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Mejor reír el último

En el PSOE ha ocurrido lo previsto, o sea, lo imprevisto para la mayoría. Susana Díaz se ha dado tal batacazo que se le han quitado las ganas de seguir diciendo a Pedro Sánchez que es un inútil por perder dos elecciones ante Rajoy. Por cierto, Rajoy también perdió dos elecciones ante Zapatero antes de llegar a la presidencia, como también le ocurrió a Aznar frente a Felipe González, y a este, su querido Felipe, ante Adolfo Suárez.

Pedro Sánchez demostró que sí se puede luchar solo contra los elementos. Como Gary Cooper, solo ante el peligro. Tenía todo en su contra menos a los militantes de base. Todo el aparato del partido se unió contra él. Los barones no aprendieron después del costalazo que también se llevó Almunia frente a Borrel. Almunia, que finalmente fue colocado a dedo como comisario de la UE, contó con el apoyo de Felipe González y de Alfonso Guerra, como ahora ha ocurrido con Díaz. A ellos se ha unido la ridícula y sectaria gestora, Rubalcaba, Zapatero, todos los barones excepto la de Baleares, todos esos presidentes de comunidades autónomas que minimizaron a Sánchez antes de la batalla, los que vendieron la piel del oso antes de cazarlo.

Entre esos presidentes de comunidades autónomas estaba la propia Susana Díaz, la candidata que se creyó tocada por los dioses, como ridículamente la definió Lambán, el presidente de Aragón. Se lo dijeron tanto sus aduladores que ella se lo creyó. Creyó que ganaría las primarias sin apenas moverse de Andalucía, presentando su programa tres días antes de las elecciones, lo que supuso una falta de respeto más a los militantes.

Pero, con todo, lo que más ha extrañado es la ignorancia de los dirigentes del PSOE, un partido que lleva cien años de honradez y 38 de desconcierto. Que dirigentes históricos del partido, incluidos expresidentes de gobiernos, hayan apostado por una palurda como Díaz demuestra que a los gerifaltes les falta un hervor y no saben ni a quién eligen. La otra alternativa es que lo hayan hecho a sabiendas para manejarla desde las bambalinas. Las dos posibilidades los muestran como ineptos o perversos.

El PP también quería a Susana Díaz, pero eso no les hizo recapacitar. Nunca se ha visto a los partidos de derecha tan preocupados por el líder del PSOE. Esto evidencia que el aparato está absolutamente desconectado de las bases. Pedro no es supermán, pero sus adversarios han parecido liliputienses a su lado.

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