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Tres años sin Chela... relativamente

Emilio de Fez Marrero / Emilio de Fez Marrero

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Se quedó sin el Senadoun hombre tan preparadocomo Ricardo Melchior.Pero no pasen cuidadoque, cenando, es cenador.

-Las personas, al fallecer, siguen viviendo en la memoria de sus allegados y en el caso de los escritores también en el recuerdo de sus lectores. En mi caso, pese a no haber casi tratado personalmente al Sr. Chela a lo largo de su vida, fui ávido y cotidiano lector de sus artículos de prensa desde los años 80 hasta su fallecimiento y también seguí con gran interés los programas televisivos que ideó, relacionados con las tradiciones culinarias de nuestras islas. Porque Chela fue, además de un intelectual completo, un crítico gastronómico de lujo y cuidadoso recopilador de recetas tradicionales. Era, además, un magnífico cocinero que no hablaba de oídas sino que antes de publicar una receta la había hecho personalmente, para deleite de sus amigos.

-En realidad es esta faceta, la culinaria, la que, como amante de la buena mesa y buen cocinero que soy, me hace presente de continuo la presencia y la estela de Chela: conservo, como una joya que son, las fichas de cocina canaria que publicó en los años 80 en Canarias 7. Rara es la semana en la que no preparo alguno de los platos incluidos en esa colección de fichas que constituye, junto al Libro de la Cocina Canaria de Josefina Mujica, mi principal elemento de referencia al cocinar cosas nuestras. Mi gratitud a ambos es colosal.

-Sorprende, habida cuenta de la calidad de esa colección, que ninguna institución haya patrocinado o impulsado la reedición de esas fichas, bien en el mismo formato o en el de libro o encuadernación con aros. Sorprende aún más teniendo en cuenta el montón de dinero público invertido en la edición de otras obras de escaso valor que, por su poco gancho, con frecuencia duermen en los almacenes o depósitos institucionales.

-Permítaseme intercalar, para aligerar esto y, sobre todo, en homenaje al maestro, uno de sus simpáticos sonetos, relacionado con la calidad de vida que la buena mesa proporciona a las personas:

Prohibióle los picantes el doctor;contra la salsa y grasas le previno.Por supuesto -le dijo- fuera el vino,el café, la cerveza y el licor.

Podía ser para él demoledorel deporte, y un fuerte desatinolos chorizos, los huevos, el tocinoy hacer mucho ejercicio o el amor.

Que se cuidara del colesteroly que nunca tomara mucho soly ninguna emoción, ningún sofoco.

De todo tomó nota el buen pacientey, como era sensato y obedientese dispuso a morir poquito a poco.

-El Cabildo de Tenerife sí impulsó, en el marco de un Plan de Gastronomía, la edición de otro grandísimo libro de Chela, “50 recetas fundamentales de la cocina canaria”, en cuya elaboración participaron, no sé en qué proporción, los también periodistas y muy buenos gastrónomos José Carlos Marrero y Manuel Iglesias. Pero eso fue allá por 2004 y sólo se hicieron 1.000 ejemplares, agotados hace años sin que nadie en dicho Cabildo ni en ninguna otra institución se haya preocupado por desempolvarlo. Una lástima, máxime ahora con el número de hombres, y no sólo mujeres, que crecientemente se han ido aficionando a los fogones. No sólo esto, sino que la aplicación práctica de esas 50 recetas a la cocina de muchos restaurantes mediocres los convertiría, si respetan los muy bien explicados procedimientos, en atractivos para la ciudadanía amante de la comida casera tradicional canaria. Falta que hace en estos tiempos de crisis.

-José H. Chela nunca recibió el Premio Canarias de Comunicación, lo que viendo el listado de otros que sí fueron galardonados, mueve a la desconfianza en las instituciones y en los jurados, o, mejor, para no ponernos trascendentes, al descojono. Dejando esas turbideces aparte, señalemos para concluir y como curiosidad que hace unos días y coincidiendo por casualidad con el tercer aniversario de la pérdida de este gigante que fue José H. Chela, se puso en marcha en Santa Cruz la “Guagua Turística” contribuyendo, esperemos, a dar negocio y vida a la ciudad, también los domingos, lo que debe enriquecerse, en todas nuestras islas, con otras iniciativas para que pase a la historia una realidad que nuestro ilustre intelectual señaló, mosqueadamente:

No hay nave como el olvidoni ave como el avestruzni nada más aburridoque un domingo en Santa Cruz.

Emilio de Fez Marrero

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