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El estrecho del istmo y el panal de rica miel

Es que no ganamos para sustos. Cada poco tiempo aparecen propuestas, en ocasiones ocurrencias, para localizar algún tipo de deslumbrante actividad y establecerse, aunque sea con calzador, en el lugar más privilegiado de Las Palmas, en el Istmo de La Luz, al naciente de la Playa de Las Canteras.

¿Quién no recuerda el tamaño despropósito, siendo Luis Hernández presidente de la Autoridad Portuaria, de construir el mamotreto del centro comercial El Muelle? Se salieron con la suya y el artefacto comercial (por supuesto, nada que ver con la actividad portuaria) se colocó en plena línea de atraque de uno de los muelles del Puerto de La Luz. Justo donde debería haberse situado una moderna terminal de pasajeros. De la que hoy todavía se carece.

Hace algo más de una década, irrumpió como un vendaval la propuesta de Frente Marítimo de la alcaldesa Josefa Luzardo, con un concurso internacional y la pretensión de sembrar de rascacielos (iconos representativos) el Istmo. La sociedad de Las Palmas, alarmada, reaccionó con importantes movilizaciones sociales y tomas de postura por instituciones de prestigio como el Colegio de Arquitectos, presidido entonces por Javier Mena. Si recuerdan, al final fueron las instancias de la Unión Europea las que tuvieron que tomar cartas en el asunto y pararlo. Gran victoria democrática.

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No hay Trump en España, pero...

Imaginemos por un momento la campaña electoral de Estados Unidos (USA) extrapolada a España. ¡Jesús! Un candidato a la presidencia haciendo de su discurso una permanente defensiva de sus apetitos y desafueros sexuales, más o menos basados en su poderío capitalista. Imaginemos: en los debates no se habla de política exterior ni de igualdad ni de fiscalidad ni de proteccionismo económico ni de seguridad nuclear ni de carrera armamentística ni de seguridad social ni de innovación tecnológica ni de avances aeroespaciales… Y si se habla, no nos hemos enterado porque la prioridad son los devaneos y los caprichos de uno de los aspirantes, la supuesta alternativa para gobernar. Eso, en nuestro país, sería el acabóse, con los Sálvame, Ana Rosa, Zapeando (miren que es feo el gerundio), Cita a ciegas y demás farándula incorporados al fragor de la campaña comentando sin parar sobre los excesos del macho alfa (o del ibérico), del acosador, del dandismo, del histrionismo, del ligón trasnochado o, simplemente, del insaciable.

Cierto que a finales de los años ochenta, el candidato demócrata Gary Hart hubo de renunciar cuando algún medio descubrió su relación sentimental con una modelo. Son muy suyos los norteamericanos en esto de la doble moral y de castigar severamente los deslices en plena carrera electoral pero habrá que aguardar a los comicios para saber si el comportamiento va a ser el mismo de aquellos antecedentes de Hart, una vez comprobado que siguen apareciendo testimonios de maltratadas o vilipendiadas por el inefable -no por este hecho sino por otras extravagancias más- Donald Trump. Aún así, hay mujeres trumpistas, ¡eh!

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Soria baja 99 escalones en Madrid

A la izquierda, Carlos Sosa e Ignacio Escolar antes del juicio del pasado viernes. A la derecha, José Manuel Soria en una fotografía de archivo.

La diferencia entre un sainete y un drama es que el primero es un tema jocoso y normalmente de carácter popular que difícilmente subirá algún escalón en la historia del teatro, mientras que el drama es una síntesis de la comedia y la tragedia. Esta última, según Milan Kundera, un nobel sin premio, se produce cuando dos verdades chocan. El caso Soria en la política española comenzó como un drama (caso Eolo, caso Favorita), continuó con una tragedia (caso Chalet), degeneró en comedia (caso Salmón), continuó con un thriller que le costó el puesto (papeles de Panamá) y ha concluido con un sainete: el caso Punta Cana. En este último, el Juzgado 99 de Madrid verifica si es cierto o no que el ex ministro se hospedó en sus vacaciones de la República Dominicana a precio de ganga. Lo que va del 99 al 1 para caer de nuevo en la casilla 99 es el recorrido de Soria en las últimas tres décadas: asesor del ministro socialista Solchaga (1989), alcalde con el PP (1995), presidente del Cabildo (2003), vicepresidente del Gobierno canario (2007), ministro (2011) y… ciudadano de a pie (2016). 

Personaje de extremos, su ascenso político fue progresivo y consecuente mediante parecidos escalones a los que ordenó subir su sillón en el Cabildo que presidía para aparentar más autoridad con su mando en plaza. La brusca caída del 1 (Ministerio) al 99 (Juzgado) se produce ya este mismo año 2016. Daba pena ver en la Plaza de los Cubos de Madrid al que fue amo y señor de las Islas Canarias, aquel que contaba entre exabruptos y carcajadas las cabezas de los periodistas que había decapitado. Ahora huye de las cámaras de televisión, repitiendo un triste soniquete –“no lo recuerdo, no lo recuerdo”– mientras sus adversarios posan ante esas mismas televisiones –Antena 3, La Sexta– porque creyó que en la península podía imponer sus disparates con la misma arbitrariedad que en el archipiélago. Y ahora resulta que en su primera vista contra un periodista nacional –Ignacio Escolar– sorprende a jueces, fiscales y abogados –“no lo recuerdo, no lo recuerdo”– con facturas autógrafas –siempre el chapucero manuscrito en la era digital– que salen a la luz por arte de birlibirloque y que sonrojan a quienes vieron a este antaño poderoso arrastrarse ahora en el fango del juzgado 99, junto a timadores y trileros de la Plaza de España, carteristas del “metro” y rateros de poca monta detenidos en Lavapiés. 

Quiso el destino que José Manuel Soria y Carlos Sosa viajaran en el mismo avión de Gran Canaria a Madrid, que para más sorna entrara uno detrás del otro en el pasillo –el periodista siempre soplando en el cogote– y que cuando el ex faycán se girara para depositar su impoluta chaqueta en el maletero, llegara Sosa con su ordenador y una atenta azafata le aplastara –sin querer, claro– su impecable prenda de vestir. Fue una bella metáfora que presagiaba lo que horas después le ocurriría en Madrid. Abandonado por su abogado, Nicolás González-Cuéllar, que mandó al Juzgado 99 a uno de sus ayudantes, nadie entiende ya este extraño afán de Soria por seguir buscando altercados y juicios por supuestas faltas o delitos de opinión e información, ese vicio que tiene y del que no puede desengancharse. Ahí sigue, acusando a los medios de comunicación y viéndolos culpables de estas tempestades que gobiernan su vida tras décadas sembrando vientos de toda suerte, calibre y condición. 

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Canarias, doble castigo

La situación política actual hace que Canarias esté sufriendo un doble castigo. El procedente de un Gobierno estatal conservador y que ha maltratado a nuestra comunidad desde finales de 2011. Y el más cercano, de un Ejecutivo canario crispado, dividido, errático, esperpéntico; en el que predominan las tendencias insularistas y conservadoras, así como el impulso a un modelo desarrollista que desprotege al territorio y al medio ambiente y que pasa, además, buena parte de su tiempo dilucidando conflictos entre sus socios. 

En el caso del Gobierno estatal sufrimos, al igual que el conjunto de las nacionalidades y regiones, sus políticas globales. La austeridad y los recortes que han incrementado la pobreza y deteriorado gravemente a los servicios públicos. Su reforma laboral que ha desprotegido completamente a los trabajadores y trabajadoras. 

Así como la restricción de libertades que ha supuesto la imposición de la denominada ley mordaza, sus profundos tics centralistas, los ataques a la dependencia o los intentos de restringir los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

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Aguar la fiesta

España es un país atípico y antitético. Dual y bipolar, un tanto patético, bastante peripatético y de algún modo esquizofrénico. Somos grandilocuentes inventando días y fiestas nacionales. Llamamos fiesta nacional y arte a lo que es simplemente una absurda matanza de toros, y denominamos día nacional a la conmemoración de la colonización de América y no al descubrimiento porque en todo caso nos descubrimos mutuamente. Menudo cuajo tenemos.

No sé a qué descerebrado se le ocurrió añadir nacional a una supuesta y dudosa fiesta de cuernos, espadas y vestimenta hortera que tiene más detractores que seguidores. Lo mismo que el mal denominado día nacional (antes se le llamaba de la raza, luego de la hispanidad), que es vituperado al otro lado del Atlántico y en buena medida en éste, donde buena parte de los españoles lo cuestionan ardorosamente. No puede existir una fiesta nacional si no es aceptada por la mayoría de la gente. Y lo mismo ocurre con los días nacionales cuando no son consentidos por buena parte del pueblo.

Esta semana hemos tenido la prueba en Madrid. Un año más, presidido por el rey, se celebró el 12 de octubre con más sombras que luces. En primer lugar porque el día lluvioso, nuboso y plúmbeo poco ayudó y en segundo lugar porque en vez de unir esta fiesta lo que hace es desunir a los españoles entre los que la jalean y los que la censuran. No hay término medio. En vez de imponer un día, hay que consensuarlo.
De entrada, como ya viene ocurriendo hace unos años, no estuvieron presentes en el desfile militar (no hay una cabeza pensante a la que se le ocurra otro motivo de celebración que un acto castrense) los presidentes de Cataluña y el País Vasco, que son nacionalistas o soberanistas, pero tampoco acudieron a la cita los máximos representantes de Galicia y la Comunidad Valenciana, uno del PP y otro del PSOE, aduciendo el primero motivos personales y el segundo un viaje al extranjero.

Por si esto fuera poco, cada vez hay más partidos, de ámbito nacional o autonómico, que se alejan de las teorías gubernamentales sobre qué debemos celebrar los españoles el 12 de octubre, si el descubrimiento de América, su colonización o simplemente el día de la Virgen del Pilar.

Podemos, el tercer partido del país con más de cinco millones de votos, no ha acudido a la conmemoración del 12 de octubre porque está radicalmente en desacuerdo con esta celebración. Pablo Iglesias entiende que el verdadero patriotismo está en ayudar a la gente humilde y necesitada. Por eso él no quiere perder un minuto en protocolos, pitanzas, vino español y canapés. Las connotaciones carcamales y casposas tampoco ayudan.

Alguien ha fallado en el diseño de una conmemoración que en los años de democracia ha sido irrelevante y muy discutida. Si el 12 de octubre no sirve para unir y reconciliar a los españoles, como se demuestra cada año y en cada ocasión con más virulencia, estamos tardando ya mucho en buscar una alternativa a este día. ¿Qué se puede esperar de un país cuyo himno nacional no tiene letra? ¿Qué se puede esperar de unos deportistas que en las olimpiadas dan la nota porque tienen que escuchar el himno con la boca cerrada? ¿Qué se puede esperar de unos futbolistas que tararean una música militar sin tener ni pajolera idea de su significado?

Esta es la historia de un país que quiere estar unido pero no sabe cómo. Si los días nacionales se imponen unilateralmente y no se consensúan, están condenados a la irrelevancia.

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Ciudad Atlántica de 2017

Este honorífico y merecido título de “Ciudad Atlántica de 2017”, se le ha otorgado a la histórica y marítima metrópoli de Las Palmas de Gran Canaria. No ha sido concedido por los títulos que en su haber tienen como ciudad, desde la historia de su fundación en 1478, por Juan Rejón, el Deán Bermúdez y sus huestes conquistadoras, mediante Real Providencia de la reina Católica Isabel I de Castilla, firmada en Sevilla el día 13 de mayo del año citado, para la invasión y anexión a la corona de su regencia de todo el territorio de la isla de Gran Canaria, como primera de las islas conquistar por los reyes Católicos.

Se ha obtenido este galardón el pasado 27 de septiembre, en Dublín, concedido por la Comisión Europea sobre el Arco Atlántico, en competencia con otras ciudades costeras de este océano. Y ha sido por las considerables mejoras en todo el entorno de la ribera que baña el Atlántico en esta urbe, que como ciudad marítima se ha desarrollado y rehabilitado dicha costa, para plausibles accesos a los paseantes, bañistas, deportivos, lucrativos y de mejoras estéticas de todo el litoral urbano.Se han valorado los esfuerzos y evoluciones constructivas que desde el año 2007 han llevado a efecto el Consistorio capitalino (en sus varios mandatos municipales y grupos políticos), fundamentado en la sostenibilidad medioambiental, social, cultural y económica.

Muy bien le viene este apropiado laurel a la ciudad, después del varapalo dado a la candidatura de ‘Ciudad Europea de la Cultura 2016’, con grandes esfuerzos programáticos, labores y económicos, para obtenerlo por parte del Consistorio, que fue dado ese honor europeo a la bella ciudad donostiarra de San Sebastián, en Euskadi, que también rivalizaba –entre otras– con la ciudad grancanaria. El próximo año le toma el relevo de ‘Ciudad Atlántica’, a la ciudad francesa de Brest, que lo ha sido durante todo el presente año 2016.

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De la presencia en actos institucionales

Últimamente hemos asistido a diversos actos institucionales sustituyendo al alcalde de la ciudad. Algunas de estas asistencias han causado cierta polémica. Al respecto conviene puntualizar.

1. PODEMOS quiere gobernar el estado. Y gobernará con las instituciones actuales hasta que pueda transformarlas. Para ello es necesaria una mayoría social y parlamentaria. Mientras llega ese momento, una fuerza que pretende gobernar, no puede dar la espalda a esas instituciones.

2. Por eso asistimos al acto de la Guardia Civil. No sólo como alcalde sustituto, sino como alternativa de gobierno. Las Fuerzas de Seguridad deben ser conscientes de que PODEMOS es alternativa de gobierno. Que más temprano que tarde estarán dirigidas por un Ministro del Interior y un Director General de seguridad de PODEMOS.

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La mayoría no siempre tiene la razón

Los plenos municipales del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria tratan temas que generalmente o son un muerto o no tienen nada que ver con la vida cotidiana de nuestra ciudad. De vez en cuando, solo de vez en cuando, pasan cosas o se tratan temas que hacen vibrar a los asistentes o a los concejales intervinientes.

Éste es el caso de lo acontecido en los dos últimos plenos municipales, el extraordinario del día 21 y el ordinario del día 30, ambos en septiembre. En el primero se trataron las alegaciones que particulares y concejales de la oposición habían presentado a las bases del llamado “IBI social” y al pago a Emalsa de casi 14,5 millones de euros. En ambos puntos del orden del día, los 15 concejales del equipo de gobierno pasaron por encima de los 14 de la oposición y fueron rechazadas las alegaciones. ¡Cuestión de mayorías! Pero tener la mayoría y usarla indiscriminadamente no significa tener la razón, aunque se ganen las votaciones.

En el caso del mal llamado “IBI social” (debería llamarse ayuda a las viviendas, porque no se tienen en cuenta la condición social de sus habitantes, sino el valor catastral de las mismas) la oposición recibió la documentación con las bases para estudiarla media hora antes del pleno de junio, en el que se aprobó. Entonces el concejal del ramo le dijo a la oposición que no se preocupara, que tendrían plazo para presentar alegaciones. Eso hizo la oposición, presentar alegaciones que fueron todas rechazadas el 21 de septiembre. Algunas de ellas eran tan razonables como que las bases incluyeran como posibles perceptores a los ciudadanos que estuvieran percibiendo la PCI (prestación canaria de inserción) – que en nuestra ciudad son más de 5.000 – o a los que le hubieran concedido este año 2016 la ayuda social municipal (ya que solo están incluidos como posibles perceptores los que la recibieron en 2015). Con seguridad que tantos unos como otros necesitan la ayuda para el pagar el IBI.

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Educar en igualdad

La educación, el sistema educativo, es el instrumento que permite la transmisión de conocimientos, valores, costumbres y modos de actuar. Sirve de vínculo cultural, moral y conductual pero, hasta ahora, las escuelas han reproducido el esquema de una sociedad patriarcal, la nuestra, marcada por la desigualdad entre géneros.

Debemos trabajar para cambiar esa vía de transmisión, pues los colegios han de dar ejemplo de igualdad en todos sus niveles educativos.

La expresión más dura de la desigualdad es la violencia de género y su gravedad aumenta, más si cabe, cuando es el ámbito escolar el contexto donde se produce. Lamentablemente, se están convirtiendo en frecuentes las noticias sobre menores que son agredidas en las aulas, las que informan de casos de discriminación en la escuela y, seguramente, estamos ante sólo la punta del iceberg de la realidad de los centros.

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La crisis de la socialdemocracia

La profunda crisis que está viviendo el PSOE, que tuvo uno de sus capítulos más penosos el pasado fin de semana durante la reunión de su Comité Federal, no puede reducirse a una lucha de poder. Más allá de las peleas entre el anterior secretario general y los barones y de las interferencias de los poderes económicos para intentar que el PSOE deje que Rajoy no abandone la Moncloa, conviene hablar del problema de fondo: cuál es el proyecto del PSOE. No quiero entrar en la vida interna ni en las luchas de poder del partido que hasta ahora ha representado la ideología socialdemócrata en España, porque entiendo que se trata de algo de más calado que sobrepasa el ámbito estatal. La realidad es que la socialdemocracia en Europa vive una situación de crisis desde hace décadas que se ha agudizado desde hace unos años con las políticas de austeridad de Bruselas.

Si realizamos un repaso histórico, nadie puede negar el importante papel que jugó la socialdemocracia europea en la segunda mitad del siglo XX en la extensión del Estado de Bienestar en la mayoría de los países de Europa occidental. También es cierto que en esa época del telón de acero hubo factores externos. Tras la Segunda Guerra Mundial, los países de Europa Occidental temieron que la simpatía hacia los partidos comunistas pudiera crecer si los trabajadores se veían privados de unos derechos que la URSS, una referencia de economía planificada, garantizaba a la clase trabajadora.

Los sindicatos aprovecharon ese temor de las burguesías para exigir más derechos. Así nació el Estado de Bienestar. Se ampliaron los derechos laborales y sociales. Para las organizaciones marxistas el capitalismo presentaba con esto un “rostro humano” que solo quería frenar la revolución. Para los partidos socialistas: los derechos sociales y la libertad convertían a los países de Europa Occidental en una sociedad mejor para la clase trabajadora que la que ofrecían los países comunistas.

Pero en la década de los 80 del siglo XX, con el ascenso al poder de Margaret Thatcher en el Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos, se produjo el auge del neoliberalismo. Thatcher inició una guerra contra los sindicatos y los derechos de la clase trabajadora, mientras Reagan emprendía una guerra real en su “patio trasero”, en Latinoamérica, y promovía intervenciones militares y apoyos económicos a grupos paramilitares que se rebelaban contra los gobiernos que consideraba aliados de la URSS: Nicaragua, Guatemala, El Salvador…Con Thatcher y Reagan en el poder se fue más allá del anticomunismo, creían que también los partidos socialdemócratas y los sindicatos eran enemigos de la libertad, abrazaban la doctrina del ultraliberal Friedrich Hayek y rechazaban cualquier intervención de los gobiernos en la economía. La consigna era que en el mercado y la privatización de los servicios públicos y de la banca estaba la solución a todos los problemas. Aquellas políticas de privatizaciones y la desregulación del sistema financiero que desde entonces han estado promoviendo el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han provocado en las últimas décadas importantes crisis económicas en Asia, Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Y los mismos ultraliberales que rechazaban la intervención del Estado en la economía cuando no paraban de aumentar los beneficios de la banca y las grandes corporaciones, son los que utilizan el dinero público para salvar a los bancos y las grandes empresas cuando las cosas van mal dadas.

Pero la socialdemocracia ha tenido tantos enemigos dentro como fuera. Los dirigentes de los partidos socialdemócratas en la mayoría de los países europeos han ido virando hacia políticas liberales y privatizadoras. En Gran Bretaña la llamada Tercera Vía inspirada en los postulados del sociólogo Anthony Giddens fue asumida por Tony Blair durante su etapa al frente del Partido Laborista y del Gobierno británico. Esta misma semana Felipe Sahagún escribía en El Mundo sobre las consecuencias de ese viraje hacia el neoliberalismo: “La recuperación de los socialdemócratas en la segunda mitad de los 90 abrazando el neoliberalismo de la llamada Tercera Vía les permitió en 1999 llegar a gobernar en solitario o en coalición en 13 de los entonces 15 miembros de la Unión Europea, pero el encantamiento duró poco. Su reconversión les costó muchos votos y esa pérdida contribuyó a derrotas sucesivas en los 15 últimos años en Alemania, Suecia, Polonia, Italia, Holanda, Francia, el Reino Unido en 2010, España en 2011, 2015 y 2016, Portugal en 2011, y Finlandia y Dinamarca en 2015. La hemorragia continúa y la crisis en el PSOE español es sólo un nuevo eslabón de la cadena.” En el caso británico se viven vientos de cambio; el partido laborista británico tiene como líder desde septiembre de 2015 a Jeremy Corbyn, un antiguo sindicalista de izquierdas que se opuso a la guerra de Irak que colideró su antiguo compañero Tony Blair.

El profesor de la Universidad de La Laguna, Roberto Rodríguez Guerra, sitúa la crisis de la socialdemocracia a finales de los 60 y principios de los 70 del siglo pasado, antes de la llegada de Tony Blair al poder. En un artículo titulado “Del psoecialismo electoral español” señala que “poco a poco se va abandonando la confianza en aquel importante papel interventor y asistencial que se concedía al Estado o, lo que es lo mismo, por este camino la propia socialdemocracia europea no solo se olvida en realidad de la creación y desarrollo del Estado de Bienestar sino que –lo que es aún peor- contribuye decisivamente «a desmontar lo antes construido: el Estado de Bienestar». Cierto es que detrás de todo ello está la crisis económica de los setenta y los noventa, el Consenso de Washington, el Tratado de Maastrich, el Consenso de Bruselas  o, en suma, la más que notable hegemonía neoliberal.”

Dejemos la historia, situémonos en el presente. ¿Cuáles son los retos de la socialdemocracia? Lo primero debería ser diferenciarse de los neoliberales en las prácticas políticas. No se pueden criticar en España las políticas de austeridad que se apoyan en Bruselas, y que además son aprobadas por comisarios europeos que militan en partidos socialdemócratas. Un estudio de la organización “Vote Watch Europe” que estudia los comportamientos en el Parlamento Europeo señala que el PSOE y Ciudadanos coinciden en el 84% de las votaciones en la Eurocámara, el PP y el PSOE están de acuerdo en el 75% de las ocasiones mientras que el PSOE y Podemos solo han coincidido en el 57% de los casos. Los socialdemócratas deben demostrar que lo son en su práctica política: combatiendo las políticas de austeridad, defendiendo el Estado de Bienestar, considerando los derechos sociales como prioritarios frente a los intereses del capitalismo financiero, combatiendo el fraude fiscal, defendiendo lo público frente a las privatizaciones de la sanidad y la educación… cuestionando el tratado de libre comercio…

Estas políticas son imposibles teniendo al Partido Popular como compañero de camino. Por eso entendemos y compartimos el No del PSOE a Mariano Rajoy y llamamos a un pacto amplio por la regeneración democrática. En Canarias también defendemos que el PP no entre en el Gobierno canario. CC y PP suman 30 escaños, los mismos que PSOE, Podemos, Nueva Canarias y la Agrupación Socialista Gomera. La suma de votos es notablemente superior con las siglas de izquierdas que la que da Coalición Canaria con el PP. ¿Seguirán los socialistas canarios mirando como único socio posible a Coalición Canaria, un partido del que no se fían? ¿Están dispuestas las fuerzas que se dicen progresistas y socialdemócratas a plantear una alternativa de progreso a los partidos conservadores que más tiempo han estado gobernando Canarias? Y ya puestos a lanzar preguntas ¿serán capaces los dirigentes del PP de Canarias de aplicar en las islas la receta que tanto recomiendan en Madrid y dejar que lidere el Gobierno canario el partido más votado, o sea, el PSOE? En el Cabildo de Gran Canaria hemos demostrado que tres partidos diferentes que defienden el Estado de Bienestar y la justicia social se pueden entender y pueden gobernar juntos. Lo dice el refranero popular: obras son amores y no buenas razones.

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