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Agenda canaria

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Desgraciadamente, andan ahora a la greña NC y CC -para disimular su insignificancia en el ámbito estatal- intentando arrayarse un millo por la paternidad de la supuesta agenda canaria en las negociaciones del nuevo gobierno español, mientras que C’s y Podemos no saben o no contestan, porque nunca han tenido auténtico interés por tener propuestas propias pegadas al territorio.

Del PP y PSOE poco se puede decir porque defienden más de lo  mismo (REF y nada más).

La desgracia viene dada porque vamos a perder una vez más un tren, el del progreso y la profundización en el autogobierno, que pasa muy pocas veces y únicamente ha interesado más que para repartirse apenas unas migajas (traducidas en unos pellizcos al presupuesto estatal –en forma de inversiones en carreteras u otras infraestructuras cementeras- cuyos beneficios solo han ido a parar a los bolsillos de los de siempre).

La agenda canaria no es eso. Nunca debió haberlo sido. La agenda canaria debiera ser, por una parte, apoyar la transformación del Estado plurinacional español en un auténtico Estado federal y, por otra, exigir que se reconozcan nuestras singularidades y de ellas sacar consecuencias políticas (y económicas). Es decir, ese modelo además de federal debe ser también asimétrico (como lo ha sido, aunque esté agotado, el modelo autonómico) y debe celebrarse un referéndum sobre la necesidad de acometer ya la reforma constitucional que lo implante y que incluya el derecho a decidir.

Aunque poco o nada se arreglaría con asumir un modelo federal, por muy asimétrico que sea, si únicamente da satisfacción a Cataluña o al País Vasco. Antes al contrario, el modelo para que tenga garantías de éxito debe dar cobertura a todos los hechos diferenciales: la lengua, los derechos forales, las demandas de autogobierno, las desigualdades fiscales; una cultura propia, etc.; pero también aquellos otros mucho más evidentes, que nos afectan a los canarios singularmente como son la insularidad y la lejanía del continente europeo.

Insularidad y lejanía que, en su dimensión archipelágica, nos confieren una centralidad atlántica necesitada, para poder liderar esta parte del planeta, de dotarse de una serie de instrumentos jurídico-políticos distintos a los actuales  para poder colmar nuestras expectativas de autogobierno y prosperidad (el REF actual es pedigüeño y muy pocos resultados ha venido dando).

No basta, pues, con que se dé relevancia, como lo están haciendo PSOE, NC y CC, exclusivamente a nuestras singularidades económicas y fiscales y no a las políticas. Esas singularidades deben tener un reflejo en el autogobierno, en la capacidad de decisión. Han de permitir poder tomar las decisiones desde aquí y que no vengan impuestas desde fuera.

Para ello hemos de tener claro lo que queremos, hemos de ser capaces entre todos de consensuar un modelo que dé respuestas a las necesidades y aspiraciones de los habitantes de este territorio archipelágico; esto es, un modelo con el que ejercer un amplio autogobierno que nos permita tanto disminuir la dependencia exterior (política, económica, energética, cultural, alimentaria, etc.), como conseguir instrumentos decisorios y de protagonismo internacional compatible, mientras dure, con la permanencia en el Estado español, plurinacional y asimétrico.

Hemos de replantearnos nuestro encaje constitucional para equipararnos a los “territorios dotados de plena autonomía interna”, cuyo estatus es reconocido en distintos Convenios y Resoluciones de la Organización de la Naciones Unidas, como sujeto de derecho internacional, disfrutando de un nivel de autogobierno privilegiado, posibilitándonos ser parte de distintas Convenciones de la ONU, relacionarnos directamente con otros Estados o tener plenamente reconocidas nuestros espacios marítimos, incluidas las aguas archipelágicas, de acuerdo con el criterio de líneas de bases rectas archipelágicas, siendo todo ello factible sin dejar de estar integrados en un Estado federal, pero asimétrico.

Llevamos más de 30 años esperando que las decisiones vengan de fuera pero no llegan. No nos dejemos engañar –ni deslumbrar- por promesas que nunca se cumplen, ni por inversiones millonarias que nunca se hacen efectivas. La única posibilidad de avanzar hacia un Estado del Bienestar es profundizar en nuestro autogobierno y que las decisiones se tomen desde aquí.

Podremos tomarlas aquí si avanzamos en un Estado plurinacional que reconozca nuestras singularidades. Para ello solo hace falta voluntad política porque es posible hacer efectivo jurídicamente ese reconocimiento sin necesidad, por ahora, de una reforma constitucional, sino a través de los mecanismos del art. 150 CE.

Para que ello pueda ser una realidad, la agenda canaria tiene que abordar las siguientes cuestiones:

- Transferencia de competencias legislativas que nos permita configurar un REF que llegue efectivamente a las clases populares, no solo a las empresariales.

- Reforma de la financiación autonómica que permita un nivel aceptable en la prestación de los servicios públicos esenciales (sanidad, educación, dependencia y renta de ciudadanía).

- Asunción de competencias íntimamente relacionadas con nuestras especificidades (costas, puertos y aeropuertos, sanidad y comercio exterior, telecomunicaciones, etc.).

- Despliegue integral de la policía canaria.

- Desarrollo de la ley de aguas canarias que nos permita un mayor control de nuestros espacios marítimos.

- Reconocimiento como interlocutores internacionales, que nos permita renegociar  nuestro estatus en la UE y relacionarnos con los Estados de nuestro entorno geográfico y económico,

- Revocación inmediata de las autorizaciones petrolíferas que fueron aprobadas en contra de la voluntad mayoritaria de los canarios.

- Asunción de competencias plenas en materia energética, que nos permita en un plazo breve convertirnos en el primer territorio que se autoabastece 100% con energías renovables.

Esta es la verdadera agenda canaria; lo demás, lo que defienden estatalistas (PP, C’s y PSOE) y regionalistas (CC y NC), es más de lo mismo: seguir dependiendo de fuera y privilegiando a los de siempre. ¿Se repetirá la historia? Espero que no, pero me temo que sí…

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