mes siguiente debuta en partido oficial con el equipo azul con gol y con victoria (3-2).

El Marino conquista los títulos regionales de 1945 y 1946 y llena cada tarde las gradas de su nuevo recinto, germen del futuro Estadio Insular. Las actuaciones de Molowny no pasan desapercibidas y el Atlético de Madrid intenta su fichaje, que no se consuma. En el verano de 1946 son Madrid y Barcelona los que se pelean por sus servicios. El presidente del equipo blanco, Santiago Bernabéu, incluso ordena a su secretario técnico, el legendario Jacinto Quincoces, que se desplace en avión a Las Palmas para cerrar la operación. Y lo hará previo pago de 75.000 pesetas al Marino. El jugador percibirá 175.000 pesetas de ficha, 3.000 de sueldo mensual y una prima de 500 pesetas por partido ganado.

Molowny debutó como madridista el 1 de diciembre de 1946 ante el Barcelona en partido de Liga disputado en el Metropolitano, al estar en obras Chamartín (el actual Santiago Bernabéu). Lo hizo en lugar de una leyenda del madridismo, Sabino Barinaga, y a falta de ocho minutos marcó el gol de la victoria (2-1) con un “certero y espectacular cabezazo” a centro de Vidal. “La figura del encuentro ha sido Molowny, que no sólo no defraudó, sino que hizo afirmación de llevar dentro un gran jugador”, escribe Juan Deportista en ABC. El jugador canario ya no saldría del equipo inicial esa temporada y terminaría la Liga con 11 goles (en quince partidos) para ser el segundo máximo goleador blanco tras el ariete Pruden.

 “En esa época triunfaban en el Atleti jugadores canarios que tenían un buen remate de cabeza [como Paco Campos o Manuel Jorge] y la prensa dijo que yo era una réplica de ellos y que era un cabeceador fenomenal… y luego, en toda mi vida, creo que sólo marqué otro gol más de cabeza”, recordaba Molowny poco antes de su fallecimiento en Atlántico (TVAC). Eso sí, el triunfo ante el Barça le sirvió para ganarse la confianza de la grada, aunque su explosión llegaría meses más tarde, en un amistoso ante el San Lorenzo de Almagro, que venía de golear (1-4) al Atleti y anunciaba repetición de exhibición ante el Madrid. Molowny fue el dueño de aquel partido y lideró a los blancos a un triunfo (4-1) que llenó de elogios al interior tinerfeño.

“Es uno de los mejores jugadores que he visto nunca. En Argentina se lo disputarían a precio de oro”, resumió Ángel Zubieta, internacional español con 17 años al que la guerra civil mandó al exilio. El curso, además, se cerró con la conquista de la Copa del Generalísimo en Riazor, tras derrotar (2-0) al Español en la prórroga. Curiosamente, Molowny no guarda buen recuerdo de ese choque. Fue expulsado al inicio de la segunda parte tras repeler una agresión de Ramón Celma, medio del Español. “No fui nunca un jugador violento, pero esa vez me equivoqué y estuve bien expulsado”, admitió. Mejor recuerdo guarda de la remontada en octavos de final ante el Betis.

En esa ocasión, tras perder por 4-0 en la ida, el futbolista canario colaboró con un gol y tres asistencias al 6-0 de la vuelta que les acercaría al título posterior. “No estuvo mal ese partido”, resumía décadas después con su habitual modestia sin querer compararlo con las remontadas que su Madrid lograba entonces en las competiciones europeas con don Luis como técnico. Lo cierto es que, sancionado tras su expulsión en la final de la Copa del año anterior, Molowny no debutó hasta la sexta jornada en la Liga 47/48 y para entonces su equipo no había ganado ni un partido. Al final ocupó la peor clasificación de su historia: la undécima plaza, a dos puntos del descenso.

El futbolista canario fue el encargado de sostener al Madrid en esa etapa de transición y despidió el curso como máximo realizador del equipo con nueve goles. Sin embargo, la campaña siguiente es muy distinta, porque una lesión le deja varios meses sin jugar. A cambio, Molowny explotaría en la campaña 49/50, aunque sin lograr títulos. El Madrid acabó cuarto la Liga tras ser líder la mayor parte del campeonato y cayó eliminado por el Valladolid en las semifinales de la Copa. Por el camino hizo 12 goles en el torneo de la regularidad y en el torneo del KO firmó una exhibición y dos tantos en la goleada (6-3) ante un Atleti que venía de conquistar la Liga.

Convertido en referencia del fútbol nacional, debutó con la selección española en los partidos de clasificación para el Mundial de Brasil 50. Molowny fue titular en los dos choques decisivos ante Portugal… y marcó el día de su estreno en el triunfo (5-1) ante el país vecino. Su tanto “en brillante jugada personal” cerró la goleada y mereció la felicitación del colegiado inglés Reg Leafe. “Cuando Molowny entró en juego, se abrieron las compuertas de su fútbol, que se desparramó como una brillante cascada de oro sobre el césped”, escribió Carlos Pardo en el El Mundo Deportivo. Al final, formó parte de los 18 de Río junto a otros dos canarios, Silva y Rosendo Hernández.

Igoa (Valencia) y Panizo (Athletic) serán los interiores titulares en el Campeonato, aunque el tinerfeño disputa, ya en la fase final, el partido ante Uruguay, saldado con empate (2-2) ante los futuros campeones. Y tras el Mundial jugaría con la selección de forma esporádica: sólo apareció en tres de los 11 compromisos amistosos que disputó el combinado nacional antes de afrontar la eliminatoria ante Turquía por una plaza en el Mundial de Suiza 54. Y siempre como interior izquierdo, alternándose en ese puesto con Panizo. En esa época, como interiores en el ala derecha jugaron Muñoz, Sobrado, Coque, Arza, Fuertes, Joseíto o Marcel, hasta que Venancio le dio estabilidad al puesto.

Un año después del fiasco ante Turquía, Molowny volvería a la selección para jugar en el Santiago Bernabéu un amistoso ante Francia. Estaba a punto de cumplir 30 años y formó con Basora la misma banda derecha que se había exhibido ante Portugal un lustro antes. Fue su despedida de la roja y su única derrota (1-2) como internacional. En el Real Madrid, por contra, se hartó de jugar y marcar goles. Para entonces, la afición madridista le había puesto el apodo de El mangas por su forma de coger los puños de la camiseta, “una manía que cogí de niño porque tenía un poco de complejo con mi estatura, ya que no había crecido demasiado. Al cogerme las mangas parecía mayor y, además, me daba impulso en los saltos”.

Y así, con las mangas cogidas y la cabeza alta, Molowny lideró un Madrid que en las siete últimas campañas del canario en la casa blanca fue eliminado siempre en las semifinales de la Copa del Generalísimo… ante el equipo que luego, como castigo divino, quedaría subcampeón. En la Liga la historia fue similar hasta que, en el verano de 1953, fichó a Alfredo Di Stéfano. Molowny convivió tres temporadas con don Alfredo y el balance fue de dos títulos de Liga y la primera Copa de Europa de la historia. Y aunque poco a poco perdió protagonismo, en la campaña 53/54 aún tuvo un papel estelar en el campeonato de la regularidad: hizo 13 goles en 23 partidos y logró su único hat-trick como madridista en una agónica victoria (4-3) ante el Español.

La temporada siguiente repite título de Liga con el Madrid, pero sólo juega una docena de partidos en los que, eso sí, marca seis goles. Y se despide de la casa blanca en el curso 55/56. En la Liga hace un gol en seis encuentros… y es expulsado ante el Athletic por agredir a Canito. Y en la recién creada Copa de Europa sólo toma parte en la primera eliminatoria ante el Servette (Suiza), marcando en el 5-0 del Bernabéu. Su último choque oficial lo jugará contra el Barcelona y se despide de la afición el 31 de mayo de 1956 en un partido homenaje ante el Vasco de Gama (Brasil) de Vavá y Jair. El equipo blanco se refuerza para la ocasión con Kubala (Barcelona), Collar y Miguel El palmero (Atlético de Madrid), Wilkes (Valencia) y Kopa, del Reims, que dos semanas después jugaría la final de la Copa de Europa ¡contra el Madrid!

Retirado del fútbol, en diciembre de 1957 responde a una llamada de la UD Las Palmas y acepta el cargo de jugador-entrenador. Y con la ayuda de otros retornados como Mujica y Silva logra la permanencia. El 22 de diciembre de 1957 se pone por vez primera la elástica amarilla. Y como ocurrió con el Marino, el Madrid o la selección española, debutó con victoria y con gol. Fue ante el Sevilla (4-1) y en un Insular que ya había pisado antes de la creación de la UD Las Palmas. Acabado el curso y logrado el objetivo con una agónica victoria en la jornada final ante el Valladolid, se marchó discretamente a casa. A partir de ahí regresaría muchas veces al banquillo del Insular o del Bernabéu. Siempre como solución de emergencia. Y siempre con los mayores éxitos imaginables.

 

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