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Qué alivio lo de Bob Dylan

Qué alivio lo del Nobel de Literatura para Bob Dylan, qué fácil será todo ahora. Vale: como casi siempre te han cogido con la guardia baja. Tú estabas desempolvando ese borrador de artículo que escribiste hace ya tiempo sobre tu adorado Murakami (Haruki, al Ryu ese ya no lo lee nadie), preparando algo sobre Phillip Roth, o, a todas malas, intentando enterarte de quién carajo eran Ngugi Wa Thiong’o, Ismael Kadaré o el tal Adonis, por si los de la Academia te hacían lo de otros años y te ponían a escarbar en Wikipedia para escribir una cosa que quedara bien sin que se te notara demasiado que no los conocías ni de nombre antes de estar en la quiniela anual. Esta vez sí que puedes hablar libremente, escribir tu articulico, dar declaraciones al periodista de turno (ese que te tiene en su agenda para llamarte cada vez que se muere alguien de quien no ha preparado obituario), poner comentarios en las redes sociales y hasta parecer democrático, moderno y progresista, porque Dylan es de los que se mojaban cuando había que mojarse, cuando tú aún ibas al cole y ni siquiera sabías que existía, cuando el cura progre de tu parroquia dejaba que los catequistas amenizaran la misa con aquella versión del Blowing in the Wind. Quizá esa fue la primera vez que oíste la melodía, que no la letra, de una de sus canciones. ¿Recuerdas? Además, el tipo se puso como apellido artístico el nombre de no sé qué poeta y así la cosa suena más a poesía. Lo cierto es que eres incapaz de recordar más de cinco canciones de Bob Dylan sin acudir a internet y que en tu casa es posible que no haya más de un disco (si hay al menos uno) de los suyos, pero, si haces memoria, conoces la mentada Blowing in the Wind (ha salido en muchos documentales, aunque sea un poco mónotona), Knocking on Heavens Door (qué chula aquella versión de Guns and Roses), Mr. Tambourine Man (había una peli en la que Michelle Pfeiffer la usaba para civilizar a unos jóvenes sociópatas) y, cómo no, Like a Rolling Stone, aparte de The Times They Are A Changin', ideal para finalizar tu comentario o tu artículo de opinión.

De cualquier manera, esta vez también te han hecho una pequeña faena, porque en estas ocasiones no basta con que digas que no te disgusta, hay que haber sentido a-do-ra-ción, tener al individuo como icono, haberlo seguido desde siempre. Y a ti, Dylan, recónocelo, ni fu ni fa y el gangoseo con el que canta pone a prueba tu inglés de academia Stillitron. Ya se lo podían haber dado a Silvio Rodríguez, a Sabina o al Nano, que los tienes más fresquitos y encima cantan en cristiano. Pero, a fin de cuentas, no es lo mismo que cuando se lo dieron a Alice Munro (a quien solo había leído la madre de tu mujer en un club de lectura), a Le Clézio (mencionado una vez por ese amigo solterón que siempre te encuentras en la mesa del fondo de la librería, donde están las rarezas), a Mo Yan (que te sonaba poco) o a Thomas Tranströmer (que no te sonaba nada, porque, total, no pensabas que se lo fueran a dar a un sueco y tú, suecos, un par de novelistas de policíaca y para de contar).

En todo caso, es bonito que puedas decir “Bob Dylan” y todo el mundo sepa de quién hablas. Cuando uno dice "Tranströmer”, o “Svetlana Aleksiévich” en una reunión social, todos lo miran como si hubiera dicho una palabrota, lo acusan con la mirada de ser un pedante insoportable. Y tú tienes que parecer culto, pero no pedante.

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Participación ciudadana y democracia

Esta semana inauguramos en el Cabildo de Gran Canaria la “Iª Conferencia sobre Democracia y Ciudadanía”, un espacio que pretendemos se convierta en un referente en Canarias para el debate sobre la inclusión de la participación ciudadana en el desarrollo de las políticas públicas. Con este foro respondemos a una creciente demanda de la sociedad por participar de manera activa en los asuntos públicos, más allá de los cauces tradicionales de participación en la vida política.

En nuestro programa de gobierno nos comprometimos a fomentar la participación ciudadana y ya en mi discurso de investidura insistí en denunciar que uno de los problemas políticos de nuestra época es el secuestro de la democracia por parte de los que se dedicaron a saquear las arcas públicas nada más llegar al poder. Además de esa ruptura en el eslabón de la representación popular dije que había otra importante: la quiebra de todas las vías de participación ciudadana. Señalé que “la democracia ha sido despojada de todos sus atributos para verse convertida en el mero acto de depositar el voto una vez cada cuatro años”, (hoy tendría que añadir una vez cada seis meses por la resignación y el cainismo de las fuerzas progresistas). Añadí en el discurso que “sostengo que nuestra democracia está en vías del secuestro absoluto y que nuestra sociedad debe reaccionar para recuperar el terreno perdido. Tenemos que propiciar que la gran mayoría se inquiete por lo que importa”.

Desde el área de Participación Ciudadana del Cabildo (creada por primera vez por el actual gobierno progresista y que dirige Juanma Brito) se hizo un diagnóstico de la situación en los 21 ayuntamientos de Gran Canaria y se vio que desgraciadamente son muy pocos los municipios que cuentan con reglamentos de participación ciudadana y que en las últimas décadas hayan realizado asambleas vecinales cada año para debatir las políticas municipales. Vengo de una tradición política de participación vecinal en el ámbito municipal. Y estoy convencido de que esta es la senda por la que debemos seguir transitando. Y aceptar, además, que los tiempos han cambiado y las nuevas tecnologías y las redes sociales nos permiten incorporar recursos que pueden avanzar en la democracia directa.

Pero no es suficiente con la voluntad política que estamos demostrando con nuestro trabajo en este primer año de gobierno, hay que contar con recursos humanos, con formación del personal, con cambios de actitudes tanto en las administraciones públicas como en la ciudadanía. El filósofo Josep Ramoneda, en el artículo “Democracia descafeinada”, defiende que hay que “evitar que las fracturas de diversa índole: generacionales, culturales, laborales, territoriales, económicas y morales, se enquisten y conduzcan inevitablemente al autoritarismo posdemocrático, en que la política quede reducida a la función de policía al servicio de intereses de unos pocos convertidos en intereses generales a través de nuevas formas de violencia”. El intelectual catalán dice que “si la política democrática debería ser el poder de los que no tienen poder, ¿qué proponen nuestros candidatos para poner límites al enseñoramiento del poder financiero sobre nuestras sociedades? Y si el universo digital es el futuro: ¿cómo se afronta la educación para evitar un nuevo analfabetismo y qué se hace para impedir que en nombre de la transparencia se rompan los muros del espacio privado?”.

Internet es una potente herramienta para el desarrollo y la comunicación, pero tiene sus inconvenientes. Por eso en esta I Conferencia Anual sobre Democracia y Ciudadanía, que comenzó esta semana, planteamos reflexionar sobre “Internet y el futuro de la democracia”. Hemos escogido este tema porque una de las apuestas más fuertes de este gobierno va a consistir en la puesta en marcha de una herramienta de participación digital que va a suponer un antes y un después en la manera en la que la ciudadanía se relacione con la institución.

Pero todo este proceso corre el riesgo de fracasar sin la implicación y la reflexión conjunta con la sociedad civil. Internet no es neutra. De hecho, la mayor parte de las herramientas que utilizamos habitualmente, a las que incorporamos nuestros datos personales, pertenecen a grandes corporaciones multinacionales que no dudan en venderlos a otras empresas o incluso a gobiernos. Muchas de las personas que hemos invitado a este foro tienen una visión crítica de internet, nos ayudan a ver las ventajas de la red a la hora de abrir cauces a la participación y a la movilización social, pero también a tener presente quiénes están detrás de internet y sus intereses por controlar los datos personales, uno de los grandes negocios del siglo XXI que se realiza a costa de nuestra intimidad.

La coordinadora del área de investigación sobre Internet, Política y Procomún en la Universidad Autónoma de Barcelona, Mayo Fuster, y el catedrático en Ciencia Política Joan Subirats consideran que “no hay esfera social, económica o política en la que Internet no tenga un papel significativo y esté transformando las condiciones en las que antes se operaba”. En un artículo titulado “Gobierno abierto y políticas públicas” defienden que “Los retos en el escenario de la gestión pública están muy relacionados con los temas de transparencia, control y evaluación desde una perspectiva ciudadana y no estrictamente interinstitucional. La palanca de cambio del funcionamiento de las Administraciones Públicas no está en la mejora interna de su funcionamiento, por importante que ello sea, sino en su capacidad de servir y responder a las necesidades públicas; y para ello transparencia, control y evaluación resultan estrategias imprescindibles”.

En esa línea estamos trabajando desde el gobierno del Cabildo de Gran Canaria. Queremos que la unidad de Participación Ciudadana se convierta en un referente para el resto de instituciones y esté en permanente diálogo con la sociedad civil. En su primer año, además de organizar diversas acciones de sensibilización y empoderamiento con los hombres y mujeres de esta isla y los ayuntamientos, hemos puesto en marcha un plan de subvenciones específico para promover proyectos de participación ciudadana. Vamos a presentar a todos los grupos políticos de la corporación el primer reglamento de participación ciudadana para recabar sus aportaciones. Quiero aprovechar este artículo para invitar a todos los ciudadanos y ciudadanas a implicarse en las organizaciones sociales, vecinales, políticas, sindicales, empresariales, en los órganos de participación de los ayuntamientos…

Frente al discurso nada inocente que repite: “todos los políticos son iguales”, “soy apolítico” o “no me interesa la política” (Franco decía, “hágame caso, no se meta en política”), proponemos el empoderamiento ciudadano, porque la alternativa es dejar que tomen las decisiones por nosotros determinadas élites que defienden solo sus intereses. Como dijo el escritor Antonio Lozano en el discurso que pronunció cuando recibió el premio “Ser Canario” de la Cadena SER: “La democracia nos está siendo secuestrada. Si algo ha dejado claro esta crisis, es que quienes la han gestionado se han puesto al servicio de los verdugos y no de las víctimas. Han dejado de ejercer el poder que emana de las urnas, puesto que actúan en contra de quienes los han elegido. Han convertido el mundo en un galimatías indescifrable y han contribuido a abrir más y más la brecha entre los que todo lo tienen y los que nada poseen”. Nuestra apuesta por la participación ciudadana en el Cabildo va más allá de la utilización de las nuevas tecnologías para las gestiones que tienen que ver con la corporación insular. Lo que pretendemos es que la ciudadanía participe en las decisiones que nos afectan. Solo con la implicación de todos y todas podremos lograr que Gran Canaria, también al hablar de democracia, sea una isla de primera.

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Con el gas vamos pa´tras

Carta abierta a don Pedro Ortega,

Consejero de Economía, Industria,

Comercio y Conocimiento

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El estrecho del istmo y el panal de rica miel

Es que no ganamos para sustos. Cada poco tiempo aparecen propuestas, en ocasiones ocurrencias, para localizar algún tipo de deslumbrante actividad y establecerse, aunque sea con calzador, en el lugar más privilegiado de Las Palmas, en el Istmo de La Luz, al naciente de la Playa de Las Canteras.

¿Quién no recuerda el tamaño despropósito, siendo Luis Hernández presidente de la Autoridad Portuaria, de construir el mamotreto del centro comercial El Muelle? Se salieron con la suya y el artefacto comercial (por supuesto, nada que ver con la actividad portuaria) se colocó en plena línea de atraque de uno de los muelles del Puerto de La Luz. Justo donde debería haberse situado una moderna terminal de pasajeros. De la que hoy todavía se carece.

Hace algo más de una década, irrumpió como un vendaval la propuesta de Frente Marítimo de la alcaldesa Josefa Luzardo, con un concurso internacional y la pretensión de sembrar de rascacielos (iconos representativos) el Istmo. La sociedad de Las Palmas, alarmada, reaccionó con importantes movilizaciones sociales y tomas de postura por instituciones de prestigio como el Colegio de Arquitectos, presidido entonces por Javier Mena. Si recuerdan, al final fueron las instancias de la Unión Europea las que tuvieron que tomar cartas en el asunto y pararlo. Gran victoria democrática.

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No hay Trump en España, pero...

Imaginemos por un momento la campaña electoral de Estados Unidos (USA) extrapolada a España. ¡Jesús! Un candidato a la presidencia haciendo de su discurso una permanente defensiva de sus apetitos y desafueros sexuales, más o menos basados en su poderío capitalista. Imaginemos: en los debates no se habla de política exterior ni de igualdad ni de fiscalidad ni de proteccionismo económico ni de seguridad nuclear ni de carrera armamentística ni de seguridad social ni de innovación tecnológica ni de avances aeroespaciales… Y si se habla, no nos hemos enterado porque la prioridad son los devaneos y los caprichos de uno de los aspirantes, la supuesta alternativa para gobernar. Eso, en nuestro país, sería el acabóse, con los Sálvame, Ana Rosa, Zapeando (miren que es feo el gerundio), Cita a ciegas y demás farándula incorporados al fragor de la campaña comentando sin parar sobre los excesos del macho alfa (o del ibérico), del acosador, del dandismo, del histrionismo, del ligón trasnochado o, simplemente, del insaciable.

Cierto que a finales de los años ochenta, el candidato demócrata Gary Hart hubo de renunciar cuando algún medio descubrió su relación sentimental con una modelo. Son muy suyos los norteamericanos en esto de la doble moral y de castigar severamente los deslices en plena carrera electoral pero habrá que aguardar a los comicios para saber si el comportamiento va a ser el mismo de aquellos antecedentes de Hart, una vez comprobado que siguen apareciendo testimonios de maltratadas o vilipendiadas por el inefable -no por este hecho sino por otras extravagancias más- Donald Trump. Aún así, hay mujeres trumpistas, ¡eh!

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Soria baja 99 escalones en Madrid

A la izquierda, Carlos Sosa e Ignacio Escolar antes del juicio del pasado viernes. A la derecha, José Manuel Soria en una fotografía de archivo.

La diferencia entre un sainete y un drama es que el primero es un tema jocoso y normalmente de carácter popular que difícilmente subirá algún escalón en la historia del teatro, mientras que el drama es una síntesis de la comedia y la tragedia. Esta última, según Milan Kundera, un nobel sin premio, se produce cuando dos verdades chocan. El caso Soria en la política española comenzó como un drama (caso Eolo, caso Favorita), continuó con una tragedia (caso Chalet), degeneró en comedia (caso Salmón), continuó con un thriller que le costó el puesto (papeles de Panamá) y ha concluido con un sainete: el caso Punta Cana. En este último, el Juzgado 99 de Madrid verifica si es cierto o no que el ex ministro se hospedó en sus vacaciones de la República Dominicana a precio de ganga. Lo que va del 99 al 1 para caer de nuevo en la casilla 99 es el recorrido de Soria en las últimas tres décadas: asesor del ministro socialista Solchaga (1989), alcalde con el PP (1995), presidente del Cabildo (2003), vicepresidente del Gobierno canario (2007), ministro (2011) y… ciudadano de a pie (2016). 

Personaje de extremos, su ascenso político fue progresivo y consecuente mediante parecidos escalones a los que ordenó subir su sillón en el Cabildo que presidía para aparentar más autoridad con su mando en plaza. La brusca caída del 1 (Ministerio) al 99 (Juzgado) se produce ya este mismo año 2016. Daba pena ver en la Plaza de los Cubos de Madrid al que fue amo y señor de las Islas Canarias, aquel que contaba entre exabruptos y carcajadas las cabezas de los periodistas que había decapitado. Ahora huye de las cámaras de televisión, repitiendo un triste soniquete –“no lo recuerdo, no lo recuerdo”– mientras sus adversarios posan ante esas mismas televisiones –Antena 3, La Sexta– porque creyó que en la península podía imponer sus disparates con la misma arbitrariedad que en el archipiélago. Y ahora resulta que en su primera vista contra un periodista nacional –Ignacio Escolar– sorprende a jueces, fiscales y abogados –“no lo recuerdo, no lo recuerdo”– con facturas autógrafas –siempre el chapucero manuscrito en la era digital– que salen a la luz por arte de birlibirloque y que sonrojan a quienes vieron a este antaño poderoso arrastrarse ahora en el fango del juzgado 99, junto a timadores y trileros de la Plaza de España, carteristas del “metro” y rateros de poca monta detenidos en Lavapiés. 

Quiso el destino que José Manuel Soria y Carlos Sosa viajaran en el mismo avión de Gran Canaria a Madrid, que para más sorna entrara uno detrás del otro en el pasillo –el periodista siempre soplando en el cogote– y que cuando el ex faycán se girara para depositar su impoluta chaqueta en el maletero, llegara Sosa con su ordenador y una atenta azafata le aplastara –sin querer, claro– su impecable prenda de vestir. Fue una bella metáfora que presagiaba lo que horas después le ocurriría en Madrid. Abandonado por su abogado, Nicolás González-Cuéllar, que mandó al Juzgado 99 a uno de sus ayudantes, nadie entiende ya este extraño afán de Soria por seguir buscando altercados y juicios por supuestas faltas o delitos de opinión e información, ese vicio que tiene y del que no puede desengancharse. Ahí sigue, acusando a los medios de comunicación y viéndolos culpables de estas tempestades que gobiernan su vida tras décadas sembrando vientos de toda suerte, calibre y condición. 

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Canarias, doble castigo

La situación política actual hace que Canarias esté sufriendo un doble castigo. El procedente de un Gobierno estatal conservador y que ha maltratado a nuestra comunidad desde finales de 2011. Y el más cercano, de un Ejecutivo canario crispado, dividido, errático, esperpéntico; en el que predominan las tendencias insularistas y conservadoras, así como el impulso a un modelo desarrollista que desprotege al territorio y al medio ambiente y que pasa, además, buena parte de su tiempo dilucidando conflictos entre sus socios. 

En el caso del Gobierno estatal sufrimos, al igual que el conjunto de las nacionalidades y regiones, sus políticas globales. La austeridad y los recortes que han incrementado la pobreza y deteriorado gravemente a los servicios públicos. Su reforma laboral que ha desprotegido completamente a los trabajadores y trabajadoras. 

Así como la restricción de libertades que ha supuesto la imposición de la denominada ley mordaza, sus profundos tics centralistas, los ataques a la dependencia o los intentos de restringir los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

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Aguar la fiesta

España es un país atípico y antitético. Dual y bipolar, un tanto patético, bastante peripatético y de algún modo esquizofrénico. Somos grandilocuentes inventando días y fiestas nacionales. Llamamos fiesta nacional y arte a lo que es simplemente una absurda matanza de toros, y denominamos día nacional a la conmemoración de la colonización de América y no al descubrimiento porque en todo caso nos descubrimos mutuamente. Menudo cuajo tenemos.

No sé a qué descerebrado se le ocurrió añadir nacional a una supuesta y dudosa fiesta de cuernos, espadas y vestimenta hortera que tiene más detractores que seguidores. Lo mismo que el mal denominado día nacional (antes se le llamaba de la raza, luego de la hispanidad), que es vituperado al otro lado del Atlántico y en buena medida en éste, donde buena parte de los españoles lo cuestionan ardorosamente. No puede existir una fiesta nacional si no es aceptada por la mayoría de la gente. Y lo mismo ocurre con los días nacionales cuando no son consentidos por buena parte del pueblo.

Esta semana hemos tenido la prueba en Madrid. Un año más, presidido por el rey, se celebró el 12 de octubre con más sombras que luces. En primer lugar porque el día lluvioso, nuboso y plúmbeo poco ayudó y en segundo lugar porque en vez de unir esta fiesta lo que hace es desunir a los españoles entre los que la jalean y los que la censuran. No hay término medio. En vez de imponer un día, hay que consensuarlo.
De entrada, como ya viene ocurriendo hace unos años, no estuvieron presentes en el desfile militar (no hay una cabeza pensante a la que se le ocurra otro motivo de celebración que un acto castrense) los presidentes de Cataluña y el País Vasco, que son nacionalistas o soberanistas, pero tampoco acudieron a la cita los máximos representantes de Galicia y la Comunidad Valenciana, uno del PP y otro del PSOE, aduciendo el primero motivos personales y el segundo un viaje al extranjero.

Por si esto fuera poco, cada vez hay más partidos, de ámbito nacional o autonómico, que se alejan de las teorías gubernamentales sobre qué debemos celebrar los españoles el 12 de octubre, si el descubrimiento de América, su colonización o simplemente el día de la Virgen del Pilar.

Podemos, el tercer partido del país con más de cinco millones de votos, no ha acudido a la conmemoración del 12 de octubre porque está radicalmente en desacuerdo con esta celebración. Pablo Iglesias entiende que el verdadero patriotismo está en ayudar a la gente humilde y necesitada. Por eso él no quiere perder un minuto en protocolos, pitanzas, vino español y canapés. Las connotaciones carcamales y casposas tampoco ayudan.

Alguien ha fallado en el diseño de una conmemoración que en los años de democracia ha sido irrelevante y muy discutida. Si el 12 de octubre no sirve para unir y reconciliar a los españoles, como se demuestra cada año y en cada ocasión con más virulencia, estamos tardando ya mucho en buscar una alternativa a este día. ¿Qué se puede esperar de un país cuyo himno nacional no tiene letra? ¿Qué se puede esperar de unos deportistas que en las olimpiadas dan la nota porque tienen que escuchar el himno con la boca cerrada? ¿Qué se puede esperar de unos futbolistas que tararean una música militar sin tener ni pajolera idea de su significado?

Esta es la historia de un país que quiere estar unido pero no sabe cómo. Si los días nacionales se imponen unilateralmente y no se consensúan, están condenados a la irrelevancia.

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Ciudad Atlántica de 2017

Este honorífico y merecido título de “Ciudad Atlántica de 2017”, se le ha otorgado a la histórica y marítima metrópoli de Las Palmas de Gran Canaria. No ha sido concedido por los títulos que en su haber tienen como ciudad, desde la historia de su fundación en 1478, por Juan Rejón, el Deán Bermúdez y sus huestes conquistadoras, mediante Real Providencia de la reina Católica Isabel I de Castilla, firmada en Sevilla el día 13 de mayo del año citado, para la invasión y anexión a la corona de su regencia de todo el territorio de la isla de Gran Canaria, como primera de las islas conquistar por los reyes Católicos.

Se ha obtenido este galardón el pasado 27 de septiembre, en Dublín, concedido por la Comisión Europea sobre el Arco Atlántico, en competencia con otras ciudades costeras de este océano. Y ha sido por las considerables mejoras en todo el entorno de la ribera que baña el Atlántico en esta urbe, que como ciudad marítima se ha desarrollado y rehabilitado dicha costa, para plausibles accesos a los paseantes, bañistas, deportivos, lucrativos y de mejoras estéticas de todo el litoral urbano.Se han valorado los esfuerzos y evoluciones constructivas que desde el año 2007 han llevado a efecto el Consistorio capitalino (en sus varios mandatos municipales y grupos políticos), fundamentado en la sostenibilidad medioambiental, social, cultural y económica.

Muy bien le viene este apropiado laurel a la ciudad, después del varapalo dado a la candidatura de ‘Ciudad Europea de la Cultura 2016’, con grandes esfuerzos programáticos, labores y económicos, para obtenerlo por parte del Consistorio, que fue dado ese honor europeo a la bella ciudad donostiarra de San Sebastián, en Euskadi, que también rivalizaba –entre otras– con la ciudad grancanaria. El próximo año le toma el relevo de ‘Ciudad Atlántica’, a la ciudad francesa de Brest, que lo ha sido durante todo el presente año 2016.

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De la presencia en actos institucionales

Últimamente hemos asistido a diversos actos institucionales sustituyendo al alcalde de la ciudad. Algunas de estas asistencias han causado cierta polémica. Al respecto conviene puntualizar.

1. PODEMOS quiere gobernar el estado. Y gobernará con las instituciones actuales hasta que pueda transformarlas. Para ello es necesaria una mayoría social y parlamentaria. Mientras llega ese momento, una fuerza que pretende gobernar, no puede dar la espalda a esas instituciones.

2. Por eso asistimos al acto de la Guardia Civil. No sólo como alcalde sustituto, sino como alternativa de gobierno. Las Fuerzas de Seguridad deben ser conscientes de que PODEMOS es alternativa de gobierno. Que más temprano que tarde estarán dirigidas por un Ministro del Interior y un Director General de seguridad de PODEMOS.

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