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Atenas, la revuelta

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Grecia nos dio el pensamiento, la poesía, el teatro, la escultura, la civilización, Grecia ideó el primer mito sobre Canarias, que reelaboraron en Roma: las Islas Afortunadas. En el vértigo de acontecimientos de estos meses, las calles de Grecia me vienen al corazón, las manifestaciones, los muertos, los heridos. Amo esa bandera añil y blanca de nueve franjas, que representan las nueve sílabas de la frase "Libertad o muerte", símbolo de todos los esfuerzos que el país tuvo para recuperar su dignidad nacional frente a tanta invasión extranjera.

En el fragor de las manifestaciones, justo delante del edificio del Parlamento, en la plaza Sintagma, veo a policías entremezclados con los manifestantes, compartiendo sus anhelos, participando en la lucha de un pueblo llano que se siente estafado por su clase política, por sus archimillonarios navieros, por la insolidaridad. Atenas no es una ciudad hermosa pero sus barrios populares de Plaka y Monastiraki son una delicia para callejear en las noches de verano. Inolvidable estampa la de los restos de la Biblioteca de Adriano justo debajo de la Acrópolis iluminada. Los griegos son mediterráneos, y eso quiere decir que compartimos buena parte de los genes. ¿Qué decir del interior de un país que nos trae tantos símbolos del pasado? La música de Theodorakis, el cine de Melina Mercuri, Zorba el griego buscando la libertad al amanecer, los campos de olivos o de naranjales y las venerables ruinas de los templos, y las esculturas, y los museos. Grecia es prima hermana en el sufrimiento, su sufrimiento nos recuerda el nuestro, los cinco millones y pico de parados, la economía que no arranca, la ineficaz organización del sistema bancario que traga dinero público y no lo devuelve en créditos para las pequeñas y medianas empresas.

El poeta Pedro García Cabrera, un amigo, tenía un deseo antes de morir: visitar las islas griegas, el referente mítico por antonomasia de nuestra cultura occidental, las playas de Ulises, los versos de Kavafis en la ruta hacia la Itaca de nuestro ideal. Grecia sufre tanto o más que España e Italia y la economía cada semana nos entrega previsiones más desagradables. Ojalá el noble pueblo griego, con una historia tan sufrida, con tantas ocupaciones de su territorio, con tantas venerables ruinas, pueda salir adelante. Su cielo y su mar añil, la espuma que compartieron los poetas y los soñadores. El gran poeta inglés Lord Byron fue precisamente a morir en Grecia por defender su dignidad. Hermosas islas del Mar Egeo con sus pinares y sus viñas, con su pobreza y su paisaje. Ya lo dijo Lord Byron: la llamada de las islas es irresistible.

Luis León Barreto

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