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Jóvenes a la intemperie (y en la red)

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Han sido un juguete, con código de barras, de la sociedad de consumo en la frívola adicción a las marcas: "nikeros", "adidaderos" "macdonaleros" o "playstationeros". Absortos también, en su ombliguismo de internautas. Lo que no se logra por el esfuerzo de la lucha contra las inclemencias sociales del bien comunitario, se malgasta trivialmente por un anodino pasotismo. Son cobayas de la soflama moral norteamericana: comprar y gastar, que tanto ha influido directamente en crear ese tipo de vida consumista en nuestros jóvenes, en la inmensa mayoría. Han sido engullidos por la sociedad del tener por tener, consumir por consumir banalmente, sin el esfuerzo por el coste del trabajo. Han cegado sus propios principios humanos, o han sido descerebrados por agentes externos, en un vacío de razonamientos; despolitizados en derechos, en libertades y obligaciones para consigo y la sociedad en la que conviven. Las multinacionales de la frivolidad, del deseo hipnotizador del derroche de mercancías compradas, han narcotizado las conciencias de los actuales jóvenes, creando en ellos una desideologización, ejercida subliminalmente en de sus mentes, por las claves capitalistas de Norteamérica y Europa. Han hecho que la joven grey quede en el nihilismo intelectual, desconcienciados; sin el órgano que da la razón de ser a toda persona como individuo y ser pensante. Solo existe el ser-objeto; el sujeto se ha perdido en la nada, en la negritud del vacío existencial. Los principios humanos, los valores personales y cívicos; la solidaridad, el compromiso, la ideología política y social, siendo absorbidos por esta fórmula impensante del poseer objetos de caprichos del momento: una ludopatía del consumo.

Estos jóvenes, condenados al mileurismo ramplón y al trabajo de subsistencia, aun teniendo tanta formación, están condenados por el sistema que ha anidado en el universo laboral de Occidente -si antes no se remedia, por lógica reverberación de las masas encolerizadas-, según las premisas neoliberales. Estarán forzados a trabajos de contratos efímeros, sin futuros, ni a plantear un proyecto de vida, ni a exigir derechos en la organización laboral. A ser excluidos por el sistema, si no se movilizan en su contra.

No pueden admitir estos jóvenes, tener un devenir en blanco, ninguneado por la clase política que tiene la obligación de crear las condiciones favorables, en oportunidades de trabajos permanentes para todo el país. Es indecente, cruel e inmoral, que una nación como España, tenga el 45% de los jóvenes en edad laboral sin derecho a obtener su primer puesto de trabajo. Y en años venideros, sin visos de inmediato laboral. Por lo que no tienen futuro alguno para subsistir, ni con fraudulentos contratos temporales o precariedad laboral; derivando en un incierto porvenir, en negados planes de vida y bienestar, logrados hasta ahora por sus padres. Y que una vez fenecidos sus progenitores, que actualmente les mantiene, lo tendrán muy crudo. No les queda otra razón -y la fuerza de la razón-, que revelarse contra esta injusticia social, y en favor de la obligación que tiene todo Estado, para con sus jóvenes habitantes, en la obtención de trabajo y bienestar social. Y para ello tendrán que tomar conciencia y rebelarse contra este infortunado sistema, que les desampara laboralmente, y que galopa con las claves del liberalismo salvaje más primario (y demás derechos sociales conseguidos, que están por claudicar: sanidad, educación, etc.). Estarán abocados a vivir un nuevo feudalismo, y el pago a su trabajo: por un mendrugo de pan.

Ya se preguntarán los jóvenes para qué han servido tantos años de estudios, preparación, sacrificios y dineros invertidos del bolsillo paternal, si no encuentran un puñetero trabajo, digno y perdurable durante su existencia. Este será su maldito sino, si no toman conciencia del negro futuro que les espera. Futuro que es ya presente. Aunque esta loable preparación no ha sido baldía, porque una educación es importantísima para la dignidad de la persona, para así salir de la perenne y abrupta idiocia; y no ser objeto manipulable fácilmente, por avispados mesías e iluminados, de todos los credos políticos y religiosos. No les queda otra: sumisión o revelación. No ver pasar el mundo a través de windows, y ver llegar la miseria? para quedarse.

Teo Mesa

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