Pobres, no miserables

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La derecha española no es como la de antes. La de ahora se ha apartado de los poderes fácticos con los que antes hacía migas y piña. Primero se apartó de la Iglesia del actual Papa con la que mantenía una estrecha relación desde el nacionalcatolicismo de la dictadura franquista y luego se separó de la patronal cuando decidió desmarcarse del acuerdo de la reforma laboral que firmaron los empresarios con los sindicatos y el Gobierno de España. 

La derecha es más de imponer reformas laborales, como la que llevó adelante Rajoy, contando solo con la patronal y prescindiendo del apoyo de los representantes de los trabajadores. Pocas cosas hay tan contradictorias como aprobar una reforma laboral sin el beneplácito de los que laboran.

Estos días la derecha se ha vuelto a apartar de la Iglesia cuando ha negado el último informe de Cáritas sobre la pobreza en España. El portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, que gana más de 100.000 euros al año, no solo cuestionó el informe de Cáritas sino que se mofó y se burló de los pobres madrileños en una comparecencia pública. 

Ossorio no cree que haya pobres en Madrid porque dice que cuando va por la calle no se los topa. Él debe creer que los pobres de su comunidad deben arrodillarse a su paso y rendirle pleitesía para que así pueda distinguir a la plebe de la aristocracia. Cree que los pobres tienen que ir vestidos como mendigos por la calle, remendados, andrajosos y sucios. Es difícil ser más miserable. 

Lo mínimo que se puede pedir a un gobernante es ser empático con sus gobernados y no vivir en una torre de marfil, en despachos enmoquetados y en coches oficiales. Si se bajaran un día de ellos y se patearan las calles de los barrios y los pueblos más pobres, seguro que cambiarían de opinión. 

Lo que dice el informe de Cáritas es que la pobreza aumentó en Madrid tras la pandemia y ahora afecta a un millón y medio de personas y que el 22% de los madrileños se encuentra en situación de exclusión social, 370.000 personas más que antes del Covid.

Esta situación no es exclusiva de la Comunidad de Madrid sino que pasa en toda España. En Canarias también ocurre e incluso con un porcentaje mayor de pobres al borde de la exclusión social. Según Cáritas, en las Islas hay 425.000 personas en riesgo de exclusión severa y que se sepa Ángel Víctor Torres no se ha rasgado las vestiduras por escuchar esa verdad. Lo que debe hacer un buen gobernante es asumir las críticas y trabajar para ayudar a los más necesitados. 

La presidenta de la Comunidad, en vez de hacer autocrítica en la Asamblea de Madrid, respaldó a su consejero portavoz y llegó a ofenderse porque cree que Madrid es una comunidad rica. Cómo me llamas pobre si soy rica y quién eres tú para decirme lo que tengo que beber, remedando a su mentor Aznar.

Nadie está cuestionando eso porque incluso en las comunidades ricas hay pobres. En Nueva York también hay mendigos y gente sin techo. Lo que viene a decir el informe de Cáritas no es solo que ahora hay muchos más pobres que hace dos años sino que cada día hay más desigualdades económicas y sociales entre los madrileños. 

Solo los ciegos, como los gobernantes madrileños, no quieren ver esa realidad que dibuja perfectamente Cáritas, una institución de la Iglesia Católica que antiguamente defendía la derecha española como referente y con ahínco para enfrentarla a la izquierda. A la derecha reaccionaria solo le gusta la Iglesia cuando se comporta de manera ultraconservadora.

A la derecha no le gusta el actual papa porque lo considera demasiado progre. No le gustan los papas comprometidos con los más menesterosos que ayudan a los pobres y tienen una conciencia social, evangélica y auténticamente cristiana. 

Ossorio y Ayuso creen que la Comunidad de Madrid solo es el barrio de Salamanca pero olvidan que también es el puente de Vallecas. Pozuelo de Alarcón es el municipio más rico de España pero Carabanchel también existe, como el sur. Pobres, sí, pero no miserables. Pobres pero honrados.

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